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Si uno se acerca a un mapa de Chile y baja la mirada hasta la zona comprendida entre Coihaique y Cochrane , se encontrará con un mancha celeste -inmensa- que inunda ámplias zonas de Chile y Argentina. Con nombre de libertador y con una hegemonía territorial, el lago General Carrera se convierte en uno de los hitos más significativos de la Carretera Austral.

La distancia que tiene de las principales urbes del país -casi 2000 kilómetros de Santiago de Chile- han impulsado a que este lugar se haya transformado en uno de los rincones míticos de la Patagonia chilena. A pesar, de que la ruta cruza varios poblados ribereños del segundo lago más grande de Sudamérica (solamente superado por el espléndido Titicaca), el desconocimiento de sus atractivos naturales es casi total, aventurándose por la región más extranjeros que nacionales.
Las enormes extensiones que alcanza con sus 224 mil hectáreas de superficie total -considerando su binacionalidad y siendo 136 mil de ellas parte de la región de Aysén- la convierte en un pequeño mar. Con colores que lo diferéncian en tres franjas que van desde el turquesa hasta el azul oscuro, dependiendo de su latitud, el General Carrera está más vivo de lo imaginable.


“El Lago Es el Lago”
En Puerto Tranquilo, pequeño poblado ribereño en la medianía del trayecto a Cochrane, unos niños juegan. El viento corre veloz, armando fuertes olas en la superficie del lago. ¿Es siempre así de correntoso?, le preguntó. “El río es correntoso, el lago es el lago”, contesta seguro.
Ante esa respuesta, nada más queda que observar el lago desde las rústicas bancas que están en la orilla de la pequeña playa de Tranquilo. El paisaje consta de una serie de montes nevados que cercan la panorámica hacia el este, mientras una serie de pequeñas embarcaciones cargadas con pasajeros desafían el oleaje lacustre en busca de uno de los lugares más afamados del General Carrera: la Capilla de Mármol.
Desde el embarcadero, los boteros locales realizan un paseo de más de dos horas al Santuario de la Naturaleza ubicado en el sector de la puntilla de Mármol y de las islas Panichini. Debido a la acción erosionante del agua, se abrieron sobre las rocas una serie de recovecos dónde el mármol pulido deja ver una impresionante belleza escénica. Junto con ello, el efecto que produce sobre las aguas, le da un surrealista color esmeralda que se conjuga con el bosque del tipo Siempreverde mixto.
Las posibilidades que otorga la Carretera Austral abren más perspectivas y actividades que se realizan en las cercanías del lago. Además la ubicación de este hito geográfico es muy cercana a Campos de Hielo Norte, a variados ríos -donde abunda la pesca- y de varios parques nacionales. Por ello, una serie de “emprendimientos turísticos” -o lodges- han surgido en la región.
Cruzando el Carrera
Otra opción muy vivencial para conocer el lago es navegarlo. No es necesario ser magnate para ello, solamente basta llegar al poblado de Puerto Ingeniero Ibáñez, distante a 90 kilómetros al sur de Coyhaique.
Este pueblo, fundado en 1908, es parte esencial del doblamiento de esta zona de la Patagonia. Desde aquí fue el centro principal de aprovisionamiento y comercio marítimo de la cuenca del Carrera durante los tiempos en que los caminos no existían.
En el embarcadero salen ferrys que surcan las aguas tres veces a la semana rumbo a Chile Chico, el pueblo más antiguo de toda la zona y que fue el pilar de la colonización a principios del siglo XX.
Durante dos horas y media de navegación, dependiendo de las caprichosas condiciones meteorológicas del tiempo, se cruza el lago con vista al lado argentino – donde está nominado como Lago Buenos Aires – y a las montañas colindantes, que arman una especie de cañadón en la ribera poniente donde el viento aumenta considerablemente su velocidad. La embarcación se mueve y mucho. Tanta agua es casi un mar.

