A finales de mayo de 1944, mientras los servicios de contraespionaje nazis intentan descifrar el contenido de un importante mensaje escrito en clave, el doble espía “Garbo” despista al ejército alemán durante las horas previas al desembarco de Normandía. “Garbo” es el hombre que engaña a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Les hace creer que el Día-D es tan sólo una maniobra de distracción. Les hace financiar –con cuantiosas sumas– una red de espías totalmente ficticia. Y, aun así, al final de la guerra le condecoraron con la Cruz de Hierro. Los alemanes le conocían como Arabel o Rufus. Los ingleses como Garbo. Pero en realidad se llamaba Juan Pujol García y era español. Ha sido reconocido por todos los historiadores y estudiosos del tema como uno de los mejores agentes dobles de toda la historia.

Desembarco en Omaha Beach, Normandía
Juan Pujol, nacido en Barcelona el 14 de febrero de 1912, era hijo de un próspero empresario catalán. Cuando comenzó la guerra civil española, y debido a las ideas políticas que profesaba en aquella época, se escondió en casa de unos amigos, pero al cabo de dos años fue descubierto y detenido por las autoridades republicanas. Sin embargo, Pujol logró fugarse y atravesar las líneas, alistándose en el ejército de Franco.

Dos fotos de Juan Pujol, "Garbo"
Conforme pasan los meses, a Pujol no le gusta nada ver los flirteos de Franco con los totalitarismos del eje, llegando a la conclusión de que para que España se pueda librar de Franco y restaurar un sistema democrático al estilo anglosajón, es necesario ayudar a los aliados a ganar la guerra. Ganarse la confianza de los británicos le costó un par de años de eficiente trabajo por su cuenta. Tras los primeros rechazos, decide cambiar de táctica y se ofrece a los alemanes, que confían en él por ser un excombatiente del bando nacional. Inicialmente, su nombre en clave para los alemanes era Rufus. Para los británicos fue Bovril, pero tras comprobar éstos las grandes dotes persuasivas de sus imaginativos mensajes, lo renombraron Garbo, ya que pensaban que sus dotes interpretativas eran tan buenas o mejores que las de la actriz Greta Garbo.
En un pasaje de su apasionante libro, titulado Guerra Secreta, Francis Russel escribe: De todos los anti-nazis que prestaron servicios a los británicos en el mundo crepuscular de la defección, tal vez el más famoso fue un español tenaz, creativo y extravagante que utilizaba el nombre en clave de Garbo. Garbo era un anti-nazi ardiente que había ofrecido sus servicios como espía a los británicos en los primeros días de la guerra y había sido rechazado. Lejos de alentar voluntarios, el MI-5 y el MI-6 insistían en realizar su propia labor de reclutamiento para mantener el control sobre sus agentes. Impertérrito, Garbo cortejó a los alemanes, pero con un plan secreto anidado en su cerebro. Tan creíble resultó su presentación en la embajada alemana en Madrid, que las autoridades aceptaron patrocinarle en una misión de espionaje a Gran Bretaña, país que aseguró conocer bien pero que en realidad no conocía en absoluto. Provisto de papeles de identidad falsos, tinta invisible, dinero y direcciones de tapadera, Garbo se despidió de los alemanes en julio de 1941 y marchó a Inglaterra. Nunca llegó a la isla. En lugar de ello, se detuvo en Lisboa, donde durante los siguientes nueve meses, ayudado por una guía turística, un mapa y un viejo horario de trenes, inventó largos y convincentes informes de espionaje sobre las Islas británicas. Justificó los matasellos de Lisboa diciendo a los alemanes que contaba con los servicios de un correo, que llevaba sus informes de Inglaterra a Portugal (un piloto de líneas aéreas). Entusiasmándose con su trabajo, Garbo creó tres subagentes imaginarios que le enviaban información desde la zona occidental de Inglaterra, desde Glasgow y desde Liverpool.

