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Marguerite Duras (Saigón 1914-París 1996)

“Las biografías que se escriben sobre mí no me interesan para nada. Mis libros deberían bastar”. Así respondió Marguerite Duras a la escritora Frédérique Lebelley que le proponía, como tantos otros lo hicieron antes, escarbar en su vida. También alzó los hombros con indiferencia y remitió a su obra cuando Laure Adler se ofreció para investigar en su pasado. Un pasado, unos textos y una filmografía que, a pesar de resultar archiconocidas para muchos de sus lectores, siguen sin iluminar del todo el camino de los biógrafos sucesivos y estudiosos de la obra durasiana, y que más parecen enrarecer el rastreo por la historia de una vida que como dijo Duras en El amante, “no tiene centro, ni camino, ni línea”.

Desde Julia Kristeva a Maurice Blanchot, pasando por Claire Cerasi, Philippe Boyer, el amigo y amante Dionys Mascolo, padre del hijo de Marguerite Duras, Aliette Armel, la citada Lebelley, cuya biografía Marguerite tachó de mezquina, Alain Vircondelet, Christine Blot-Labarrére, su último amor Yann Andréa, que relató la crisis alcohólica de 1982 en M.D., hasta Laure Adler, autora de la rigurosa biografía que ayer mismo terminé de leer, todos cuantos han escrito sobre Duras han realizado un buceo intelectual que se alimenta, precisamente, de esos espacios irreconocibles o confusos, siempre en el lado oscuro de la personalidad y la escritura de Marguerite Donnadieu, nacida en Gia Dinh, a poca distancia de Saigón, el 4 de abril de 1914.

Laure Adler edifica la identidad de Duras con datos sólidos, escritura cercana a la respiración de la protagonista y la intención de comprender las contradicciones de una vida siempre en el límite. Las relaciones entre la adolescente blanca y el amante chino, y los beneficios económicos que extrajo la arruinada madre de Marguerite Duras en el patético desmoronamiento de una fracasada aventura colonial, quedarán plasmadas en una evocación que no excluye la densidad humana de unas circunstancias extremas. Se sitúan en su contexto y lejos de todo juicio moral al menos algunas de las acusaciones que persiguieron a Duras a lo largo de su vida: la de aceptar un trabajo en la Comisión del control de edición en la Francia ocupada, la de mantener un triángulo amoroso con su marido Robert Antelme y su íntimo amigo y compañero político Dionys Mascolo y la de verse envuelta como espía de la resistencia en un affaire con el agente francés de la Gestapo, Charles Delval.

La extensa biografía de Adler, que obtuvo en Francia el premio Femina de ensayo, contribuye a hacer más inteligible a la mujer y a la creadora, aunque subsista según la autora, “una parte de penumbra y de misterio”. Porque Marguerite Duras, apellido tomado de la región del padre, tuvo una gran habilidad para reinvertarse, confesar lo inconfesable: fabricar leyendas sobre sí misma. Era experta, también, en eliminar pistas y embarrar el torrente de determinados episodios de su vida para que quedaran amplificados por el interés morboso o velados por las aguas revueltas, según los casos. Es ya sabido que en los últimos años, la autora de Moderato Cantabile hablaba de sí misma en tercera persona, y cuenta Adler que poco antes de su muerte, la escritora al releer sus propios textos, se preguntaba”: ¿Esto es Duras?” “No parece Duras en absoluto”.

El alcohol y la escritura, unidos indisolublemente en la embriaguez vital de Marguerite Duras, ocupan un lugar decisivo en esta biografía. Adler cuenta con el testimonio de Y. Andréa, compañero de Marguerite hasta su muerte en 1996, a los 81 años, y rememora el tiempo en que Duras trabajaba en Emily L., en su retiro alcohólico (y doloroso por las desapariciones del amante homosexual) en el puerto de Quillebeuf. Yann y Marguerite bebían de seis a ocho litros diarios y apenas comían. La escritora se sentía repulsiva. “Me gustaba darme asco a mí misma. Me veía destrozándome. Era placentero aquel desplome”.

Los diferentes estratos del trabajo de Laure Adler ayudan a comprender las obsesiones de la apátrida que nunca abandonó la Indochina de la infancia y ahondan en la perspectiva literaria y en los debates políticos que acompañaron la existencia de la autora de El Vicecónsul. Absorbente y desmesurada, contagiada por la obra de Marguerite Duras y al mismo tiempo con el equilibrio objetivo del acopio de datos, la biografía de Adler es de una considerable lucidez y penetración.

L.V.

Me gusta la música. Me gusta el jazz. Y me gusta escuchar a los grandes maestros del género especialmente los fines de semana, cuando estoy tranquilo y despreocupado en casa.

