Son llamados incunables (del latín incunabulae, en la cuna) los libros impresos con tipos móviles desde la aparición de la imprenta hasta el año 1500 inclusive. Fue posiblemente Cornelius Beughem quien empleó la palabra por primera vez, en su Incunabula typographiae (1688).

En dicho período la industria tipográfica todavía no se había especializado: el impresor era dueño y manipulador de la prensa, fundidor de tipos, fabricante del papel, encuadernador, editor y librero. Era artesano, artista y erudito. Algunos de ellos dejaban una “marca de agua” en el papel que fabricaban, de esa manera sabemos quién la editó; pero hay muchos que carecían de firma y fecha, aunque hoy en día, estudios científicos que analizan los tipos de fundición utilizados, han ayudado a catalogar la mayoría de las ediciones existentes. Son documentos históricos que, por primera vez, pusieron la cultura al alcance de todos.
El término ‘incunable’ hace referencia a la época en que los libros se hallaban en la “cuna”, haciendo referencia a la “infancia” de la técnica moderna de hacer libros a través de la imprenta. Así, son reconocidos como incunables los libros impresos entre 1453 (fecha de la invención de la imprenta moderna) y 1500, procedentes de unas 1.200 imprentas, distribuidas entre 260 ciudades, con un lanzamiento aproximado de 35.000 obras distintas.
A Johann Gutenberg, de Maguncia, se le atribuye la invención de los caracteres móviles fundidos. Los primeros incunables salieron de su imprenta: entre ellos destaca la Biblia de Gutenberg (1453-55), en latín, de 42 líneas. Durante los primeros treinta años, la imprenta se expandió por Europa occidental y comenzó a dividirse en diferentes actividades especializadas. Los libros no tenían portada con caracteres, al principio, en letra gótica y las palabras presentadas con no pocas abreviaturas, imitando a los códices. Pero ya en el mismo siglo fueron adoptándose otros tipos de letras, especialmente la redonda o romana, la veneciana o itálica y cursiva, mucho más legibles que las primeras y que al fin prevalecieron sobre estos (salvo en Alemania) desde comienzos del siglo siguiente. Hacia finales de éste, se introdujo el tipo elzeviriano (del holandés Elzevir) más delgado que los anteriores y después siguieron otros caracteres de fantasía con la gran variedad hasta los de hoy en día.

Tipos de incunables
Antes de los tipos metálicos móviles, se usaban planchas de madera fija, que dieron lugar a los incunables xilográficos, entre los que destaca la Biblia Pauperum y la Biblia de los pobres. Los protoincunables son los libros impresos en los primeros talleres, entre 1472 y 1480. A su vez, se denominan post-incunables aquellos libros impresos a principios del siglo XVI que por error o debido a una insuficiente información han sido clasificados como incunables.
El primer impreso español que se conserva en la actualidad es el Sinodal, impreso por Juan Párix de Heidelberg (Johannes Parix) en 1472 que contiene unas actas de una reunión celebrada en Segovia. Incunables españoles de gran valor son la Biblia (impresa en Valencia en 1478), Los doce trabajos de Hércules (originalmente escrita en catalán con el título Los dotze treballs de Hèrcules) de Enrique de Villena (Zamora, 1483), Tirante el Blanco de Joanot Martorell (Valencia, 1490), Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija (Salamanca, 1492) y la primera edición de La Celestina de Fernando de Rojas (sin fecha ni lugar de impresión).
Entre las ediciones más importantes de incunables, se encuentran las de Gutemberg, Nicolas Jensen, William Caxton, y Aldo Manuzio.
























