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Estimados Compipas: Hace más de tres mil años, en una caleta de pescadores, un soñador reunió a un grupo de hombres; les contó sus sueños y juntos iniciaron un proceso que cambió gran parte de la historia de occidente. Tres milenios después nos reunimos los Guachacas, para contarnos nuestros sueños que simbolizamos en este acto. Hoy inauguramos en La caleta el Membrillo de Valparaíso, El Primer Ascensor a la luna. Nuestros ingenieros Guachacas, han dicho, después de exhaustivos estudios, que este es el lugar apropiado para iniciar las obras de construcción. Aquí frente al océano Pacifico, con la brisa de la costa. Aquí donde los navegantes confunden las estrellas con las luces del puerto, aquí donde está la gente humilde de Valparaíso. Sus pescadores.Muchos se preguntaran, ¿Qué significa esto? ¿Que importancia puede tener en un país cada vez más pragmático, que nos juntemos a inaugurar un ascensor a la luna?¿ Es acaso otra locura de gente irresponsable? Y nosotros respondemos que sí. Si es una locura, pero una locura hermosa, que no mata, no discrimina, ni contamina. Es una locura de gente enamorada, enamorada de la vida y de nuestra patria. En este ascensor pueden subir, todos quienes voluntad de belleza y vocación de justicia. Aquí entran todos nuestros sueños y nuestros anhelos. Aquí tienen pasaje gratis, todos quienes tienen alma de niño.
¡Este ascensor es el Arca de Noe Guachaca! Y nos vamos a la luna con claveles y copihues, con longanizas de Chillan, con un buen pipeño para el camino. Llevamos cuecas y manzanas confitadas, sanguches de potito y chorrillanas. Y nos vamos a la luna, porque dicen que ahí no hay gravedad, y seamos honestos, aquí abajo hay demasiada gravedad. Como que la vida pesa demasiado, como que la vida se ha transformado en una seguidilla de problemas, encadenado uno tras otro, que ni siquiera nos deja tiempo para mirar las estrellas ni para enamorar un copihue. Quisiéramos aprovechar la presencia de tantos compatriotas, que como viñas salvajes se han extendido más allá de nuestras fronteras, para que lo cuenten. Díganlo fuerte, en Chile, en Valparaíso, se inauguró el Primer Ascensor a la Luna, y lo hicieron los Guachacas. Con el paso de los días, vendrán a este lugar muchos hombres y mujeres enamorados a contarse sus sueños y a fotografiarse frente a esta locura que nos hace más humanos, más hermosos y más chilenos. Si es así, habremos cumplido nuestra labor y nada habrá sido en vano. Quisiéramos concluir, citando un viejo proverbio chino que dice “Los Chinos nunca hemos hecho un proverbio” Y con una frase del “taquilla” zapatero de Lontue que señala “Ningún hombre a visto la esperanza, ni siquiera se imaginan como es, pero sin ella ninguna caravana, habría atravesado el desierto”
En Valparaíso, en el día trece del séptimo mes, del tercer milenio. Se da por inaugurada las bases del primer ascensor a la luna. Para honor y gloria de quienes mantienen en alto sus sueños e ideales.
¡Viva Valparaíso, Capital Guachaca de la Humanidad!!¡ Viva el primer ascensor a la Luna!!¡ Vivan Los Guachacas!!¡¡¡ Viva Chile, Mierda!!!
Discurso oficial de inauguración del Primer Ascensor a la Luna.(Texto de la alocución del Guaripola Guachaca Dioscoro Rojas)
Ingrid Bergman –que según una lista confeccionada por el American Film Institute, es la cuarta estrella más importante en toda la historia del cine– habría cumplido hoy 93 años. Curiosamente, por una de esa raras coincidencias del destino, falleció mientras celebraba su 67º cumpleaños.
