Una de las visitas obligatorias para cualquier cinéfilo que viaje a París es a la Cinémathèque Française, que mantiene de forma permanente una programación muy diversa y siempre interesante. Tuve la ocasión de comprobarlo mientras permanecí en la Ciudad-Luz, asistiendo al ciclo dedicado en esos días a mis admirados Peter Handke y Wim Wenders.
Desgraciadamente sólo tuve tiempo de disfrutar de una de ellas: La mujer zurda, con la que Handke (controvertido novelista, autor teatral, guionista de Movimiento falso, de El cielo sobre Berlín y de El miedo del portero ante el penalty, de Wenders) debutó como realizador cinematográfico en 1978. El film –interpretado por Edith Clever, Bruno Ganz, Bernhard Minetti, Angela Winkler, Michael Lonsdale y Gerard Depardieu, entre otros excelentes actores– no deja de tener interés, pese a lo discutible del resultado.
A mi juicio, La mujer zurda no es un film ‘polémico y reaccionario’ –como se le etiquetó en su época– a no ser que se entienda por tal una obra que se aparta del panfleto feminista, es decir, de la simplista consideración de que la felicidad consiste en la mera eliminación del hombre como único elemento generador de conflictos en la pareja.
Lo equivocado de la película no reside, pues, en el terreno ideológico, sino en el del estilo. Handke pretendió acercarse a realidad cotidiana con la mayor «objetividad» y para ello eligió un tono de crónica cercano al documental. A partir de una experiencia personal (Handke vivía en París desde 1970 separado de su esposa), plasmó aquí un caso de crisis personal y matrimonial desde una óptica femenina. Y queriendo evitar toda huella psicologista y sentimental de carácter literario, generó un relato descarnado, frío y distanciado que tiene poco que ver con el naturalismo propio de la narrativa tradicional.
Un ascetismo en la imagen que recuerda a Bresson, una planificación sostenida y con los actores frente a la cámara a media distancia, una búsqueda deliberada de un «cine de la mirada» (explícito homenaje al cineasta japonés Ozu), una sustitución de la psicología por el comportamiento (referencia al novelista Flaubert), además de evidentes concomitancias con el Antonioni de la Incomunicación (los personajes se convierten en objetos y los objetos en personajes) y de un palpable tributo a las entonces modernas corrientes del cine alemán (dirección de actores «teatral», saltos espacio-temporales, abundancia de tiempos dramáticamente «muertos»), configuran las características formales de un film repleto de implícitas y de explícitas referencias culturales que puede desconcertar a más de un espectador.
Handke creyó que lograba el máximo de «realismo» rehuyendo los artificios del relato de ficción sin caer en la cuenta de que la crónica o el documento deben también recurrir a ciertas convenciones narrativas, no ya para gratificar al público, sino para hacer ideológicamente productivo un trabajo estético que corre el peligro de quedar encerrado en sí mismo. Un ejemplo: al no explicitar los motivos de la crisis conyugal y al despreocuparse del contexto sociológico (de París sólo le interesó el paisaje urbanístico del extrarradio como telón de fondo de significación objetual), el drama de la protagonista se acerca peligrosamente a esa «angustia vital» de raíces irracionales y metafísicas que ignora los condicionamientos materiales de toda existencia humana.
Infeliz en su matrimonio y desgraciada en su soledad, la protagonista no parece asumir con lucidez su problema y, lógicamente, ante sí sólo halla la única certidumbre de la vejez y de la muerte (visita de su padre). La sombra de Bergman también planea sobre esta primera película de Peter Handke que, si hacemos caso a lo que declaró su autor, es ante todo una plasmación fílmica del universo plástico del pintor norteamericano Andrew Wyeth.


























7 comments
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Julio 11, 2008 a 8:23 pm
Pablo Kertesz
Sería interesante ubicar a Peter Handke y a su obra –especialmente la literaria– en la Europa de finales de los 70. Entonces imperaba lo que yo llamaría, sin riesgo de ser original, la dictadura cultural de la izquierda.
Se le podía identificar en dos frentes generalmente bien avenidos: primero, el frente de los que poseían su espíritu o, mejor dicho, estaban poseídos por él; gentes dotadas de un frondoso historial clínico (en la Universidad, en las profesiones liberales), a las que, junto con su título, se les asignó (y el sujeto de este impersonal no es precisamente la voluntad popular) el rol de cancerberos de la vanguardia cultural, del compromiso y de la modernidad… De ahí las etiquetas de ‘reaccionaria y antifeminista’ que le colocaron a “La mujer zurda”.