Otro de los libros sobre "Garbo"
Él y sus ayudantes inexistentes inundaron a los alemanes con informes convincentes sobre fortificaciones, concentraciones de tropas, envíos de armas por tren y movimientos de barcos británicos. Como esperaba, sus informes se aproximaban a lo que los alemanes esperaban oír, y tragaron el anzuelo por completo. En 1942, la iniciativa de un solo hombre se había acercado varias veces a los servicios secretos británicos, sólo para topar con frías negativas oficiales. Sin embargo, en febrero del mismo año Garbo jugó una carta que atrajo la atención de los británicos. Por el subagente imaginario de Garbo en Liverpool la armada alemana se enteró de que un gran convoy estaba a punto de zarpar del puerto para socorrer a la isla de Malta, un crucial puesto de avanzada británico en el Mediterráneo. Los aviones y barcos con base en Malta estaban causando estragos entre los convoyes del Eje que llevaban suministros al Afrikakorps en el desierto de África del Norte, y los alemanes estaban intentado eliminar el puesto de avanzada mediante un bloqueo aéreo y naval. Por consiguiente, era crucial que ningún convoy llegase a la isla. Incitado por el informe ficticio de Garbo, el eje realizó elaborados preparativos para interceptar el convoy imaginario en el Mediterráneo. No se sabe cómo reaccionaron los alemanes al no encontrar ningún convoy, pero sin duda las búsquedas inútiles eran lo bastante comunes para no arrojar sospechas excesivas sobre Garbo. Cuando la noticia de la jugada de Garbo llegó a Londres a través de un diplomático neutral, el MI-5 cobró simpatía por el espía independiente. “Para entonces habíamos comprendido”, escribiría más tarde Masterman, “que Garbo estaba mejor dotado para ser un valioso colaborador que un competidor inconsciente”. En abril Garbo fue introducido en Gran Bretaña –donde los alemanes creían que había estado todo el tiempo- y allí continuó su interpretación de virtuoso. “La banda de un solo hombre de Lisboa se convirtió en una orquesta”, diría mas tarde Masterman, “una orquesta que tocaba un repertorio cada vez más ambicioso.
Garbo resultó ser una especie de genio. Era un maestro de un estilo de escritura ligero y pintoresco; dio muestras de una gran laboriosidad unida a una entrega apasionada y quijotesca por su labor” En Londres, Garbo añadió otros cuatro agentes imaginarios a su red, algunos de los cuales ahora se comunicaban directamente con los alemanes y recibían largas listas de interrogantes a los que el Comité de los Veinte proporcionaba respuestas. Sólo una vez tuvo Garbo que reajustar su red para evitar ser desenmascarado. En la primavera de 1942, cuando los Aliados se preparaban para la operación antorcha, la invasión del África del Norte, se hizo evidente para el MI-5 que el colaborador imaginario de Garbo en Liverpool no iba a poder evitar ver parte de la flota de invasión que se encontraría allí. Si los alemanes se enteraban más tarde de que Liverpool había sido el escenario de lanzamiento de Antorcha y de que, aún así, no habían sido informados por el agente local de Garbo, no les iba a resultar difícil llegar a la conclusión de que el hombre era un traidor o un invento…., lo que echaría por tierra el castillo de naipes de Garbo. Garbo, el maestro de la ficción, resolvió el problema incapacitando a su agente de Liverpool con una enfermedad fatal. Dejó que el hombre viviera un periodo razonable y luego comunicó su muerte a los alemanes. El MI-5 añadió credibilidad al engaño colocando una falsa necrológica en un periódico de Liverpool. Garbo remitió el recorte a la Abwehr que, a su vez, envió sus sentidas condolencias a la viuda del agente.