La inolvidable actriz sueca, ganadora a lo largo de su carrera de tres premios Oscar y varios Globos de Oro, protagonizó películas como Luz que agoniza, Stromboli, Sonata de otoño, El Rolls-Royce amarillo, Juana de Arco, Encadenados, Por quién doblan las campanas, Intermezzo o la inmortal Casablanca, todo un mito en el universo cinematográfico.
Ingrid quedó huérfana de madre cuando tenía dos años y su padre murió 10 años después, por lo que fue criada por unos familiares. Decidió hacerse actriz para combatir su extrema timidez y dio sus primeros pasos en el teatro. A los dieciocho años fue elegida entre cientos de aspirantes para estudiar en la Real Escuela de Teatro dramático (donde también estudió Greta Garbo).
En 1937 se casa con el dentista Petter Lindström, relación de la que nace su hija Pia Lindström. En 1939, y después de protagonizar una docena de películas en Suecia, se traslada a los Estados Unidos para protagonizar la película de David O. Selznick “Intermezzo”. En 1942 se convierte en una de las estrellas de la época al protagonizar junto a Humphrey Bogart la película de Michael Curtiz “Casablanca”. 1943 supone el año en el que recibe su primera candidatura a los Oscar, en este caso por su papel en la película “Por quién doblan las campanas”, aunque no consigue finalmente el premio. Al año siguiente se puede resarcir de esa desilusión, pues gana el Oscar a la mejor actriz, esta vez por su papel en “Luz que agoniza”. En 1945 recibe su tercera candidatura consecutiva a los Oscar, esta vez por la película “Las campanas de Santa María”. La actriz recibiría su cuarta candidatura a los Oscar en la categoría de mejor actriz en 1948, por su papel en “Juana de Arco”.
En 1949 se traslada a Italia para rodar a las órdenes de Roberto Rossellini la película “Stromboli”. Durante el rodaje comienza una relación con el director italiano. Fruto de esta relación, Bergman queda embarazada de su hijo Roberto, (nacido el 7 de febrero de 1950), lo que provoca un gran escándalo en los Estados Unidos. El escándalo fue tal que incluso provocó que la actriz fuera declarada persona non grata en territorio americano, lo que hizo que se exiliara en Italia, dejando a su marido y a su hija en los Estados Unidos. Después de separarse de Lindström y tras el nacimiento de su hijo, la actriz y el director se casan el 24 de mayo de 1950. Con el director italiano tiene además otras dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta. Finalmente, se separara de Rossellini en 1957. De su época en Italia destaca su trabajo en seis películas dirigidas por su entonces marido, entre ellas “Giovanna d’Arco al rogo” (1954).
En 1956 vuelve a ganar el Oscar a la mejor actriz por su interpretación en la película “Anastasia”, siendo su amigo Cary Grant quien recoge el premio en su nombre. En 1958 vuelve por primera vez a Hollywood después del escándalo de su matrimonio para presentar el Oscar a la mejor película en la 31ª Edición de la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia. La sala la recibe con una cerrada ovación. Ese mismo año se casa con el productor sueco Lars Schmidt, del que se separará en 1975.
A partir de entonces comienza a alternar películas en Estados Unidos y en Europa, así como apariciones ocasionales en dramas televisivos y en obras de teatro.
En 1974, Bergman recibe su tercer Oscar, esta vez en la categoría de mejor actriz de reparto, por su participación en la película “Asesinato en el Orient Express”.
Su última candidatura a los Oscar la recibió en 1978 por su papel en “Sonata de otoño”, del director sueco Ingmar Bergman.
A lo largo de su vida, tres directores marcaron su carrera cinematográfica: Gustaf Molander, quien la dirigió en siete películas y con el que fue proclamada mejor promesa del cine sueco en 1935; Rosellini, quien la dirigió en seis películas y fue su marido; y Alfred Hitchcock, que la dirigió en tres ocasiones siendo ya una consolidada actriz.
Datos biográficos via wikipedia.
