underwoodEn nombre del Jurado quiero expresar, ante todo, lo muy satisfechos que nos sentimos después de haber leído –a lo largo de estos últimos 12 meses– los 290 relatos que respondieron a esta convocatoria y que debían estar inspirados, obligatoriamente, en alguno de los 10 temas propuestos en las bases del Concurso  –pueden ser consultados AQUÍ.
Nunca esperamos tal afluencia de respuestas; sin embargo, todos los textos recibidos en El Faro entraron en la selección, incluyendo uno que llegó con antelación y otro que llegó posfechado. El esfuerzo merece siempre recompensa aunque sea, ésta, tan valiosa como la que ofrece esta bitácora: Una primera edición numerada de Alice in Wonderland, del Lewis Carroll, ilustrada por Tenniel, que está valorada en 7.850 libras esterlinas.

Dicen los entendidos que el minicuento es un género camaleónico, capaz de adoptar múltiples formas literarias, de ser relato, parábola, estampa o, como en el caso del ganador, una soberbia muestra del “stream of consciousness” joyciano, que él ha utilizado aquí con ingenio y maestría para presentarnos a este “boeing cocainómano y voyeur” y al patético y lamentable matrimonio del restaurant. Hay que agradecerle a este autor la enorme habilidad semántico-fonética de que hace gala, así como lo bien construido del monólogo-narración.

Así pues, como Catedrático de Filología Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bookland y portavoz del Jurado, me es grato anunciarles que el ganador del I Concurso de Relatos ha sido:

Autor: zenocrat
Título: boeing
Basado en el tema número 6.– (Un matrimonio se encuentra en un restaurante para acordar los términos de su inminente divorcio. Escriba la escena desde el punto de vista de un camarero que se ha ocultado momentáneamente tras un biombo para escuchar la conversación de la pareja y para esnifarse, al mismo tiempo, una raya de cocaína.)

Fallado en Bobadilla del Monte, el 27 de diciembre de 2008, víspera del Día de los Santos Inocentes.

boeing

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fíjate como se miran y dicuten en voz baja y hacen gestos y señalan, disimulan y sonríen, y entonces yo cierro los ojos y me quedo quietoquietoquieto igual que un muerto para que el jefe no me vea ni ellos tampoco, y como los muertos no hablan digo abretesésamo sólo con el pensamiento y enseguida la cajita blancanieves se abre sin ni un ruido y el polvito va directo a mi nariz, casi lo mismo que cuando la mujer le planta los papeles al calvo en su misma jeta y después se separa la hermosa melena rubia de su cara y bebe temblorosa otro trago de agua con gas o sin gas que ya no recuerdo de qué clase les serví, ¿y qué es lo que veo desde detrás del biombo que me oculta?, lo que yo veo, cajita blancanieves, es la cara de la mujer más guapa del mundo, no, ya me equivoqué de nuevo, lo que veo es el mundo más hermoso del mundo y es que fue mi abuela la que me enseñó que la palabra mágica hay que decirla con la boca tapada y con los ojos cerrados para que haga sus efectos, y no hay que abrir los ojos después pase lo que pase, porque si no, todo se borra y entonces desaparece la verdad que haya salido por delante del biombo, así que yo a los ojos los aguanto cerrados y no los abro ni así me piquen ni así les salten lágrimas o ni así que ellos me griten ¡eh tú, boeing! y me señalen y se rían, y hasta el final o cuando me dé la gana no levanto las persianas de los ojos, y cuando las levanto veo que el calvo se ha puesto catatónico el hijoputa, pero a ellos yo los oigo para entonces como si fueran mentira, una mentira muy fea y algo sucia, y como si estuvieran en otro mundo que no es verdad o salieran en una película en blanco y negro porque los dos se hacen entonces de mentira mentira, y, como iba diciendo, entonces veo la verdad, ¿que qué veo?, muchas, muchas verdades veo yo en este puto restorán

zenocrat

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