
Tengo totalmente comprobado lo siguiente: Cuando le comento a algún amigo o conocido que he estado hace poco en Brasil (país al que suelo viajar con relativa frecuencia por razones de trabajo), todos ellos –absolutamente todos– dan por hecho que he disfrutado a tope de las maravillosas playas de Ipanema, Copacabana o Barra de Tijuca, además de la sensual y rítmica vida nocturna carioca… Cuando les aclaro que no pisé Río para nada, se quedan por un momento desconcertados y entonces –como en un juego de adivinanzas– van preguntando, mientras yo hago un gesto negativo con mi cabeza: ¿Sao Paulo?, ¿Salvador de Bahía?, ¿Santos?, ¿Porto Alegre? … hmm, este… ¿Belo Horizonte? Y ahí se callan y ponen cara de alumno poco aventajado en Geografía… Ni a uno sólo de ellos, con los que he hablado hasta ahora, se le ha ocurrido pensar que he viajado a la capital de la República Federativa do Brasil. Una ciudad llamada Brasilia.
¿Se imaginan que diferente sería esta misma situación si les digo que vengo llegando de Francia, Italia, Grecia, Argentina o Inglaterra?
Pero lo cierto es que no se trata de ignorancia geográfica, sino de que la gran mayoría de nosotros asociamos automáticamente Brasil con Río de Janeiro, su Carnaval, la samba, el bossa-nova, a cachaça, pero –por encima de todo– con sus idílicas playas y sus esculturales ‘garotas’ que parecen salidas de las páginas del Play-Boy.
Sin embargo, Brasilia –esa gran desconocida– se halla ubicada sobre una meseta que se alza en la inmensidad de la selva, a mil kilómetros del mar, en el país más extenso de la América del Sur (y quinto del mundo en superficie total). Donde hace apenas cincuenta años reinaba la más absoluta soledad, se levanta hoy una increíble ciudad habitada por casi dos millones y medio de habitantes que comenzaron a llegar a partir del inicio de su construcción en 1956, siendo Lucio Costa el principal urbanista y Oscar Niemeyer el principal arquitecto. En 1960, se convirtió oficialmente en la capital de Brasil. Junto con Putrajaya (la capital administrativa de Malasia) es una de las ciudades capitales de más reciente construcción en el mundo. En 1987 la UNESCO declaró a la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, siendo la única ciudad construida en el siglo XX que ha recibido este honor.
Cuando el gobierno del entonces presidente Juscelino Kubitschek resuelvió abandonar una capital tan renombrada por su belleza y su alegría como Río Janeiro, para ir a establecerse en otra situada en medio de una región inhabitada, es natural que surgieran controversias. No pensó así Kubitschek, que asumió el poder ejecutivo en 1956 e hizo de la construcción de Brasilia la meta de su administración. Él aseguró que la nueva capital no sería un lujo sino una necesidad económica que tendría por finalidad llevar la población y la industria hacia el occidente. «Social y económicamente», dijo, «el Brasil es todavía apenas una angosta faja de costa».
Brasilia fue la primera ciudad que tuvo una pista de aterrizaje pavimentada, de 3000 metros de largo, antes que en ella hubiera edificios; ciudad sin apenas semáforos porque prácticamente no hay pasos a nivel: los cruces de calles son viaductos y pasos inferiores; ciudad donde los automóviles tienen distintas vías que los llevan directamente a los estacionamientos o las plataformas de carga y descarga situados en la parte trasera de los edificios de apartamentos o del comercio, según el caso; ciudad en donde cada barrio residencial tiene su sector comercial propio entre prados y bajo hermosas alamedas, por sendas exclusivas para peatones; ciudad de una arquitectura pasmosamente moderna.
En 1957 se convocó a un concurso para escoger los planos de la nueva capital: los jueces –dos arquitectos brasileños, un norteamericano, un francés y un profesor de urbanismo de la Universidad de Londres– escogieron los de Lucio Costa, quien durante muchísimos años fue el orientador de la moderna escuela arquitectónica del Brasil. El presidente Kubitscheck nombró director de la construcción a Oscar Niemeyer, el más notable de los arquitectos brasileños, y le pidió asimismo que proyectara todos los edificios de la nueva ciudad, carga descomunal tanto para la imaginación como para la habilidad de cualquier arquitecto. La construcción estuvo a cargo de una empresa oficial que dirigió el Dr. Israel Pinheiro da Silva, antiguo colaborador de Kubitscheck.
En la actualidad, Brasilia tiene comercios, teatros y restaurantes que son una combinación de lo mejor que se puede encontrar en Times Square de Nueva York, en Piccadilly Circus de Londres y en los Champs Elysées de París, y que al mismo tiempo tiene la tranquilidad de la Rua do Ouvidor de Río Janeiro, donde no se permite el tránsito de automóviles.
Para los recién llegados, Brasilia es justamente lo que el presidente Kubitscheck dijo: una meta para los que quieran una nueva y mejor vida. Al igual que los primeros colonizadores del Oeste norteamericano llegaron aquí a engrandecerse con la grandeza de este país. Un país que está haciendo un tremendo esfuerzo por convertirse en uno de los más avanzados del mundo, aunque todavía le quede mucho camino por recorrer.