En este caso –y estoy absolutamente seguro de que todos ustedes me darán la razón– sí que se puede afirmar con rotundidad que “una imagen vale más que mil palabras”. Creo que cada uno de nosotros, amantes o no del deporte, hemos disfrutado de lo lindo viendo –a través de la televisión, los que no hemos tenido la suerte de ir a la capital de China– los deslumbrantes y excepcionales Juegos Olímpicos de Pekín (o Beijing), que se han clausurado hoy domingo, 24 de agosto de 2008. Una Olimpiada que se recordará durante mucho tiempo… Pero si acaso flaquea la memoria, bastará con contemplar la serie de fotografías que les mostramos aquí.
Hace siete años, mientras se celebraba en Santiago la Cumbre Presidencial, Dióscoro Rojas, Raúl Porto y sus amigos, reunidos en el bar La Piojera, centro de operaciones del grupo, decidieron entre pipeños y risas celebrar la Primera Cumbre Guachaca. Un evento inédito en el cual, por primera vez en siglos, fuera de las fondas dieciocheras y en plena capital del país, el pueblo tendría la libertad de expresarse y compartir con todo el mundo sin tapujos, sus gustos, su música, sus dichos, sus comidas, sus ideas, sus anhelos y sus tragos.

“Humildes cariñosos y republicanos, chilenos todo el año”
Ya son una verdadera tradición las celebraciones que se realizan en el Centro Cultural Estación Mapocho, para reunir a una diversa galería de cantores, poetas, cuequeros y variados artistas en torno al ambiente y manifestaciones propias de la cultura popular urbana de bares, peñas, picadas y quintas de recreo. Se trata de las Cumbres y Fondas Guachacas. La iniciativa de Dióscoro Rojas y sus secuaces, surgida hace siete años, ya se proyecta no sólo como festividades anuales, sino también como un movimiento, que con humor y creatividad, sale en defensa de una chilenidad farrera y picaresca, aficionada al vino, la conversación, la guitarra y el romance.
La honrosa identidad guachaca, que saca la lengua a los “cuicos”, al desprecio clasista y a la negación extranjerizante.
Pero el asunto no se queda en pura fiesta, y el grupo se ha articulado como un movimiento en la lucha por el rescate y valorización de la tradición guachaca, entendida como lo más genuino y espontáneo de la cultura popular urbana. Apoyándose en la pluma ingeniosa de Porto, los guachaca se han dedicado a amasar durante todo este tiempo una serie de propuestas, reinvidaciones y lemas que han infiltrado en la opinión pública no sólo a través de sus tradicionales Cumbres, sino también de inverosímiles cruzadas de las que el Parlamento no ha podido escapar.
El gran Fermento Guachaca:

La ley que estipula el corto de pisco a la subida de los ascensores, para evitar la puna; la “Ley del medio pato”, propuesta como alternativa al Seguro de Desempleo; la denominada “Ley del bigoteado” que establece la “chuica común”, así como la que autoriza la construcción de un tranvía en Valparaíso, ciudad declarada “Capital Guachaca de la Humanidad”, que haga el circuito nocturno entre los bares Cinzano, Valparaíso Eterno y J. Cruz forman parte de sus múltiples, descabelladas y divertidas iniciativas legales enviadas al congreso. Otra de sus loables iniciativas es la celebración del mes de la patria con una gran fonda con asado y espectáculo incluido, para 500 patriarcas del Hogar de Cristo.
El “Día de los Inocentes” no podía quedar fuera de sus gestiones, el 2002 su mensaje central para los medios de comunicación fue decir que “aqui somos más los inocentes que los culpables, que queremos desarrollo y justicia social, pero sin soltar la mano de la inocencia”. Bajo esta premisa realizaron una misa en la Catedral de Santiago, con la participación de 1200 personas, incluidas cuecas y entrega de 800 pañuelos. La actividad fue cerrada con una visita a La Moneda, donde le hicieron llegar una carta al entonces Presidente de la República, Ricardo Lagos.
En fin, el humor no puede quedar afuera de cada una de las gestiones de la Delegación Guachaca. Mucho güendy.
