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Hace poco más de diez años -exactamente el 1 de abril de 1997- Dave Winer publicó la primera entrada de ‘Scripting News’, el que se considera primer ‘weblog’ de Internet. Hoy día hay más de 80 millones de bitácoras personales circulando por la Red -entre ellas la nuestra, por supuesto. La llamada ‘blogosfera’ es el espacio de la Red en el que comunidades de todas las lenguas y culturas construyen a diario nuevas formas de conversación, expresión y conocimiento.
Como decíamos al principio de este post, Dave Winer publicó la primera entrada de Scripting News, el weblog más antiguo, que sigue funcionando en la actualidad. El 17 de diciembre de aquel año Jorn Barger acuñó el término weblog para designar su propio sitio, Robot Wisdom, en el que recoge, con un breve comentario, los enlaces interesantes que descubre mientras navega. Hoy existen más de 80 millones de estos sitios personales, autogestionados por sus autores, y se crean casi 285.000 nuevos cada día. Nunca un medio de comunicación había crecido a esta velocidad. La blogosfera, el espacio de los weblogs en la Red, desde que se mide a partir de 2003 viene desarrollándose a un ritmo tal que se duplica cada seis meses.
Adriano Celentano- Il tempo se ne va…
La noche ejerce una fascinación extraña, en ella todo es posible porque las cosas pierden sus contornos reales y precisos y lo que con el sol era un árbol es, con la oscuridad, un hombre de mil brazos que se tambalea y quiere atraparnos. Nada es igual y sin embargo todo permanece inalterado. Esto ya lo sabían los románticos que poblaron sus obras de misterios no desvelados y de amores que hallaban en la noche un espacio donde poder conjugar lo cierto con lo soñado, la verdad con ese hálito de imposibilidad que todo amor lleva consigo.
Luis D’Anyana
‘LA NUIT’ Salvatore Adamo, 1964
La noticia del día en algunos países es la subida del precio de la gasolina, bencina, combustible, hidrocarburos o como queramos llamarlo. En España y en los Estados Unidos, especialmente, la gente está muy irritada por el elevado incremento de este carburante indispensable para decenas de millones de automovilistas.
El gerente de una estación de servicio estadounidense sustituyó los precios de la gasolina por etiquetas que dicen “un brazo”, “una pierna” y “un bebé” para destacar con humor el alto precio del combustible, informó el martes un canal local de televisión.
Llevados por los precios récord del barril de crudo, los precios de la gasolina son actualmente de cerca de 3,50 dólares el galón en California, tres veces más que en 2001.
Por su parte, en España los precios de la gasolina y el gasoil también registran el mayor incremento del año: la sin plomo cuesta 1,096 euros el litro y el gasoil, a 96,3 céntimos el litro. Los precios han mantenido una tendencia alcista mayor en la Madre Patria que en el resto de la Unión Europea.
Ante esta situación, Juan Sinlucas, un electricista que sólo gana 2.200 euros al mes y tiene que pagar la hipoteca de la casa y mantener a su numerosa familia -compuesta por su esposa, siete hijos, la suegra y dos bull-dogs, ha encontrado la solución perfecta para ahorrarse ese importante gasto, como pueden comprobar en esta foto.
Pancho Tribulete, Corresponsal Internacional de “El Faro”
Hoy terminaré mi crónica viajera por los Estados Unidos hablándoles del inolvidable viaje que mi amigo Peter y yo hicimos a lo largo y ancho de Norteamérica, para cumplir un sueño largamente anhelado. Y la termino hablándoles de una carretera mítica, sobre todo para esa maravillosa generación de finales de los años cincuenta y toda la década de los 60… La generación de Woodstock, la rebelde ‘Beat Generation’ que a bordo de sus ‘Harley Davidson’ o de sus ‘Corvettes’ recorrían la mítica Ruta 66.
Hace tiempo la Ruta 66 recorría más de la mitad de los Estados Unidos. Durante muchos años tuvo cierto carácter místico, que aún se recuerda con cariño. Ya han pasado sus días de gloria y la mayor parte de la antigua ruta ha desaparecido, pero su nostálgica atracción aún continúa… Fue por esa razón que Peter y yo intentamos recorrer, por lo menos, un tramo de su recorrido.
La ruta 66 comenzaba en la costa del Lago Michigan, en Chicago, estado de Illinois. Desde allí, la carretera se dirigía hacia el sur, atravesando los estados de Illinois, Missouri y el borde de Kansas. En Oklahoma giraba hacia el oeste, atravesando el norte de Texas, Nuevo México y Arizona, hasta llegar finalmente a California. La Ruta 66 terminaba en Los Ángeles, en las playas de la maravillosa Santa Mónica… ¡Casi 2.400 millas, más de 4.000 kms. de longitud!