Desde Chile Chico, de un microclíma preciado en la zona y con cerros despoblados de árboles, se puede bordear gran parte del General Carrera rumbo a Puerto Guadal. La ruta, de tierra, depara panorámicas sobrecogedoras. A pocos kilómetros se encuentra la denominada “Garganta del Diablo“, una zanja angostísima y larga que cae sobre un pequeño riachuelo.
Más adelante se inicia la zona nominada como “Paso de las Llaves”, uno de los lugares más significativos, ya que el camino se extiende por 30 kilómetros sobre precipicios y roca cortada de tajo al borde del lago.
Cascadas, pequeños poblados y la permanente vista al lago y a las principales cumbres patagónicas -como el monte San Valentín- dan la bienvenida al acogedor villorrio de Guadal, lugar de hermosas playas, montes con fósiles y extensos bosques.
Si se quiere seguir la ruta del General Carrera, se toma la carretera hacia el norte rumbo a Puerto Tranquilo y Bahía Murta. En el camino hay otros lugares por visitar: casas desperdigadas de colonos, ríos que confluyen al lago, pequeñas playas sin un alma y enormes bosques con vista a la cuenca. Si existe alguna zona dónde aún se puede sentir potencialmente la vivencia colonizadora de hace un siglo, es aquí.
El General Carrera, no es solamente el lago más grande del país, es un enorme caudal de majestuosas aventuras en pleno siglo XXI.
Jorge López Orozco (periodistaviajero@chile.com)
Abel García, “un fiel seguidor de El Faro” como él mismo se define, nos ha enviado desde Bogotá este interesante artículo con el ruego de su publicación. Desde siempre, este blog ha estado abierto a la colaboración de sus lectores, así que lo hacemos encantados agradeciéndole sinceramente al amigo Abel su interesante artículo.

El hombre, como creador de todas las cosas, oculta a veces su gran poder escondido detrás de sus propios demonios, que son: el miedo, el desconocimiento y su falta de amor a sí mismo. No tenemos que ir a buscar la repuesta a ningún sitio, esa respuesta que nos inquieta y nos preocupa sólo la tenemos nosotros. Tan sólo tenemos que “aprender” que en nuestro cuerpo existe algo más que lo que llamamos cabeza, o dicho de otra manera, mente, la cual creemos que sólo nos sirve para resolver problemas y decir aquello de: “pienso, luego existo”.
Pues no es así. Hay una frase importantísima que todos hemos oído constantemente: “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”, y seguimos desde entonces sin ser totalmente conscientes de lo que ello significa.
El hombre es creador y esa es precisamente la semejanza a la que se refiere la frase. La creación del hombre es a través de su pensamiento, creando por lo tanto su propia realidad. Esta realidad es tan importante que incluso creamos nuestra propia mente. El 90% de los inventos no fueron causados porque les llegó la hora; sino por el propio hombre, ya que estamos creados para vivir mucho más tiempo del que vivimos, pero no cuidamos nuestra envoltura (o sea, nuestro cuerpo) y no disponenemos de todo el tiempo que necesitamos en una vida para evolucionar lo máximo posible.
Otra gran realidad, con relación a la mente creadora del hombre, es que cuando el cuerpo enferma no es ni más ni menos que la manifestación física de alarma que nos está indicando nuestro cuerpo, de que algo está mal en nuestro estado emocional. Como respuesta, seguimos tomando medicamentos para intentar resolver el problema. Todavía no somos conscientes de esa creación propia y menos de aceptarla individualmente.
A esto yo le llamo “la sanación del alma”, ya que el alma es el componente de todos nuestros sentimientos, tanto positivos como negativos. Para ello existen unos tipos de terapias tan sutiles como sutil es el alma, como son: la relajación, visualización, etc. que nos pueden ayudar a conocernos a nosotros mismos.
Conocer nuestro cuerpo, aprender a controlar y dominar nuestra mente iluminada y tomar conciencia de todo lo que somos y lo que podemos ser y crear. Sanar nuestra vida y nuestro cuerpo y sentir nuestro espíritu creciendo con un nivel de conciencia cada vez más elevado para saber que todo fluye desde nuestro interior. Cuando el pensamiento se convierte en obra, en materia yo lo puedo hacer. Piensa bien y enriquece tus pensamientos, así yo también podré crecer.
Abel García
La minúscula isla de Dano es una de las más de 6.500 que se elevan sobre la superficie del mar Báltico, a mitad de camino entre Suecia y Finlandia, formando el encantador Archipiélago de Aland, la Tierra de las Islas. Hay tantas de éstas que lo mismo podría afirmarse que son 6.500 ó 6.700, pues resulta imposible enumerarlas con exactitud. Sin embargo, cualquiera que sea su número real, las islas Aland constituyen un mágico reino escondido, un idílico refugio que pocas personas conocen.