Fuente: Corporacion Patrimonio Cultural de Chile (nuestro.cl)
A veces evoco con cierta nostalgia el momento en que todos los componentes de la familia –allá por los años setenta– permanecíamos alrededor del televisor “Sylvania”, esperando oír esa clásica voz nasal de locutor del noticiario que daban en los cines, momentos antes de la película, anunciando el comienzo de la serie “Las aventuras de Ellery Queen”, interpretada por el actor Jim Hutton –en el papel de protagonista– y David Wayne, como el inspector Queen.
El personaje fue creado a raíz del concurso convocado por una revista para premiar la publicación de la mejor “opera prima” policíaca. Los autores Dannay y Lee decidieron enviar un trabajo firmado con el mismo nombre de su protagonista y consiguieron el premio, pero antes de que la novela pudiese ser editada, la cabecera de la publicación fue traspasada a otro empresario, que prefirió editar la obra de otro concursante. Los “Ellery Queen” no perdieron el ánimo y enviaron su relato “The Roman Hat Mystery” (publicado en castellano como “El misterio del sombrero de copa”) a diversas editoriales, hasta que les fue aceptado por el editor Stokes.
El protagonista de la novela, Ellery Queen, es un joven escritor de relatos de misterio a la vez que un investigador aficionado, de mente lúcida y analítica – graduado en la Universidad de Harvard- interesado en los crímenes solamente por curiosidad. Su padre Richard Queen, de origen irlandés, es el inspector jefe del Departamento de Homicidios de la policía de Nueva York y, en muchísimos de los casos, Ellery, actúa como colaborador de su padre en la solución de los delitos a los que el Departamento debe hacer frente.
El personaje de Ellery Queen aparece por primera vez en 1929 y se convierte en tal éxito, que sus autores decidieron crear la revista “Ellery Queen’s Mystery Magazine” (EQMM), considerada como una de las más influyentes publicaciones de literatura de misterio- en lengua inglesa- en la segunda mitad del pasado siglo.
Ya en la primera novela se define, casi de una manera inmediata, el modelo de sus trabajos sucesivos: un crimen insólito, pruebas contradictorias, la presencia del inspector Queen y de su ayudante el sargento Velie, la puesta a disposición del lector de todos los elementos suficientes para la revelación del culpable y el consiguiente “desafío al lector” que precede a los episodios finales en los que se revela la solución del caso.
Las novelas de Queen fueron muy pronto traducidas al español, difundidas rápidamente en colecciones de México y Argentina, pero llegaron mucho más espaciadamente a España, a partir de los años cuarenta, y con mayor intensidad en los setenta, aunque no todas han acabado por ser traducidas produciéndose importantes lagunas en su difusión.
Luis D’Anyana
“Antes, la poesía era algo para leer tranquilamente en casa por la noche, quizá tenía la función de consuelo. ¿Qué ocurre actualmente? Cuando alguien regresa a su hogar tras una agotadora jornada de trabajo ¿acaso va a ponerse a leer un libro de poemas a la luz de la vela..?” Así se expresaba –en 1974– John Giorno, uno de los poetas más singulares de la Post-Beat Generation norteamericana durante una entrevista que concedió a la revista Newyorker.

Victor Hugo leyendo. (Autor desconocido)
Han transcurrido más de tres décadas desde entonces y la situación no parece haber mejorado mucho. Más bien, todo lo contrario. Porque, si lo analizamos detenidamente, ¿puede acaso la poesía competir con el rock, los video-juegos, el fútbol o la televisión? ¿Imponer la fuerza de la palabra sobre la cacofonía de los mass-media? ¿Reconquistar la comunicación, salir del ghetto? Yo –a pesar de este oscuro panorama– creo que sí, siempre y cuando se sepan aprovechar las modernas tecnologías y se vuelva a seducir por el oido, mediante la voz.
