Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado de la “aventura equinoccial” de Lope de Aguirre…

…llamado loco, traidor, peregrino y Libertador, entre otras muchas cosas. Para Unamuno se trataba de “un desesperado consciente de su desesperación”; a Pío Baroja su historia le “producía un poco la impresión que produce a niños Guignol cuando apalea al gendarme y cuelga al juez. A pesar de sus crímenes y atrocidades, Aguirre me era casi simpático” (Las inquietudes de Xanti Andía). Ramón J. Sender, Giovanni Papini, Caro Baroja, Otero de Silva, el primer Fernando Savater, Abel Posse, fueron algunos de los muchos escritores y ensayistas que han tratado este fascinante personaje que después de la película de Werner Herzog tiene para nosotros el rostro delirante de Klaus Kinski; un rostro que no nos haría olvidar el ceñudo de Omero Antonutti (“Padre Padrone”) en la versión televisiva de Carlos Saura (El Dorado), más rica en medios pero muy inferior.
A pesar de que durante mucho tiempo, Aguirre ha figurado entre los “malditos” de la historia, nadie podrá subestimar el relato de alguien que recorrió el temible Amazonas dirigiendo a un grupo de hombres, todos vestidos con cosalete y su loriga, sin apenas dormir, navegando en balsas averiadas. Que llegó hasta el mar, guerreó contra las ciudades del rey Felipe II, al que declaró la guerra por injusto y felón, que creó ciudades y se hizo temer y respetar porque su fiereza y crueldad no conoció límites…
La conquista y la colonización de Latinoamérica fue una aventura llena de grandezas y miserias descomunales., Su objetivo fueron el oro, las posesiones y le conversión de un territorio gigantesco y erizado de dificultades. En su época, finales del siglo XVI, fue como un inmenso polo de atracción para todas aquellas personas que aspiraban a enriquecerse aunque fuera a costa de toda clase de sacrificios. No atrajo a los bien situados, sus protagonistas fueron principalmente los aventureros, soldados, plebeyos, desarraigados misioneros, perseguidos por la justicia… Gente que huía del medio que le circundaba y trataba de hallar algo distinto, la riqueza, el poderío, la influencia, y porque no, otra manera de vivir.
El protagonista inicial de esta aventura es don Pedro de Ursua que había conseguido que el rey le facilitara los medios propicios para emprender la conquista de la ciudad mítica de El Dorado —la encarnación poética de los tesoros indianos- según Ciro Bayo.
Ursua fue un capitán navarro, agraciado físicamente y con una gran voluntad emprendedora. Su tesón y su gran confianza en si mismo le creó amigos y enemigos. Llegó muy joven a la conquista pero pronto se destacó. Explorará con éxito los territorios de Nueva Granada (Colombia) y fundó las ciudades de Tudela y Pamplona. Después descubrió una mina de oro en el terreno de los indios “chitareros”, redujo a los indios “musos”. Sus éxitos y su seguridad levantaron ampollas y conoció grandes problemas en la región. Tuvo que escapar. Acudió entonces al virrey del Perú, D. Eduardo Hurtado de Mendoza, quien para probarlo le confió una expedición para reducir a los negros cimarrones que mandados por su rey Bayamo amedrentaban a las autoridades españolas. Mostrando su capacidad y su astucia, Ursua logró reducir al rey negro y traerlo encadenado al Perú. Como premio el marqués de Cañete le confió la misión de El Dorado.
Fue él el que la organizó y el que la inició. Tan seguro andaba que no dudo ni en alistar gente de lo más dudoso, ni de transportar a su amante, la hermosa criolla Inés de Atienza, una aventurera. Por ella, Ursua descuidó el mando y creó un clima de animadversión contra él entre los expedicionarios con los que se mostró arrogante e injusto.

Lope de Aguirre era de otro calibre. Era mayor (nació entre 1511 y 1515) y sólo había conocido frustraciones. No está clara su participación en la rebelión de Gonzalo Pizarro en Perú contra la corona, pero es indiscutible que esta experiencia fue para él decisoria. Alimentó después la convicción de que de haberse orientado bien podría haber “desnaturado” Perú de España. Castigado por el licenciado Esquivel, no se detuvo hasta que lo asesinó. Escapó pintado de negro cuando lo habían condenado a muerte. Participó en el complot de Sebastián de Castilla en Charcas. En 1559 se enteró que se otorga el perdón a los que querían acompañar a Ursua y aparece, entonces, acompañado de su hija Elvira para alistarse.
