You are currently browsing the daily archive for Abril 11th, 2008.
Según afirma Jean Pierre Vasconcelos, pseudo-filósofo galo de notable éxito, no hay tarea más provechosa para el análisis certero de lo que nos ocurre que jugar a los detectives. Por ello, tras unos días de agotador trabajo, hemos seguido su consejo y nos hemos lanzado a contarles nuestras pesquisas acerca de una de las mujeres más enigmáticas, excepcionales, fascinantes, innovadoras y silenciadas del panorama creativo europeo: la francesa Claude Cahun.
Nombre mítico, aunque durante largo tiempo marginal y olvidado, de la rutilante nómina surrealista gala, Claude Cahun (Nantes, 1894 -Jersey, 1954) fue una artista que hizo de los autorretratos fotográficos toda una investigación estética sobre la identidad. Bien lo merece quien hizo de su vida y obra un ejemplo permanente de cómo “la poderosa conciencia del vértigo, la asunción de la inestabilidad y de la precariedad, conllevan un juicio claro, una conspicua posición existencial”. Y Claude Cahun nunca escondió su mirada crítica ni su compromiso insobornable frente a los discursos hegemónicos, monolíticos y esencialistas.
Pero la actualidad de Cahun no terminó aquí. Las últimas informaciones que hemos obtenido, procedentes de Francia, son aun más halagüeñas para quienes seguimos con devoción la obra de esta sacerdotisa del narcisismo, de esta combativa detractora de cualquier falso precepto reaccionario sobre la condición humana y sobre la dualidad masculina/femenina que marca nuestra identidad: acaban de editarse todos los escritos de quien fue, en opinión de André Breton, “uno de los espíritus más curiosos” de su tiempo. Y, por si el notable rescate editorial nos supiera a poco, en París se incluyó a Cahun entre las celebridades artísticas que merecen los honores y el disfrute de unos sugerentes recorridos literarios que hacen las delicias de esa sufrida, curiosa y melancólica figura que es el turista cultural.
Estas recomendables rutas –que podemos fácilmente recorrer si viajamos a la Ciudad Luz– nos muestran los escenarios urbanos que protagonizaron la vida cotidiana de aquel mítico grupo de artistas vinculados a la mítica exposición “La revolución surrealista”. La oferta incluye, además de “Claude Cahun, una mujer en el surrealismo”, las opciones que siguen: “Philippe Soupault, flâneur entre dos orillas”, “René Crevel, el arcángel del surrealismo” y “André Breton y el recorrido de Nadja”. Y se anuncian como novedades, ante la buena acogida de la iniciativa, paseos protagonizados por el dadaísmo y el situacionismo. Más allá del instructivo valor simbólico acerca de cómo el sistema comercia, engulléndolos, con los hasta ayer personajes malditos y/o famosos, ¿se imaginan algo parecido por estos lares?
Mientras la madurez, la inventiva y el glamour llegan al turismo cultural parisino, seguimos con la defensa de nuestra recomendación de hoy día. Acérquense a Cahun. Disfruten de esta fotógrafa, novelista, actriz, traductora, poeta, ensayista y agitadora permanente del muy a menudo tedioso y convencional panorama creativo de nuestra época, que fue la suya. Tuvo una vida turbulenta, intensa, brillante y peligrosa, como suele ocurrir con todos los adelantados a su tiempo. Una trayectoria poseedora, pese a su radicalidad desafiante y visionaria, de una rara coherencia. Aunque nada hacía presagiarlo si atendemos a sus orígenes. Porque Lucy Schowb, ése era su auténtico nombre, nació en el seno de una familia de la alta burguesía intelectual y se educó en Oxford y París, donde cursó Filosofía y Letras en la Sorbona. Pero la sobrina de Marcel Schwob, aquel escritor que tanto admiró Borges, cultivaría otras estéticas, otras ideologías y amistades menos convencionales y ortodoxas. Y, entre ellas, debemos citar a Robert Desnos, Henri Michaux, Sylvia Beach, Georges Bataille o André Breton. Las décadas de los años veinte y treinta fueron especialmente intensas para esta defensora de la libertad sexual y de costumbres. Durante la II Guerra Mundial fue detenida por la Gestapo y condenada a muerte. A su término, reanudaría el contacto con sus amigos parisinos sin dejar la isla de Jersey, a la que se había trasladado en 1937 y donde residió hasta su muerte.

























LO QUE OPINAN Y COMENTAN NUESTROS LECTORES