En tiempos prehistóricos, el archipiélago fue colonizado desde las tierras del este (que ahora constituyen Finlandia) y más tarde, ya en el período histórico, desde el oeste (hoy Suecia), dos masas terrestres que se hallan, frente a frente, a unos cuarenta kilómetros del archipiélago. A partir del siglo VI, Aland fue habitada por los suecos, que impusieron su idioma hasta el punto de que, en la actualidad, más del 95 por ciento de los isleños lo siguen hablando. Al terminar la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones concedió Aland a Finlandia, a condición de que disfrutase de autogobierno. Ahora, los veintidós mil habitantes de la Tierra de las Islas disponen de parlamento provincial, bandera y policía propios, además de gozar de autonomía en materia de educación y estar exentos del servicio militar finlandés. No constituyen, sin embargo, una nación plenamente soberana, y aunque mantienen estrechas relaciones con sus dos «madres patrias» y se identifican con ellas en espíritu, les gusta demostrar que son independientes.
Los habitantes de la Tierra de las Islas dieron pruebas de esta mentalidad independiente al escribir un capítulo importante de la historia de los grandes veleros. Desde los tiempos más remotos, los habitantes de las Aland habían destacado como excelentes marinos, pero hasta comienzos de nuestro siglo poco habían hecho que los diferenciase de los demás navegantes del mundo. Sin embargo, en 1913, Gustaf Erikson, un capitán de cuarenta años de edad que apenas sabía sonreír, llegó a Mariehamn, capital de las Aland. Erikson estaba cansado de navegar y había pensado dedicarse a armador. En aquella época, el buque de vapor había demostrado ya su supremacía, y los armadores prudentes se desprendían de los veleros con toda la rapidez que podían. La última generación de grandes buques de aparejo redondo –dos veces mayores que los famosos clipers de la ruta del té– se vendían a precios de saldo, y Erikson tuvo el valor de comprarlos y de hacer un buen negocio con ellos. Durante casi cuarenta años consiguió prolongar en Aland la época de los veleros, cuando ya habían desaparecido de casi todos los mares del mundo.

En el curso de los años llegó a poseer cuarenta buques, muchos de los cuales eran graneleros de porte oceánico. Estos barcos llevaban madera escandinava a Australia, impulsados por los alisios a lo largo de la costa de África, y en aquellas lejanas tierras cargaban grano y se servían de los vientos reinantes para retornar a sus puertos de origen, dando la vuelta al mundo por las costas de América del Sur y del cabo de Hornos. El último carguero de granos de Erikson, el Pamir, que desplazaba 2.799 toneladas, cruzó el cabo de Hornos el 10 de julio de 1949.
Un día después de nuestra llegada al archipiélago tuvimos la suerte de visitar algunas de las islas a bordo de un pesquero. Nuestro guía en aquella ocasión era un hombre extraordinario, incluso entre aquellos isleños de talento múltiple. Este hombre corpulento y amable –de nombre Karl-Erik Bergman– era pescador, agricultor y poeta, y nos relató innumerables historias y leyendas de sus fascinantes islas. Transcurrida una semana, volamos sobre Lemland (La Extremidad o La Rama), Lumperland (Tierra Insignificante) y Fógló (Cazadero de Pájaros) antes de descender cerca del muelle del transbordador de Degerby, para hacer una rápida visita a la Fiskföradling, planta conservadora de pescado que hace bloques rectangulares de arenque congelado, los cuales se envían a Finlandia para alimento de visones de granja. La Fiskföradling también suministra pescado fresco –salmón, sollo, arenque y bacalao– a las cocinas de algunos de los mejores restaurantes de Helsinki.
Continuamos luego nuestro turismo aéreo y aterrizamos en la isla de Kókar (El Hombre Gordo), en cuyas alturas los centinelas medievales encendían grandes fogatas cuando por el este se acercaban flotas enemigas, advirtiendo así a los hombres de Lemland y de la Isla Principal para que se preparasen para la defensa. Sobrevolamos Husó, donde se ha abierto un nuevo camping formado por verdes cabañas repartidas en forma geométrica, y pasamos por Brandó (Isla de los Calveros Chamuscados), en cuyos espléndidos campos se cultivan unas legumbres que tienen fama en toda Finlandia. Trazamos luego un círculo sobre el castillo de Kastelholm y sobre las ruinas de Bomarsund, otra fortaleza, tras lo cual volamos sobre la Isla Principal para volver a casa.