La leyenda de El Dorado quitaba el sueño a los conquistadores. Hasta los más satisfechos no dudaban que era cierta. Se creía que estaba en algún lugar al gran río Marañón o Amazonas. Aguirre prefería la primera denominación, por eso llamaba a sus soldados “marañones”.
Allí vivía el príncipe Dorado que, como se suele decir, nadaba en oro. El día del gran ceremonial de este pueblo desconocido, el príncipe era cubierto con láminas de oro. Todos los habitantes, todos los edificios rezumaban este preciado metal. Todo parecía posible y todo se ponía en el asador por este empeño mítico. Se ha dicho que el Dorado —palabra universalizada que designa la búsqueda de un tesoro incalculable e inexistente— existió, que fueron en concreto las Minas Geraes del Brasil que -hasta el siglo pasado- dio una grandiosa producción de oro y piedras preciosas. Pero lo cierto es que nadie encontró nunca el sueño de oro que proseguía a través del Amazonas y la indomable selva que le rodea tragándose a todos los que osaban profanarla.
Los expedicionarios se concentraron en Santa Cruz, al norte del Perú y en donde habitaban los indios motilones, que llevaban la cabeza rapada. Los expedicionarios no fueron precisamente seleccionados, se trataba de una soldadesca forjada en una aventura dramática e increíble en la que no habían conseguido mucho. Este “fluctuante e inquieta legión” alcanzaba la cifra de 300, aparte de ellos iban también una gran cantidad de indios —que murieron antes que nadie— y de sirvientes negros que además de hacer sus tareas, se dedicaban a cantar y danzar en la primera ocasión que se les presentaba. Se avenían mejor a un territorio que si se parecía a algún sitio era a África.

- Rio Marañon
Los comienzos de la expedición fueron plenos de dificultades. Lo que se buscaba -El Dorado- no estaba concretado de ningún modo. Casi todos los contactos con las tribus ribereñas fueron conflictivos. Nadie aportó ningún dato importante para avanzar en un sentido o en otro. Los grupos de soldados que salían para explorar las zonas que podrían aclarar el camino o que, simplemente, buscaban asentamientos para reposar y renovar las provisiones fracasaron una y otra vez. La selva iba mostrando su implacable hostilidad, durante días y días, la expedición pasaba hambre, calor y los ataques despiadados de mosquitos, tábanos y avispas, mucho más dañinos que los habituales en climas más benignos. Unos mosquitos chupadores picaban y morían cuando se hinchaban formando charquitos de sangre.
Los expedicionarios llevaban dos bergantines y tres chatas e iban todos “tan mal acondicionados, que al tiempo que los comenzaba a cargar se abrían “y se quebraban todos dentro del agua”, cuenta Francisco Vázquez el cronista de la aventura. El trabajo de carpintería y reparaciones fue impresionante, ni siquiera Aguirre en su apogeo criminal se atrevió a tocar a los que hacían este trabajo. La navegación por el río, un río en el que una orilla no se divisaba desde la otra —en un momento del viaje, el mar se cubre de mariposas que tras escapar precipitadamente de una orilla intenta llegar a la otra sin conseguirlo, el agua parece con sus cadáveres un inmenso tapiz multicolor—, zozobra de un lado a otro, superar escollos.
La muerte les rondaba por doquier. El calor era tan insoportable que tenían que ir casi desnudos. El hambre y las enfermedades hacían estragos entre los más desprotegidos, como los indios que venían de otras latitudes. Otras veces eran los ataques de las tribus que se defendían de los “castillas” y de sus desmanes. Disparaban cerbatanas impregnadas de curare, un veneno mortal. La selva era especialmente peligrosa. A veces algunos se perdían y no se les volvía a ver. Sus animales eran feroces. Un jaguar estuvo a punto de acabar con tres de ellos, un soldado y dos indios, eliminado uno tras otro por orden de su capacidad de armamento. Finalmente el arcabucero pudo matarlo. Los animales venenosos eran una plaga, vieron una araña enorme que cazaba pájaros para comérselos. Una pitón enorme y al parecer con cuernos, resultó que estaba tragándose un buey. Los monos y las tortugas sin embargo, eran como manjares. Pero los soldados y la tripulación tenían mala conciencia con matar monos. Les parecían casi humanos.