No se trata de volver a los rapsodas, las rimas pomposas y los ripios estridentes. Pero es asombroso que muchos jóvenes poetas actuales sean incapaces de recitar sus poemas y que estos no resistan la prueba de una lectura en voz alta. Abstraída, perpleja, en crisis y encerrada en los cada vez más estrechos confines de ediciones de ínfima tirada y premios de aún menor trascendencia, la poesía parece haber perdido al mismo tiempo, en un círculo vicioso, la musicalidad que hizo antaño su fortuna y pública influencia. Lo que otrora fue ruptura con formas anquilosadas e investigación de nuevas, exigencia expresiva o culminación de una larga experiencia estética y personal, se ha convertido, para las nuevas “generaciones” de poetas, en coartada de la inmadurez y falta de oficio. La poesía queda reducida a poner arbitrariamente una línea bajo otra en un papel, intentando compensar tan endeble armazón con metáforas grandilocuentes, sinsentidos pretendidamente surrealistas, “evocaciones” fantasmales, sentimentalidades prefabricadas y, sobre todo, mucho envoltorio “teórico” y mucha pose de vate daguerrotipado. Así, por mutismo o verborrea, la poesía desaparece de escena, se marchita en “poemarios” para los amigos, se extingue.
Por esto, experiencias como la Dub-Poetry, la Poesía Sonora -valga la redundancia-, el uso de las avanzadas tecnologías actuales son un estímulo, uno de los posibles caminos, para que la poesía reconquiste su espacio, recupere la voz en estos tiempos de performances y logorrea propagandística, y vuelva a “dar un sentido más puro a las palabras de la tribu” asumiendo los desafíos de nuestro tiempo.
Afortunadamente, algo así como una lenta mutación biolingüística se está produciendo en el terreno poético y, como siempre, los “especialistas” de la cosa cultural -críticos literarios, mandarines universitarios, editores, etc-, demasiado ocupados en sus peleas corporativas y en la administración de sus irrisorios territorios, no ven ni oyen lo que pasa, mientras las artes poéticas vivas y diversificadas disfrutan actualmente de un considerable auge. En gran parte debida a la trágica fragilidad de los soportes y circuitos de distribución convencionales (libros, revistas…), la crisis de la edición tiene como positiva contrapartida el haber debilitado, por no decir anulado, el poder de ciertos dispositivos institucionales, de ciertos bastiones burocráticos que tenían y aún tienen la función de cortar el paso a los movimientos creadores. Esta implosión, este hundimiento de las viejas industrias culturales ha dejado relativamente expédito el terreno para nuevas prácticas, nuevos circuitos, nuevas articulaciones entre el trabajo poético, la música, el teatro, la política, el placer. Un doble movimiento empieza a perfilarse y extenderse en Europa, los EE.UU., en la zona del Caribe y en Japón, transformando lo que se acostumbra a llamar poesía. Ojalá termine expandiéndose por todo el planeta como una pandemia benefactora.
El 11 de agosto de 1956 –es decir, hace exactamente 52 años– moría en un trágico accidente de automóvil ocurrido en la localidad de Springs, en Nueva York, uno de los artistas plásticos más importantes e influyentes del siglo XX. Nos referimos al gran pintor estadounidense Jackson Pollock, el miembro más destacado –junto a De Kooning– del llamado expresionismo abstracto.

Nacido en Cody, Wyoming, Pollock estudió en la Art Students League de Nueva York con Thomas Hart Benton. Durante su período de formación conoció la pintura de los muralistas mexicanos, que le impresionó hondamente. Comenzó su carrera con obras figurativas, en las que presta ya particular atención a los valores matéricos y el cromatismo. Hacia 1938 empezó a interesarse por la pintura abstracta e irracional, y para las obras de este período buscó inspiración en el mundo de los indios americanos.