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Waldron ante el piano. De pie, el polifacético músico Christian Burchard

Anoche le tocó el turno a Mal Waldron, un genio solitario del piano nacido en Nueva York en 1926, y muerto en Bruselas a finales de 2002. Todo un maestro. Un músico excepcional, desgraciadamente poco conocido incluso en su mejor época… El analfabetismo musical en sectores importantes de intelectuales y público, que –normalmente– suelen atinar bastante en otros campos de la cultura, manifiestan en el terreno musical una ignorancia y falta de sensibilidad pavorosas. La crisis de cierta clase de música, sobre todo la clásica, es un hecho constatado, pero también es evidente que el relativo auge del jazz se está basando en la aproximación superficial y un tanto snob de un cierto tipo de público. Por debajo sigue existiendo el mismo desconocimiento ancestral e iguales actitudes mitómanas. El caso de Mal Waldron y de otros músicos difíciles viene a confirmarla.

Lamentablemente, pocos saben que Waldron fue uno de los pianistas más originales y personales que se pudieron escuchar en su momento. Yo tuve la suerte de verlo actuar en directo a finales de los 80 en la Sala “Perdido”, en Valencia, España. Su geniales interpretaciones de “Song of Love and Regret” y “Much More”, me dejaron extasiado.

Waldron se inspiró siempre en la línea pianística que va de Ellington a Monk. Como se sabe, Thelonius Monk fue una de las más fuertes personalidades del jazz. Pero al mismo tiempo, su estilo pianístico -genial e inimitable- tuvo pocos discípulos directos. Entre ellos se podrían contar a Herbie Nichols, Randy Weston y al propio Mal Waldron.

Waldron reelaboró de forma absolutamente individualista estas influencias. Su pianismo fue extremadamente conciso y concentrado. Poseía una poderosa mano izquierda y empleaba hábilmente la disonancia, creando climas enormemente obsesivos rítmicamente. A esta riqueza rítmica no es ajeno su trabajo con el grupo de Mingus de 1954 a 1957 y, a partir de 1959, con el batería Max Roech. Durante los 50 fue el pianista de numerosas sesiones de la casa discográfica Prestige, acompañando a solistas de la talla de Coltrane, Jeckie McLean, Gigi Gryce, etc.; Waldron tuvo la suerte de ser el pianista del trío de la inigualable Billie Holiday durante los últimos años de su vida, hasta su muerte en 1969. Y, sin dude, en el dramatismo con que interpreta las baladas es perceptible la influencia de esta inolvidable cantante, dotándolas de une coloración claramente bluesy. Su estancia en el grupo de Max Roach le dio ocasión de conocer al saxofonista Eric Dolphy y al trompetista Booker Little, dos de los más valiosos jóvenes músicos de la vanguardia del jazz a principios de los 80, con los cuales montó un quinteto, con el que grabó toda una serie de registros en vivo en el local neoyorquino Five Spot en 1961. Por otra parte, Waldron poseía un notable sentido de la arquitectura y construcción de las piezas, lo que le llevó a componer algunos de los más logrados ejemplos de música de jazz para el cine, como la partitura de la película “El mundo frío” (“The Cool World”, 1963) de Shirley Clarke, que interpretaba el quinteto de Dizzy Gillespie.

Si les gusta la auténtica música de jazz, les recomiendo vivamente que escuchen algunas de sus grabaciones más conocidas, como las citadas al principio de este artículo o la fantástica“One and two” (con John Coltrane y Jackie McLean, 1956-57), “The Quest” (1981) o “Blues & Roots” con Charlie Mingus.

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Estimado Sr. Irles,

Tal y como le prometí, aquí está por fin mi carta. Ya iba siendo hora de que cumpliera mis promesas, cosa que a menudo suelo olvidarme de hacer (y es que debo confesarle que soy alcohólico, don Luis… )

Estuvo bien conversar con usted el otra día por teléfono: se portó como un padre conmigo, me dio ánimos, buenos consejos, me alentó a seguir escribiendo. Últimamente no son muchas las voces verdaderamente amigas que tengo la ocasión de escuchar al otra lado del hilo. Generalmente se trata de imbéciles intentando agobiarme con trabajo o, peor aún, supuestas amistades que se empeñan en arrastrarme fuera de casa con endebles pretextos que muchas veces aprovecho aunque sólo sea por emborracharme un poco y “olvidar el pesado fardo del tiempo que nos doblega las espaldas”, como dijo Baudelaire (y de paso olvidarme de mí mismo y de los gilipollas que me sacan de casa).

Pero bueno. Supongo que usted también tiene su porción de ira que olvidar todos los días.

Mi vida en esta ciudad transcurre ante pantallas de computadoras, barras de bares, y metido en un tren de la RENFE que no se cansa de arrastrar sus sucios asientos, sus servicios repletos de colillas, jeringuillas con sangre coagulada y mi impresentable culo de Madrid a Toledo y de Toledo a Madrid una vez más. Las traducciones –¿recuerda que le dije que también soy traductor?– oscilan, suben y bajan, un día “osteoporosis o recesión gingival”, otro día “baterías de cok”, otro día “manuales de ortopedia infantil”, otro día el acta de hermanamiento entre la muy noble y muy leal ciudad de Guadalajara y la no tan noble ni leal de Tampa(x), Florida, y así sucesivamente, en un infinito baile cíclico que consigue hacernos llegar a fin de mes pudiendo echarle chorizo a los jodidos garbanzos. Que ya es algo. Aunque con espinacas están igual de buenos. Quizás mejor.

