La doctora Jessica Fridrich creó un método para desentrañar el cubo de Rubik en 1981. Su sistema es seguido por millones de personas.
Bina Venkataraman (NYT)

jessica

Es un pequeño juguete de plástico”, dice Jessica Fridrich, mientras da vueltas a un cubo de Rubik con sus manos de largos dedos en una tarde lluviosa en su despacho de la Binghamton University.

Sin embargo, el pequeño juguete, un icono de la era del comecocos y de las zapatillas deportivas de caña alta, ha vuelto a escena con fuerza. Para una creciente subcultura de gente que trata de resolver el cubo lo más rápidamente posible, la doctora Fridrich es una pionera y un santo patrón. Forjó lo que probablemente constituye la más extendida estrategia del mundo para resolver el puzzle de manera rápida. Y en otoño apareció en un documental sobre el cubo de Rubik.

La doctora Fridrich fue la primera que resquebrajó los muros coloreados del cubo de Rubik en 1981 cuando era una adolescente que vivía en una ciudad minera checa. Poca gente dedicará décadas a descifrar un bloque de plástico por muy complejo que sea matemáticamente. Pero poca gente es tan tenaz como la arquitecta del The Fridrich Method, un mapa de carreteras que un speedcuber (nombre que se da a los que intentan resolver el cubo lo más rápido posible) ha de memorizar y que despliega al menos 53 algoritmos. Cada uno de ellos consiste en una serie de giros de las filas y columnas del cubo en una secuencia determinada. Para la doctora Fridrich, abordar un puzzle imposible no es un hobby, y el cubo de Rubik no es simplemente un juego. Son obsesiones.

Un cuaderno andrajoso

Atrapada en la antigua Checoslovaquia hasta que llegó la Revolución de Terciopelo, pudo después emigrar a Estados Unidos para hacer sus estudios de doctorado. La doctora Fridrich aprendió por sí misma cálculo diferencial e cubo-de-rubik1integral, y bosquejó una solución del cubo de Rubik en un cuaderno andrajoso incluso antes de tener uno de esos cubos en sus manos. Fridrich, de 44 años, es profesora de ingeniería eléctrica. Frecuentemente es convocada para impartir conferencias y se le pide que solucione el cubo en el acto. Además, responde a e-mails de niños de 13 años de Japón y ha inspirado multitud de vídeos de YouTube de fans del cubo que aplican su método, que se propagó por internet a finales de los años 90, cuando el puzzle resurgió.

“Ella escogió la ruta básica, la dirección que habríamos tomado para subir la montaña”, afirma Dan Knights, ganador del campeonato mundial del cubo de Rubik de 2003. En ese año, la doctora Fridrich quedó segunda. “Otras personas están buscando diferentes caminos para pasar de una saliente a otro”, afirma.

Knights, de 29 años, utilizó el método Fridrich para ganar el campeonato de 2003 después de que en 1999 la hubiera buscado para que fuera su mentora. Al principio, confundido por sus técnicas, se tomó un año sabático en la universidad para poder aprenderlas, mientras viajaba en tren a través de Europa y Asia.

El blanco es la clave

El método Fridrich requiere que primero se solucionen las dos capas superiores de los tres niveles de los que consta el cubo de Rubik, seleccionando la cara con el cuadrado central blanco como cara superior.

La mayoría de los speedcubers aprende a hacer esto de forma intuitiva, improvisando hasta que la cara blanca del cubo permanece intacta y otros cuadrados acaban situados en las caras correctamente coloreadas. El quid del método Fridrich consiste en resolver la tercera y última capa del elemento sin comprometer el proyecto de color desarrollado en las fases iniciales.

Para resolver la tercera capa, el speedcuber debe juntar todos los cuadrados amarillos en la cara inferior aplicando uno de los 40 algoritmos en una fase llamada “orientación”. El cuber debe reconocer instantáneamente qué algoritmo ha de aplicar para tener alguna esperanza de resolverlo con prontitud. Si no, estará perdido. En el paso final, una permutación, uno de entre 13 algoritmos restablece la armonía cromática del cubo. Con ello se consigue un color por cara. ¡Eureka!

Los speedcubers más veloces del mundo, incluida la doctora Fridrich, conocen más de 100 algoritmos para mover y combinar de distintas formas el cubo hasta solucionarlo. Son capaces de reconocer cuándo el puzzle se revuelve o se sitúa en sus manos el conjunto de movimientos que es más rápido que los otros 99 restantes.

metodorubik123127367618333155281
Fuente: NYT/LA GACETA

About these ads