José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, llamó la atención desde 1904 por el paraguas rojo con el que solía pasear, y el escándalo que su sobrio y nítido estilo causaba entre los retóricos. Casi olvidado ahora, Azorín es uno de los grandes estilistas de nuestra literatura fantástica moderna, tal como la entendía Borges por ejemplo. Un texto como Materia radiante, integrante en su novela Félix Vargas o el caballero inactual –Biblioteca Nueva, 1928– prefigura los métodos de tantas escrituras posteriores. Valga este rescate para agradecer a José Luis Guarner su estupenda Antología de la literatura fantástica española (Bruguera, 1971) en donde se incluye este fragmento.
Un laboratorio en ninguna parte y en todas. Espacio indefinido. Sin dimensiones; sin ambiente; en la eternidad. Retortas casi invisibles; tubos de forma extraña; balanzas sutiles para pesarlo todo y no pesar nada. Como una luz borrosa de acuario. La inmensidad sidérea. Entelequias que se desenvuelven y se repliegan sobre sí mismas. Lo vago; lo abstracto, y en esta región misteriosa, inmutable, de toda eternidad, cuatro masas gaseiformes, radiantes. Cuatro volúmenes indeterminados. Se mueven hacia lo infinito. No tienen vida y tienen vida. Son sensibles e insensibles. Retráctiles y expansivos. Aeriformes y lumínicos.
La primera masa es de un color negruzco. Con la balanza, con el microscopio, podemos -o nos figuramos que podemos- apreciar sus cualidades. No sabemos decir de qué modo nuestros sentidos han aprehendido el volumen radiante. Tal vez, ante los fenómenos que presenciamos, no podemos tener un juicio seguro; la realidad cambia de segundo en segundo. La masa de la primera realidad concreta –concreta en un instante– tiene, en su negrura, fulgores súbitos, violentos; diríase que se escapan de ella esos instantáneos destellos, violados, verdes, que surgen de los fortuitos contactos eléctricos. A veces, una luz pálida y difusa. Movimiento de rotación vertiginoso. Reacciones violentas ante la luz, el aire, el ambiente todo. Líneas rectas que se cruzan y entrecruzan. Un rumor como de potentísimo motor. Volumen de un ímpetu, de un impulso excepcionales, formidables. Un nombre: Esteban. Otro volumen en el mismo espacio indefinido. Color blanco, nítido; uniformidad en la luz y en la coloración; lento evolucionar por la inmensa órbita; movimiento que parece marasmo; lentitud de siglos; casi invariabilidad. La irradiación templada y opaca. Sonoridad bordoneante de salmodia litúrgica. Un nombre: el marqués de Fontaine-Mendoussé.
Tercera masa radiante. Radiante con esplendores de aurora multicolor. Suavidad maravillosa en la coloración; aurora sobre cielo de cristal radiante. Volumen luminoso que evoluciona con maestría y gracia por el espacio sidéreo en que los más bellos astros rutilan. Y una música suave, deliciosa, que se mete en el cerebro y nos transporta a regiones de misterio y de insospechada vitalidad. Impetu también de vida, como en la primera masa; pero aquí la vida es apacible, suave, hecha de jirones de amor y de piedad. Un nombre: Andrea.
Cuarta masa. Indefinida; compuesta de la primera materia y de la tercera; oscilación perpetua, titileante, entre el primer volumen y el tercero. Voliciones que van en secreto sentimiento, de la primera masa a la tercera; del marqués a Andrea. Y una armonía compuesta de los cordes sentimentales del marqués y de Andrea. Y ésta es Hortensia. Los cuatro radiantes volúmenes por el infinito espacio de los sentimientos, de las sensaciones, viviendo dentro de un mismo sistema planetario, acercándose y alejándose; en choques leves o violentos, en conjunciones afectivas, a lo largo de los años, camino de la eternidad.