Ya me contará (porque espero recibir una carta suya) más detalles sobre su vida. Igual resulta que es más interesante aún que la mía.

En fin. Como habíamos quedado por teléfono, le envío tres cuentos por si le interesan para su excelente blog. Lo dudo, no por nada, sino porque al parecer, por mucho que digan, los cuentos provocan una especie de reacción hidrofóbica entre la mayoría de los editores de bitácoras literarias. Pero, quién sabe, la suya parece diferente y a lo mejor me sorprende. El caso es que decida lo que decida al respecto –y aunque no los publique– estarán en buenas manos. Y espero, si no le importa, recibir su opinión sincera sobre ellos. Ya sabe que la tengo en alta estima.

Había prometido enviarle también mi último libro de poemas, El hombre que se comió un van Gogh, pero todavía no está del todo ultimado y además tengo que hacer copias. En cuanto esté listo se lo envío. Si no le gustan, le agradecería que me recomendara a su amiga Goroka. Me gusta bastante su blog, y puede que cuelen ahí. Pero tampoco se rompa demasiado la cabeza. Ante todo, “paciencia y barajar”, como dijo Cervantes. Hay que aprender a tener paciencia. Aunque creo que según los profetas de turno no vamos a llegar a ver el siglo XXII. En cualquier caso, no hay mucho que importe en este mundo. Excepto seguir escribiendo de vez en cuando, claro, aunque sea en un blog como el suyo que al menos paga bien a sus colaboradores.

Espero su pronta respuesta. Que disfrute de una agradable sesión de lectura (aunque con las cosas que yo escribo no lo tiene muy fácil). ¿Sabe, por cierto, que hoy, de repente, tras meses de incubación, creo que he visto claramente definida por primera vez en mi cabeza la idea de una novela? No sé todavía el título, pero los capítulos son:

1. EL HELICÓPTERO
2. LA SENTENCIA
3. EL RON JAMAICANO
4. EL MACHETE
5. LA TÍA BENITA
6. EL CHIMPANCÉ

¿Qué le parece, don Luis? Todo un viaje al final de la noche, en el sentido más celiniano de la palabra. Creo que me voy a poner a trabajar en ella pronto. Los del Blog “Letras A Mansalva” me dijeron que si tuviera una novela, que a lo mejor se podría publicar, y bla, bla, bla… Así que les voy a tomar la palabra. A ellos, y al primero que se ponga por delante.

Con todo mis respetos, le saluda y se despide agradecido,

Julio Pablo de la Gorrova y Ximénez-Zhislerbold

Los dos extraordinarios poemas de Manuel Altolaguirre, publicados por nuestra buena amiga Goroka en su blog Bilbolunya, me han hecho recordar ciertos detalles sobre la trayectoria de la que fue, y sin duda sigue siendo, la revista cultural más importante de España. A Goroka, pues, le dedico este artículo, agradeciéndole que me haya refrescado la memoria.

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Todo comenzó en la calle San Lorenzo de Málaga en un mes de noviembre de 1926. Allí, en una pequeña imprenta denominada «Sur», dos poetas malagueños: Emilio Prados y Manuel Altolaguirre sacan a la luz el primer ejemplar de la revista LITORAL. De ella diría posteriormente Rafael Alberti, en su autobiografía, que fue la revista más importante de su tiempo.

«¿Málaga existe? Fuera de España, y un poquito fuera del mundo, tal vez», escribía en este primer número José Bergamín, y era verdad. Málaga existía como un continente fuera del mundo. Ahí estaba la Poesía, la Pintura, la Música. Allí estaban Picasso, Alberti, García Lorca, Aleixandre, Guillén, Cernuda… y todas aquellas voces que vencieron el tiempo de la palabra.

LITORAL fue el inicio de lo que después se llamaría Generación del 27. Fue un hotel de papel que albergó todo el pensar y sentimiento de estas figuras que hoy componen el panorama de la Poesía Española Contemporánea. Sólo se publican nueve números en esta etapa, noviembre de 1926 hasta junio de 1929. Y es importante citar el homenaje que la revista dedica en un número extraordinario a don Luis de Góngora en el tricentenario de su muerte. Colaboran en este citado número: Juan Gris, Picasso, Benjamín Palencia, Togores, M. Ángeles Ortiz, Dalí, Ucelay, G. Prieto, Peinado, Huguet, Viñez, Bores y Moreno Villa entre los pintores. Y Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Bergamín, Cernuda, Gerardo Diego, García Lorca, Garfias, Guillén, Hinojosa, Prados entre los poetas. La música es de Manuel de Falla.

