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El próximo 31 de diciembre se cumplirá el 51 aniversario de la trágica muerte de uno de los más grandes pintores españoles del siglo XX, y a la vez, de los menos conocidos por el público.
Mujeres, de 1942, subastado en Christie’s por 908.000 euros.
Se trata de Oscar Domínguez, nacido en Canarias, en la isla de Tenerife, pero que como muchos otros artistas españoles de la época marchó a París en 1927 cuando sólo contaba 21 años de edad. Desde entonces su residencia sería la capital francesa. A partir de 1929 hizo únicamente pintura surrealista. En el “Diccionario abreviado del Surrealismo, (1938), puede leerse: Domínguez, Oscar. Nacido en 1906. “Le dragonnier des Canaries”. Pintor surrealista aparecido en 1934.
Junto a Picasso, Miró y Dalí fue un representante genial de este movimiento que hoy día adquiere nueva vida y vigencia. Su obra fue expuesta en las principales salas de Europa y América. Tuvo la amistad de Picasso, de Bretón, de Eluard, de Waldberg, de Tanguy y en general de los más destacados intelectuales y críticos. Creador de la “Decalcomanía”, influyó en la obra de Max Ernst. Anticipó muchos aspectos de la pintura informal, del espacialismo, de lo cósmico, del cálculo, de la escultura desmontable y de la construcción sin destino.
Espíritu que unía la ferocidad y la ternura, vivió dentro del azar, el deseo, la magia poética, la invención y el ensueño. Su figura ha entrado en la leyenda. Agotado por los excesos de su vida se suicida en París, cortándose las venas, la Nochevieja de 1957.
Oscar Manuel Domínguez Palazón nace el día 7 de enero de 1906, en la ciudad de La Laguna, en la isla de Tenerife. A los dos años de su nacimiento, sus padres trasladan su residencia a la vecina ciudad de Tacoronte. Es en este lugar de las islas Canarias donde vivió nuestro futuro pintor, frecuentando, para sus estudios, el Instituto de La Laguna, hasta su marcha a París.
Por aquellos años se podía adivinar su vocación de pintor, pero lo que había causado mayor extrañeza durante su infancia era la arbitrariedad de su carácter, su rebeldía natural, su falta de prejuicios o hábitos morales. De una manera natural se desarrollaba su individualismo frente a toda norma y a toda conducta establecida.
Lo cierto es que Oscar fue creciendo, independiente y caprichoso, burlando los cuidados de la familia. Dos razones existían que justificaban esta tolerancia familiar: el recuerdo de la voluntad de su madre cuando se encontraba próxima a morir de que jamás se le contraviniera, y una enfermedad convulsiva que sufrió en temprana edad y que durante algún tiempo le dejó en una mudez absoluta, de la que lentamente se fue recobrando.
Así transcurre su juventud entre sus primos, los Izquierdo, con juegos en el Calvario, en la Plaza del Cristo, tendido todo el verano en las playas negras de Guayonge, que más tarde recordaría en París con caracteres mitológicos, corriendo como un pequeño fauno entre los viñedos, nadando entre las olas de un mar inhóspito, viviendo más la naturaleza que los libros, rodeado de la libertad de los animales en el campo y frente a los extraordinarios colores de los crepúsculos vespertinos de Tacoronte, que van desde el horizonte tamizado en plata hasta el incendio total del cielo. Me atrevo a decir que estos crepúsculos le abrieron los ojos y le iniciaron como pintor y que ellos se han dado cita en muchos cuadros a lo largo de toda su obra. Es así como van apareciendo sus cuadros de claro recuerdo a Canarias: en 1939, «Lancelot, El centauro de Tacoronte»; en 1948, «Tajaraste», «Gofio» y «Fuerte guitarra»; en 1954, «Le pic de Ténériffen» y «Acaimo». Y, sobre todo, la colección de sus cuadros expuestos en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, en 1955, obra fulgurante y explosiva, con construcciones lávicas que recuerdan los volcanes de Canarias y la contorsión de su naturaleza. En el recuerdo de su isla, Domínguez creaba una mitología guanche. Así, André Breton le daría el sobrenombre de «le dragonnier des Canaries».