Hacia la primavera de 1944, Garbo había expandido su falsa organización a 14 agentes activos y 11 contactos bien situados, incluido uno en el ministerio de Información británico. Había dotado a cada uno de ellos de una personalidad, un historial profesional, un estilo de prosa y una caligrafía particulares. Entre todos, el equipo había enviado unas 400 cartas secretas y cerca de 2000 mensajes de radio a los alemanes. Y ni uno solo de ellos existió…., excepto, claro, en la fértil imaginación del propio Garbo. Tan indispensable era el espía español para los dos países para los que trabajaba que en 1944 los ingleses le condecoraron con la Orden del Imperio Británico.., casi al mismo tiempo que recibió, in absentia, la Cruz de Hierro de una Alemania agradecida. Sin embargo, el golpe más brillante de Garbo fue un informe sobre el Día D. Apenas unas horas después de la invasión, los líderes aliados habían hablado por la radio con breves declaraciones que se referían a los desembarcos como “los primeros de una serie; el propósito era reforzar la expectativa alemana de futuros ataques. Pero el general de Gaulle, líder del movimiento para liberar a Francia de la ocupación alemana, alarmó a los planificadores de la operación Guardaespaldas (cuyo objetivo era despistar a los alemanes sobre los puntos de invasión para proteger los desembarcos) al referirse a Normandía como la batalla suprema. ¿No era posible, preguntaron los agentes alemanes a Garbo, que las otras amenazas fueran simples tretas y que hubiera que enviar cuanto antes todas las fuerzas disponibles al frete de batalla de Normandía? En absoluto, respondió el ingenioso Garbo. Luego citó una directriz que, afirmó, el ministerio de Guerra Política había emitido dos días antes. Desaprobaba toda especulación sobre otros desembarcos precisamente porque eran tan inminentes. Aunque muchos líderes aliados habían sido descuidados en su lenguaje, siguió diciendo Garbo, De Gaulle había seguido la directriz al pie de la letra, Garbo fue tan persuasivo que sus agradecidos superiores alemanes le recomendaron para la más alta condecoración nazi.
Tras la guerra, y por motivos de seguridad, fingió su propia muerte y se instaló en Venezuela bajo identidad falsa. Ni siquiera su mujer y sus hijas supieron de él hasta casi cuarenta años más tarde, cuando se dió a conocer en los años ochenta. El la capital venezolana murió Juan Pujol, el 10 de octubre de 1988.
























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Mayo 9, 2009 a 2:31 pm
Gabriel Virgili
Fascinante (y peligrosa) vida la de este genial catalán que, ciertamente, colaboró de una manera decisiva para que Europa -y el resto del mundo- no cayera bajo las garras del nazismo.
He tenido ocasión de leer el libro citado en el post, y creo, sinceramente, que Joan Pujol debería tener un busto en el hall principal de la sede del MI6 en Vauxhall Cross, aquí en Londres, y una estatua en las Ramblas de Barcelona, pero la gente –por desgracia– olvida a los héroes discretos.
Es curioso constatar, por otra parte que –por paradojas de la vida– tanto el MI5 como el MI6, alojaron, en el siglo XX, a los igualmente famosos agentes dobles, aunque en este caso traidores a la causa de Su Majestad: Kim Philby y Sir Anthony Blunt.
Le felicito por su interesantísimo artículo.
Mayo 9, 2009 a 3:30 pm
Jaume Barral
La valentía y la astucia de Pujol fueron extraordinarias, y todos lo reconocen, pero a mí me gustaría destacar la importancia que tuvo la participación de ‘Garbo’ al ser nombrado por las autoridades alemanas responsable de determinar los puntos sobre los que debían caer las famosas bombas volantes dirigidas hacia la capital británica. Pujol ayudó a salvar miles de vidas al actuar como la mano cómplice que orientó estos proyectiles hacia destinos alejados de los centros de población.
Pujol nació en la calle Aribau, 70, esquina a la calle Valencia, y yo, como catalán, siento tener que decir que Barcelona es la ciudad más amnésica del mundo y la más desagradecida con sus hijos. Actualmente, en el edificio donde nació el mejor espía del siglo XX, existen cuatro tiendas y un bar en los bajos, algunas oficinas y un montón de vecinos, algunos de toda la vida, pero ni una sola placa, ni una sola indicación, diciendo que nació allí. Y es que aquí todavía se piensa que la historia se estudia en los libros cuando, en realidad, es en la calle donde mejor se aprendería.
Saludos y mi enhorabuena por su blog.