Al día siguiente se celebraba la víspera del solsticio; también era el cumpleaños de Karl-Erik, y Sonia, su esposa, nos había preparado un banquete típico del país: arenque marinado, ahumado y a la crema; patatas hervidas con diminutas cebollas nuevas procedentes de su huerto; queso, salchichas y pan negro recién sacado del horno. Para beber me dieron una bebida no alcohólica parecida a la cerveza, dulzona y hecha a base de malta, suero de manteca y té.
Era ya casi medianoche cuando terminamos el banquete, y el tenaz sol del solsticio se había puesto por fin. Con voz musical y serena, Karl-Erik nos leyó uno de sus poemas, el titulado Rankoskar, en el que hablaba de: «Islas desoladas, de casas deshabitadas y cobertizos vacíos». Era el lamento de un hombre por el cambio y la mudanza del destino humano. Además, como toda buena poesía, contenía también otro mensaje: las rocas, el mar y los árboles seguirían existiendo cuando desapareciésemos, y Aland continuaría siendo siempre un maravilloso lugar lleno de belleza y de paz.
Fuente: Veleros y Viajes
Hace exactamente 40 años se estrenaba una película que iniciaría una nueva edad de oro en el cine americano. Nos referimos a la mítica Easy Rider (1969), un film inolvidable que dirigió Dennis Hopper –un iconoclasta que al mismo tiempo se revelaría como un gran actor junto a Peter Fonda y a Jack Nicholson.

Esta obra de bajo presupuesto –que obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes ese mismo año– fue un manifiesto en contra de la cultura oficial de una época en el que un país intentaba encontrarse a sí mismo. En consonancia con el movimiento intelectual de 1968, Easy Rider denunció las contradicciones de América, “un bebé gigante jugando con explosivos”, como la definió Henry Miller. Junto a Bonnie and Clyde, Taxi Driver o El Graduado, marcó una nueva tendencia en la entonces estancada y caduca industria cinematográfica de Hollywood, siendo la primera en mostrar la contracorriente ideológica que estaba naciendo en los Estados Unidos, en dar a conocer las enormes turbulencias y cambios que removían los cimientos de una sociedad que ansiaba una explosión de libertad equiparable al Mayo del 68 europeo, que vivió Woodstock ese mismo año y el nacimiento de un movimiento hippie, que soñaba con utópicos ideales al ritmo de Jimmy Hendrix o Jefferson Airplane, mientras su gobierno enviaba tropas a Vietnam y Richard Nixon era elegido presidente.
Hay en Easy Rider una frase que resume el espíritu del film. La pronuncia uno de los actores secundarios que se cruzan en el camino de estos dos antihéroes que son Wyatt y Billy (Peter Fonda y Dennis Hopper). En una conversación intrascendente, en la que ambos tratan de conocer al autoestopista que han recogido en su camino, le preguntan de dónde viene. El joven responde que no lo sabe. Wyatt y Billy, sorprendidos y alucinados tanto por la respuesta como por las drogas que consumen, insisten en preguntarle ante lo que el autoestopista termina respondiendo: “Vengo de una ciudad. No importa cuál. Todas son iguales”. La respuesta aglutina buena parte de la filosofía de la película de Hopper, aquella en la que prima la búsqueda de la libertad o la ilusión de la libertad y en la que el consumo de drogas corresponde a un deseo expreso de evasión.
El viaje en moto a través de los Estados Unidos –en medio de paisajes asombrosos– supone un viaje iniciático, un intento por encontrarse a sí mismo en la vida salvaje y contraria a la civilización y al American way of life. La carretera representa la libertad, la ruta sin rumbo que deja atrás valores de una sociedad intolerante y reprimida que no acepta a los seres libres. O mejor dicho, aquellos que se atreven a ser auténticamente libres y que, tal como afirma George Henson (Jack Nicholson) aquellos a los que les invade el miedo y el odio cuando ven a gente como ellos, que tienen la valentía de lanzarse en brazos de la libertad sin miramientos, sin prever las consecuencias de su caída.
Easy Rider es, y sigue siendo, un alegato a la libertad –una libertad que puede salir cara o terminar de forma trágica por el rechazo de una sociedad hermética y cerril–, una libertad que quizás nunca sea alcanzada, pero cuya quimérica búsqueda habrá merecido la pena sea cual sea el final. En definitiva, una inconformista película de rebeldía cuyo impacto en las generaciones jóvenes fue enorme. Una road movie que se convirtió en un fenómeno social, en una de las abanderadas de ese puñado de películas del New Hollywood que se atrevieron a romper los tabúes y los límites impuestos por una América puritana en la que era peligroso protestar.
Secuencia de Easy Rider