Era la constante crepuscular. Para él, Tenerife era la isla maravillosa de las playas negras, de los centauros. En el catálogo de una exposición conjunta con el pintor español Parra, escribió: «En Tacoronte, viejo, la lluvia es horizontal…»
Me sorprendió mucho que durante la última reunión que mantuve en mi casa con un grupo de buenos amigos –todos músicos aficionados–, uno de ellos preguntara de quién era ese maravilloso blues que habíamos interpretado con tanta pasión y que, incluso, logró disimular nuestras imperfecciones en la ejecución del tema. Al tratar de explicarle quién era ese extraordinario guitarrista y cantante, caímos en la cuenta de lo relativamente desconocido y de lo poco que se ha hablado de él fuera de los círculos jazzisticos –si lo comparamos con otros grandes del blues– excepto por su inigualable interpretación y estilo que influyeron enormemente en muchísimos géneros musicales como el Blues, Rythm & Blues, Rock, Folk, Jazz y Country. Es por ello que con la inestimable fuente de información que brinda Wikipedia, quiero dejar una pequeña reseña de este genial artista.
Luis Irles
La tumba de Muddy Waters en Aslip, Illinois
McKinley Morgan Field, más conocido como Muddy Waters, fue un músico de jazz estadounidense considerado por muchos el Padre del Blues de Chicago.
Nacido en Rolling Fork, Mississippi. Fue grabado por primera vez en una plantación del delta del río Mississippi -por Alan Lomax- para la biblioteca del Congreso en 1940. Más tarde se mudó a Chicago, Illinois, donde cambio la guitarra acústica por guitarra eléctrica, volviéndose cada vez más popular entre los músicos negros de la época.
La forma de tocar de Waters es altamente característica dado su uso del slide. Su primera grabación -para Chess Records- mostraba a Waters solo y guitarra , apoyado por un contrabajo. Más tarde añadió percusión y la armónica de Little Walter, para completar su clásica formación de blues.
Con su voz rica y profunda y su carismática personalidad, apoyado por un gran grupo de estrellas, Waters pronto se convirtió en la figura más reconocible del Blues de Chicago. Hasta B.B. King lo recordaría como el “Jefe de Chicago“. Todas sus bandas fueron conformadas por los grandes del Blues de Chicago, tales como Little Walter, Big Walter Horton, James Cotton, Junior Wells, Carey Bell en la armónica, Willie Dixon en el bajo, Otis Spann, Pinetop Perkins en el piano, Buddy Guy en la guitarra entre otros..
Las grabaciones de Waters de finales de los 50 y principios de los 60 son particularmente buenas. Muchas de las canciones que tocó se convirtieron en clásicos: “Got My Mojo Working”, “Hoochie Coochie Man”, “She’s Nineteen Years Old” y “Rolling and Tumbling” son todos grandes clásicos, muy frecuentemente objetos de covers por bandas de diferentes géneros.
Sus tours por Inglaterra -a principio de 1960- marcaron, posiblemente, la primera vez que una banda amplificada hacía Hard-Rock en ese pais. Los Rolling Stones tomaron el nombre por la canción de Waters de 1950 “Rollin´ Stone”, también conocida como “Catfish Blues”.
El gran hit de Led Zeppelin “Whole Lotta Love” está basado en la canción de Muddy Waters “You Need Love”, escrita por Willie Dixon, quien también escribió algunas de sus temas mas famosos “I Just Want to Make Love to You,” “I’m your Hoochie Coochie Man” y “I’m Ready.”
Otras canciones características de Muddy Waters son “Long Distance Call,” “Mannish Boy,” y el himno del rock/blues “I’ve Got My Mojo Working”
Muddy Waters murió en Westmont, Illinois a los 68 años de edad, y fue enterrado en cementerio de Restvale, en Aslip, Illinois, cerca de Chicago.
Muddy Waters – Hoochie Coochie Man -
Walter Selles en pleno rodaje
Hacía tiempo que no veía películas brasileñas. A lo sumo media docena desde la mítica época del “Cinema Novo” de Glauber Rocha y compañía. Así que anoche rescaté Midnight/El Primer día y me dispuse a compararla con aquella que lanzó a la fama a Walter Salles: Estación central de Brasil, que nos deslumbró con la lucidez y la emoción de su lenguaje fílmico. Y también, claro está, con Diarios de Motocicleta, sobre los viajes de juventud de Ernesto Che Guevara.