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Mayo 30, 2009 a 5:53 am
Fernando
Hola amigos,
Soy estudiante de Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla y me gustaría aportarles la siguiente información: La Biblioteca de nuestra Universidad posee 298 valiosísimos incunables, siendo tal vez el más importante de ellos la “Biblia Latina. Novum Testamentum”, impresa en Maguncia en 1454 por el propio Johannes Gutenberg. Este tesoro bibliográfico procede de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús de Sevilla, que fue sede de esta Universidad durante dos siglos, y fue adquirido por la Biblioteca en 1845.
Sin duda alguna ésta es la obra más valiosa, ya que se trata del segundo tomo de la llamada “Biblia de las 42 líneas”, generalmente considerada como el primer “libro” impreso. Trabajada en bella letra gótica, a dos columnas de 42 líneas cada una a partir de la hoja 11, con capitales en rojo, azul y dorado, la obra destaca por la belleza de su impresión y composición.
Otros ejemplares dignos de destacar serían los “Tres libros de retórica”, de Aristóteles (Sevilla, 1464); el “Suplementum chronicarum orbis ab initio mundi” (1486), de Jacobo Philipus de Bergamo, y por supuesto, el Salterio, –”Psalterium Graecum”–, impreso en Venecia, Aldus Manutius (1496). Sólo se conocen 6 ejemplares en bibliotecas españolas. Lleva el sello del Colegio de San Hermenegildo, de la Compañía de Jesús en Sevilla, íntegramente impreso con tipos griegos a dos tintas, este magnífico Psalterium constituye otra de las joyas bibliográficas más valiosas que posee la Universidad. Aunque no se sabe con exactitud su fecha de impresión, se supone que no debió hacerse más allá de mediados de 1498 en que sus tipos quedaron fuera de uso.
Ocuparía mucho espacio enumerar el resto de títulos, así que el consejo que les doy a todos aquellos que visiten Sevilla y sean aficionado a los libros, es que se den una vuelta por la Biblioteca de nuestra Universidad. Les va a encantar.
Mi enhorabuena por su magnífico blog.
Saludos,
Fernando Vergara
Mayo 31, 2009 a 7:58 am
Juan Carlos Benet
Estimados amigos del Faro, sólo una breves líneas para contarles que a finales del pasado año tuve la suerte de poder visitar la exposición de “Incunables. Las primeras palabras impresas”, que se celebró en la Biblioteca Foral de Vizcaya. Me quedé maravillado ante dicha exposición, en la que se mostaban al público 40 ejemplares únicos y bellísimos, unas verdaderas obras de arte, impresos en latin, italiano, alemán y castellano.
Creo que esta exposición será mostrada en varias capitales españolas durante todo el verano, así que estén atentos los amantes de los libros: si se anuncia en su ciudad, no se la pierdan.
Un cordial saludo para usted y todos sus lectores y lectoras,
Juan Carlos Benet
Junio 1, 2009 a 12:19 pm
Luis Irles
Amigos Frenando y Juan Carlos,
Os agradezco mucho a ambos la interesante información enviada a este blog. Tienes razón, Fernando, al asegurar que la Universidad de Sevilla guarda en su biblioteca un enorme tesoro bibliogáfico, ya que he tenido ocasión de visitar su página web y comprobarlo… Si algún día visito de nuevo tu hermosa ciudad no dudes que seguiré tu consejo.
Lo mismo le digo a Juan Carlos, aunque en este caso, la exposició itinerante de incunables de la Biblioteca Foral de Navarrra tendría que coincidir con alguno de mis viajes a España.
Gracias de nuevo, y un fuerte abrazo.
Junio 2, 2009 a 7:19 am
Náufrago
En nuestra Universidad de Salamanca, cuya biblioteca data del año 1254, podemos disfrutar de 483 incunables, entre ellos muchos de origen veneciano.
He tenido la oportunidad de pasear por esa biblioteca, hoy en día ya no es posible, y poder ver de cerca algunos de esos incunables y la verdad es que es un auténtico placer verse rodeado de tanta historia y estar tan cerca de algo escrito hace tantísimo tiempo.
Como una imagen vale más que mil palabras:
http://farm4.static.flickr.com/3193/2975606458_756bdaed7f_o.jpg
Junio 4, 2009 a 12:47 pm
Luis Irles
Estimado Náufrago,
Ha sido un auténtico regalo –que de verdad te agradezco– el enlace que nos has enviado por el que se llega a la maravillosa sala de la biblioteca de la más famosa y antigua universidad española.
No me extraña en absoluto que en Salamanca se conserven cerca de 500 valiosos incunables… Lástima que, como dices, hoy en día ya no sea posible disfrutar de ellos, aunque supongo que sí podrán hacerlo los investigadores.
Muchas gracias, y un cordial saludo.