Fue una casualidad que la escritora norteameriana Joan Schenkar encontrara un buen día en una pequeña biblioteca de París más de 200 cartas firmadas por Dolly Ierne Wilde. La autora de las misivas pertenecía a la familia Wilde, y como casi todos sus parientes se trataba de una persona algo excéntrica, con magníficas dotes literarias, bohemia, a la que le gustaba llamar la atención con su original indumentaria.
Dolly había nacido en 1895 y era hija de Willy, el hermano mayor de Oscar Wilde, la figura más importante del clan, aunque como el resto de la familia un ser agobiado por los problemas; en aquella época se le juzgaba en Londres por su homosexualidad, que en uno de los mayores escándalos e injusticias que se conocen le llevó a la cárcel.
Pues bien, a Joan Schenkar, que ya había oído hablar de nuestra protagonista y en busca de más datos sobre ella había realizado un viaje a París, el contenido de las cartas –en su mayoría de amor– le intrigó y cautivó de tal manera que a partir de estos documentos y de testimonios de la época decidió reconstruir la vida del singular personaje, protagonista de los aires locos y glamourosos de las primeras décadas del siglo XX.
Asegura la biógrafa que Dolly se parecía mucho a su tío. La presenta como una mujer optimista, muy alegre, aficionada a “la conversación incisiva, las conquistas de emergencia, los coches veloces, las películas extranjeras, la literatura experimental y a las actrices alcohólicas». Una mujer de armas tomar, una adelantada de su tiempo que se hacía querer y que incluso dos décadas después de su muerte la gente que la conoció seguía recordándola y sintiendo muy reciente el dolor por su desaparición (que se produjo en la primavera de 1941 en Londres). Dolly Wilde fue una mujer de las que dejan huella.
Las cartas, verdaderos documentos sociales de una época, llevaban 60 años ocultas, sin embargo su lenguaje las actualizaba, era de una calidad excelente, aunque a veces su estilo gramatical resultaba algo ampuloso. En ellas hablaba de su relación con Natalie Clifford Barney, una expatriada estadounidense, dueña de un salón literario en el mismo centro de París, que introdujo a la sobrina de Wilde en el circuito parisino y con la que mantuvo una relación amorosa. A partir de esta «amistad», Dolly conoció a gente como Joyce, Proust, Truman Capote, Isadora Duncan o Marguerite Yourcenar, entre otros. Amistades de las que siempre sacó lo que pudo, porque lo suyo era vivir a expensas del dinero ajeno.


























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Noviembre 21, 2008 a 1:01 pm
comopompasdejabon
Alegre deseo yo que sea vuestro fin de semanas señores, besos múltiples.
Noviembre 21, 2008 a 1:53 pm
jusamawi
Has tocado uno de mis puntos débiles. O.W. Ël y muchos miembros de su familia fueron seres especiales. He leido todo lo que escribió y mucho de lo escrito sobre él.El inglés que sé también se lo debo a él.Conocí a O.W. en la biblioteca de mi abuelo a través de una biografía sobre él escrita por su amigo Frank Harris.Años después, cuando acabé la carrera, me vi envuelto en un trabajo sobre O.W. y dos de sus mayores influencias:John Ruskin y Walter Pater. A medida que avanzaba era más claro que conocer bien el ingĺés era necesario para continuar. Me lancé de cabeza.Este viaje tuvo varias paradas. Una en la calle Tite de Londrés lugar donde Oscar vivió.Allí, bajo su ventana, estuve detenido largo rato imaginando que en cualquier momento aparecería por la puerta.También recalé en Merrión Square en Dublin, lugar en el que pasó su infancia y juventud.Tomé una pinta de Gunineess en su memoria.Hay,aunque imagino que se marchitó hace mucho tiempo, una rosa en su tumba de Pere Lachaise de París que yo dejé para él.
Lo más triste fue pasar en tren por Reading e imaginarlo en la cárcel desposeido de lo que más amaba:lápiz y papel.Este peregrinaje terminó, como su vida, en el hotel Alsace de París donde sólo y abandonado por casi todos murio en 1900.A pesar de haberlo leido y releido muchas veces, siempre recuerdo lo que dicen todos los que le conocieron:lo escrito por O.W. no es más que un pálido reflejo de lo que era capaz de hacer hablando, contando sus maravillosos cuentos o relatando anécdotas inventadas o mentiras maravillosas.Todos caían rendidos ante el poder de su palabra.Su ascenso fue prodigioso pero más lo fue su brutal caida fruto de la envidia y la hipocresía.Si pudiera viajar en el tiempo es seguro que uno de mis primeros viajes sería para escucharle contar uno de sus cuentos tomando un Oporto a la luz de las velas de un salón victoriano.
Siempre digo lo mismo, pero lo volveré a repetir:yo como en su tiempo afirmó Borges,también llegué a la conclusión de que al fin y a la postre Oscar Wilde siempre tenía razón.