Midnight estuvo codirigida por Daniela Thomas –que ya había colaborado con Selles en Tierra extranjera– y fue el resultado del encargo de la cadena de televisión Arte y la productora Haut et Court, ambas francesas, interesadas en la realización de una serie de películas en distintos países sobre el cambio de milenio (qué lejano parece haber quedado ya) titulada «El 2000 visto por…» y que en España el debutante Miguel Albaladejo llevó a cabo con su interesante La primera noche de mi vida.
Rodada en tres semanas, con un equipo reducido y dirigida de forma colectiva, Midnight aporta sin embargo unas sugerencias cuya complejidad no está bien servida, por un guión excesivamente simple y por unos personajes demasiado esquemáticos. Se trata de mostrar un Río de Janeiro escindido en dos ciudades, con ricos y pobres, rascacielos y chabolas, amor y violencia, precisamente en la noche del 31 de diciembre de 1999, fecha mítica que a la postre dejará las cosas como estaban antes. La película puede catalogarse como una tragedia moderna cuyos referentes románticos se encontrarían en la noche mágica de Los amantes del Pont-Neuf (Leos Carax) y cuyas implicaciones cotidianas, psicológicas y sociológicas, hundirían sus raíces en los dramas intimistas de David Lean, con el cruce de destinos y los breves encuentros de parejas cuyas ilusiones son sofocadas por la prosaica realidad, circunstancia que en Midnight se materializa en la espera del milagro, en la utopía situada entre el cielo y la tierra (la terraza de la casa) que haga posible el triunfo del amor, la paz y la felicidad. El film nos describe un universo dual dominado por la violencia y la miseria física o afectiva (cárcel, favelas, hogares desmembrados), trazando las vidas paralelas de dos seres humanos que finalmente se encontrarán: por una parte Joao como representante del mundo de la delincuencia y de la marginación, soplón y asesino a sueldo de la policía; por otra María, una maestra de sordomudos, abandonada por el hombre al que ama, tentada por el suicidio.
Pero las buenas ideas que la película apunta no llegaron a plasmarse fílmicamente a plena satisfacción en esta obra de encargo, con un guión necesitado de mayor precisión y rigor, y mermada por una escasez de medios que se hace patente en algunas secuencias. Un interesante proyecto, pues, logrado sólo en parte.
Mr. Arriflex
«La tendencia a los aforismos es síntoma de arterioesclerosis». No es difícil refutar la opinión contundente de Nabokov (por cierto, un tanto aforística) enumerando casos nada escleróticos: La Rochefoucauld, Chamfort, Nietzsche, Cioran e incluso Picabia, por poner algunos ejemplos. Pero basta un autor para demostrar la vivacidad y agudeza del aforismo como género literario y hasta filosófico: Georg Cristoph Lichtenberg (1742-1799).
A partir de 1764, desde la edad de 22 años hasta su muerte, este judío solitario y genial profesor de física en Gottingen escribió incansablemente mordaces y penetrantes aforismos, rellenando cuadernos (que al ser publicados completos por primera vez, hacia 1900, ocuparon cinco gruesos volúmenes) con prosa fulminante. Escritor sedentario, víctima –según propia definición– de un permanente «desorden nervioso», polemista feroz, científico sereno, jorobado, astrónomo, hipocondríaco, Lichtenberg utilizaba sus aforismos como un preciso bisturí, haciendo la incisión exacta en el lugar adecuado, poniendo al descubierto las paradojas y miserias del mundo. Incluidas las propias: «érase un hombre que tenía tanta inteligencia, que no servía para casi nada».
Pues Lichtenberg escribía para sí mismo: «Es muy bueno anotar lo que se piensa, lo que se calcula y otras cosas parecidas en libros destinados a ese fin; constatar la evolución de lo que hacemos mantiene el impulso y nos da motivos suplementarios para estar alerta». Un propósito muy común, ciertamente; pero la implacable escritura, sin concesiones a nada ni a nadie –incluido él mismo– con que Lichtenberg se aplicó a tal intención, hace que sus cuadernos privados crucen la sutil frontera que separa la grafomanía de la literatura, situándolos en esta última con pleno derecho. Y con categoría de clásico: los Aforismos de Lichtenberg son hoy tan vigentes y saludablemente incordiantes como hace casi 250 años.
Dos sencillas muestras: «un prefacio podría titularse: pararrayos» –toda una teoría de los prólogos en cuatro palabras–, o «proyecto de una universidad absolutamente perfecta (sátira)». Imposible resistir la tentación de citar un tercer ejemplo: «aquel hombre tenía una sola cosa viril, pero la decencia le impedía mostrarla».