Interferencia de planos. Félix, cautivo de la imagen, es decir, de la sensación. Félix y todos los seres pensantes. La persona de Félix entre líneas y volúmenes de luz. En Errondo-Aundi. Ebriedad de líneas y de planos. Un haz cuadrilongo de viva luz solar entra por la ventana; va hacia un espejo; refleja en la brillante superficie; atraviesa el ámbito de la sala; en el fondo, puertecita que se manifiesta en otro cuadrilongo claro, radiante. El espejo en su cuadrado brillador. Otro espejo reducido, en la penumbra, más lejos, irradia una luz tenue.
Claridad del cielo. Refracciones fúlgidas; luz directa; luz refleja-, cuadrados que cortan cuadrados; volúmenes de fulgor; planos de las cosas; líneas que se cortan y tornan a cortar. Catóptrica de la materia y del espíritu. Félix en un sopor dulce; cautivo de la sensación. La imaginación en vuelo por lo inconcreto. En un espacio que no podemos imaginar, un designio de construcción inexplicable. Inexplicable para los pobres humanos. ¿Dónde situaremos este espacio?
Imposibilidad de concebir un espacio que no sea con elementos del espacio que vemos. Fuera del tiempo, la obra de construcción. Fuera del tiempo, que no existe, que es una sensación nuestra. Y esta sensación y la de espacio, como fundamentos en el designio constructor. En la voluntad suprema y creadora. Creadora de una gama sutil, complicada, misteriosa, de sensaciones que forman la realidad en que vivimos. Y esa realidad no existe. La componen un urdimbre de sensaciones. Fuera del tiempo y del espacio -¿dónde?, ¿cómo?-, a la manera de un inmenso clavicordio; las teclas de ese organismo músico son las sensaciones que los pobres humanos experimentamos. Las dos esenciales son el espacio y el tiempo; entre esas dos, todas las demás que a lo largo de la vida vamos oprimiendo. ¡Si pudiéramos asomarnos a ese espacio en que el artificio musical ha sido construido! ¡Si por un esfuerzo increíble pudiéramos ver la verdad de estas sensaciones –es decir, la realidad–, que nosotros por designio misterioso experimentamos! Pero creemos que el artificio musical no existe. Existe ese artificio u otro. La complejidad de las sensaciones puede haber sido creada ab eterno. Todo se desvanecería de pronto en cualquier instante si la voluntad suprema quisiera. No podemos ni ver ni imaginar siquiera el porqué de esa creación. La inteligencia humana, como ahora Félix está prisionero de las líneas que irrumpen y se reflejan, se halla cautiva. No puede salir de sí misma. No puede evadirse de la sensación.
Planos de luz que se cruzan. Ebriedad de volúmenes. Del espejo a la penumbra lejana; en la lejanía, el fulgor del otro espejito. Cuadrado de la ventana soleada; cuadro de luz de la puertecilla del fondo. Líneas que se cruzan; planos que se interfieren. Y la sensación de la sensación que nos tiene prisioneros. Tal vez ahora una sonrisa acoge la meditación del poeta en su báquica disipación. ¿Dónde la sonrisa? Una sonrisa suprema, divina, de indulgencia. Nos debatimos en la prisión; llegamos a negarla; nos declaramos libres, fieros, intrépidos… Y la sonrisa acoge nuestra pobre altanería. Tal vez el tejido de sensaciones, en lo que llamamos tiempo, no dura más que un segundo. Todo va a desvanecerse. Miradas las sensaciones del hombre desde fuera –desde fuera del tiempo y del espacio–, este proceso nuestro, esta nuestra vida, es sólo un soplo. El Universo todo –desde las nebulosas en espiral hasta el mundo del átomo–, sensación evanescente. Líneas, planos, volúmenes de luz; fluctuación de la personalidad del poeta en una mañana de luz. Y la lontananza del Infinito.
























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Enero 8, 2009 a 5:31 pm
gorocca
Fantástica tu entrada luís, cómo se aprende o con h, como mejor gustes.
Saludos!
