En 1989, el excelente director italiano Alberto Lattuada dirigió su última obra cinematográfica: una serie televisiva titulada Mano rubata. Tenía entonces 75 años. Hoy, cumplidos ya los tres años de su muerte, he querido recordarlo aquí porque no me resigno a que se le atribuya únicamente la fundación de la filmoteca de Milán (su ciudad natal) y la dirección de unas cuantas películas neorrealistas.
Ciertamente su filmografía no fue demasiado extensa: «El Bandido», 1946; «Sin piedad», 1948; «El molino del Po», 1949; «El alcaide, el escribano y el abrigo», 1952; «La tempestad» (1958); «El poder de la Mafia» (1962), «La mandrágora» (1966), «La bambina» (1974), «Corazón de perro» (1975), «Oh, Serafina!» (1976) y «La chicharra» (1980). Once largometrajes en total, algunos de irregular calidad, pero en los que siempre quedó patente su papel de precursor de la liberación sexual de aquella época. Las adolescentes, sobre todo si se trataba de jovencitas que empezaban a vivir su pureza misteriosa y atrayente, es lo que más interesaba el director italiano como material cinematográfico. Le cabe la gloria de que actrices de la talla de Giulietta Masina, Catherine Spaak, Jacqueline Sassard y Anna-Maria Pierangeli empezaran con él. Alberto Lattuada fue actualidad cuando se estrenó su film La Cigala –título que disfruté anoche– en el que intervienen Virna Lisi, Tony Franciosa, Renato Salvatori y la entonces lolita revelación, Clio Goldsmith, en quien el veterano realizador puso sus esperanzas y su experiencia cinematográfica… Nunca sabremos si puso algo más, pero esa es otra historia.


Catherine Spaak e Isabelle Adjani
Y hablando de las “lolitas-actrices” de aquella década prodigiosa: la bella, aunque no tan joven, pero sí de aspecto tierno, Marie Christine Barrault, preferidísima del no menos erotómano Woody Allen, terminaba el rodaje de su film L’amour trop forte, a las órdenes de Daniel Duval; otra peli que relata una historia de pasiones amorosas, comme it faut, y que analicé detenidamente tras la visión de La chicharra.
Pero todavía me quedan algunos fotogramas para este post: esta misma mañana –después del desayuno, eso sí– pude constatar la enorme calidad del director James Ivory. Alan Bates, Maggie Smith, Isabelle Adjani y Pierre Clementi constituyeron el Quartet, que da nombre a este film del realizador americano. La historia está ambientada en el París de 1925, sobre una idea autobiográfica de Jean Rhys, autora nacida en las Antillas Británicas que marchó a París para contagiarse de la fiebre creadora y bohemia de los Hemingway y los Scott Fitzgerald. Para Alan Bates el interés de este film se encontraba en la recreación, por vez primera, de la obra de esta escritora, cuyo espíritu y experiencias serían así reflejados. Sin embargo para nuestro recordado Pierre Clementi el interés fue más profano, pues en aquellos tiempos trataba de recomenzar una carrera, aunque fuera sometiéndose al rol semisecundario de fotógrafo porno. Todos los cinéfilos esperábamos que durara más aquella vez, pero desgraciadamente no fue así.
Mr. Arriflex


























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Noviembre 3, 2008 a 6:46 am
Daniel Lihory
Estoy de acuerdo con Mr. Arriflex en que la obra de Lattuada no puede compararse con la de Vittorio De Sica, Roberto Rosellini o Luchino Visconti, pero su cine –junto al de otro grupo de directores algo aislados de la primera época del neorrealismo, como fue el caso de Nino Mortoglio, de Mario Camerini, de Alessandro Blasetti, o de Marcel Pagno– tuvo una gran influencia entre otros precursores que lo fueron sin tener plena conciencia de una actividad colectiva. Fundamentalmente, el desarrollo del cine neorrealista italiano (para mí el mejor de Europa junto a la Nouvelle Vague francesa) tuvo cinco etapas: los inicios (Rossellini, Visconti y De Sica), la expansión o desarrollo (Zampa, Germi, Genina, Lattuada, Antonioni, Rosi, etc.), la apoteosis (Zavattini), la crisis (Lizzani, Maselli, Fellini) y el ocaso, con el propio Lattuada que terminó dirigiendo series para la televisión.
En todo caso, el denominador común de todos estos inolvidables realizadores fue postular una poética cinematográfica impregnada de un profundo contenido social, pero en el que cabía también el humor, el drama, el erotismo y la pura belleza plástica.
Enhorabuena por este post que ha trazado, con brevedad y fidelidad, el retrato de un entrañable “erotómano” del cine, como lo han sido Berlanga en España, el propio Goddard en Francia y hasta si me apuran, Stanley Kubrick con su memorable “Lolita” nabokovniana.
Saludos cordiales de un cinéfilo burgalés.
Noviembre 3, 2008 a 10:50 am
il innamorato
Siempre le estaré agradecido a Lattuada. No tanto por haberme brindado la oportunidad de disfrutar de su buen cine, sino porque fue el descubridor de mi actriz favorita, de la que estuve siempre enamorado: Katherine Spaak. Fue él quien le ofreció el papel para interpretar a la romántica adolescente protagonista de su “escandalosa” película “El dulce engaño”, en1960. Katherine tenía entonces 15 años, pero ya mostró cualidades de gran actriz, una fascinante personalidad y una tremenda belleza.