No es sorprendente que Lichtenberg haya tenido admiradores como Kant, Goethe (quien, pese a haber sido víctima de la implacable pluma de Lichtenberg, afirmaba que sus escritos eran «la más maravillosa de las varitas máginas»), Nietzsche, Wagner, Tolstoi, Paul Valéry… Y André Breton, quien veía en él un precursor del surrealismo y «uno de los grandes maestros del humor, el inventor de aquella sublime necedad filosófica que configura la obra maestra dialéctica del objeto: “un cuchillo sin hoja, que carece de mango».
Escéptico y racionalista, capaz de enumerar 62 maneras de apoyar la cabeza en la mano (!), supersticioso, soñador (se ha visto en él a un precursor del psicoanálisis), adversario –en tanto que típico racionalista de la Ilustración– del Sturm und Drang y a la vez admirador de Jean-Paul, firme partidario de la Revolución Francesa que admite el Terror pero al mismo tiempo se conmueve con la muerte de María Antonieta: como todo el mundo, Lichtenberg –humano, demasiado humano– estaba lleno de contradicciones. Tal vez eso explique la universal vigencia de sus Aforismos.
Salvo los incluidos en la Antología del humor negro de Breton, los Aforismos de Lichtenberg tardaron mucho tiempo en ser publicados en España. Un lamentable fallo cultural que reparó la editorial Edhasa en 2002. Alguien que escribe «actualmente, tres agudezas y una mentira hacen un escritor» puede ser un excelente antídoto contra los simulacros de libro y demás barbaridades «mediterráneas» que tanto proliferan últimamente al sur de los Pirineos. Urgen no uno, sino dos, cien, mil Lichtenberg.
JF
Judith Valence
Corresponsala en la Ciudad Luz
Le Phare de la Fin du Monde.
(El Faro del Fin del Mundo)
Mi amiga Solange trabaja por las mañanas en un Museo de París. Las tardes las dedica a su hogar, pues es madre de tres hijos de entre once y tres años y tiene en casa a su suegro, jubilado de los Ferrocarriles Franceses, que pasa el día sentado frente al reloj de la cocina dando vía libre a un tren imaginario de alta velocidad. También tiene a su cuidado un hermoso perro y un guacamayo que le regaló al segundo de sus hijos el día del cumpleaños.
A quien menos ve es a su marido, un ejecutivo de aspecto pulcro, siempre impecable de quien también se podría pensar que sólo suda por los tobillos. Digo esto porque en los últimos años parece que es el máximo exigible a un hombre de talla.
Hace poco, mientras tomábamos café, me confesó la envidia que había sentido al conocer la noticia de que el ex-propietario de la Inmobilier Sans Gabán que se presentó a declarar ante las correspondientes señorías por el caso de la lujosa urbanización “La Lune de Saint-Tropez”, en paños menores, había sido enviado por orden del presidente del Tribunal a un hospital privado a fin de que recibiera los cuidados necesarios.
-Ya ves, me dijo, con lo que yo daría por pasar aunque sólo fuera un fin de semana en algún centro donde me cuidaran… no pido que sea una buena clínica en los Alpes suizos, pero estoy al borde de mis fuerzas.
Lo que no llegué a sospechar es que unos días después de este encuentro, mi amiga iba a presentarse en su trabajo con unas bragas y sujetador a juego por todo atavío.
Su marido fue avisado de inmediato para que acudiera con alguna prenda que pudiera tapar la desnudez de la esposa que, entre tanto, fue recluida en los húmedos sótanos del Museo.
De lo que ocurrió tras este insólito hecho no tengo detalles, pero un tiempo después, me llegó la noticia de que Solange, abandonada por el marido y desposeída del hogar y de los hijos, andaba mendigando por los alrededores de la Place de la Concorde.
Todas sus pertenencias, cuando la encontré, las llevaba en un viejo carro de la compra que me pareció el suyo. Pedía de forma repetitiva «un euro para poder comer». Unos adolescentes que andaban paseando sus recién estrenados monopatines, se reían de ella instándola a que dijera «dólar» en lugar de «euro» sin que mi amiga pareciera advertir su presencia.
La tomé por un hombro con la ilusión de hacerla despertar de aquella pesadilla.
-Solange, susurré…
-Felice, Felice de Siracusse, respondió con la mirada perdida y una sonrisa medio siniestra.