Un peculiar golpe de Estado político tiene convulsionada a la República Checa hace años: la expulsión de Boleslav como monarca de Wallachia, un tranquilo reino donde los lugareños toman brandy de ciruela al desayuno y tienen una moneda respaldada en sus reservas de trigo.
El imaginario reino de Wallachia está en una esquina del noreste de la República Checa, a unos 370 km de Praga. Fue fundado como una elaborada broma en 1997 por el fotógrafo itinerante Tomas Harabis, quien actualmente es el canciller, escribió ayer The New York Times.
Rápidamente, la imaginación de los checos -que disfrutan del humor negro y las parodias- fue capturada por el invento de Harabis. Wallachia, que también es un lugar real, se convirtió en una de las mayores atracciones turísticas del país y genera millones de euros en ingresos anuales.
El reino tiene los requisitos para ser un verdadero estado: una moneda propia -el jurovalsar-, consulados en el
Círculo Ártico y Togo, una armada consistente en 40 canoas de madera, una vieja limusina para trasladar a los dignatarios que visitan el lugar y un pasaporte que cuesta cerca de 8 dólares y es su principal fuente de ingresos.
El problema político que se desató en Wallachia se remonta a 1997, cuando Harabis coronó al reconocido actor y payaso Bolek Polivka como monarca. El desde entonces rey Boleslav I se convirtió en el rostro del reino.
Pero un año después, Harabis acusó al rey de abrir consulados sin su permiso y de pedir cerca de US$ 27 mil por su trabajo de monarca. El fotógrafo firmó un edicto reemplazando a Boleslav por un obrero de la construcción del lugar, a quien coronó como Vladimir II.
La pelea siguió en la corte, ante la que Boleslav reclamó los derechos de marca del reino. El caso copó las primeras
planas hasta que en el otoño boreal pasado, la justicia falló contra el derrocado monarca. Pero Boleslav no se da por vencido, e insiste en que 23 de los 28 municipios de Wallachia aún lo consideran como el legítimo rey.
El diario neoyorquino comenta que aunque disfrutan del humor absurdo, los habitantes de la verdadera Wallachia -cuna de Sigmund Freud durante el dominio austríaco- no se toman tan en serio la pelea como lo hacen sus “dignatarios”.
Fuente: El Mercurio
La doctora Jessica Fridrich creó un método para desentrañar el cubo de Rubik en 1981. Su sistema es seguido por millones de personas.
Bina Venkataraman (NYT)