A partir de aquel film, Katherine Spaak (aunque es francesa) fue solicitada por los mejores directores italianos de la época –entre ellos Monicelli, Risi, Comencini, Steno, Lattuada, Bolognini, Damiani, Ferreri o Squitieri– y trabajó en más de 120 películas junto a actores y actrices de la talla de Ugo Tognazzi, Vittorio Gassman, Jean Paul Belmondo, (que por cierto se divorció ayer a sus 75 primaveras), Nino Manfredi, Alberto Sordi o Claudia Cardinale, por citar algunos… Katherine Spaak hace ya años que abandonó el cine y se dedicó al periodismo; también ha publicado cuatro libros excelentes. A sus 63 años sigue estando igual de guapa que siempre y yo la sigo amando platónicamente como un Romeo sin futuro… Tanto es así, que al ver su hermoso rostro en este post no he podido evitar que se me escapara un profundo suspiro…
Gracias, Mr. Arriflex. Usted sí que sabe!
Noviembre 4, 2008 a 12:16 pm
Patricia Gomez
Querido Luis, vengo a hurtadillas cuando el tiempo me lo permite a leerte, no dejo comentarios porque hay muchas cosas de las que tratas que no conozco, por lo tanto sólo vengo a aprender de tus infinitas aventuras de marino y de tus exquisitas actividades y conocimientos que enriqucen nuestra cultura.
Sin embargo hoy te vine a dejar un regalo. Se que te gustará.
Un abrazo de marinero (aunque no me de ni para sadirna jeje)
http://patriciagomez.wordpress.com/
Noviembre 4, 2008 a 5:51 pm
gorocca
Querido farero y sobre todo, querido amigo Luís, gracias por tus palabras y aunque he leído tu entrada con el mismo interés de siempre y la misma satisfacción en cuanto al resultado espero que comprendas, y sé que lo harás, mi ausencia de ironía acostumbrada, es pasajera, bien conoces el origen, vendrán días más plácidos, tranquilos y evanescentes, y en esos días, volverás a encontrar a tu dulce y tierna Goroka de siempre, un beso y un fuerte y cálido abrazo.
Noviembre 5, 2008 a 11:55 am
Luis Irles
Estimados Daniel e Innamorato,
Es evidente que ambos demostráis poseer un apabullante conocimiento del cine italiano, y en especial de su etapa neorrealista. Vuestros comentarios han enriquecido, sin duda, la reseña de nuestro culter farero, así que ya sabemos a quiénes debemos recurrir en el caso de que Mr. Arriflex acepte la oferta que le ha hecho el director de una revistita parisina llamada Cahiers du Cinéma, creo recordar.
¿Enamorado de Katherine Spaak? Esa mujer pertenece al patrimonio cinematográfico internacional, Innamorato! … También nuestro crítico de celuloide está loquito por ella… y con muchas más razones de peso.
Mis más cordiales saludos para ambos.
* * *
Mis siempre recordadas y queridas Patricia y Gorokiña,
La práctica demuestra sobradamente que el hecho de que no nos visitemos regularmente –ya que en ocasiones el tiempo y las circunstancias parecen tenernos maniatados– no significa en modo alguno que exista un distanciamiento por mi parte, ni mucho menos… Ambas sabéis perfectamente el enorme aprecio y admiración que siento hacia vosotras, amigas mías.
Gorokiña: tu ets una dona tendra, fort i valent, así que no dudo que muy pronto tendré la alegría de volver a encontrar a la meva gorkiña de sempre.
Anima’t, cuida’t molt i, sobretot, força per afrontar aquesta etapa.
Y a ti, Patricia, quiero decirte que me ha emocionado el regalo que has tenido la delicadeza de hacerme. No te equivocabas al asegurarmee que me gustaría mucho. Gracias mil, amiga.
Un fuerte abrazo marinero, reinas de los delfines.
Noviembre 6, 2008 a 1:58 pm
Patricia Gomez
jajaja…. me haré mi coronita, bordaré otra para mi querida Gorokiña y nos iremos a surcar los mares como reinas de delfines. Un abrazo querido Luis.
Noviembre 26, 2008 a 5:56 pm
gishman
Lattuada está considerado como un cineasta, entre tantos otros italianos, que –a caballo entre el neorrealismo y los films de la clase B– prometieron y prometieron sin llegar jamás a concretar su talento. Así, más o menos, nos lo cuenta Piero Giacovelli. Y lo cierto es que los films que llegaron a nuestras pantallas encajaban en esta definición.
Hace unos días pude ver en la Filmoteca del IVAM, en Valencia, “La ragazza dei Alou” (1969), inédita entre nosotros, que cuenta con un reparto (Adorf, Terzieff, Farmer, Perlini) que la hacía acreedora de un pase en mejores condiciones y narra además una atractiva historia de amor, delicada y particular, nacida entre un arqueólogo de unos cincuenta años y una adolescente de quince, de una belleza extraordinaria e inquietante. O sea, de nuevo el sabor de la conocida receta que casi siempre utilizó el “maestro” para cocinar sus películas: tiernas jovencitas “que empezaban a vivir su pureza misteriosa y atrayente”, como señala muy acertadamente el autor de este interesante post.
Saludos.
Noviembre 28, 2008 a 10:46 am
Luis Irles
Respeto tu opinión, amigo gishman. Pero como dice Mr. Arriflex en su post, yo tampoco me resigno “a que se le atribuya a Lattuada únicamente la fundación de la filmoteca de Milán y la dirección de unas cuantas películas…” Para mí fue uno de las más dignos representantes del cine italiano, y algunos de sus films primeros deberían ser redescubiertos sin duda alguna.
Un saludo cordial-