Conectaba muchas de las ciudades más importantes del Medio Oeste y del Sudoeste, como Springfield Illinois, St. Louis Missouri, Oklahoma City, Amarillo Texas, Albuquerque, Nuevo Méjico y Flagstaff, Arizona. También atravesaba muchos otros pequeños pueblos, así que los residentes de todas las áreas por donde pasaba la ruta 66, pronto descubrieron que este incesante flujo de motoristas necesitaría gasolina, comida, lugares donde hospedarse y entretenimientos a lo largo del camino. Así se levantaron miles de estaciones de servicio, restaurantes, cafés, moteles, mercados, y atracciones turísticas.
“¿En vuelo directo desde París? ¡carajo, chico! Pues están ustedes bien lejitos de casa”. El taxista cubano que nos recogió en el aeropuerto de Kansas City estaba impresionado. Tuvimos que contárselo todo: desde el tiempo que hacía en París hasta cómo marchaban las cosas en Europa. A su vez, él nos señaló la calle más peligrosa de la ciudad, lo cual ilustró con la descripción del promedio de muertes violentas que en ella ocurren a lo largo del año…
¿Por qué mi muy británico amigo Peter y yo habíamos elegido Kansas City? Verán ustedes. Ninguno de los dos habíamos estado antes en los Estados Unidos -omisión un tanto ruborizante después de haber conocido yo más de 40 países – y queríamos conocerlos desde un punto de vista nuevo. Nueva York ha sido descubierta con harta frecuencia y por demasiadas personas que, habiéndola tomado como punto de partida, no han dado luego un solo paso por el resto del país. De modo que extendimos en el suelo un mapa de los Estados Unidos y Peter puso el dedo al azar en un punto. En aquel punto ocupado por el dedo había escrito un nombre: Kansas City.
La elección nos pareció magnífica. Kansas … a las puertas del Lejano Oeste. Kansas … con sus vastas llanuras agrícolas, la estirpe más típica del estadounidense, la genuina Norteamérica. ¡Viva Kansasl Pero resultamos defraudados … porque Kansas City no está en el estado de Kansas sino en el de Missouri. Ciertamente la cosa carecía de importancia porque ya no existe en el mundo una sola persona que pueda ver a los Estados Unidos por primera vez. Hollywood se ha encargado de exportarlo a todos los rincones del mundo. Así que todo lo que veíamos en Kansas City nos resultaba familiar.
Lenta y continua oleada de automóviles que avanzaban despacio inundaba las calles. No se oía el menor ruido. De repente nos dimos cuenta … ¡no sonaba una sola bocina! Cualquier calle de segundo orden en Santiago, en Brighton, en Barcelona o en París es más ruidosa que la avenida más céntrica de cualquier gran ciudad estadounidense.
Necesitábamos un auto para nuestro uso. El diario Star de Kansas City, periódico para el que trabajó Hemingway durante una temporada, publicaba columnas enteras de used cars en venta. Eran demasiados anuncios y elegimos uno al azar… Una hora más tarde yo iba manejando un hermoso Buick Riviera del 98, por el que habíamos pagado 6.200 dólares. Con derecho a reventa, eso sí.
Pronto trabamos amistad con varias personas. El propietario del restaurante donde fuimos a comer fue el primero de ellos. Las preguntas que nos hizo Mr. Clark fueron las mismas que íbamos a oír en el trascurso de todo el viaje: ¿Por qué no les caemos bien a los europeos? ¿Siguen haciendo “barbacoas de autos” en París? Empezamos a dar largas explicaciones. ¡Gran error! Cuando se conversa con estadounidenses hay que responder con concisión y claridad y estar dispuesto a llegar al límite de la simplificación. Si no se hace así, los interlocutores pierden interés en una cuestión que, en último término, no merece dedicarle tanto tiempo.
Al día siguiente partimos a la carretera y seguimos el curso paralelo al río Mississippi, en dirección al sur. Llegamos primeramente a Mound Bayou, un pueblecito pintado de blanco, al norte de Vicksburg. Tenía ocho iglesias y una clínica recién pintada. Conversamos con el médico (que, naturalmente, le preguntó a Peter si era canadiense o irlandés por el acento tan raro que tenía). Mi amigo respondió con una sonrisa forzada (no soporta el ‘inglés bastardo’ que, según él, hablan estos yankees vulgares e incultos) … Yo intervine rápidamente para decirle al médico lo mucho que nos gustaba Mound Bayou y a él se le iluminó el rostro… “¿Qué les parece nuestro país?”, insistió. Mi amigo carraspeó un poco, yo dije con un tono exageradamente exultante “¡Maravilloso, maravilloso!”.