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Manuel Altolaguirre. Dibujo de Gregorio Prieto.

En LITORAL y con el nombre de «Romances Gitanos» anticipa García Lorca algunos poemas de los que constituirían después su «Romancero Gitano», publicado en la Revista de Occidente. Rafael Alberti publica en uno de sus suplementos «La Amante» y José Bergamín, «Caracteres». Jorge Guillén adelanta parte de su «Cántico» y publican allí: Cernuda, «Perfil de Aire»; Gerardo Diego, «Fábula de Equis y Zeda»; Hinojosa, «La Rosa de los Vientos»; Prados, «Tiempo»; Aleixandre, «Ámbito» y tantos otros nombres del renacer poético.

Al llegar la guerra civil de 36 y en el éxodo de la inmensa mayoría de la intelectualidad española renace LITORAL en México, y a Emilio Padros y Manuel Altolaguirre se unen en la dirección José Moreno Villa, Juan Rejano y Francisco Giner de los Ríos. Se editan cuatro números. El último un homenaje a Enrique Díez Canedo. En aquella época mexicana, colaboran Juan Ramón Jiménez, Ramón Gaya, Max Aub, León Felipe, etc.

En el mes de mayo de 1968, esta vez desde Málaga, José María Amado resucita la revista LITORAL con la colaboran inicial de Jesús de Ussía, Manuel Morel y Ángel Caffarena Such. Vuelven a ella los escasos supervivientes de aquella generación. Dibujan de nuevo Picasso, M. Ángeles Ortiz, Palencia y colaboran Alberti, Bergamín, Aleixandre y a ellos se unen algunos poetas de la “generación perdida” y jóvenes poetas y pintores.

En esta nueva época LITORAL publica ochenta números, entre ellos homenajes a Alberti, García Lorca, Machado, a Prados y Altolaguirre, a Carlos Edmundo de Ory, Picasso, León Felipe, Manuel de Falla. Números monográficos dedicados a Miguel Hernández, César Vallejo, a los poetas del Exilio, a la Revolución de Mayo en París… Importante es mencionar la publicación con carácter inédito de «Roma, Peligro para Caminantes», de Rafael Alberti; «La Claridad Desierta», de José Bergamín; «En Breve», último libro de Dionisio Ridruelo y «Cuaderno de Rute» de Rafael Alberti. Libros transcendentales en la literatura de hoy.

En 1976 recibió LITORAL el premio «RESEÑA», junto al diario «El País», como las dos aportaciones más importantes a una labor de «clarificación» y aportación cultural. No es de extrañar que Rafael Alberti y otras figuras calificaran su «esfuerzo» de heroico en un época que no se podía tener voz en España.

Luis Irles

Revisando anoche mi desordenada cinemateca me encontré casualmente –y me alegré mucho porque ya la creía del todo perdida— con la única película del director danés Thomas Vinterberg que no pude ver en el momento de su estreno. Se trata de “Festen, la celebración”, expresión del manifiesto “Dogma95”, presentado en Cannes 98 y firmado por Lars von Triers y por el mismo Vinterberg.

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Como todos sabemos, el nuevo movimiento cinematográfico perfiló sus señas de identidad otorgando la máxima importancia al guión y a los actores y dando una menor relevancia a la fotografía y, sobre todo, nada de efectos especiales o cine made in Hollywood. Es decir, entornos absolutamente naturales y filmaciones cámara en mano.

El Dogma 95 tiene (o tuvo), en mi modesta opinión, bastante de publicidad, más que de sentido estético en defensa de la verdad y la pureza en el cine. Sus postulados responden más a un intento de encasillar las estéticas en torno a un titular periodístico que a trastocar la concepción formal del cine, un arte de sombras que se basa exclusivamente en el artificio. Aun así, Festen (Celebración), la película del joven Vinterberg proclamada como Dogma #1 , posee varias virtudes que, en parte, se deben al dogmático decálogo, pero que por otra parte evidencian su inutilidad. Con un guión repleto de lagunas, la cruda historia de una familia con secretos inconfesables está expuesta de tal forma que consigue atenazar los despavoridos corazones de los espectadores.

Es en el plano estético donde más se centra el apostolado de marras y, pese a que consigue la necesaria angustia para este tipo de historias, no deja de ofrecer secuencias en las que no se ve nada, bien por los movimientos de cámara, bien por los inevitables desenfoques. Pese a ello, aun siendo ciertos los reparos vertidos contra el cine de Vintenberg, calificado por algunos de falsamente existencial y limitado a despertar únicamente el estremecimiento o el asombro del espectador (pero no del todo la reflexión), sería injusto no reconocer la enorme importancia de su labor, cuyos frutos han recogido en gran medida otros jóvenes cineastas, especialmente europeos.