El Amazonas también estaba repleto de habitantes mortíferos. Descubrieron unos peces que no atacaban cuando el que caía no estaba herido, pero sí tenía el más mínimo rasguño lo dejaban como si nunca hubiera tenido carnes. Los cocodrilos formaban parte del menú, pero no era fácil cazarlos. Tenían que herirlos en lugares muy precisos. Parecían muy torpes, pero dejaban que se acercara un soldado, entonces daba un giro total y destrozaban al desconcertado cazador. Cuenta Vázquez, que en una ocasión mataron a uno que tenía una víbora viva en su interior, y que en el interior de ésta subsistía un sapo que todavía respiraba. Naturalmente, el escenario marcó profundamente aquella historia de ambición y muerte.

Lo hilos de la conspiración contra Pedro de Ursua se fueron tejiendo poco a poco. El valiente y altivo navarro –cuyos métodos nunca fueron limpios- estaba tan ensimismado en pasión que el negro que fue a avisarle de lo que se tramaba, no pudo hacerlo porque estaba enrollado con Inés. Sus planes eran bastante unilaterales en sus fines y medios, soñaba con ser el conquistador y el dueño del objetivo más alto y los privilegios que ya gozaban eran como una avanzada que humillaba a los más desheredados. Se granjeó notables enemigos por cuestiones falaces, que movidos luego por Lope de Aguirre, Zalduendo, La Bandera y Martín Pérez acabarían por asesinarlo.
Lo hicieron entre todos para que nadie pudiera echarse para atrás. Después hicieron lo mismo con sus amigos más fieles. Para todos ellos se trataba de un acto de justicia y planearon su justificación ante las autoridades. Pero Lope sabía que nadie los iba a creer, además tenía otro proyecto: completar la rebelión de Gonzalo Pizarro, volver al Perú, formar un gran ejército con los negros liberados, derrocar al virrey, confiscar todos los bienes y establecer un poder independiente del rey felón. No era una idea novedosa ni totalmente descabellada. Con ejércitos menos numerosos y aguerridos, hombres como Cortés y Pizarro habían realizado grandes conquistas. La idea de una independencia de España había cobrado fuerza desde que Felipe II proclamó las Nuevas Leyes de Indias en 1542 que suprimían el carácter hereditario de los logros de los conquistadores y algunos de sus privilegios. Las riquezas iban a parar a otras manos.
Los conspiradores nombraron general a Fernando de Guzmán, un joven de menos de treinta años y perteneciente a le nobleza. Lope de Aguirre fue nombrado maestre de campo, el segundo en orden jerárquico. Cuando llegó el momento de firmar el documento por el que se acusaba a Ursua del mal gobernante y de traidor, y en el que se ponía a disposición de la corona las conquistas por lograr, Lope de Aguirre puso al lado de su firma, traidor. Explicó entonces sus razones, criticó la ingenuidad de los firmante y les conminó para volver al Perú, aquel si que era un Dorado más veraz.
Los conjurados no estuvieron de acuerdo, aquello les pareció excesivo, Lope transigió esperando tiempos mejores. Quizás fue entonces cuando fue tomando conciencia que su voluntad y valor, su falta de escrúpulos le colocaba en mejores condiciones que cualquier otro.
Mientras que los demás se fueron perdiendo, superados por los acontecimientos —Fernando de Guzmán, inmaduro que trató de “padre” a Aguirre cuando éste acaba con él— por distraerse en otro asunto —Lorenzo de Zalduendo, perdidamente enamorado de doña Inés que decía “que la profesión de las mujeres en la conquista es como la de ella, la de enviudar”; Lope de Aguirre se fue creciendo. Era el único que apenas dormía, que iba protegido y armado siempre. Y sobre todo era el único que sabía muy bien lo que quería: conquistar el Imperio Marañón.
Como escribió Savater: “No hay resumen que pueda dar cuenta de la jornada que allí se inició. Fue un asombroso delirio de poder y muerte, un Macbeth tropical”. De manera implacable, Aguirre fue liquidando a sus enemigos. Cayó la infeliz doña Inés y después, uno por uno, todos los cabecillas de la rebelión: Guzmán, Zalduendo, La Bandera, hasta su fiel Martín Pérez que murió gritando ¡traición!, creyendo que el atentado era contra el mando de Aguirre. Un alemán por ser alemán, otro por replicar, otro por comer aparte, otro por torpe, etc.