Es un pequeño juguete de plástico”, dice Jessica Fridrich, mientras da vueltas a un cubo de Rubik con sus manos de largos dedos en una tarde lluviosa en su despacho de la Binghamton University.
Sin embargo, el pequeño juguete, un icono de la era del comecocos y de las zapatillas deportivas de caña alta, ha vuelto a escena con fuerza. Para una creciente subcultura de gente que trata de resolver el cubo lo más rápidamente posible, la doctora Fridrich es una pionera y un santo patrón. Forjó lo que probablemente constituye la más extendida estrategia del mundo para resolver el puzzle de manera rápida. Y en otoño apareció en un documental sobre el cubo de Rubik.
La doctora Fridrich fue la primera que resquebrajó los muros coloreados del cubo de Rubik en 1981 cuando era una adolescente que vivía en una ciudad minera checa. Poca gente dedicará décadas a descifrar un bloque de plástico por muy complejo que sea matemáticamente. Pero poca gente es tan tenaz como la arquitecta del The Fridrich Method, un mapa de carreteras que un speedcuber (nombre que se da a los que intentan resolver el cubo lo más rápido posible) ha de memorizar y que despliega al menos 53 algoritmos. Cada uno de ellos consiste en una serie de giros de las filas y columnas del cubo en una secuencia determinada. Para la doctora Fridrich, abordar un puzzle imposible no es un hobby, y el cubo de Rubik no es simplemente un juego. Son obsesiones.
Un cuaderno andrajoso
Atrapada en la antigua Checoslovaquia hasta que llegó la Revolución de Terciopelo, pudo después emigrar a Estados Unidos para hacer sus estudios de doctorado. La doctora Fridrich aprendió por sí misma cálculo diferencial e
integral, y bosquejó una solución del cubo de Rubik en un cuaderno andrajoso incluso antes de tener uno de esos cubos en sus manos. Fridrich, de 44 años, es profesora de ingeniería eléctrica. Frecuentemente es convocada para impartir conferencias y se le pide que solucione el cubo en el acto. Además, responde a e-mails de niños de 13 años de Japón y ha inspirado multitud de vídeos de YouTube de fans del cubo que aplican su método, que se propagó por internet a finales de los años 90, cuando el puzzle resurgió.
“Ella escogió la ruta básica, la dirección que habríamos tomado para subir la montaña”, afirma Dan Knights, ganador del campeonato mundial del cubo de Rubik de 2003. En ese año, la doctora Fridrich quedó segunda. “Otras personas están buscando diferentes caminos para pasar de una saliente a otro”, afirma.
Knights, de 29 años, utilizó el método Fridrich para ganar el campeonato de 2003 después de que en 1999 la hubiera buscado para que fuera su mentora. Al principio, confundido por sus técnicas, se tomó un año sabático en la universidad para poder aprenderlas, mientras viajaba en tren a través de Europa y Asia.
El blanco es la clave
El método Fridrich requiere que primero se solucionen las dos capas superiores de los tres niveles de los que consta el cubo de Rubik, seleccionando la cara con el cuadrado central blanco como cara superior.
La mayoría de los speedcubers aprende a hacer esto de forma intuitiva, improvisando hasta que la cara blanca del cubo permanece intacta y otros cuadrados acaban situados en las caras correctamente coloreadas. El quid del método Fridrich consiste en resolver la tercera y última capa del elemento sin comprometer el proyecto de color desarrollado en las fases iniciales.
Para resolver la tercera capa, el speedcuber debe juntar todos los cuadrados amarillos en la cara inferior aplicando uno de los 40 algoritmos en una fase llamada “orientación”. El cuber debe reconocer instantáneamente qué algoritmo ha de aplicar para tener alguna esperanza de resolverlo con prontitud. Si no, estará perdido. En el paso final, una permutación, uno de entre 13 algoritmos restablece la armonía cromática del cubo. Con ello se consigue un color por cara. ¡Eureka!
Los speedcubers más veloces del mundo, incluida la doctora Fridrich, conocen más de 100 algoritmos para mover y combinar de distintas formas el cubo hasta solucionarlo. Son capaces de reconocer cuándo el puzzle se revuelve o se sitúa en sus manos el conjunto de movimientos que es más rápido que los otros 99 restantes.