La película es loablemente atroz y en determinados aspectos interesante. Pero se presume en su elaboración una confusión entre verdad y sinceridad. Y creo que el cine nunca debe ser verdad artesana, sino sinceridad ante la impostura de los “autores”.

A pesar de estos desiguales factores, diré finalmente que en la película hay imágenes y, bajo ellas, ideas sobre algo que estas imágenes ocultan y que, pese a estar oculto, tiene existencia fílmica.

Mr. Arriflex

 

Nota añadida.

winterberg.jpgEl renombrado director Thomas Vinterberg pertenece o, tal vez mejor sería decir, perteneció a esa corriente artística que nos deleitó con películas como Los Idiotas de Lars Von Triers o Mifune de Søren Kragh-Jacobsen y directores como los celebrados Juan Pinzas, Jean-Marc Barr o Kristian Levring.

Vinterberg (1969) realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca y ha recibido numerosos premios en festivales internacionales por sus cortometrajes El último asalto (nominado al Oscar) y Los chicos que andaban hacia atrás.
Su debut como director de largometrajes fue con Héroes, película premiada en Rouen y Madrid. Sin embargo, sería Celebración, su segundo largometraje, el que le enmarcaría definitivamente dentro del movimiento Dogma, del que posteriormente se alejaría.

Un análisis, por fundamental que sea, nos revela que el artista necesita hacer su obra en libertad. Esta obra puede estar influenciada por movimientos, maestros y épocas, o limitarse a seguir líneas preconcebidas.

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La labor del artista implica unas determinadas conclusiones de carácter social, mental o simplemente de eje­cución. El alcance de esta obra es lo que magnificará la misma. El arte no debe ser un monopolio del cual la relación sociedad-poder implique la difusión de la labor artísti­ca. Arte e independencia en nuestros tiempos es una dualidad indiscutible, pero no real; la obra del artista depen­de de su reconocimiento, y es en este campo donde entra la figura del crítico. El crítico es importante para el arte, pero no imprescindible. De serlo, no habría habido manifestaciones artísticas en la historia antes de la apa­rición de la crítica. El crítico es un «aval social» del que se sirve la sociedad para calificar o descalificar la obra artística –sea ésta literaria, pictórica o musical– de cualquier autor. No se debe menospreciar la labor crítica, porque sin ella no existiría ese afán de superación que todo creador debe poseer, pero hacer dogma de fe de las palabras de una persona que en muchos casos desconoce el medio, la técnica y el estilo nos debe hacer reflexionar. De ser imprescindible para el arte lo sería en su calidad de observador, «de mirón».

El crítico debe tener un sentido más amplio del arte; lo ideal sería que el crítico fuera histórico y empírico. No debe ser parcial y caer en la «vulgaridad teoricista». Existe una relación marital entre el artista y «su crítico». Una relación llena de apasionamiento, recelos y dis­cusiones. El artista es como aquella esposa, fiel e imperturbable, que se reconoce como la razón de ser de la dua­lidad que mantiene. Es libre, pero supeditada a las correcciones que se imponen y de algún modo en su interior bucea en mundos vedados sólo a su ser. El artista sabe que la figura del crítico de arte no existiría sin él. Y, en cambio, entrega su vida creativa a éste, sin lucha, sin oposición.

La sociedad acostumbrada a ser un órgano ordenado, revisado, invade el espíritu creador y hace brotar de sus entrañas la figura del crítico. “Criticar es malo”, nos decían cuando éramos niños. La crítica, si es constructiva, es una de las mejores armas para la superación de la obra humana, nos dicen más tarde. Pero el artista, como el aire que respiramos, debe ser puro, no debe ser encapsulado y catalogado para su posterior consumo. Una obra de arte es algo único, con un sentido concreto, el de ser creada por y para el hombre. Si todos las artistas nega­ran al crítico pecarían de soberbia, pero cuando el crítico niega o descalifica al artista ¿peca?

El artista y el crítico son un matrimonio de intereses, una relación de respeto y sumisión la mayoría de las veces; las otras, un callado y doloroso calvario donde la cruz es la indiferencia.

Ayer recibí esta nota de mi queridísima amiga y gran poeta chilena Sara Vial.

«Estimado Luis:

Por una casualidad encontré una copia a máquina, hecha de memoria hace tiempo, de la verdadera versión del soneto con tinta verde que salió publicado en tu blog y que improvisé para la bitácora del local. Desgraciadamente el manuscrito estaba muy borroso y tarjado, por lo que el poemita resultó con palabras de menos y otras cambiadas.

Ya no necesitas molestarte en ubicar a quien lo tenga, pues basta con que me hagas el inmenso favor de corregirlo y reemplazar la version llena de erratas por esta que te mando y que es fiel copia de la verdadera.

Desde ya, mil gracias por tu gentileza. Saludos de la autora.»