La muerte a manos de dos negros, Carolino y Juan Primero, podía venir por cualquier cosa. Los verdugos actuaban obedeciendo una orden escrita en papel mugriento, sin conciencia exacta de lo que significaba aquello. Los indios que contemplaban aquel rito de muertes continuadas, debieron pensar justamente “sí eso se hace entre ellos, ¡qué no harán con nosotros!”.

El miedo era tal que todos los expedicionarios hablaban en voz alta porque el simple hecho de hablar bajo les hacía aparecer como sospechosos de Aguirre y su apiñado grupo de “fieles marañones”. En estas condiciones de dictadura total, pudo un día proclamar a don Fernando de Guzmán como príncipe para ser el rey del Perú al llegar allí. Utilizó el noble para que la expedición se olvidara del documento de justificación que había firmado y se decidiera de una vez de romper con la Corona española. Su fuerza fue creciendo y hasta el punto que pudo prescindir del “príncipe” y proclamarse el único dirigente de la empresa por el bien de sus “marañones” a los cuales prometía rehaces todas las injusticias y penalidades que habían sufrido como soldados de Felipe II.
Una vez en la cúspide el nombre de Aguirre comenzó a sonar y a atemorizar toda colonia. El mismo gustaba de epítetos grandilocuentes: cólera de Dios, caudillo del Imperio Marañón, etc.
A los “marañones”, Lope les parecía al fin y al cabo uno de los suyos, alguien que pensaba en ellos y que les prometía un destino. Recorrieron todo el Marañón, superando todo los obstáculos llegaron hasta el Atlántico. Bordearon la costa de Brasil, de las Guayanas y de Venezuela. Atacaron varios puertos y ciudades, se apoderaron de la isla Margarita (Guayana), engañando a los mandos que vivían a expensas de los indios y de los negros. Allí, Aguirre, volvió a destacar por sus crueldades y por su personalidad.
Al llegar al pueblo de Valencia, escribió una carta a Felipe II, al que consideró mucho más brutal y criminal que él. En ella le dice, entre otras cosas: “Acúsote rey que cumple haya toda justicia y rectitud para tan buenos vasallos como en esta tierra tienes, aunque yo, por no poder sufrir más las crueldades que usan estos tus servidores, virrey y gobernadores, he salido de hecho con mis compañeros cuyos nombres diré después de tu obediencia y, desnaturalizándome con ellos de nuestra tierra, que es España. Voy a hacerte la guerra más cruel que nuestras fuerzas pueden sustentar y sufrir, y esto cree, rey y señor, nos obliga a hacer el no poder sufrir los grandes pechos, apremios y castigos injustos que nos dan tus ministros, que por remediar a sus hijos y criados han usurpado y robado nuestra fama, honra y vida, que es lástima, rey, el mal tratamiento que nos ha dado”.
En la carta, un documento político revolucionario para su época. Aguirre arremete contra los crímenes de Felipe II, contra la corrupción de la Corte, contra la explotación de los conquistadores. También describe su viaje: “Sabe Dios cómo nos escapamos de este lago tan temeroso”. Y añade más adelante: “Si vinieran cien mil hombres ninguno escapa, porque la relación (de Orellana, su predecesor) es falsa y no hay en el río otra cosa que desesperar”. Al final, las fuerzas del monarca que no puede consentir su rebelión le cercan. Sus “marañones” le abandonan. Antes de morir, no duda en matar a su hija Elvira que tanto amaba porque no quería que quedara como la hija de un traidor Un acto que Valle Inclán retomará para concluir su Tirano Banderas. Muerto estoicamente su cuerpo será despedazado y distribuido, como muestra de escarmiento, por diversos lugares. Posteriormente será juzgado y condenado. Le quitaron a él y a sus herederos toda pertenencia, pero él ni estaba, ni tenía nada: ni siquiera herederos. El juicio fue a todas luces una advertencia contra otros posibles López de Aguirre.
Tachado de criminal, cierto es que sus crímenes no fueron superiores a los de otros conquistadores e ínfimos comparados con los de Felipe II. Como soldado y conquistador fue de los grandes. Como libertador de Latinoamérica fue un pionero. Así lo entendió Bolívar que consideró su carta a Felipe II como el primer grito libertario del continente. Siglos después, a pesar de sus barbaridades, la historia de Lope de Aguirre nos sigue subyugando.
* Este trabajo fue publicado en el dominical de “El Diario de Barcelona”, el 20 de julio de 1981.
