Fuente: NYT/LA GACETA
“Trabajar con Roque Baños es una de las cosas más alucinantes que me han pasado en esta profesión. Para empezar, es el único músico que conozco que te pide que estés ahí con él, presente todo el tiempo, mientras compone. Lo habitual es que hables con el compositor de los temas, te vayas a casa y luego él te enseñe maquetas. Puedes comentarlas, pedir cambios… Pero esto es incomparable. Ves cómo se va construyendo la pieza paso a paso, compás a compás, instrumento a instrumento. Cómo va creciendo, enriqueciéndose, modulándose. Para cualquiera al que le guste un poco la música, es la bomba… Porque, además, la música que construye Roque no es cualquier música. Este chico, debo decirlo, es un puro genio”.
Así se expresa en su diario de rodaje Daniela Fejerman, directora y guionista de cine, cuando se refiere a este extraordinario músico jumillano –paisano mío, debo añadir con orgullo–, que el pasado domingo obtuvo su tercer “Goya” por la banda sonora de la película Los Crímenes de Oxford, dirigida por Alex de la Iglesia.
En parecidos términos se refieren a él cineastas de la talla de Carlos Saura, Santiago Segura o Emilio Martínez-Lázaro, entre otros muchos realizadores españoles de prestigio internacional. El primer ‘Goya’ de Roque Baños fue a la mejor música original, en 2003, por su trabajo en Salomé, de Carlos Saura. Igualmente, ha estado nominado en diversas ocasiones para estos premios y ha obtenido numerosos reconocimientos en el mundo del Cine y de la Música, como los Premios Quince de Octubre al Arte Joven Mediterráneo, Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos, Premio de la Música otorgado por la SGAE y la AIE, o el Premio en el Festival de Cine de Peñíscola.
A mi talentoso, sensible y joven paisano –que ya ha recibido varias ofertas de famosos directores europeos y norteamenricanos– le avalan los casi cincuenta títulos de películas en los que ha participado musicalmente, como ‘Alatriste’, las tres entregas de ‘Torrente’, ‘La Comunidad’, ‘800 balas’, ‘Salomé’, ‘Segunda Piel’, ‘El corazón del guerrero’, ‘Los dos lados de la cama’, ‘Goya en Burdeos’, ‘Carreteras Secundarias’ o ‘Muertos de Risa’, entre otras.
Los Crímenes de Oxford, tercer ‘Goya’ para Roque Baños
Su curriculum, por otra parte, es impresionante. Según puede leerse en su página web, su contacto con el mundo de la música para cine y del jazz viene dado por su formación en el prestigioso Berklee College of Music, de Boston (USA), escuela para la que es becado en el año 1993 por el Ministerio de Cultura. Por Berklee han pasado figuras del jazz y de la composición tan reconocidas como el gran Quincy Jones o Howard Shore (compositor, entre otras, de la B.S.O. de “El señor de los anillos”). Allí, Baños estudia Composición con David Spear y Dirección con Gregory Fridge, y se especializa en Composición de Música para cine (Film Scoring) y en Jazz., consiguiendo varios reconocimientos en forma de premios. En el área de Música para Cine, obtiene el premio “Robert Share Award” por demostrar “el más alto nivel dramático-musical en el área de composición de música para cine”, premio que le hace dirigir a la Orquesta Sinfónica de Berklee interpretando sus propias composiciones. En el campo del jazz, consigue asimismo otro galardón, que le es concedido por sus magníficas cualidades interpretativas. Finalmente, se gradúa con la distinción “Summa Cum Laude” en las especialidades de “Composición para música de películas” e “Interpretación de Jazz”. En Berklee, Roque Baños recibe una grandísima formación que se va a ver reflejada en cada uno de sus trabajos posteriores para el cine.
Me gustaría destacar, por último, que en el acto de entrega de los Premios Goya, que concede la Academia del Cine Español, el compositor “demostró, una vez más, que es el gran embajador de Jumilla” dedicando el premio a su ciudad natal y a todos los jumillanos y recordando su nombramiento como ‘Hijo Predilecto’ de la ciudad. Además, Baños invitó a todos a probar y degustar los vinos de su/mi tierra.
Secuencia de Salomé, de Carlos Saura. Música de Roque Baños (con la colaboración de Tomatito).
Nuestro querido amigo Joan Sol, de muy elegante manera, me recordó a uno de nuestros más grandes escritores chilenos y que –imperdonablemente– había olvidado homenajear en éste Blog. Mas aún, el de mayor cercanía a éste Faro, por situación geográfica, por su potente y descriptiva narrativa náutica y, por su cabal conocimiento de nuestra gente del extremo sur. Me refiero a Francisco Coloane. Su obra literaria está basada en las vivencias –junto a su padre– en la Tierra del Fuego y Chiloé. Ha sido traducido a varios idiomas, además, tres de sus trabajos han sido llevados al cine.

Francisco Coloane nació en Chiloe, en la ciudad de Quemchi el 19 de julio de 1910. Su padre era capitán de barcos balleneros y su madre una pequeña propietaria agrícola. Cursó sus estudios primarios en escuelas locales (Quemchi) y luego en el Seminario de Ancud, donde cursó hasta segundo año de educación media. Coloane vivió su juventud entre escritos, barcos y ovejas. A los 18 años, fue ovejero y capataz en las estancias de la costa oriental de Tierra del Fuego. Más tarde fue escribiente de la Armada de Chile y en la década de los años 30, trabajó como periodista en Santiago.
Mientras estudiaba, trabajó como secretario y comenzó a publicar relatos en revistas y diarios locales. En 1927 hizo el Servicio Militar y dos años después fue contratado como aprendiz de capataz en una estancia de Tierra del Fuego, experiencia que dará tema a gran parte de su obra. Más tarde colaboró en diarios como “El Magallanes” y “Las Ultimas Noticias“, éste último de Santiago. En 1932 contrajo matrimonio y trabajó en el Apostadero Naval de la ciudad de Punta Arenas.