El artista estuvo viajando por el país, realizando cientos de dibujos de la geografía física y humana de los Estados Unidos. A finales de la década de 1930 y principios de 1940 colaboró en Nueva York en los Proyectos de la Administración para el Federal Art Project (Proyecto de arte federal). Sus primeras obras, en el estilo naturalista de Benton, representan escenas estadounidenses de forma realista. Entre 1943 y 1947 Pollock, influido por el surrealismo, adoptó un estilo más libre y abstracto, como en La loba (1943, Museo de Arte Moderno, Nueva York). A partir de 1947 Pollock evolucionó hacia el expresionismo abstracto, tendencia pictórica de la que fue el representante más conocido y destacado, desarrollando la técnica de la action-painting o dripping, consistente en derramar, dejar gotear o lanzar pintura sobre lienzos sin tensar colocados en el suelo… Después los trabajaba o extendía con palos u otras herramientas, e incluso a veces dándole una gran consistencia mediante la adición de arena e incluso fragmentos de vidrio. Pollock fue además uno de los primeros artistas en eliminar de sus obras el concepto de composición y en mezclar signos caligráficos con los trazos pictóricos.
Sus obras, que siguen ejerciendo una gran influencia en la pintura actual, son cada vez más valoradas y se hallan expuestas permanentemente en los principales museos de arte moderno del mundo, especialmente en el MOMA y en el Guggenheim de Nueva York.
Muy pocas veces fueron 34 años tan intensamente vividos como los de Katherine Mansfield. Desde su primer matrimonio con el cantante George Bowden, quien la abandonó la misma noche de bodas (según otra versión fue ella quien decidió romper la relación el primer día de matrimonio), hasta la complicada y enrevesada relación con su último marido, el editor John Middleton Murray, después de haber mantenido numerosos escarceos amorosos con músicos, traductores y personalidades literarias.
La desbocada y bohemia vida de la hermosa Katherine Mansfield era objeto de comentarios y morbosas especulaciones en los círculos intelectuales londinenses, fundamentalmente entre algunos componentes del reputado grupo de Bloomsbury, con quienes se encontraba próxima, aunque muchos la consideraban la rival más directa de Virginia Woolf. La fascinación, al tiempo que la envidia y admiración, que su persona motivaba fue tal que autores de la talla de D. H. Lawrence, de quien era vecina en Cornwall, o Aldous Huxley, la utilizaron como modelo en el diseño de alguno de sus personajes. La propia autora afirmó: “Dado que no soy una intelectual, parece que siempre deba aprender las cosas arriesgando mi vida.” Sea como fuere no es de extrañar que Mansfield sea considerada como la primera feminista que tuvo el coraje de intentar llevar, y en buena parte lo consiguió, la entonces quimérica “igualdad de sexos” hasta sus últimas consecuencias.
Pero todos estos detalles biográficos, pese a ser atractivos, no resultan sino meras anécdotas cuando nos acercamos –como he vuelto a acercarme yo en estos días que he pasado en Puerto Montt por motivos de trabajo– a la belleza de sus cuentos y relatos, un género, prácticamente ignorado en la Inglaterra del XIX, que ella ayudó a perfilar y logró elevar a categoría literaria. Ello sin mencionar el estilo, exquisito y elegante hasta el infinito que será su definitiva marca de agua. Acomodadas familias de clase media, personajes caracterizados por una terrible soledad espiritual, complicadas relaciones amorosas, la dificultad de sus personajes para comunicar, para hacer partícipes a los demás de sus deseos y emociones, pequeños detalles que motivarán la concienciación de los personajes… Todo esto es palpable en relatos como Frau Brechenmacher asiste a una boda, tal vez el mejor del libro.
En Felicidad y otros cuentos -así se titula el segundo libro de relatos traducido al español– regresa a su Nueva Zelanda natal, donde es considerada la gran dama de las letras neozelandesas, y evoca su infancia junto a su hermano, muerto durante la Gran Guerra. Sin duda alguna, Preludio, el primero de los cuentos, destaca poderosamente sobre el resto y apreciamos la clara influencia de Chejov, algo que suponía un motivo de orgullo para la propia autora. Pero si bien Preludio es uno de los grandes relatos de Katherine Mansfield (para numerosos críticos el mejor), esta colección en su conjunto queda un tanto en sombrecida si la comparamos con Fiesta en el jardín y otros cuentos (1922) publicado poco antes de morir y donde Kathenne Mansfield se revela como una escritora tan sólida como madura mostrando un total y absoluto dominio de todos los resortes necesarios en el género.