11 comments
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Junio 1, 2009 a 9:47 am
marioalvarado
Muy interesante el artículo. Como Aguirre, en aquellos tiempos muchos fueron los que reconocidamente o que se perdieron en la noche de los tiempos y el anonimato, fueron en busca de El Dorado. Uno que emprendió la aventura con las mismas vivencias terribles en la jungla que Aguirre fue Francisco de Orellana, quien es conocido por haber descubierto el Amazonas, pero la verdad es que el andaba por ahí buscando la mítica ciudad y el río pasó por su lado. Murió en la empresa. Todo está magníficamente bien relatado en el libro La Sombra que Pasa, de Hartzell Spence, y del que incluyo un breve comentario que copié.
Me queda una duda ¿fue Lope de Aguirre el mismo sobre el que hicieron el film Aguirre la Ira de Dios, con Klaus Kinski?
LA SOMBRA QUE PASA.
Hartzell Spence.
Ed. Acme Agency S.R..Ltda. Bs. Aires.
La biografía novelada de Don Francisco de Orellana, el tema de este libro; Orellana, descubridor del rio Amazonas, según el autor este conquistador fue difamado, Spence trata de reivindicarlo.
La sombra que pasa sintetiza los anhelos y ambiciones del conquistador español,
Pero sería avaro este comentario si reparara solo en ello; entre los muchos temas desarrollados en esta novela, que reflejan motivaciones y contradicciones de estos hombres cuyo único norte solo pretendía el hallazgo del “DORADO”, mito impulsor viviente fomentado por ellos mismos, ayudados por nativos, que ante crueles interrogatorios y para librarse de los mismo señalaban otros parajes y así
Sucesivamente, sin proponérselo fortalecían esta obsesiva creencia. No obstante estar escrita esta novela en 1947, conserva su vigencia debido a la fluidez de su narración abriéndonos caminos sobre antecedentes históricos de nuestras raíces, conclusiones que podrá extraer el lector atento y estudioso de los comportamientos humanos.
El libro define perfectamente el perfil del conquistador español; no obstante estar lleno de sutilezas que opaquen cualquier generalidad superficial, dejando bien establecido el rol depredador de la conquista: el afán de “llevar” en vez de “traer”
Estableciendo notables diferencias con conquistadores de otros continentes. Además de las crueldades, por todos conocidas y las miserias implícitas en una conquista empujada solo por la ambición personal, el deseo de riqueza rápida y ascenso social en el reino descrito en este periplo, Orellana sale indemme, en cuanto a nobleza se refiere; el autor le confiere rasgos de probada dignidad, victima de su propio destino y circunstancias históricas tal vez imposibles de revertir.
La Sombra que Pasa es un libro intenso e interesante, hoy adquiere singular vigencia a más de cuatro siglos de la conquista de nuestro continente, asociado a nuestros esfuerzos de países emergentes, como se dice hoy en día. Este tipo de libros nos traslada a la raíces a nuestro génesis histórico, muchas veces edulcorado con el barniz de los mitos, en desmedro de la verdad tan necesaria para el buen comienzo.
Sudamérica espera un futuro mejor, y este seguramente vendrá asociado al punto justo de equilibrio en una correcta interpretación de las fuentes que nutrieron su idiosincrasia. Resolviendo así, sin pasión los problemas actuales.
Junio 1, 2009 a 12:54 pm
Luis Irles
Querido Mario, tan interesante es el artículo como tu propio comentario. Efectivamente, fue el inolvidable Klaus Kinski el encargado de interpretar a Lope de Aguirre en la soberbia película de Herzog. En mi opinión, uno de los mejores films del director alemán.
La biografía novelada sobre Francisco de Orellana, cuya reseña nos remites, no lo conocía. Haré todo lo posible por conseguirlo, ya que confío plenamente en tu buen criterio literario.
Un fuerte abrazo,
Luis
Pd. En la sección de Música tienes un video dedicado. Confío en que la interpretación de Horowitz sea de tu agrado.
Junio 1, 2009 a 1:24 pm
Zachrison
La despedida de Lope de Aguirre, que figura al final de la carta que este “desesperado consciente de su desesperación” le envió a Felipe II es memorable:
“Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada, y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud,
Lope de Aguirre, el Peregrino.”
Magnífico artículo, como la mayoría de los que publican en su interesante blog.