En 1938 llegó a Santiago y se dedicó al periodismo y a recopilar cuentos y relatos que publicó en diversos diarios y revistas. En 1964, fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura. Le debemos a Coloane, el conocimiento de las regiones más inhóspitas de la geografía austral chilena y -más que eso- la recreación de la vida simple de seres humanos victoriosos o derrotados pero siempre empeñados en una lucha sin tregua en medio de la magia, el misterio, los sueños, la realidad y la leyenda.
Viajó en numerosas ocasiones al extranjero como jurado de concursos literarios e invitado a diversos congresos de escritores. En nuestro país, ocupó importantes cargos en la Sociedad de Escritores y, también, fue integrante del Colegio de Periodistas.
Algunos de sus cuentos y novelas han sido traducidos en distintos idiomas tales como, el inglés, ruso, sueco y eslovaco. En 1994 fue traducido al francés, y su obra “Tierra del Fuego” -con prólogo del escritor chileno Luis Sepúlveda- ocupó los primeros lugares de venta en el país galo, con excelente crítica. Es conocido como “El Jack London de Sudamérica”
En 1996, el gobierno de Francia le otorgó la condecoración de la “Orden Caballero de las Artes y las Letras“, distinción, que antes recibieron autores como Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa. En ese país se publicó su novela histórica “Naufragios”.
El escritor falleció el 5 de agosto de 2002 de un paro respiratorio y sus cenizas fueron arrojadas al mar.
Coloane siempre decía escuchar la voz de su padre pidiéndole “Volvamos al mar, volvamos”. Probablemente -incluso ahora desde el cielo- lo siga escuchando.

Reseña de sus libros más importantes
Tierra del Fuego. Relatos. Este impresionante conjunto de relatos dio a conocer a Coloane al público europeo, tras su traducción al francés en 1994. El cuento fue llevado al cine por Miguel Littin, en 1998. En registro épico, desnuda la codicia y ambición de los hombres, a través de la figura de Julius Popper - aventurero rumano- que, tras descubrir una veta de oro, forma su propio ejército y se auto proclama “Rey del Páramo“, como se conocía a toda la región patagónica. La narración, compendia detalladamente las peculiaridades geográficas de la Patagonia, gracias a los antecedentes que recopiló durante su permanencia -en los años treinta- como trabajador en la zona
Cabo de Hornos. Relatos (1941) Titulado originalmente “Pelo de lobo“, este relato -que da nombre a la colección- significó el debut de Coloane en narrativa. En la historia de dos ingleses cazadores de lobos y un fugitivo de Ushuaia, ya se aprecia el estilo y los temas que se transformarán en la marca registrada del escritor: la ambición de quienes están dispuestos a llegar al fin del mundo en busca de oro y pieles; la consiguiente mezcla de razas y nacionalidades de estos aventureros y, sobre todo, las fuerzas de la naturaleza. “Nada debe extrañar al hombre de esas tierras, que un barquichuelo se haga a la mar con cuatro marineros y regrese con tres. Que un cutter haya desaparecido con toda su tripulación“, escribe.
El Último Grumete de la Baquedano. Novela. Escrita en 1941 y llevada al cine por Jorge López en 1983.Combinando un conocimiento de la cotidianeidad de los marinos y la vida de Alejandro Silva, un polizón, la novela recrea la atmósfera que envuelve a sus personajes en la última travesía del buque escuela “La Baquedano”, durante su viaje de instrucción, desde Talcahuano hasta el Cabo de Hornos. Por su simpleza estilística y carácter aventurero, esta obra de ha sido integrada entre las lecturas obligatorias de los escolares chilenos.
Cuentos Completos. Antología. La recopilación -editada de Alfaguara en 1999- permite apreciar en perspectiva toda la obra de Coloane.
Fuente: Suplemento/La Tercera



























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