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En los tiempos tenebrosos de la Grecia Arcaica los hombres no se podían permitir el lujo de tomar decisiones de cierta transcendencia sin conocer, primero, si los dioses iban a darles o no su beneplácito. En ciertos lugares sagrados elegidos por las deidades, los dirigentes de las ciudades griegas consultaban los oráculos antes de decidir, por ejemplo, el inicio de una expedición colonizadora o el ataque contra una polis vecina. Cuatro divinidades olímpicas llegaron a contar con centros oraculares: Zeus, Atenea, Hermes y Apolo. El más importante de los oráculos de Apolo en la Grecia continental se encontraba en Delfos; y en las costas de Asia y en la isla de Delos los de sus rivales más poderosos.

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En Delfos se hallaba precisamente el ónfalo, ombligo del mundo antiguo, situado en el ádyton del Templo de Apolo y representado por una piedra de mármol recubierta por una decoración que asemeja una red tejida en lana blanca. En Delfos, el centro del mundo clásico, Apolo se ponía en contacto con los hombres para comunicarles sus decisiones sobre la conveniencia o no de realizar determinadas acciones.

El Templo de Apolo se situaba en un santuario, celéberrimo en la Antigüedad; que se alzaba cerca del Parnaso, monte consagrado a las musas, y dominaba el golfo de Corinto. Era un lugar de relieve montañoso recortado por las Fedríades, dos inmensas rocas que forman una garganta de donde brota un manantial cuyas aguas son sagradas desde tiempos remotos (la denominada Fuente Castalia, cuyo nombre sería el de una muchacha del lugar que, acosada por Apolo, se habría arrojado a la fuente). En ella, precisamente, bebía agua y realizaba sus purificaciones la Pitia, mujer sensible utilizada por Apolo para ponerse en contacto con los humanos.

En este montañoso lugar, habitado secularmente por pueblos de pastores, se han detectado vestigios de un primitivo santuario micénico de los siglos XIV-XI a.C, que supondría un antecedente del templo que se consagraría luego a Apolo. Cuando en el año I892 la Escuela Francesa de Arqueología de Atenas inició lo que se conoce como Gran Excavacion de Delfos fue preciso incluso utilizar las tropas del Ejército griego para conseguir sofocar las revueltas de los habitantes de Kastri, que no admitían que para recuperar las piedras antiguas enterradas bajo sus casas fuera preciso demoler el pueblo que habitaban.

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El conjunto arqueológico de Delfos ocupa una serie de terrazas situadas a distintos niveles en las laderas del Parnaso. En la zona central se encuentra la Fuente Castalia, que en su tiempo estuvo decorada con un muro de mármol. En las zonas inferiores se situaban el gimnasio, del siglo IV a.c., dotado de una pista de entrenamientos, la palestra, las termas y una piscina circular, y la terraza denominada Marmaria, en la que en su día se levantaban dos templos destinados a Atenea Pronaia. Cerca de las ruinas del Templo de Atenea, en la terraza Marmaria, estan los vestigios del tholos, templo de planta circular fechado también en el siglo IV a.c.

La zona consagrada al Santuario de Apolo ocupa la tercer a zona aterrazada, la más alta de las tres que estamos comentando. Emplazada más allá de la Fuente Castalia. Los accesos al mismo se encuentran en lo que se conoce como ágora romana, plaza empedrada en la que existían tiendas en donde los peregrinos y viajeros, al igual que en los tiempos modernos, compraban todo tipo de pequeños exvotos, estatuillas, etc. La persona que deseaba consultar el oráculo de Delfos debía, como primer acto, ofrecer una ofrenda delante de la portada del templo, generalmente una torta de cereales y miel. Con esta acción el hombre pretendía ser grato al dios y conseguir el acceso al templo. En tiempos más avanzados esa sencilla ofrenda se sustituiría por el cobro de una cantidad en metálico, que repercutía en las arcas del santuario.

Fuente: Revista Historia
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