Junio 1, 2009 a 10:19 pm
luis irles
Estimado Mario:
Te recomiendo leer (si lo encuentras por nuestros lares) el libro “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, escrito por mi paisano y premio nacional de literatura Ramón J. Sender.
También, me imagino habrás investigado algo de tu antepasado Don Pedro de Alvarado, de quien dejo una pequeña reseña histórica.
Pedro de Alvarado
(Badajoz, 1485-Guadalajara, actual México, 1541) Conquistador español. Tras haber participado en la ocupación definitiva de Cuba, se unió a la expedición de Hernán Cortés a México. El 8 de noviembre de 1519, ambos conquistadores entraban en Tenochtitlán, donde fueron recibidos por el rey azteca Moctezuma, quien los alojó en uno de los palacios de la ciudad.
Cuando Cortés salió a combatir a Pánfilo de Narváez, que tenía órdenes de deponerle del mando y apresarlo, dejó en la capital azteca una pequeña guarnición al mando de Alvarado (1520). Días después se celebraba la fiesta del Toxcatl. Alvarado sospechó que se preparaba una insurrección, y para evitarla atacó a los mexicas. Cuando Cortés regresó, después de haber derrotado a Narváez, decidieron abandonar sigilosamente la ciudad, pero en la retirada fueron acometidos por un gran número de hombres, en el episodio que se conoce como la Noche Triste.
En 1523, ya consumada la conquista, se dirigió a América Central al frente de un pequeño ejército, y se apoderó de Guatemala –donde fundó la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, en 1524– y El Salvador, una vez derrotada la resistencia del pueblo quiché. En 1527 regresó a España, y Carlos I lo nombró gobernador, capitán general y adelantado de Guatemala.
luis
Junio 2, 2009 a 5:40 am
Carlos Alvarado
Estimado Sr. Irles: Me ha llamado la atención su nota biográfica sobre Pedro de Alvarado, apellido que yo también comparto junto al destinatario de sus letras.
Mi propósito, al enviar este comentario a su excelente blog, es el de aportar algunos datos más sobre nuestro apellido. El primero de ellos tiene relación con su origen. Según especialistas en Genealogía y Heráldica, éste se remonta a los tiempos de la reconquista, procedente de ciertos caballeros de origen godo, que combatieron contra los moros del brazo de Don Pelayo. Otros cronistas señalan su origen en un caballero francés venido a España a visitar la tumba del Apóstol Santiago, y que se estableció en la merindad de Trasmiera. Su solar primitivo se fundó en el sitio de Secadura, en Cantabria. Se fue extendiendo con posterioridad en dos ramas fundamentales, la de Ogarrio y la de Colindres, ambas en Cantabria. Más tarde pasaron a los reinos de Aragón y Castilla; de la rama de Castilla pasan posteriormente a Extremadura, Andalucía y Canarias; y desde estas tres últimas, el salto hacia América. Tiene este apellido muy probada su nobleza desde sus orígenes, se encuentran sus pleitos y ejecutorias en casi la totalidad de las Ordenes de Caballería.
Por lo que se refiere al conquistador don Pedro de Alvarado, recomiendo vivamente el magnífico libro (1.336 págs. en 2 vols.) de José María Vallejo García-Hevia, “Juicio a un conquistador”, publicado el pasado año por Marcial Pons Ediciones.
Por último, quisiera destacar la importante obra artística que actualmente está llevando a cabo en España el pintor Eduardo Alvarado, cuya obra se puede visitar en la siguiente web: http://www.eduardoalvarado.com/
Le quedo sumamente agradecido por dar cabida a mis letras en su interesante bitácora.
Reciba mis más cordiales saludos desde Santander,
Carlos Alvarado
Junio 2, 2009 a 7:09 am
Ernesto
Un excelente trabajo, bien documentado, con interesantes referencias bibliográficas, entre las que personalmente me sumo a la de Ramón J. Sender, cuya “Aventura equinoccial de Lope de Aguirre”me parece fantástica. Igualmente coincidimos en la valoración de la película de Herzog y el trabajo de Klaus Kinski, cuyo rostro quedará como personificación del personaje.
En cuanto al perfil de los conquistadores españoles y sus modos de actuación, sería interesante que continuarás con un artículo sobre la figura de Pedro de Valdivia y el papel que desempeñó en la conquista y fndación de Chile como reino.
Como siempre, un placer y una lección magistral disfrutar de tu faro.