Y entramos ya en el segundo frente: el de los mirones. El mensaje, lo que se transmitía, era en este caso algo tan vago que no exigía en absoluto la réplica, el malestar o, en fin de cuentas, la emoción. Algo que permite hilvanar un seudodiscurso sobre temas candentes o importantes (la condición femenina, la incomunicación, la angustia existencial), pero cuya incidencia real en el ámbito social (o sea, entre los dichos receptores) era tan nula, tan neutra como uno y otros deseaban… En fin, el tema es demasiado complejo como para plantearlo aquí. Tal vez en otra ocasión se pueda analizar objetivamente y sin apasionamientos.
Mi enhorabuena por su excelente bitácora.
Pablo Kertesz
Julio 12, 2008 a 3:16 pm
Carlos Arean
Controvertido o lúcido, ingenuo o provocador, progresista o reaccionario… el caso es que el extraordinario escritor austriaco decidió, en febrero de este mismo año, dar por terminada su carrera literaria por considerar que ha dicho ya todo lo que tenía que decir en su vida. Así lo declaró durante una entrevista que concedió al diario español El País, de la que cito la siguiente frase de Handke: “Tras casi 40 años de desempeñar este maravilloso oficio, a veces pienso: has bosquejado, suavemente o con energía, todo lo que tenías que bosquejar en tu vida. Ahora es tiempo de terminar.”
Supongo que los detractores del gran dramaturgo, novelista y cineasta se sentirían muy contentos al enterarse de la noticia… Aunque para su desgracia, ahí quedó su obra.
Te felicito por este magnífico post. Un saludo afectuoso.
Julio 12, 2008 a 10:37 pm
gorocca
Maravilloso post mi querido farero,veo que volviste a la tierra dejando atrás tu faceta de poeta de Cazorla,me alegro!En estos días acaban de estrenar Sin Aliento, una peli japonesa que promete muchísimo,en cuanto pueda voy a verla y te cuento,no me preguntes el director que no me acuerdo aunque me parece que es archiconocido y además bastante bueno.Pues eso,a disfrutar del buen cine!Un beso sin feminismos,ay señor pero qué haría yo sin vosotros?
Julio 14, 2008 a 5:05 pm
Luis Irles
Estimados Pablo y Carlos. Quiero felicitaros a ambos –además de daros las gracias– por vuestros interesantes e inteligentes comentarios que, sin duda, han enriquecido enormemente el texto sobre Peter Handke y su primer film. Una película que yo no había tenido ocasión de ver hasta que estuve recientemente en París.
La noticia del abandono voluntario de la literatura, por parte de este grandísimo autor, sí que la conocía. Pero, como muy bien dice Carlos, nos queda su extensa y extraordinaria obra.
Un fuerte abrazo para los dos.
Luis
* * * * *
Es verdad, mi querida Gorokiña. Mi faceta lírica ha durado poco, pero volverá muy pronto: “la sabia” ha prometido enviarme desde Cazorla otra botellita de la pócima mágica que, al beberla, inspira de inmediato –como las espinacas en Popeye– unos versos telúricos como los que aquí te dedico:
Se adivina en la sombra la belleza
forjada en la hermosura más precisa,
y la serenidad que en su sonrisa enroca,
urdida en la armonía, la Gorocca…
Ya sé, ya sé… no es nada extraordinario. Pero es que sólo me quedaba un sorbito en el frasco, y encima tenía fecha de caducidad.
Muchos besos para ti, que resplandeces en tu naturaleza de diosa en ser humano transformada.
PS: Oye, ¿estás segura que “Sin aliento” es de un director japonés? A mí la única que me suena es la de Goddard. Ya me enteraré, ya me enteraré… Estos orientales lo copian todo.
Julio 14, 2008 a 8:59 pm
gorocca
No estoy segura Luís,no,no,desde luego los personajes sí que son japos pero el dire ni idea,yo pensaba que sí,ya la veré,ok?
PD:
Venía a tientas para verte en las horas más calmas
en tus horas de feliz sosiego que yo turbaba
porque siempre presentías mi sombra
aunque nunca me dijiste nada.
Muakssssssssssss!
Julio 14, 2008 a 5:15 pm
rocco's friend
Peter Handke es un grande autor. Pero especialmente dramaturgo.
Paz!
Julio 15, 2008 a 5:47 pm
Luis Irles
Tienes razón, rocco’s friend. Hanke aportó al teatro del siglo XX obras de una gran hondura. No obstante, son muchos los que prefieren sus novelas, aunque yo no me cuente entre ellos.
Gracias por leer.
Peace for you, too.
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Dolça Gorocca. Leyendo tu hermoso poema hasta me he olvidado de la peli japonesa, de Jean-Luc Goddard, de Jean Seberg y de Belmondo… ‘Sin aliento’ –À bout de souffle– me han dejado tus versos, noia. Moltes gràcies.
Petons insonoros