Enero 8, 2009 a 9:15 pm
mario alvarado
Azorín, Azorín, Azorín…desconcertante, preocupante y alertante, quizás no estoy preparado para él…es lo que más me desconcierta, si es que era el objetivo…lo logró ampliamente y con muchas noches desvelado…
Enero 9, 2009 a 9:01 am
Ernesto
Interesante entrada sobre un aspecto no demasiado conocido de Azorín. Por cierto, en esas casualidades extrañas ayer mismo estuve viendo una exposición de fotografías de estudio de Gyenes en la Sala del Canal y me detuve un buen rato contemplando el retrato que hizo a Azorín ya anciano y casi ciego.
Y otra cosa, los vecinos del barrio bloguero que no conocían aún tu faro y se han pasado por él, están encantados con el descubrimiento de tu espacio.
Gracias por tus destellos y un abrazo enorme.
Enero 9, 2009 a 11:05 am
Alfredo Segura
Desconocía esta novela del gran maestro de Monóvar, y reconozco que me ha impresionado el fragmento que ustedes publican de ella. En su época leí sus obras más renombradas, como “Las confesiones de un pequeño filósofo”, “La ruta de Don Quijote”, “Castilla”, “El licenciado Vidriera”, “Fantasías y devaneos”, “Don Juan” o “Una hora de España.”… Jamás imaginé que la limpia y sencilla prosa de esta importantísima figura de la Generación del 98, pudiera llegar a transformarse en un ejercicio futurista y magistral de la llamada “literatura fantástica”.
Antes de felicitarles por su excelente blog, permítanme recordar aquí que Azorín vivió retirado durante los últimos años de su longeva vida, dedicado por completo a sus lecturas y animado –curiosamente– por una tardía y casi obsesiva afición al cine, del que se convirtió en incansable espectador y crítico.
Un cordial saludo desde Málaga.
Enero 9, 2009 a 12:14 pm
Luis Irles
¿Qué habría pensado Azorín –suponiendo que internet ya existiera en 1928– tras leer vuestros magníficos comentarios sobre su “Materia Radiante”? Estoy seguro de que el maestro se habría sentido muy halagado y os habría respondido con unas letras que ahora figurarían en alguna de sus biografías. A Gorocca, seguramente, le habría escrito en valencià, lengua que se sigue hablando en Monòver con la misma pureza de entonces.
Abrazos desde una hermosa y secreta isla.
Enero 9, 2009 a 11:39 pm
mario alvarado
Tal vez habría primero que mencionar que la existencia de la literatura fantástica es bastante vieja. Hay vestigios en la antiguedad lejana que han llegado hasta nuestros días.
Es parte de la Naturaleza humana el soñar con mundos lejanos e imaginarios, con situaciones paradojales que coexisten en armonía, en el hecho inexplicable, que es la base de la fantasía, en fin, todo tal vez derivado de esa necesidad intrínseca de trascendencia del ser humano y también un poco la necesidad de lo inexplicable o imposible, para lo cual cuenta con la guía de las diversas religiones el creyente, y con la secreta y públicamente negada esperanza de la existencia de lo sobrenatural, aún cuando pueda ser explicado científicamente, el no creyente, principalmente ante el insoportable hecho que después de la muerte no haya nada.
No me voy a remontar a relatos existentes más lejanos en el tiempo, y empiezo esta pincelada rápida con Edgar Allan Poe, que tal vez fue el padre de la literatura fantástica moderna, el cual encuentra su continuación natural en Howard Phillips Lovecraft, maestro del terror cósmico. Terror y literatura fantástica fueron sinónimos en el siglo XIX. Pero en el XX se separan y nace la corriente de la literatura fantástica sin que tenga necesariamente el elemento del terror, tal vez derivada de los primeros intentos de ciencia ficción, iniciados principalmente por Jules Verne y que continúan su camino subdividiéndose hasta llegar a transformarse en un género legítimo uno, la ciencia ficción y la literatura fantástica pura, el otro, y que encuentra su cumbre en los relatos, principalmente cuentos, de Alejo Carpentier, Borges y Adolfo Bioy Casares.
Esta introducción desordenada para declarar que el texto de Azorín citado, no me parece que pertenezca verdaderamente a la literatura fantástica. Desordenadamente surrealista, incluso más bien dadaísta, lo que correspondería con más propiedad a las corrientes contemporáneas a la escritura del libro, podría, en una opinión que no comparto, considerarse una exploración, un intento de literatura fantástica abortado.
