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Castillo de Jumilla – Foto: Juanma Domínguez

El convento de Santa Ana de Jumilla perteneció -antes de la restauración de la Provincia franciscana de Cartagena- a la Custodia de los descalzos de San Pascual Bailón del reino de Murcia.

La fundación de este convento tuvo lugar el 4 de agosto de 1573, siendo Custodio el P. Francisco Ximénez, tomando posesión de la ermita de Santa Ana edificada en el siglo XV en presencia de autoridades y clero, dos frailes franciscanos de La Reforma Alcantarina.

Su estructura es barroca de los siglos XVII-XVIII, conservando el aspecto austero de estilo conventual. En su interior se conserva, en retablo del s. XVII, la antigua imagen de “La abuelica Santa Ana” con la Virgen y el Niño, obra probable de siglo XV con restauraciones sucesivas desde 1612 en que se doró y estofó por Fr. Cristóbal Moya.

La Iglesia, en el  cuerpo central de la fachada consta de  dos torres gemelas construidas en ladrillo y en la parte superior hay una imagen de la titular del templo. La reconstrucción de la fachada data de 1902.

El atrio exterior está rodeado de los pasos necesarios para rezar un “vía crucis“, todos ellos hechos con azulejerías valencianas.

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El convento de Santa Ana del Monte de Jumilla

La iglesia es de una nave central y otra lateral, que es capilla del Cristo atado a la Columna, de Salzillo.

El coro está situado sobre la puerta de la entrada y el crucero está separado del resto de la nave por una pequeña reja y un Cristo Crucificado, denominado Cristo de la Reja del siglo XVII. La ubicación del Cristo está planificada para que los monjes puedan contemplarlo desde el coro cuando realizan sus oraciones mientras se lleva a cabo la ceremonia.

El crucero está flanqueado por dos magníficos relicarios del año 1613 que contienen las reliquias  traídas por el Marqués de Villena a principios del siglo XVII desde Italia.

El retablo del altar mayor está presidido por una imagen de la abuela Santa Ana del siglo XV. Contiene ocho tablas. En el ático, sobre la imagen del  niño  de Santa Ana, la Impresión de las Llagas de San Francisco. A la izquierda del que mira el retablo, San Juan Bautista y debajo de él, San Jerónimo en la cueva de Belén, de rodillas, con la piedra en la rodilla derecha. A la derecha del que mira, con el Cáliz y el escorpión saliendo del Cáliz  y debajo el Doctor San Buenaventura en contemplación. En la predela  hay dos tablas pintadas con motivo de la vida de Santa Ana, Natividad de la Santísima Virgen  y Presentación de María niña al Templo.

En la capilla del Cristo de la Columna,  se encuentra  la talla de madera de ciprés policromada del mismo nombre, obra de Francisco  Salzillo (1707-1783) y tallada entre 1755 y 1756.

cristo-de-la-columna2Cristo de la Columna – Foto: Juanma Domínguez

Contemplándola se puede observar  la majestuosidad y profunda religiosidad  de esta obra, que queda descripta por el P. Salmerón de esta manera: “En la capilla de la Purísima  o de la comunión de la iglesia de Santa Ana del Monte, frente al Altar del Cristo del P. Malcebón  está el Cristo de la Columna, imagen de perfecta estatura, muy llagada y ensangrentada, y que mueve mucho a compasión, y está colocada en un nicho“. Es la obra más querida y más admirada por todos y la única que en la actualidad se baja y sube al convento en romería.

Salzillo, del que se conmemora este año el tercer centenario de su nacimiento, fue el hijo de un escultor llegado a Murcia desde Italia. Realizó casi toda su obra en madera policromada sobre temática religiosa, sin apenas moverse de la ciudad donde encontró los modelos y el color para sus bellas imágenes barrocas. Su prolífica producción se encuentra repartida en iglesias de Murcia (sobre todo), Cartagena, Jumilla, Lorca y Orihuela, entre otras ciudades. Además, su arte tuvo un epílogo en el de discípulos como Roque López.

Hoy en día, la Semana Santa murciana sigue mostrando en un puesto preferencial muchas de las imágenes que salieron de la gubia del artista. San Juan, San Pedro, La cena, La dolorosa, El beso de Judás, El prendimiento, La oración en el huerto son algunos de esas piezas de perfección barroca. Imágenes de gran vida y religiosidad, cuidadas hasta el más mínimo detalle, reflejo de la devoción del artista y la perfección de su arte.” El Cristo amarrado a la columna“, venerado en Jumilla y las imágenes de los Cuatro Santos, de Cartagena, son otras de sus obras destacadas.

Fuente y fotos de: regmurcia.com  y Juanma Domínguez

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