Jaume
Mayo 10, 2009 a 2:18 pm
Rafa Benítez
Hay otro interesante libro sobre la historia de Juan Pujol, que me gustaría recomendar a los lectores de su blog: se titula “Garbo: doble agente”, de Thomas Harris, el oficial del MI5 que dirigió el caso Garbo. Fue publicado por la editorial “Martínez Roca” en 2004. Se trata del informe que el propio Harris redactó en 1945 con una pequeña introducción que resume los hechos y nos introduce en el marco histórico.
Se podría decir que, al leerlo, parece que estamos ante un manual de los métodos utilizados por el MI5 y el Abwehr en la segunda guerra mundial, con múltiples anexos en los que podemos encontrar desde los métodos de cifrado alemanes y sus técnicas de radio hasta un dossier completo de documentos del estado mayor nazi que demuestran el éxito de la red Garbo. Pero además, la narración de Harris es lo suficientemente ágil como para que pueda leerse como una novela de espías especialmente prolija aunque, eso sí, los únicos hechos novelescos que ocurren están en la imaginación de Pujol, que consiguió convencer a sus controladores nazis de que era poco menos que un James Bond secundado por decenas de agentes inexistentes sin moverse de Lisboa o de las prosaicas oficinas del MI5 en Londres.
Me gustaría añadir, por último, que estoy absolutamente de acuerdo con Jaume Barral cuando se queja de lo desagradecida y amnésica que ha sido Barcelona con Joan Pujol… Es algo muy injusto y lamentable.
Muchas gracias por darme la oportunidad de expresarme. Un saludo.
Mayo 11, 2009 a 8:21 am
Náufrago
Después de lo del matasellos y la falsa esquela, ¿qué más se puede decir? Con artículos como éste uno estaría encantado de ser, por un momento, un agente doble
Mayo 11, 2009 a 4:45 pm
Luis Irles
Apreciados Gabriel, Jaume, Rafa y Náufrago: Siempre he mantenido que los comentarios que recibe este blog, desde que inició su andadura, lo enriquecen enormemente. Y los vuestros, sin lugar a dudas, son un ejemplo que viene a corroborar lo dicho.
Es evidente que conocéis a fondo la historia de Juan (o Joan) Pujol, ya que los interesantísimos datos que aportáis así lo demuestra. Es por ello que os doy mis más sinceras gracias por vuestras palabras.
A Náufrago me gustaría decirle que comparto plenamente su romántico deseo de convertirse –aunque sea por poco tiempo– en un agente doble, aunque no en esta época precisamente.
Mi agradecimiento y todo mi afecto para los cuatro.
Mayo 12, 2009 a 3:30 pm
chrieseli
Alguna vez alguien dijo que las guerras se ganaban con ideas y mucha estrategia. Este artículo me hizo recordar una historia que leí hace mucho tiempo en las Selecciones del Reader’s Digest, respecto a una de las tretas más ocultas de los aliados, una radio secreta en alemán, con programación ad hoc y que daba toda la impresión de estar en Berlín, cuando en realidad estaban en Inglaterra. Llegó a ser tan fidedigna que muchos alemanes la sintonizaron hasta el último minuto. Sin duda que aquellos que controlan los medios informativos (espías entre ellos) transforman las batallas perdidas en ganadas y se ganan el alma de los pueblos.
Mayo 14, 2009 a 7:57 am
Luis Irles
Como siempre, una oportuna e interesante reflexión la tuya, estimada chrieseli. Creo recordar algo de la historia que nos cuentas sobre la emisora secreta que emitía en alemán, supuestamente desde Berlín. Efectivamente, los que controlan los medios –y especialmente en épocas de guerras– transforman (o pueden tansformar) el desarrollo de las mismas.
Gracias por leer y por comentar.
Abrazos
Ps. La falta de tiempo por motivos de trabajo, como le comento a la amiga Patricia, me ha impedido hasta ahora dejar en tu blog (y en el de otros amigos y amigas) los comentarios prometidos. Espero hacerlo lo antes posible. En cualquier caso, ya te adelanté en cierta ocasión lo mucho que admiro tu escritura.