Ha conseguido escapar, pensé mientras caminaba buscando dónde comprarme alguna blusa transparente y chic para la macrofiesta que organiza mi amigo Jea-Paul en su castillo del Loira este fin de semana…
Me faltan adjetivos para definir –en en unas pocas líneas– la calidad humana, la modestia, la generosidad y el enorme cariño que mantiene hacia el mar nuestro admirado y queridísimo colega y amigo José, creador y autor de El mar, qué gran tema para hablar, posiblemente el mejor y más completo blog náutico de toda la red. Mi agradecimiento hacia él es, asímismo, enorme. Por tercera vez en pocos meses, este incansable y apasionado Funkoffizier ha tenido el bonito detalle de compartir con este faro austral el premio recibido por otra excelente bitácora marinera: Navegante del Mar de Papel, así que, mi apreciado colega y amigo, quisiera darte de nuevo mis más sinceras gracias y decirte, desde este lejano Chile, que me siento muy orgulloso de recibirlo viniendo de ti… Un fuerte y marinero abrazo, José.
Y ahora, siguiendo las normas establecidas en estos casos (según tengo entendido), y como prueba de cariño y admiración hacia algunos de los blogs que me gustan y aprecio –pero sobre todo a las personas que los han creado y mantienen– tengo el placer de otorgar/compartir este hermoso y oceánico premio con:
Andanzas y vivencias de la gata Flora
Gracias a todos. Y como dice José: “Gracias por acompañarnos en esta hermosa singladura”
Luis Irles
Para Gorocca, buena amiga e ideal compañera de butaca.
Hace casi diez años, en una inolvidable edición del Festival de Berlín a la que tuve la suerte de asistir, Aki Kaurismäki estrenaba su último film, Juha (1999), y desde entonces no me he cansado de repetir sus bondades tantas veces como me lo han permitido mis cinéfilos y pacientes amigos. Juha es un film mudo, una especie de remake inspirado en un tema clásico del cine finlandés, que se proyectó en Berlín con acompañamiento en directo de uno de esos grupos que tanto gustan a su autor y que lleva incorporada esa banda sonora para las restantes proyecciones. Anoche la rescaté de la videoteca de mis amores, y verla nuevamente supuso para mí una maravillosa oportunidad de captar –por fin– el mensaje de esta madura reflexión sobre el lenguaje del cine en su estado aparentemente más puro, justo cuando acabamos de atravesar la frontera del otoño. Pero esa es otra historia.
No es el único trabajo de Kaurismäki que tendré ocasión de revisionar esta semana, puesto que también me aguardan la magnífica Contraté un asesino a sueldo (1990), película que contiene un excelente trabajo del actor JeanPierre Léaud, indispensable colaborador de François Truffaut, especialmente en la saga dedicada al personaje de Antoine Doinel, y la personalísima Leningrad Cowboys go America (1989), divertidísima cinta protagonizada por este singular y estrafalario grupo.
El ciclo que me he organizado para los próximos quince días estará dedicado a Humphrey Bogart. Voy a despacharme de nuevo cuatro títulos muy estimables, tres de ellos firmados por el genial John Huston: El tesoro de Sierra Madre (1947), inspirado en la novela de Traven, relato de aventuras donde la filosofía del fracaso que caracteriza al cineasta alcanza cotas de gran precisión, Cayo Largo (1948), adaptación de una obra de teatro de Maxwell Anderson, y La reina de África (1951), divertido encuentro entre Bogart y Katharine Hepburn en una irónica desmitificación del cine de aventuras. El cuarto título, el más primitivo, tiene también a Huston como guionista, parte de una novela del tremendo W.R. Burnett, y fue realizado en 1941 por Raoul Walsh: El último refugio/High Sierra cuenta la huida desesperada de un peligroso delincuente, Roy Earle, posiblemente inspirado en John Dillinger.
Soy un clásico. No lo puedo evitar.