* * *

En la revista literaria Caimán puede leerse el siguiente artículo sobre Vial de los Heros y su estrecha amistad con Pablo Neruda:

“Sara Vial conoció a Pablo Neruda en Viña del Mar en 1955, en casa de un amigo en común, Vicente Naranjo. Sin embargo, fue gracias al famoso pintor chileno Camilo Mori que Neruda conoció los poemas de la joven Vial. Cuando se encontraron en la casa de Naranjo, Neruda iba saliendo del brazo de Matilde Urrutia y Sara Vial iba entrando. “No me creas pesado, ya habrá mucho tiempo para conversar”, le dijo al oído a la joven. Poco tiempo más tarde, se reencontraron y nació una amistad cómplice que sólo se interrumpió con la muerte del poeta en 1973. Neruda le presentó a Sara al conocido editor argentino Manuel Losada, quien se entusiasmó con el trabajo de Vial y publicó sus libros en Buenos Aires. En 1965, Neruda fue testigo de matrimonio de Sara Vial, un ejemplo de su relación más allá de las letras.Tan estrecha fue la amistad entre Neruda y Vial que fue ella quien le mostró al poeta la casa que luego él compraría para transformarla en su refugio más íntimo, La Sebastiana (en Valparaíso, frente al mar), que hoy es un museo que recuerda al ganador del premio Nobel y su amor por el puerto chileno.”

 

Soneto en tinta verde al Bar Inglés

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Aquí con este Luis inesperado
y con Alvaro, en fin, siempre seguro
y con Carlos Lastarria, airoso y puro,
estoy Valparaíso a tu cuidado.

A tu cuidado, sí, y Alfonso ausente (*)
pero nos llegará, desenfrenado,
después de tanto diario almacenado
en su fugaz destino hacia la gente.

Valparaíso, te reconocemos
nostalgia y vendaval aquí encerrado
mientras guitarra Luis trae a mi canto.

Y somos los que somos y seremos
y la noche es vivir lo que se ha dado

en amistad, fraternidad y encanto.

Sara Vial

 

(*) Alfonso Castagneto, ex director del diario La Estrella, (Q.E.P.D.)

(Lunes, 13 de enero de 1992, en el Bar Inglés de Valparaíso.)

En la fotografía puede verse a Sara Vial, junto a Pablo Neruda, en la casa del Premio Nobel en Isla Negra.

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Si alguno de ustedes piensa viajar a Inglaterra y se le ocurre visitar Stratford-on-Avon entre los meses de octubre a abril, podrá comprobar que la vida transcurre allí tan plácida como las aguas del río al que la ciudad natal de Shakespeare debe su nombre. Pero desde principios de abril todo cambia: bulle la gente y se animan los negocios en esa antigua población, antaño centro de mercado. Los hoteles tienen comprometidos todas sus habitaciones con semanas de anticipación. Los turistas forman largas colas para ver la casa donde nació William Shakespeare o las tierras compradas por el autor de Hamlet cuando regresó, ya famoso, a esa Stratford-on-Avon cuyos vecinos lo habían mirado por encima del hombro. Del más de medio millón de personas que acuden anualmente a Stratford, no menos de 250.000 asisten a la representación de una obra de Shakespeare en el Teatro de la Conmemoracion.

Después de Londres, Stratford es tal vez la ciudad inglesa donde mayores rendimientos deja el turismo. Tan importante la consideró el gobierno británico por este aspecto, que al concluir la II Guerra Mundial concedieron sin dificultad al destartalado Hotel de Shakespeare cuanto dinero necesitó para emprender extensas reparaciones. En ese hotel, lo mismo que en otros dos famosos establecimientos de la ciudad, el Cisne Blanco y el Halcón, se puede degustar una de las mejores cocinas de Inglaterra.

A la ciudad afluye gente de todas partes del mundo. En la casa de Shakespeare, al detenerme a mirar a los que firmaban en el libro de visitas, pude ver a un conocido político francés, al gobernador de Estambul, a un diplomático chileno, a un alto funcionario de las Naciones Unidas, a un grupo de actores finlandeses, y a un banquero de San Francisco con su esposa.

Figuran asimismo entre los visitantes estudiantes universitarios, mineros del País de Gales, pulcros empleados londinenses o trabajadores de las fundiciones de Lancaster, que llegan en autobuses descubiertos. En los prados aledaños de la población, miles de personas acampan en tiendas de campaña o en remolques de turismo. Ningún visitante sentirá que gastó en balde su dinero. Los avispados vecinos de Stratford supieron arreglárselas para que uno se crea trasportado a la alegre Inglaterra de la Reina Isabel I, sin las incomodidades de aquella época. Se muestran al paso calles silenciosas y añorantes, retorcidas callejuelas evocativas, casas de madera cuyos frontis coronan los gabletes del tiempo de los Tudores. Al retirarnos a descansar, nos hallaremos en una habitación de vigas ennegrecidas por los años, huéspedes de una posada que –aunque acondicionada– era ya antigua cuando Shakespeare vino al mundo.