Desgraciadamente, creo que el maestro en otros aspectos de la literatura, se habría enojado (o no), como va a pasar con muchos fareros (o no), ante lo cual les pido disculpas adelantadas por discrepar, pero no puedo concordar en algo que a mí no me parece. Saludos a todos.
Enero 10, 2009 a 2:03 pm
Alfredo Segura
Tiene toda la razón el señor Mario Alvarado cuando afirma que la literatura fantástica es bastante vieja. Este género existe, existió en un lejano pasado y existirá siempre; sin embargo es bastante complicado subdividirla, ramificarla, siendo por lo tanto una afirmación subjetiva excluir el texto de Azorín de esa corriente literaria para etiquetarlo como surrealista o dadaísta, un estilo muy alejado –en mi modesta opinión– de la concepción que Azorín tenía del lenguaje y de la estructura que debe conformar una novela.
Precisamente, la profesora Carmen Riera –en un excelente trabajo que publicó en 2007– no sólo analiza el concepto de clásico en Azorín, sino que incluye una panorámica de sus cambiantes relaciones con los escritores fundamentales del canon de la literatura en lengua castellana. Riera divide su trabajo en cuatro partes: «Azorín y el concepto de clásico en su contexto», «El precedente de Unamuno», «Azorín, metaliterario» y «Azorín y el concepto de clásico». En las tres primeras predomina un repaso diacrónico por la relación del escritor de Monóvar con los clásicos de la literatura española y sus opiniones acerca del papel que el canon juega como lugar conflictivo en el campo cultural, esto es, sus apreciaciones respecto de la necesidad de una revisión de la relación del escritor y el lector con la obra canónica.
A estas alturas, lo más que puede asegurarse es que lo narrado por Azorín en “Materia Radiante” es extraño. O como dice muy acertadamente el Sr. Alvarado en su primer comentario: “desconcertante, preocupante y alertante…”
Saludos cordiales
Enero 11, 2009 a 7:55 am
mario alvarado
Eso que expresa de manera concisa y elocuente Monsieur Alfredo, es lo que yo trato de decir, estoy bastante de acuerdo con él, y especialmente que las clasificaciones son subjetivas.
Sin embargo, “excluir el texto de Azorín de esa corriente literaria para etiquetarlo como surrealista o dadaísta, un estilo muy alejado –en mi modesta opinión– de la concepción que Azorín tenía del lenguaje y de la estructura que debe conformar una novela” no dejó de sorprender a los fareros, los que desconocían el artículo –que me desconcertaría más como novela, tendría que leerlo en su contexto– y más la incursión de Azorín en la literartura fantástica, para los que opinan que el artículo pertenece a ese género. Sí concuerdo muchísimo, con Monsieur Alfredo, pero insisto por el año y especialmente por las presencias rondantes de Dalí, Picasso y otros españoles viajeros a Paris y a los que Azorín no puede ignorar, que el artículo es surrealista. Dadaísta como creí en un prncipio ahora me parece extremado. Gracias por una opinión informada y esclarecedora.
Solamente Madame La Voyageuse es dadaísta.¿Cómo le habrá ido con el gigoló terrorista con el que salió al cine a ver, si es que puede verse, algo como Zabriskie Point?…indigestada estará con el atracón de chocolates que tuvo que comer para aplacar el apetito que ameritaba algo más fino para ella, como pato en restaurant caro…
Enero 11, 2009 a 10:52 pm
la voyageuse
je ne sais quelle lui donne à penser qu’il accepterait une invitation inappropriée d’un inconnu, monsieur alvarado.
ses provocations n’influent en moi dans cette nouvelle étape, monsieur. que vous m’avez qualifier comme dadaísta ne peut pas être mais un honneur, monsieur -dadá is forever
Enero 12, 2009 a 5:50 pm
David Collyer
“Du passé heureux nous ne pouvons conserver que le souvenir, c’est-à-dire, le parfum du verre.”