Mr. Arriflex
“Existe cierto tipo de ficciones mediante las cuales el autor intenta liberarse de una obsesión que no resulta clara ni para él mismo. Para bien y para mal son las únicas que puedo escribir. En 1948 me decidí a publicar una de ellas: El túnel. En los trece años que tanscurrieron luego, seguí explorando ese oscuro laberinto que conduce al secreto central de nuestra vida. Una y otra vez traté de expresar el resultado de mis búsquedades, hasta que desalentado por los pobres resultados, terminaba por destruir los manuscritos…”
Sábato en 1974
La lectura de la obra de Sábato es una experiencia inolvidable. En El túnel nos presenta a Juan Pablo Castel, la mente de un sicópata que llegará hasta las últimas consecuencias: un crimen. Su pluma hace una escisión en el cerebro humano y nos presenta con claridad poética la angustia, la lucha de ese pintor por salir de sí, de proyectarse. El escritor ha ido recogiendo de nosotros, del hombre inmerso en la ciudad, las miserias, las palabras, los deseos, la impotencia. El pez en el mar y el mar en el pez. A través de esta fábula se comprueba lo que decía el filósofo Kierkegard –cuanto más ahondamos en nuestro corazón, más ahondamos en el corazón de cualquier ser humano.
La mujer es un territorio arcaico donde convergen las fuezas más oscuras y ocultas de Juan Pablo. Sin llegar a entender su misterio la interpela: obsesiva, monstruosa, fascinadora, lúbrica. Sábato es un pintor que lanza pinceladas llameantes sobre los trazos de María Iribarne. Ella le hace perder el sentido de lo cotidiano, el sentido preciso de la existencia real y la conciencia que establecen las grandes decisiones en que un hombre debe vivir: el cielo y el infierno, el bien y el mal, la carne y el espíritu. La mujer es un arcano indescifrable que le atrae y le asusta, provocándole siempre una caótica lucha interior.
En algunos momentos estos sentimientos harán decir al protagonista: “¡Hasta qué punto enceguece el amor! ¡La hermosura del mundo! ¡Si es para morirse de risa..!” para más tarde lanzarse a la búsqueda ansiosa, a la esperanza de volver a verla.
La ciudad es el tercer protagonista, una arquitectura fría de horarios y plazas donde una masa humana vive indiferente a otra vida sórdida, oculta en laberintos, donde el terror impera y de la que tenemos noticias por unos manuscritos “Informes sobre ciegos”. Estos reconstruirán diferentes historias entrelazadas por un denominador común: revelarnos la existencia de un mundo subterráneo, terrible… ¿realidad?… ¿ficción?…
Sábato fue elegido presidente de la comisión que investigó y redactó el ‘Informe sobre los desaparecidos” tras la cruenta dictadura militar argentina. Pareciera que los informes de ciegos fuesen un trasunto de estremecedores relatos de la tragedia que vivió su país. Sus cicatrices morales de argentino fueron descritas por el monarca español como “las cicatrices de todos nosotros”. Al analizar el sentido del amor en la obra de Sábato, es bueno recordar el discurso que el rey Juan Carlos pronunció con motivo de la entrega del premio Cervantes :
“Las tinieblas en las que se mueven los personajes de Sábato, su intento por indagar en el mal, en lo más oscuro del hombre, no significa que el autor cierre la puerta a la esperanza. Su amor por el hombre se lo impide. La ciencia, la cultura, la relación del hombre con sus semejantes, son tablas de salvación en las que Sábato no puede dejar de creer. En su obra aparecen de contínuo los temas capitales del hombre: la vida y la muerte, el amor, la relación con lo trascendente, la crisis colectiva de la humanidad, la violencia, el sufrimiento, la tiniebla, la oscuridad, la esperanza. Él mísmo ha dicho: “Buena o mala, mi narrativa se propone el exámen de los dilemas últimos de la condición humana: la soledad y la muerte, la esperanza o la desesperación, el ansia de poder, la busqueda de lo absoluto, el sentido de la existencia, la presencia o la ausencia de Dios. No sé si he expresado cabalmente esos dramas metafísicos, pero en todo caso es lo que me propuse”. Todos estos temas configurarían esos fantasmas que acompañan al escritor y que están en realidad dentro de cada hombre, definen y mueven la vida y el pensamiento de la humanidad”… “
Nos dice Sábato que hay personajes en sus novelas que tienen la intuición de la nada, y usan esa intuición con valor probatorio, porque estiman que la esperanza prevalece sobre la angustia, creen que es más posible que haya algo antes que nada.
Quizás el sentido del amor de este escritor sea éste: ser un elemento de esa esperanza que prevalece, de esa verdad última de la condición humana.