estatua.jpgDos siglos y medio se necesitaron para que los habitantes de Stratford cayesen en la cuenta de lo que representaba para la ciudad haber sido la cuna de Shakespeare. Los contemporáneos del bardo no estimaron que fuese mayor honra ser sus convecinos. Hombres laboriosos y tocados de puritanismo se escandalizaban a ver en el teatro un antro de vicios. En 1622, a los seis años de muerto Shakespeare, llegó a Stratford un grupo de actores, antiguos compañeros del poeta, con autorización especial del rey para dar representaciones en todo el reino. Le salieron al encuentro los prohombres del lugar, a fin de ofrecerles una suma colectada entre ellos -seis chelines- a cambio de que no representasen allí ninguna obra.

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¿Qué es lo que hace al filósofo?
El coraje de no reservarse en el
corazón ninguna pregunta.

Schopenhauer

El grito en el cielo

col233.jpg En un mundo en el que nada hay nuevo bajo el sol o todo está por descubrir sólo pueden sorprenderse los admiradores de las naderías. Parto de la concepción de que la existencia es un misterio que todos investigamos y sobre el que lanzamos hipótesis. Nuestros juicios y opiniones son siempre equivocados en la medida en que el tiempo los rectifica y actualiza hacia el alumbramiento de la oscuridad. De modo que el error es lo común. Sólo algún acierto diacrónicamente trascendente confirma y justifica los errores sincrónicos. ¿Por qué sorprenderse, o escandalizarse, de lo cotidiano si la cotidianidad consiste en dar ladridos incluso bienintencionados por mordeduras cauterizadoras? Que todos sintamos la necesidad de acertar no nos exime de la obligación de aceptar el fracaso de la tentativa y sus consecuentes gritos o gesticulaciones. Cuando se pone el grito en el cielo es porque no se tiene la cabeza en la tierra. La felicidad es imposible sin la oblación de la inteligencia. ¿Cómo creer en algo si cualquier razonamiento “definitivo” será destruido por el de otra inteligencia superior que demuestre “definitivamente” que toda conclusión incuestionable no es más que otra premisa tan indestructible como las anteriores? El escepticismo es la única estrategia contra el dolor definitivo. El escepticismo entrañado cuando la inteligencia descubre que la felicidad sólo es el anquilosamiento de los ideales por el abotargamiento de la sensibilidad.

La mujer ideal

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¿Cuál es la mujer que nunca nos defraudaría, que siempre nos amaría, que no envejecería, que siempre permanecería tan hermosa y angelical como cuando la conocimos o, incluso, cuando la inventamos? La respuesta es muy simple: aquella que vive en nuestra mente y nuestro cuerpo no consigue tocar, no consigue mirar, aquella que el tiempo no logra destruir porque existe sin tiempo, vive fuera del tiempo, ni el tiempo la marchita ni la ofende. Imagínense ustedes a un hombre enamoradamente ebrio de un sentimiento al que damos el nombre del amor; imaginemos que ese hombre busca la amada inmarchitable y la encuentra o no consigue hallarla. Si la amada muriese nada más encontrada o si fuese inventada, tendrían en común su imposible marchitabilidad, su existencia de angélica armonía en la mente del hombre buscador y amoroso. No descarten esta teoría, señores, se perdería un gran hombre equivocado. Yo hubiese querido conocerlo: todos los hombres inteligentes se encuentran muy solos en el mundo. Pero no podrá ser: aunque me parece conocerlo tanto como si yo mismo fuese el hombre a quien busco. Algunas inteligencias se utilizan a sí mismas para ahondarse en una soledad más incomunicable todavía. ¡Ah! Y si ocurre finalmente cuanto les he dicho y les digo, no me pregunten cómo lo sabía. No sé por qué lo sé. Pero lo sé. Si alguno de ustedes llega a una conclusión “inalterable” tenga en cuenta, nada más, que, por ejemplo, también Colón se equivocó acertando.

El Peregrino Azul

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A fines de los años sesenta, un desgarbado noruego de veintitantos años vino a conocer el Chile mítico con el cual se había avenido, en su adolescencia, a través de los poemas de Neruda y de escudriñar, repetidamente, fotos en libros de viajes que develaban este extraño territorio en los confines del mundo austral.

Así surgió esta primera aventura que luego se transformaría en una seguidilla de viajes y descubrimientos de paisajes y personajes, que pasaron a formar parte de la caracterología de algunas de sus obras más destacadas. El joven nórdico había encontrado como por encantamiento un nuevo territorio en las antípodas de su natal Noruega.

Este novelista, poeta, cronista de viajes, traductor y ensayista, que nos visita, tal vez, por séptima vez, nació en la ciudad industrial de Sauda en Ryfylke, Rogaland el 7 junio de 1944; estudió literatura y lingüística en la universidad de Bergen primero y posteriormente, para templar su naturaleza, decidió trabajar un período como obrero industrial y como marinero antes de debutar como poeta con el poemario Valfart (“Peregrinación”) en 1968.