La compañía de una de las grandes escritoras de todos los tiempos en la maravillosa y sureña ciudad chilena de Puerto Montt, ha sido una experiencia literaria muy gratificante para mí.
Amigo Luis: Me he sentado frente al ordenador con la intención de escribir algo para tu blog. Hace ya algún tiempo que me lo pediste y no quisiera quedar mal contigo. Sin embargo, se presenta un pequeño problema: no me siento demasiado inspirado. Ante mí se presenta una pantalla en blanco. No sé cómo puedo empezar y, mucho menos, qué escribir.
Contemplo el arce del jardín. Todo el mundo en la playa y yo mirando absorto cómo un mirlo corretea sobre la hojarasca y picotea la tierra. Creo que dejaré lo del post para más tarde, así que elijo un libro y me dispongo a leer. Es de Carlos Castaneda, a quien el nagual don Genaro le dedicó un poema: “Carlitos es un chingón: un poco poeta, loco y cabrón”… Un improcedente desasosiego viene corroyéndome esta tarde y me doy cuenta que no podré concentrarme en ninguna lectura. Pruebo con un cómic de Flash Gordon. No aguanto con él ni diez minutos seguidos.
Descubro, de repente, que conservo varios pliegos de excelente papel y material de dibujo. Me dispongo a dibujar algo. Me animo y comienzo esbozando un paisaje onírico. Otra vez noto algo inquietante: que mi dibujo es desganado y desaliñado, no es nada original. Sé que dibujo muy bien, pero parece que hoy no es mi domingo, así que dejo la actividad artística y me pongo a pensar. “Voy a llamar a alguien, a ver si quedo para tomar unas copas y platicar”. Descuelgo el teléfono y llamo a Manolo. Nadie responde. Debe estar por ahí de excursión, por los pueblos de la montaña. Qué se puede hacer, si no, un domingo de tórrido verano. Llamo entonces a Carlos. Se pone al teléfono y me dice que está leyendo y muy a gusto en su casa, que no le apetece salir, que los domingos son para estar en casa tranquilo y descansando para el duro lunes.
Desisto de llamar a nadie más. Me dirijo a mi sala de meditación. Me pongo el kesha negro para darme más ánimo y seriedad y me siento desganado en mi zafu. Comienzo conformando la postura correcta e inspirando y espirando por la nariz con la lengua pegada al paladar. Enderezo mi nuca y la trato de poner en línea recta con la columna vertebral. Voy balanceando suavemente la cadera hasta conseguir una aceptable verticalidad. Retraigo mi mentón, me aseguro de que mis piernas no sufran en medio-loto, dejo caer mis hombros, mis manos están perfectamente dispuestas y los dos pulgares rectos, “ni valle ni montaña”. Me digo que he de observar el pasar de los pensamientos, estar alerta y no caer en la corriente mental. Me concentro en la respiración, adviene lentamente una paz que va disipando, poco a poco, ese improcedente desasosiego. Me encuentro bien. Ya no hay pensamiento alguno que transcurra. No hay diálogo interno. De pronto me doy cuenta de que estoy sumido en un estúpido pensamiento que me atrapó, inconscientemente, segundos atrás. El pensamiento que me piensa trata de una imagen en la playa. No he sabido observar el pensamiento y me he rebelado contra mi inatención. Reduzco el ritmo de mi respiración. Me sumerjo en un lago de tranquilidad y suena el teléfono. Me levanto rápidamente. Hace cinco minutos que emprendí la aventura interior y ya ha sido abortada.
-¿Sí?
-¿Está Nancy?
-Se ha equivocado. Aquí no hay ninguna Nancy.
































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