MCS
Reconocida como la montaña más bella y, por mucho tiempo, considerada como la más difícil de escalar del mundo, principalmente porque no importa por dónde se la encare habrá que ascender por una pared granítica en vertical de al menos 1200 metros. Las difíciles condiciones y variabilidad climática de la zona hace que sea imposible planificar un ascenso de muchos días. Cerro Torre, la montaña más alta de una cadena de cuatro picos: Cerro Torre, Torre Egger, Punta Herron, y Cerro Standhart, ubicada en la Patagonia -al oriente de los Campos de Hielo Sur y a unos kilometros del Fitz Roy- en disputa entre Chile y la Argentina.
Ayer me impresionó profundamente el artículo publicado -en en su blog de “El Mercurio”- por nuestro gran andinista Mauricio Purto, el cual me permito divulgar por su gran interés y mi amor profundo a nuestra Patagonia.
“Hay aventuras que están al filo de lo imposible. En esto confabulan la calidad del terreno y el tiempo que se deben sostener la dificultad y el esfuerzo. Por ejemplo, la Gran Herradura, la travesía desde el Hombro Oeste del Everest, pasando por su cumbre, luego la del Lhotse y la del Nuptse, para descenderlo hasta el Valle del Silencio o por la vertiente opuesta.
Reinhold Messner, el primer hombre en escalar todas las montañas de más de ocho mil metros, la tuvo entre sus sueños de despierto, y dijo que era un problema para el siglo XXI. Entonces, yo pensé en dos polacos, Jerzy Kuckuzca y Krzysztof Wielicki, quienes no fueron, y en un par de eslovenos. Han pasado treinta años y parece que Messner tendrá la razón. Tarea pendiente.
Pero muy cerca, en la Patagonia, otra escalada titánica pone fin al sueño de varios inspirados que no cejaron en el imposible de realizar la travesía del cerro Torre, que de norte a sur recorre la línea de cumbres de la aguja Standhardt, la punta Herron, la torre Egger y el cerro Torre, con una escalada total de 2.200 metros.
Los primeros en echar este sueño a la realidad fueron los italianos Andrea Sarchi, Maurizio Giarolli, Elio Orlandi y Ermanno Salvaterra, con serios intentos durante los años ‘80 y principios de los ‘90.
En 1991, Salvaterra mostró el camino. Con Adriano Cavallaro y Ferruccio Vidi escalaron la Punta Herron, un primer ascenso, que abrió la ruta por el norte: el bello Spigolo dei Bimbi, traducido “Espolón de los niñitos”. Y a principios de 2005, Thomas Huber y su compañero suizo Andi Schnarf dieron más luces: pudieron con la travesía de la Torre Standhardt a la Torre Egger, escalando la Standhardt vía Festerville, continuando a la Egger y descendiendo por la vía Titanic a través del filo Este de la Egger.
El Arca de los Vientos era el pedazo del puzzle que faltaba para mostrar el recorrido completo de una eventual travesía por estas escarpadas cumbres: una ruta nueva que sostuvieron Salvaterra, Alessandro Beltrami y Rolando Garibotti, en la pared norte del cerro Torre… Por fin una línea completa desde el Col de la Conquista hasta la cumbre del cerro Torre.
Salvaterra volvió dos veces en 2006 y a finales de 2007, primero con Beltrami y Garibotti, y luego con Alessandro Beltrami, Mirko Masse y Fabio Salvodei, cuando escalaron la Torre Standhardt por la vía de Salvaterra. Luego escalaron la Torre Herron y la Egger. Iban muy bien, y continuaron, descendiendo al sur hasta el Corredor de la Conquista, para escalar el cerro Torre y poner fin al formidable envión… Pero sólo escalaron un largo del cerro Torre antes de su retirada.
Poco después, inclaudicable, Ermanno Salvaterra se asoció con Colin Haley. Corre el verano de este año y es 21 de enero. Las condiciones meteorológicas no son propicias. Pero igual parten. Los fuertes hermanos Huber desisten… Quedan dos hombres para el desafío… Un desafío que resulta duro por los tramos de escalada mixta que los consumen en el cansancio. Pero lo logran… Coronan el Torre sin comida y bajan por la ruta Ferrari, con un hito en la historia de la escalada patagónica “in tasca”, “en el bolsillo” del gran Ermanno Salvaterra.”
Mauricio Purto
Cerro Torre y el Fitz Roy
Les recomiendo vean en You Tube: Cerro Torre -El Arca de los Vientos- 1 y 2
Luis Irles






































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