Tras dos días de recorrido, en el que pudimos contemplar paisajes muy hermosos, llegamos a Nueva Orleans, que es en cierto modo “la ciudad amada de los Estados Unidos” y que muchos norteamericanos nostálgicos se complacen en describir apasionadamente. Ellos dicen que es su ‘ambiente’, palabra enigmática que suelen usar para designar los lugares ‘raros’, mal alumbrados, atestados de gente y falsamente ostentosos… además de nada estadounidenses. Por mi parte debo confesar que la ciudad -ya casi del todo recuperada de su desastre- me causó un desagradable efecto con su extraño y presuntuoso aire de romanticismo sobre un fondo de rascacielos.
Después de quedarnos un par de días allá para confraternizar -por pura y simple curiosidad- con algunas atractivas lugareñas que alardean de sus apellidos franceses, tomamos la carretera que nos llevó a un largo y hermoso puente sobre el Mississippi. Habíamos decidido dirigirnos hacia el Oeste, rumbo al clima soleado de Arizona y California… Pero esa aventura ya se las contaré otro día.
Luis Irles
Viajar está de moda. Los análisis culturales de este principio de siglo están estudiando cómo el aumento imparable de los movimientos migratorios a nivel internacional, fundamentalmente durante la última década, ha abierto la posibilidad de nuevas formas de comprensión de la emigración, tanto para los individuos inmersos en el viaje, como para los grupos emisores y las sociedades receptoras que suelen ser, éstas últimas y como casi siempre, los países desarrollados. Conceptos como los de identidad, tradición, preservación y resistencia cultural, entre otros, que casi siempre se veían afectados cuando se introducían los temas migratorios, están ahora actualizando sus mecanismos de conformación a partir de las nuevas formas de comprensión de un fenómeno que no parece ya tener fin.
De tal manera, los movimientos migratorios y diaspóricos transnacionales, asociados a los desplazamientos de todo tipo que ha impulsado la nueva globalidad contemporánea, se están erigiendo como una de las prácticas que con gran fuerza dan lugar a la reconversión de algunos de los más estables y rancios ejes conceptuales de la modernidad. Al respecto, el antropólogo James Clifford ha planteado: “Esas comunidades imaginarias que llamamos “naciones” requieren ser constantemente actualizadas. Las migraciones y los viajes, ya sean de trabajo o de turismo, unen idiomas, tradiciones y lugares de manera coactiva y creativa”.
Todo esto, y probablemente algo más, ha derivado el discurso político y cultural de este principio de siglo hacia nuevas y diversas miradas al viaje o, lo que es más importante, a “”pensar” el viaje, ya sea inmerso en las variantes migratorias que lo condicionan y contextualizan, muchas veces de manera dramática, como también en calidad de concepto, de tránsito existencial, de figura ontológica y metafórica.
Caryl Hayman está considerada, por muchos críticos, como una de las artistas más enigmáticas e interesantes del momento. Ella es un caso típico de lo que los antropólogos llaman “peculiaridad individual”: se ha forjado su propio mundo, su rosa de los vientos en la que la aguja imantada señala siempre hacia latitudes de imaginación, ensueños y exuberante fantasía. Siguiendo su dirección llegaremos a deliciosos “paraísos perdidos” en los que todo es tan aparentemente ingenuo y tan puro que por no caber maldad, el pincel de esta atractiva neoyorquina -afincada en Cataluña desde hace más de cinco años- lo primero que ha “expulsado” es el pecado original. Y la forma plástica casi siempre la encuentra en el paisaje barcelonés: en el puerto atracó su arca de Noé -cuajada de símbolos mediterráneos, por supuesto-; en Salou (donde reside) tal vez estuvo un día el Paraíso terrenal, afirma ella.
La pasada semana acudió a inaugurar su última exposición en la ciudad que habito, y tuvo la gentileza de responder a mis preguntas. Raramente concede entrevistas, así que puedo considerarme un tipo afortunado…
Nuestra querida amiga y asidua lectora, Alacant, cuyo amor por el mar -especialmente por el Mediterráneo- y por Alicante, su ciudad natal, queda patente en su propio y excelente blog Alicante, Mon Amour, nos envió hace unas pocas horas esta noticia que despierta en nosotros cierta ’sana envidia’, al no poder disfrutar de esa experiencia inolvidable que tendrá lugar este jueves, día 4 de julio. En efecto, procedentes de todas las partes del mundo, los grandes veleros arribarán mañana al Puerto de Alicante convirtiéndose en cabecera de un importante evento, la Regata de los Grandes Veleros.
En esta edición, partiendo de Alicante, llegarán al puerto italiano de Génova. Previamente los barcos habrán hecho escala en los puertos de Barcelona y Toulon. En esta importante regata los barcos se dividen, dependiendo de su tamaño, en tres clases: Clase A, los de mayor eslora y envergadura, son las estrellas de esta singular parada. Entre los que se podrán ver en Alicante están el Juan Sebastián El Cano (España), el Amerigo Vespuccio (Italia), el Guayas (Ecuador), el Windrose (Antillas Holandesas) o el Mir (Rusia).