L. Irles

























6 comments
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Abril 3, 2008 a 7:54 pm
goroka
No sabía que Brasília fuese tan puntera y lo que me ha dejado gratamente sorprendida en la foto,es que a lado y lado de lo que parece una ancha autovía, haya una vegetación tan frondosa,buena señal,buena entrada y muy interesante,una vida mejor?mmm,suena bastante bien.Un besiño gorokiano!
Abril 3, 2008 a 4:52 pm
Juan Cañizares
“Obrigado” por este artículo sobre Brasília, la ciudad donde vivo junto a mi familia desde hace 12 años. Soy de Tenerife (Canarias), y primero estuve 2 años en São Paulo trabajando en mi profesión de Químico, antes de trasladarnos acá.
Su post refleja muy bien la historia de este Distrito Federal y, muy cierto es, lo poco que se conoce fuera de Brasil si comparamos con Río… Claro que no tenemos fiestas tan conocidas, (solo las festas juninas son mas populares), ni turismo masivo, pero la calidad de vida y la belleza de la ciudad es significativa. También la de sus ‘garotas’, aunque no tenemos playas pero sí agua de sobra… jejeje
Bueno, le felicito por su interesante blog y me despido diciendo que Brasília ha dado figuras importantes en el fútbol mundial, me imagino que poca gente aficionada a este deporte sabe que aquí han nacido jugadores de la fama de Kaká, Lúcio y Marcio Amoroso.
Un saludo muy cordial para usted de este tinerfeño en Brasil.
Juan Cañizares
Abril 3, 2008 a 11:21 pm
Enric
Muy interesante Brasilia, pero yo –si quieres que te sea sincero– sigo prefiriendo Copacabana o Ipanema …
Garota bossa-nova,
a pasarela … etc.
Saludos
Enric
Abril 4, 2008 a 6:04 pm
Patricia Gomez
Luis querido, he estado muchas veces en Brasil, no así en Brasilia que nunca me atrajo, ideas absurdas que nos vienen. Viví algunos años en Bolivia y ahí hice el trayecto a Sao P. muchas veces por tierra, quería recorrer ambos paises a través de sus pueblos y selvas, viajes que me dejaron experiencias humanas enriquecedoras, sin embargo en uno de mis últimos viajes conocí Bahia de Morro, (creo ese es su nombre), cerca de Salvador de Bahía y es donde definitivamente me enamoré de ese País, seguramente la conoces, no hay autos, solo accedes por lancha, es pequeña, sus aguas tibias, a las siete de la mañana ya puedes estar en el agua…, una isla de sueño para vivir, en fin, creo qeu Brasil en general es un país amable de vivir. Sus mujeres, regias ellas, sus hombres, encantadores, su gente en general acogedora y simple, son un pueblo querible y con esa alegria que pasa por encima de cualquier problema, alegría que creo hace falta al nuestro pueblo.
Un abrazo.
Patricia
Abril 5, 2008 a 12:50 am
denise
mi querido amigo..Brasilia fue el lugar fantástico que avivó mi imaginación juvenil….aquella ciudad de avant garde levantada en la nada de un territorio desértico..la genialidad de Niemeyer y de su paisajista, que ahorita no recuerdo en nombre, me hacían soñar en cuentos de ciencia ficción,,Hoy quizás veo las cosas desde otra perspectiva, no menos fantástica pero diferente..Pero la magia de esa modernidad en medio de la nada queda grabada en mí..Un saludo muy cariñoso desde Perú..Gracias por tu linda presencia en mi blog y visitarte siempre es un placer…tu amiga..Denise
Abril 5, 2008 a 6:22 pm
Luis Irles
Para Juan Cañizares: Muchísimas gracias por su visita a este blog y por su comentario. Me alegra saber que ha encontrado en Brasília su hogar definitivo y feliz –aunque imagino que algún viajecito hará a la bella Tenerife–, tierra también de carnavales y hermosas mujeres…
Un cordial saludo para usted y su familia.
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Enric. No se lo digas a nadie, pero pienso exactamente lo mismo que tú. ;
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Linda Garota Gorokinha, belesa cautivante do Praia do Baix Llobregat.
Muito obrigado pela sua presença maravilhosa naquela noite inesquecível em Copacabana. Beijos brasileiros pra você..
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Querida Patricia. Ignoraba que hubieses vivido en Bolivia; me imagino que fue una época enriquecedora para ti… Por otra parte, ese lugar idílico que describes en tu comentario creo que es Morro do Sao Paulo, que como tantos otros rincones de Brasil es propicio para disfrutar de una existencia plena, en contacto con una naturaleza indescriptible y una gente extraordinaria.
Me alegra saber que Brasil es uno de tus países preferidos. También para mí lo es.
Un fuerte abrazo para ti.
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Mi estimada Denise. Tu limeña lisura y tu amabilidad extrema se aprecian mucho en este faro. Eres –no me cansaré de repetirlo– una gran artista y una maravillosa mujer. Un cariñoso abrazo, amiga.
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Notinha do fareiro maior: Siento no poder extenderme más en las respuestas a sus comentarios, tal como se merecen, ni dejar los míos en sus excelentes blogs (sí procuro hacer una lectura diaria) pero ya le comenté no hace mucho a Patricia que estoy completamente desbordado de trabajo… Espero que todo vuelva a la normalidad en un plazo no muy largo… Lo primero que haré será tomarme unas cortas y merecidas vacaciones ¿Alguna sugerencia? Feliz fin de semana para todos!