Que me perdone su sobrina Dolly, su tío ha acaparado todo el espacio.Ella ya tuvo suficiente suerte de ser la sobrina de Oscar y poder contarlo.
Saludos a todos y perdón por el abuso oratorio.
Noviembre 21, 2008 a 1:56 pm
jusamawi
La pinta era de Guiness.Se me debió subir a la cabeza.
Noviembre 21, 2008 a 10:49 pm
Benito Lagomarsino
LUIS:
Interesantísimo tu post.
JUSAWAMI:
Magnífico tu comentario.
B. Lagomarsino
Noviembre 22, 2008 a 7:01 am
Xavier D
Una mujer fascinante Dolly Wilde. Como fascinantes fueron las vidas de decenas de escritoras y artistas que convirtieron al maravilloso París de entreguerras en la capital mundial del talento y la libertad.
En la misma época en que Dolly desplegaba en los cafés de Montmatre su irresistible personalidad, mujeres artistas de la talla de Sonia Delaunay, Louise Bourgeois, Claude Cahun, Anaïs Nin, Camille Claudel, Leonora Carrington, Anna Klumpke, Marie Laurencin, Grace Crowley, Agnes Goodsir, Gala, Leonor Oppenheim o Marevna –por citar sólo unas pocas– creaban, amaban y vivían sus peculiares e intensas vidas con la misma pasión que lo hacían sus amigos de juergas y/o amantes, algunos de ellos auténticos genios como Amadeo Modigliani, Georges Braque, Marc Chagall, Jean Cocteau, Ilya Ehrenburg, Maximo Gorki, Max Jacob, Moise Kisling, Pinchus Krémègne, Fernand Léger, Henri Matisse, Diego Rivera, Pablo Picasso, Oscar Domiguez, Chaim Soutine… En fin, la lista sería interminable… Qué años aquellos, amigos míos! Daría media vida por haber estado allí, durmiendo bajo un puente del Sena o en el Moulin Rouge junto a Toulouse-Lautrec… Por eso, cuando me hablan del Nueva York de hoy en día no puedo evitar sonreír con cierta sorna.
Un abrazo a tod@s.
Noviembre 22, 2008 a 9:35 am
Luis Irles
Querida Pompas:
También alegre, armonioso, sensacional, emocionante, divertido y luminoso deseamos los fareros que sea el tuyo.
Abrazos muchos.
* * *
Estimado Jusamawi:
Así es como se aprende. Leyendo comentarios como el tuyo.
Sería un bonito detalle por tu parte que transformases ese laberinto de sensaciones tan hermosas en una crónica vivencial-literaria y la publicaras en tu más que interesante bitácora.
Todos los que admiramos a Oscar Wilde te quedaríamos muy agradecidos.
Un fuerte abrazo.
* * *
Agradezco muchos tus palabras, Benito. Te deseo un buen fin de semana.
* * *
Tienes razón, Xavier: A mí también me hubiese gustado vivir en París los veinte o treinta primeros años del siglo XX para haber podido alternar (o al menos mirar y escuchar) a todos los personajes que citas.
Confiemos en que un día de éstos los científicos chinos (o argentinos, me da igual) nos sorprendan con una “máquina del tiempo” al alcance de nuestros bolsillos.
Gracias por comentar. Un cordial saludo.
Noviembre 22, 2008 a 9:16 pm
jusamawi
He seguido tu recomendación.Gracias.
Noviembre 23, 2008 a 3:09 pm
Luis Irles
Creo que es una de las mejores que he hecho últimamente.
Gracias a ti por seguirla.
Noviembre 23, 2008 a 6:52 pm
Capitana666
Pues sí que son parecidas sus vidas en casi todos los aspectos, como también se parecen mucho de cara.
Oscar Wilde, fascinante personaje, he leído casi todos sus libros, es una persona a la que realmente admiro, su fortaleza para demostrar al mundo que no tiene nada de lo que ocultarse, gente valiente y con un gran talento natural para la escritura, es fascinante, al igual que la época que le tocó vivir.
Noviembre 24, 2008 a 12:15 pm
Luis Irles
Así es, mi querida Capitana: Oscar Wilde fue una de esas personas valientes, fascinantes como la época que le tocó vivir y, desde luego, con un enorme talento para la literatura, como tú bien señalas.
Un fuerte abrazo.
Noviembre 24, 2008 a 8:33 pm
Patricia Gomez
Luis querido, así somos las mujeres, aún las que están a la sombra de los grandes arboles como O.W. (hoy me siento especialmente orgullosa de mi genero, serà por tu post?), Jus, insisto ha sido una delicia leerte, tanto “allà”, como ahora, en casa de nuestro intruìdo y viajado amigo Luis, quièn siempre me deja saboreando el mundo con un cosquilleo en la comisura de los labios.
Cariños. (me voy corriendo a visitar a Pompas, por Dios, parece que me quedè dormida por décadas)