Un abrazo Luis
Junio 2, 2009 a 10:40 am
marioalvarado
Querido Luis Irles:
Una interpretación de Vladimir Horowitz SIEMPRE es de mi agrado, fue el pianista más grande del siglo xx, aunque debo conceder que sí, Artur Rubinstein estuvo a su misma altura. La personalidad de ambos es extremadamente opuesta y no me puedo extender al respecto, pero entre ambos, mantuvieron encendida la llama del Romanticismo en un siglo purista, prejuicioso, apegado a la nota escrita sin aceptar los aportes personales del intérprete, en el cual sólo se aceptaba a Bach, Beethoven y Brahms, además de los horrores de la música contemporánea, empezando por el Dodecafonismo y que probaron con amplitud que fueron todos experimentos estériles. El video que aparece en la sección de música del blog, y del cual se agradece la gentil y amable dedicatoria, corresponde al momento en que el pianista volvió a Rusia en 1986, después de haberla dejado en 1925 para no volver. Es un momento emocionante en la vida del maestro y la electricidad en el público se siente durante todo el concierto, afortunadamente ahora disponible en su totalidad en formato DVD, “Horowitz in Moscow”, para los interesados.
p.s. estoy en campaña para encontrar el libro de Ramón J. Sender que me recomiendas y que sin duda debe ser no sólo interesante, sino apasionante, de esos libros que uno comienza y no puede soltar hasta el final.
Junio 2, 2009 a 11:11 am
marioalvarado
En atención a la interesante referencia al apellido Alvarado de mi “pariente” español, Carlos, a quien saludo cordialmente, estoy absolutamente de acuerdo con la información que proporciona, y agrego algo más acerca el origen del apellido en España.
Pedro De Secadura, llamado “el Varado” debido a las dos varas que puso a modo de barandillas en el puente de maderos que construyó sobre el río próximo a su casa; c.c. ¿?. Hijos registrados:
Fernando SANCHEZ del VARADO, Señor de la casa de Alvarado de Secadura; famoso Capitán que ganó gran nombre en las guerras de Francia, sirviendo al Rey de Aragón y a su hijo el Príncipe Don Fernando; se distinguió también en la batalla de Prats del Rey, en Cataluña, dada contra el Condestable de Portugal el 28 febrero 1465 y en la defensa de la fortaleza de dicho Prats del Rey, que le confió el Príncipe, le armó caballero por su propia mano y le confirió poderes para que, a su vez, armase caballeros a los que lo mereciesen, por lo que puso en sus armas el lema:
Armóme, para que, armado
de nuevas armas, armase
a quien de ser se preciase
que sabe que me e preciado.
En Chile, el apellido comienza con don Juan de Alvarado, quien pasó antes por el Perú, don Pedro de Alvarado no fue el origen, el estuvo en México y Centroamérica principalmente.
Juan de Alvarado n. Burgos o en las montañas de Santander c. 1524, muere “a pedazos por los indios” en combate cerca de Cañete 1567; llamado el noble montañés; Conquistador; después de servir en Francia y Flandes pasó a Perú con el Presidente Pedro de la Gasca 1546; Presidente de la Real Audiencia de Lima; tomó parte en las alteraciones producidas en Lima por la rebelión de Gonzalo Pizarro, participando entre otros en la batalla de Jaquijahuana 1548 que puso término a dicha guerra civil; pasó a Chile como Alférez General de la expedición de Francisco de Villagra 1551; militó en Arauco; citado en La Araucana; a la jornada del Lago, fundador de Valdivia y Villarrica 1552; repoblador de Concepción hasta la toma por los indios 1555, en que se embarca con los sobrevivientes a Valdivia, donde no arriba por naufragio del barco en la Provincia de los Coronados; Regidor y Alcalde de Concepción 1555; Regidor de Osorno 1560 y 1564; Alcalde de Osorno 1562; Encomendero de Osorno 1561; rinde información de servicios 1562; c. 1555 casa con María de Collados. Hijos registrados:
Diego de Alvarado Collados n. Valdivia, muere en 1593; Capitán; avecindado en Castro con 300 (var. 800) indios de su encomienda, que lo acompañaron voluntariamente después del alzamiento general y destrucción de Osorno; renunció a su encomienda y pasa al asiento de la reducción de Calbuco; arma una compañía para la defensa de Chiloé, según información de Isabel Pérez de Berroeta, lo que no coincide con el hecho que falleció en 1593; Encomendero por dos vidas de los pueblos de Quicaví, Quelguy, Curahue y Tentén, con mil pesos de renta por título del Presidente Bravo de Saravia, de que se le despoja por dársela al Coronel Francisco del Campo; vecino de Castro 1567; casa con Mencía de Moraga Galindo y Ribera.