Azorín
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It is generally agreed that Azorín’s earlier works were predominantly impressionistic; there is, however, no agreement on the most suitable term for his experimental period. Granell calls it “expressionistic” and says that during it Azorín transforms the world into an intrinsic, psychic reality that is dimensionless and without the usual distinctions between the present and the past. He sums up some of his techniques as follows: “Siempre la creación en libertad, el punto de vista mental –con su libre desplazamiento–, la simultaneidad expresiva, la síntesis de lo presente y lo pasado, el dinamismo objetivo, la libre asociacón de las palabras…” To a considerable extent, these features are found in Azorín’s experimental period, but few are exclusively expressionistic. The one great shortcoming of Granell’s book, wich contains much excellent material, is that the terms and techniques are inadequately defined and substantiated.
(Azorín’s Experimental Period and Surrealism, by Robert E. Lott)
David Collyer, Canada.
Enero 12, 2009 a 11:20 pm
mario alvarado
How very true are the statements of the above post of Mr. Collyer, which throws new light on the issue of the experimental period of Azorin. He offers us in a gracious way, a vision most unexpected of the Master. Expressionistic, indeed is the fragment “Materia Radiante”, seen at the begining, although surrealistic would be a suitable classification. Authors never classify their work while they are creating it, and that is a fact of the creative process. It is left to the critics and readers to do it, even if it is a matter of no importance, in the same way which that applies to any work of art. Does it really matter if Debussy is a composer belonging to the Impressinistic mouvement or he is a representative of the Symbolism, as he declared? That is unimportant, the real importance lies on the music itself.
Nevertheless, considering the early works of Azorin as expressionistic, fantastic, surrealistic, or even impressionistic, is difficut to decide. But does it matter? I should think not…probably it is a mixture of all of the previous ones mentioned before and some not mencioned, too…the elegant motto written by Azorin Mr. Coyller provided for the begining of his entry “Du passé heureux nous ne pouvons conserver que le souvenir, c’est-à-dire, le parfum du verre”, is shamelessly impressionistic, as the titles of the works of Debussy, such as” Les sons et le parfums tournent dans l’air du soir” or “Et la lune descend sur le temple qui fut”, but the motto by Azorin it is dangerously medieval, similar to the aphorisms on the same subject of the lost of happiness written by Boecio: In omni adversitate fortunae infelicissimum est genus infortunii fuisse felicem («En toda adversidad de la fortuna el género más infeliz de infortunio es haber sido feliz»), and Santo Tomás de Aquino: Memoria praeteritorum bonorum… in quantum sunt amissa, causat tristitiam («La memoria de las bondades pretéritas… en cuanto están perdidas, causa tristeza»). Does it means that Azorin is a typical medieval writter in his experimental period? That is a pure Dadaistic statement for sure.
Thank you, Mr. Collyer for your most interesting contribution, and we take our leave hoping to hear more from you.
Enero 13, 2009 a 12:01 am
mario alvarado
Madame La Voyageuse:
Ce que me donne à penser que vous accepterait une invitation inappropriée d’un inconnu est cela que vous même admettre:”..Pink Floyd et le désert sont plus que tentantes…”, en réponse à monsieur l’ami de le bois sauvage…quelle outrecuidance bien sûre, Madame…
Et je vais vous dire que le Dadaisme est mort et trés démodé. Il n’y a plus rien à faire. Je vous en prie, madame, un peu de moderation et discretion avec votre vie amoureuse, il y a des gens sensibles dans le phare!
Enero 13, 2009 a 7:58 am
la voyageuse
vous certainement ne connaissez limites, monsieur!
non seulement présumé comportements à partir de simples goûts musicales ou géographiques, mais de passage vous offensez notre adorable amphitryon! (ou vous n’avez pas lu l’URL de ce phare?!)
seuls les enseignements de mon maître yoga, les essences floraux et la homéopathie m’empêchent de répondre comme vous mérite, monsieur alvarado.
