Y ahora, señoras y señores, la(s) pregunta(s) del millón: ¿Porqué escribimos? ¿Para quién escribimos? ¿Y porqué lo hacemos en un blog, o weblog, o bitácora o como lo queramos llamar? Dejaremos aparte, de momento, el “cómo” lo hacemos. Se supone que en un principio nos mueve, únicamente, el deseo y la voluntad de hacerlo bien… o medianamente bien.

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Un amigo mío, que también hace sus pinitos en la blogósfera, me dijo hace unos días que la voluntad de escribir o “colgar” los escritos en la Red, se ha terminado. Ya no es lo mismo, me aseguró. Ya no hay “feedback”. Bueno, yo he pensado eso mismo cincuenta veces en los últimos meses. Sin embargo he seguido -cuando las ganas y el tiempo me lo han permitido- “posteando” alguna cosita aquí y allá, como muchos de ustedes suelen hacer también. Y me he preguntado porqué… Se supone que tengo mis propias respuestas y -aunque este no es el momento de exponerlas- creo que van desde la más pura autocomplacencia a la búsqueda de una crítica constructiva, pasando por el deseo de que nos quieran y la necesidad de sabernos leídos. ¿Porqué entonces escribimos sin tomarnos en serio?, me pregunto. Ese es el quid de la cuestión.

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Dicen que el escritor es el tipo que pone todo su empeño en hacer lo que no sabe hacer. Nadie le ha enseñado. Nunca sabe como terminará lo que escribe. Cuando empieza su segunda obra, ha de olvidar la primera y volver a sortear todas las dificultades de la segunda. El escritor no conoce su oficio. Una vez le dije a mi amigo Roberto que él sí era un escritor, y su respuesta fue más bien lacónica y pesimista: “Podría llegar a serlo si tuviera la seguridad de que voy a vivir cuarenta años más”. Desgraciadamente para él, para todos aquellos que lo queríamos y admirábamos -y para la propia literatura, por supuesto- no fue así. Se marchó de este perro mundo siendo todavía demasiado joven.

En fin, yo siempre he considerado escritores a Cervantes, a Shakespeare, a Neruda, a Joyce, a Kafka, a Camus, a Onetti o a Sábato, pero también respeto y tiene toda mi admiración la persona que ha escrito algo medianamente bueno, con esfuerzo, en soledad, y a quien le fastidia un poco exponerlo para que se lo lean, tal vez por miedo a una crítica no constructiva… Michael Butor decia: “Escribir una novela es escribir algo que nunca ha existido”. Un artista plástico, un arquitecto, cualquier profesional creativo, sabe qué es lo que quiere conseguir cuando comienza algo. Pero un escritor casi siempre trabaja más allá de sus límites. Porque le gusta saber que hay mas allá. Sin embargo consideramos el trabajo de escribir como algo inútil a veces. Aunque seamos capaces de meternos en la piel de otras gentes que inventamos para poder asi dar forma a nuestro discurso, sea este el que sea. Aunque seamos capaces de asumir la desdicha y la condición humana y saber que podemos expresarla en forma de relatos, novelas o poemas. Aunque sepamos describir la alegria, o la paz que da el amor, o la felicidad completa.

Y si tenemos a nuestra libre disposición esto que llamamos un blog, ¿porqué no lanzarlo a la infinita Web de la misma manera que lanza un náufrago su botella al océano? “Qué ilusión, oye, les ha gustado”, me digo a veces. Así que seguiré “subiendo post” de vez en cuando… ¡Y además, recuerden que es gratis!

En algunas ocasiones, yo he leído ciertos textos en blogs literarios que me han hecho pensar, reír, casi llorar, recordar, meditar, amar, ver la vida de otra manera, e incluso han logrado despertar en mí el deseo de seguir escribiendo (no todo al mismo tiempo, claro está) … Y mientras no pretendan que deje de fumar, seguiré leyéndolos.

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Sean buenos… o al menos, cuídense.