No quiero continuar con algo que sólo es de interés para mí, pero de la unión con doña Mencia descienden todos mis antepasados en Chile, y curiosamente, doña Mencia se casó tres veces, sus maridos muertos en las batallas de la Conquista, y mas de la mitad de Chile desciende de ella. La genealogía es interesante, pero tiene grandezas y miserias. Siempre, en todo caso, es bueno saber de dónde viene uno, y tengo la suerte de haber investigado mi origen hasta el primer Alvarado en Chile.
Por Dios, Luis, tu blog es cada día más inesperado y adictivo, es como una droga!
Junio 2, 2009 a 11:32 am
chrieseli
Wow. Intenso, muy descarnado. Lo he leído de principio a fin sin respirar.
Es por eso que este continente es extremo, sacro, egoísta, valiente, conspirador, emotivo y sobre todo único. Siempre me ha fascinado el arrojo sin medida de todos aquellos que vinieron con las patas y el buche a hacerse de las “mercedes del rey”, enfrentando lo inimaginable. Gente supersticiosa pero brava, ignorante pero decidida. Qué viaje, cuántas historias. Me encantaría poder mágicamente estar en la mente de esos conquistadores, mirando el mundo primigenio desde sus asombrados y avariciosos ojos. Me acordé de una escena de la película “1492″ con Gerard Depardieu. Esta historia, sin duda, supera cualquier ficción. Nuevamente, los personajes hacen uso de las personas y las personas se convierten en personajes. Me place no dejar de sorprenderme de esa constante.
Junio 4, 2009 a 2:14 am
fabián
Estimado Luis: sólo desatender tu tiempo con dos cosas: una y primera, felicitarte por la buena reseña, y dos, invitarte a (si tú quieres) ver el filme a partir de los links de la Fonda (te los dejo a continuación). Un gran saludo y esperamos fotos de la costa vuestra en otoño!!!!!!! (que nos agrada muy mucho la costa hermana chilena)
http://rapidshare.com/files/168948549/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part01.rar
http://rapidshare.com/files/168965820/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part02.rar
http://rapidshare.com/files/168980828/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part03.rar
http://rapidshare.com/files/168995382/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part04.rar
http://rapidshare.com/files/169008416/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part05.rar
http://rapidshare.com/files/169218434/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part06.rar
http://rapidshare.com/files/169218936/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part07.rar
http://rapidshare.com/files/169313926/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part08.rar
http://rapidshare.com/files/169297868/Santa.Klaus.Kinski.Aguirre.part09.rar
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Junio 4, 2009 a 12:29 pm
Luis Irles
Zachrison: Así es, una despedida digna de la personalidad de Lope de Aguirre ciertamente memorable. Gracias por tus letras.
Carlos Alvarado: Gracias por la información sobre el libro de José María Vallejo García-Hevia, “Juicio a un conquistador”, y por el link del pintor Eduardo Alvarado. Saludos.
Ernesto: Muchas gracias por tus palabras. Intentaremos seguir tu buen consejo publicando algún post sobre Pedro de Valdivia, otro personaje fascinante y muy respetado en Chile. Un fuerte abrazo.
Mario: Interesantísimo y bien documentado tu comentario sobre los orígenes de tu apellido en Chile… Como muy bien dices, siempre es bueno saber de dónde viene uno. Mil gracias por tus también ‘adictivos’ comentarios.
Chrieseli: Precioso comentario el tuyo, aunque me tiene algo intrigado tu constante atracción por los personajes que hacen uso de las personas y las personas que se convierten en personajes… ¿Lo he dicho bien? … Ya me lo explicarás más detalladamente –si lo deseas– en otra ocasión. Un abrazo.
Fabián: Te agradezco mucho las amables palabras que siempre has dedicado a este Faro. Y, por supuesto, también agradezco a esa acogedora Fonda el listado de links para ver la película de Herzog. Yo la tengo en DVD, pero siempre habrá –estoy seguro– alguien que se llevará una alegría. Respecto a las fotos de la costa chilena en otoño veré que puedo hacer. No manejo demasiado bien la Canon, así que lo mismo sigo tu ejemplo y te mando unos buenos links. Mis mejores deseos para ti, amigo.