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Museo Picasso, Barcelona.

Bajo el título Poemas en prosa, se publica por primera vez en castellano la obra literaria de Pablo Picasso, uno de los genios del arte del siglo XX. Los más de 350 poemas del pintor malagueño fueron editados inicialmente en francés –idioma en el que fueron escritos– por Editions Gallimard, en 1989. Casi veinte años después, la española Plataforma Editorial presenta este hermoso libro que, según declaró Enrique Mallén, experto en la obra pictórica y literaria de Picasso y profesor en la Sam Houston State University de Texas, “contiene poemas en prosa que son como cuadros cubistas: tienen distintas interpretaciones según qué línea se lea, son textos abiertos. En términos literarios, Picasso me parece fascinante: sus poesías esconden múltiples significados, es innovador, de vanguardia, una mina sin explorar”.

Deconocidos en Francia hasta finales de los ochenta, los poemas en prosa de Pablo Picasso –que empezó a escribir a partir de 1935, cuando a sus 55 años y meses antes de que estallase la Guerra Civil española (1936-1939) tuvo a su hija Maya con Marie-Thérèse Walter y comenzó una relación con la fotógrafa surrealista Dora Maar– certifican la plural y sublime genialidad artística de su autor. «Me dicen que escribes. Te creo capaz de cualquier cosa. Si un día me dijeran que has oficiado una misa, también me lo creería.» Con estas palabras se dirigió su madre a Picasso cuando conoció su faceta como escritor. Y es que la genialidad artística del pintor malagueño no encontraba límites. Los poemas reunidos en este libro recuerdan mucho a sus cuadros: la sorprendente diversidad que caracteriza a su obra plástica también está presente en sus textos, que se nos ofrecen al más puro estilo del collage picassiano, y que adquieren una brillante y poética dimensión visual.

… gritos de niños gritos de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de maderas y de piedras gritos de ladrillos gritos de muebles de camas de sillas de cortinas de cazuelas de gatos y de papeles…

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Así escribía Picasso. Saltándose todas las convenciones gramaticales y ortográficas. Pintando con las palabras, escribiendo con colores. Su “corpus literario” fue fructífero –además de los poemas también escribió tres obras de teatro–, sobre todo el que discurrió entre 1935 y 1936 y que después se fue atenuando hasta 1959, año en el que se fechó su último texto conocido.

Su espíritu experimental, al ensamblar y superponer imágenes buscando la musicalidad, lo consiguió a través de la repetición de palabras y la concatenación sin signos de puntuación como rezan las líneas: “La hija del ahijado la hija del papá la hija de mamá la hija de su hija y la hija mejor y la hija del padre y la hija de la madre …” ( 26-28 de septiembre de 1951).

El pintor malagueño, que según cuentan llegó a presumir de la edición de Gallimard, confesó, en los años 60, a su amigo el fotógrafo argentino Roberto Otero: “En el fondo, soy un poeta que se malogró. ¿No te parece?”

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