Enero 13, 2009 a 12:40 pm
mario alvarado
Comment vous appelez une personne sans la conâitre “présumé comportements à partir de simples goûts musicales…” Votre goût est simple, primitif et vulgaire…le mien est trés sophistiqué, je vous ssure…
et aussi, comment vous avez l’ audace de monter une personne contre l’ autre…
Monsieur Irles me bien conais et comme un cadeau de bonne volonté pour lui, NON POUR VOUS, MADAME, je ne vais écrire pas plus mes opinions personelles dans le blog.
Restez zen, Madame
Enero 13, 2009 a 1:22 pm
la voyageuse
vous avez raison, monsieur Alvarado -je suis simple, primitive et vulgaire. je ne vais plus à vous, ne vous inquiétez.
accepte mes excuses, monsieur Irles, n’était pas mon intention racoler leurs invités. je crois que sera meilleure que continuer mon voyage, il y a tout un vaste monde là dehors pour parcourir.
merci et adieu, bon gardien du phare.
Enero 13, 2009 a 5:24 pm
Luis Irles
Cher Voyageuse. Cher Mario,
Avec mon pauvre français, j’essayerai de leur faire arriver à vous deux le message suivant: serait une grande perte pour ce phare n’est pas en s’appuyant sur son brillant, intelligent et incisif commentaires. Je crois que seul un malentendu a créé cette situation, et avec un peu de bonne volonté de la part des deux, pourrait bien être surmontés grâce à la bonne humeur et la tolérance mutuelle. J’espère que ma demande a rencontré et vous ne s’éloignent pas définitivement du blog. Je suis prêt à apporter la “pipe de la paix” pour essayer que la coexistence pacifique et que la réconciliation est une réalité pour le bien des lecteurs et le mien propre.
Merci beaucoup,
Luis
Enero 13, 2009 a 7:24 pm
mario alvarado
Apportez la pipe, vous avez parle avec sagesse, je m’excuse avec Madame La Voyageuse, très souvent je suis un peu (beaucoup) passionné, car cet phare est passionnant, et la figure de Madame, quand elle exprèsesse avec élégance tout ce que elle écrit, attire l’attention et aussi la tentation de tomber en avoir une discussion, seulement pour le plaisir de la écouter.
Je dois dire a tous, que je suis jaloux de l’ami de le bois sauvage…cela est la raison de mon ennui…et autre ami a reçu invitation chez Madame pour boire du cafe…Je me excuse vraiment à nouveau avec Madame et je serai plus civilisé dens l’avenir…ceci est déjà un compromis…
Enero 13, 2009 a 8:45 pm
Luis Irles
Merci, cher Mario. J’espère que Madame La Voyageuse revoir sa décision et que nous pouvons le faire revenir ici bientôt.
Febrero 3, 2009 a 12:04 pm
Prometeo
Excelente blog. Muy interasante tema sobre mi paisano (por alicantino) Azorín: vivir es ver pasar las nubes; vivir es ver volver.
Saludos
Febrero 4, 2009 a 2:36 pm
Luis Irles
Muchas gracias, Prometeo. Además de Azorín, tienes unos cuantos paisanos más como para sentirte orgulloso de haber nacido en “la millor terreta del mon”, tierra que por cierto es la de mi padre. Me refiero a Gabriel Miró, a Miguel Hernández, a Joan Gil-Albert, al olvidado Chabás y al “madrileño” Arniches… Y se me quedan algunos en el tintero, seguro.
Excelente tu blog. Me permito enlazarlo aquí… Ah, y volveré con tiempo para disfrutar de su lectura.
Un cordial saludo desde Chile
Junio 24, 2009 a 1:25 pm
josé
Antonio Risco en Anales Azorinianos número 2 ya habla de Azorín como autor de literatura fantástica. Me ha encantado que así lo definieras. Ver http://www.azorin.org
Junio 25, 2009 a 8:18 am
Luis Irles
Estimado José: Mil gracias por tu visita a este faro y por el interesantísimo enlace que has tenido la amabilidad de enviarnos.
Hace poco tuve ocasión de leer el artículo de Antonio Risco en “Anales Azorinianos”, y me pareció excelente.
Un cordial saludo desde Chile,
Luis