El trabajo inicial en prosa de Fløgstad: Den hemmelege jubel, o “Júbilo secreto”, fue publicado en 1970 en Noruega y más tarde traducido al inglés con el nombre de The Secret Exultation.

En 1972 le editaron la colección de relatos Fangliner (“Cuerdas”), donde el autor con una idea redentora, arenga a los marineros y a los hombres de mar a que se hagan oír en su propia lengua, sin recurrir a los cultismos o transfiguraciones que exigía la crítica academicista. En este libro se hace evidente, por primera vez, el compromiso social y la visión doctrinaria del autor.

En 1977 logrará su primer impacto literario con la novela Dalen Portland (“Camino del dólar”, llamada en inglés Dollar Road). Con esta obra ganará el Premio de literatura del Consejo Nórdico.

Posteriormente, editará Fyr og flamme (“Fuego y llama”), en el año 1980 y Det sjunde klima (“El séptimo clima”), inmediatamente después.

A partir de 1986 comenzarán a publicarse las obras más reconocidas de Kjartan Fløgstad, después de su novela Dalen Portland. En este período publicará seis novelas, así como dos novelas policiales, para las que usará el seudónimo de K. Villun.

En las obras aludidas Fløgstad deja de manifiesto una potestad maestra en la precisión realista combinada con una perspicacia sociológica de los ambientes narrativos. Los escenarios descriptivos y alegóricos de Fløgstad personifican los cambios estructurales y sociales de su Noruega natal, a través de los pasos de una cultura agrícola, pasando por el estadio de una sociedad industrial, hasta llegar a ser una nación post-industrial.

El universo narrativo de Fløgstad, según se desprende de su trazo estilístico en la ficción y en el bosquejo de cronista, es muy característico; muchos retruécanos o juegos de palabras, intertexto o alusiones a otros textos y a películas, todo esto en una suerte de mezcla de sociolectos o, más bien, de una variante de la lengua hablada por un determinado estrato social o grupo humano.

Él es uno de los autores más conocidos que escriben en el género del realismo asombroso, o más bien, como el mismo denomina, realismo ártico, en Noruega. Como lector sus enfoques reflexivos complejos nos ofrecen muchas dislocaciones ilusorias, lo que nos permite adentrarnos en un mundo interminable de luz y de sombras, en el laberinto alegórico de este escritor noruego que hoy tenemos ante nosotros.

Sergio Badilla Castillo

Fuente: letras.s5

Los Bunkers e Inti Illimani: HOMENAJE A VIOLETA PARRA

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Nuestro entrañable amigo Tony T., miembro del grupo Café & Blogs, nos ha sorprendido muy gratamente al crear EL FARO MAGAZINE, una bitácora en la que ha comenzado a publicar una selección de artículos aparecidos en este Faro desde su inicio. Desde aquí le damos las gracias por el hermoso detalle que ha tenido con nosotros.

EN NUESTRAS PÁGINAS

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AMICI MIEI: La Barcelona de mi niñez, por Tony Tarazona.

MÚSICA: NOVEDADES: El mejor 'duet' de toda la historia: "Summertime", por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. "Nine Below Zero", "Peces de Ciudad", "Cesária Évora" y mucho más...

POESÍA: "Soliloquio del Farero", de Luis Cernuda.

PREMIOS A ESTE BLOG

Gracias por el premio, navegante de mares de papel.

PREMIO DARDO

Otorgado a este Faro por el blog El mar, qué gran tema para hablar, capitaneado por nuestro colega y buen amigo José, al que quedamos sumamente agradecidos.

PREMIO CALIDEZ

Gracias a Patricia Gómez, Binah, excepcional ser humano y poeta, por concedernos este hermoso premio.

PREMIO AL ESFUERZO PERSONAL

Nuestro generoso e incansable amigo Funkoffizier, de El mar qué gran tema para hablar, vuelve a premiar a este Faro, lo cual nos llena de orgullo y agradecimiento.

PREMIO CAMPANHA DE AMIZADE

Agradecemos profundamente a Jon Kepa, creador del blog Enseñanzas Náuticas el habernos concedido el premio Campanha de Amizade. Muito obrigado, amigo.

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Gracias a nuestra amiga Narkia por este bonito premio.

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Nuestra muy querida amiga Capitana nos ha honrado con este bonito premio. Le agradecemos muy mucho el detalle que ha tenido con nosotros.

PREMIO OTORGADO POR TIACHEA Y, NUEVAMENTE, POR JON KEPA

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Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

PREMIO A LA HONESTIDAD

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El Grand Chef de Oídococina!, ha tenido la gentileza de obsequiarnos con un exquisito plato recién salido de sus creativos fogones. Le quedamos enormemente agradecidos por este hermoso detalle.

 

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