Paralelamente a la celebración de la regata se celebrarán una serie de actos, como el desfile de tripulaciones, que recorrerá las principales calles de esta bella ciudad española, recepciones oficiales, castillos de fuegos artificiales y competiciones deportivas entre las distintas tripulaciones de los barcos. Así mismo, habrá una exhibición aérea a cargo de la Patrulla Águilas de las Fuerza Aérea Española, durante la recepción y bienvenida al Presidente de la Comunidad Autónoma Valenciana. Tanto la entrada al puerto como a los veleros es gratuita.
Coincidiendo con ello tendrá lugar en el entorno portuario alicantino, la celebración de un Mercado Colonial. Los muelles del Puerto de Alicante estarán llenos de mercaderes ambulantes, toneles donde antiguamente se transportaban los aceites, los vinos y todos los artilugios de la época.
Deseamos a todos los que asistan a este inolvidable y maravilloso espectáculo que disfruten de un espléndido día de sol, de playa y de la inolvidable visión de las grandes velas desplegadas al viento
La fiesta en el puerto de Alicante se prolongará hasta altas horas de la madrugada en un Chill Out muy especial.
Así es: se lee poco. En este país se lee muy poco.
La frase, repetida hasta la saciedad, se está convirtiendo en una muletilla, una especie de apoyo lingüístico cuando en una conversación pseudointeletual se analizan, por enésima vez, los motivos que nos han llevado, o nos han impedido salir, de la situación apática en que nos encontramos.
La frase viene a ser algo así como hablar del tiempo, dar carnaza a los contertulios esperando que así se pueda remontar la reunión que languidece.
Se ofrecen las opiniones más variadas; todo es válido, todo puede servir para el fin propuesto, todo es susceptible de convertirse en el elixir mágico que nos saque del atolladero, que nos permita demostrar que somos personas preparadas, conscientes, capaces de poner el dedo en la llaga y ofrecer, desprovisto de todo ornamento, una valiente, sincera e incluso desnuda disección del problema.![]()
Podremos ejercer como pontífices máximos, como sumos sacerdotes del sacrificio en el que inmolaremos a la víctima propiciatoria que lee poco y esto nos purificará, nos salvará y nos inmunizará.
Las cosas están como están, porque la gente no está preparada, le falta una mínima formación que la haga salir de su propia situación y, con ello, a través de las soluciones particulares, hallaremos la solución colectiva. Pero… se lee tan poco.
Los más “comprometidos” apuntan que la cultura no está al alcance de todos, que la mayor parte de la población no puedo dedicar parte de presupuesto a este tipo de cosas, que los libros están caros, demasiado caros para fomentar la afición a la lectura.
La solución de las bibliotecas públicas que apunta el vecino queda rápidamente descartada porque el sentido práctico más elemental demuestra que se prefiere un intercambio de ideas con los amigos en el bar-mientras se toma un vinito- a encerrarse, las pocas horas que el absorbente horario laboral les permite, entre las paredes de un incómodo almacén de libros.
Los más desencantados consideran que el mayor enemigo es la televisión e incluso ofrecen datos objetivos, en forma de estadística, sobre la gran audiencia de que este medio goza. Dictaminan, pues, un maligno virus que va penetrando de manera paulatina e inconsciente, suave y cálidamente por los poros, la dermis, hasta llegar a las venas que lo conducirán irremediablemente al cerebro y en ese preciso momento todo será inútil, no habrá posibles soluciones; contamos con una nueva e irrecuperable víctima, un ser enajenado, incapaz de reaccionar por él mismo, teledirigido por estímulos enviados al cerebro, patrón de nuestros actos. Ni siquiera un diario deportivo o popular, con toda su carga de sensacionalismo o manipulación será capaz de conseguir el más pequeño indicio de duda, todo estará, pues, irremisiblemente perdido.
Mientras tanto, lejos, en el exterior, ajenos a la sentencia que los va a incapacitar para siempre, los más ingenuos defensores de -¿la cultura?- prosiguen su imposible batalla para crear y arraigar nuevas inquietudes, nuevas motivaciones, nuevos premios literarios, nuevas formas de creación, nuevas cepos, en definitiva, donde caigan los todavía tibios, los que no han decidido de una manera clara e inapelable en que lado van a luchar pera esta extraña pelea sin vencedores. ¡Ay de ellos, pues ambos bandos los harán culpables de sus propios desastres sin dejarles posibilidad de defensa, y sin poder presentar con suficiente convicción un simple pliego de cargos, ya que con ellos o sin ellos, en este país se seguirá leyendo poco.
V. Cervero






































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