Hace unos días, mientras saboreaba un delicioso café originario de las Montañas Azules jamaicanas con mi buen amigo MH, surgió -cómo no- el tema de la relación entre la literatura y el cine. Él es un auténtico culter y un gran lector, así que me habló de una interesante película australiana del año 98 (convertida en una serie televisiva que alcanzó cierta popularidad), y que fue adaptada de la novela de Geoffrey Dutton.
Yo le insinué mi interés por ver esa cinta protagonizada por la bella Barbara Carrera, y a la vez por leer el libro de Dutton… MH es bastante reticente a prestar libros y dvd’s a los amigos pero ayer, para sorpresa mía, llamó a casa y me entregó una bolsa que contenía ambas ‘joyas’. “Tienes una semana para leer la biografía y disfrutar de la película. Las quiero de nuevo en mi poder el próximo miércoles…”, me dijo con su peculiar acento valenciano. Así que anoche mismo disfruté del inesperado préstamo de MH… Digo yo que para algo deben servir los amigos, ¿no?
Barbara Carrera
Más que su interés cinematográfico (que es medianamente aceptable), lo que me subyugó de verdad fue la vida del personaje, ya que tanto el libro como la serie, están basados en la vida real de Emma Eliza Coe. La película se rodó en paradisíacos escenarios de Samoa, en la salvaje y primitiva Nueva Guinea, el San Francisco del siglo diecinueve, la Casa Blanca del presidente Ulises S. Grant, el Berlín del emperador Guillermo II y el lujoso Montecarlo del siglo XIX.
Hija de una princesa de la casa real de Samoa y de Jonas Coe, el primer cónsul americano de Apia, Emma Eliza Coe fue una bella mujer que amasó una gran fortuna y fue conocida, a menudo de forma íntima, por muchas eminentes figuras de Europa y Estados Unidos.
Desde niña Emma mostró una fuerte personalidad y modales muy «nativos» que escandalizaban a los puritanos misioneros. Internada en un severo convento, del que fue expulsada años después, la joven recibió enseñanzas no sólo de las monjas del convento en San Francisco sino también de su amiga y tutora la doctora Lane.
Emma regresó a Samoa con ideas propias y con la habilidad de saber expresarlas con convicción.
En el viaje de vuelta a su tierra, la muchacha mantuvo relaciones con el capitán del barco, un lacónico y aventurero irlandés-australiano llamado Thomas Farrell. Cambiante y oportunista, Farrell mantendrá una protectora fidelidad a Emma durante los veinte años de su atípica relación.
Emma pronto se integró en la movida colonial del Pacífico Sur, convirtiéndose en el centro de las subversiones políticas de Samoa y en la remota Nueva Guinea. Desplegando, asimismo, una gran actividad en el terreno sentimental, con dos matrimonios y un buen número de amantes en su haber.
Con la ayuda de Thomas Farrell, Emma fue pionera de la industria de la copra; levantó un vasto imperio de plantaciones, almacenes y una flota mercante.
Su riqueza y poder sirvieron a esta singular mujer para salvaguardar a su familia, amenazada por las luchas por el poder colonial entre los Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña.
La historia real de Emma superó a la mejor novela de ficción, en ella no faltaron aventuras, romances, pompas y ceremonias, así como violencia, ambición y sexo, sin omitir intrigas políticas y comerciales.
A veces, las biografías de personajes tan increíbles como fue Emma Eliza Coe resultan más interesantes que ciertos libros de poesía… Lo afirma MH.
Mr. Arriflex


























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