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Hace ya algunos años, unos amigos míos mandaron a su hija, de diecisiete años de edad, a un campamento de verano; tenían la esperanza de que volvería cargada de trofeos por sus éxitos en natación. Pero sucedió que, a su regreso, observaron en ella una actitud distinta, una gran serenidad y una nueva costumbre: todas las noches, después de cenar, se retiraba a su habitación durante media hora. En cierta ocasión, su madre se asomó, y vio que su hija estaba sentada, con las manos en el regazo, contemplando la luz de una vela. ¿Qué estaba haciendo? La muchacha respondió que, sencillamente, meditaba, lo que le hacía sentirse más tranquila, en paz consigo misma y con el mundo. Era algo que miles de personas hacían todos los días.

Y así es, en efecto. Muchos de los que participan en esta búsqueda interior del conocimiento y la comprensión encuentran su inspiración en las técnicas para meditar de las grandes religiones de Oriente. Sin embargo, estas técnicas son apenas la prueba más visible. El arte de la meditación tiene más hondas raíces en nuestra cultura de lo que creemos. El diccionario define la meditación como “reflexión sostenida”, y también como “la constante aplicación de la mente a la contemplación de alguna verdad religiosa, misterio u objeto de reverencia”. También se emplea la palabra meditación para describir distintos estados de éxtasis que pueden originar ideas nuevas, innovaciones e incluso cambios de la personalidad. De una u otra forma, lo cierto es que tales actividades son tan antiguas y universales como el hombre.
“La meditación ha sido practicada en todo el mundo desde los tiempos más remotos”, escribía Aldous Huxley, “como la manera de llegar a conocer la naturaleza esencial de las cosas”. ¿Cómo proceden? Hay unas cuantas recomendaciones, casi universales. Para empezar, la persona que desea meditar con seriedad debe destinar a ello determinado momento diariamente, media hora, en que pueda gozar de absoluta tranquilidad. Es necesario hacerla consistentemente, porque los resultados son acumulativos y no se logran en la primera sesión. También es muy importante el lugar elegido para meditar. Según parece, mucha gente considera que una iglesia vacía es el sitio ideal. Otras personas que ya tienen experiencia en la práctica de la meditación también suelen buscar lugares donde puedan comulgar con la naturaleza: un bosque, una playa solitaria. Todos estos sitios satisfacen la condición de soledad y la necesidad de no sentirse encerrado.
Sin embargo, la actitud tiene mayor importancia aún. Después de todo, las distintas técnicas de meditación tienen por objeto lograr un estado de sinceridad, calma interior y autoconocimiento creciente. Pero nadie puede penetrar en las profundidades de su mente si ésta gira, alocada, como un remolino. De ahí los métodos aparentemente absurdos en lo que a postura y concentración se refiere, y que tienen por objeto calmar las preocupaciones diarias. Y, al parecer, dan resultado. No es indispensable sentarse en el suelo con las piernas cruzadas: puede uno hacerla en una silla de respaldo recto. Uno de los métodos de relajamiento más generalizados consiste en concentrarse en alguna de las funciones del organismo: el acto de respirar, por ejemplo.
Durante un breve e irrepetible período, un reducido grupo de artistas japoneses transformó el arte de la xilografía en uno de los más gloriosos movimientos de la historia del arte.

A principios del siglo XIX, cuando los importadores europeos de vajillas orientales recibían sus platos y vasijas envueltos en hojas de papel adornadas con imágenes impresas, sonreían ante las “bárbaras” figuras y las tiraban a la basura. Hasta que se presentaron grabados japoneses en color en la Exposición Internacional de Londres, en 1862, a la que siguieron otros certámenes oficiales en París y Nueva York, los amantes del arte en Occidente no captaron su valor intrínseco. Allí tenían una nueva manera de ver, un modo de evocar brillantemente una imagen mediante un mínimo de líneas espontáneas y macizas superficies de color, un medio de aprehender la intimidad y la naturalidad de la vida cotidiana. No cabía duda de que aquellas eran obras de grandes artistas.
Así empezó el idilio entre Occidente y las xilografías japonesas. Actualmente, un grabado japonés puede alcanzar un alto precio en el mercado del arte. Por ejemplo, en la década pasada, el valor comercial de grabados raros en buenas condiciones de conservación se ha multiplicado por doce, sin que el aumento haya llegado a su fin. Al mismo tiempo, por fortuna para los aficionados de pocos recursos, se pueden encontrar originales menos perfectos o menos raros por unos 250 euros.
El grabado en color floreció en el Japón sólo durante un breve período: de la década de 1740 a la de 1860. En esos años, aquella nación insular se hallaba herméticamente cerrada al mundo; los extranjeros tenían prohibida la entrada, y los japoneses no podían trasladarse fuera del país. La libertad estaba severamente reglamentada, e incluso una crítica indirecta de los gobernantes podía ser causa de arresto.
En semejante atmósfera, los habitantes de Tokio buscaban solaz en el barrio de las diversiones, Yoshiwara, que con sus casas de geishas y restaurantes desarrollaba una gran actividad comercial, y ofrecía a los habitantes de la ciudad una alegría pasajera como compensación de las somibrías frustraciones de la vida en un estado policíaco. Y de este mundo de placeres, embellecido por la luz de la luna y los capullos de cerezo, por canciones y vino y mujeres bonitas, el arte del grabado en color tomó su carácter y su nombre: Ukiyo-e, es decir, “Imágenes del mundo flotante”. Producido casi exclusivamente en Tokio por hombres enamorados de la ciudad y sus habitantes, fue un arte festivo e irreverente. Sus vívidas escenas de la vida urbana, sus paisajes soñadores, sus jóvenes amantes retozones, sus alegres reuniones en barcas, sus actores de entrecejo fruncido, pero, sobre todo, sus bellísimas mujeres, nos transportan a un reino luminoso y mágico.
Una xilografía es un triple milagro, el producto de tres pares de ojos y de manos. El artista, o diseñador, es el que marca la pauta. Inspirado por su musa, hace el boceto con tinta y pincel sobre una delgada hoja de papel. En seguida, el grabador o xilógrafo se lleva el dibujo al taller y lo traslada, invertido, a la lisa superficie de un bloque de madera de cerezo. Con un afilado cuchillo profundiza en la superficie de la madera dejando realzadas las líneas del dibujo. El impresor es quien dice la última palabra. Habiendo entintado el bloque con sumo cuidado, extiende sobre él una hoja húmeda de papel hecho a mano y ejerce presión sobre éste a través de una almohadilla, con lo que obtiene una imagen estampada, réplica del dibujo original.
Las modas son la apariencia y también una de las consecuencias de la manera de ser del hombre de cada época. En literatura últimamente parece tenderse a la evasión. A una evasión culta, a una literatura que no deja de escribirse con mayúsculas aunque para ello sea preciso revalorizar géneros que se subvaloraban. A esa tendencia que va ganando terreno pertenece la renovada afición por lo policíaco, por el escándalo real hecho ficción. Pero aún no se había dado de forma tan íntegra y deliciosa la inmersión creativa en ese terreno.
Hasta hoy, con Jerónimo Tristante y su novela 1969. Y no se trata de defender a ultranza esta manera de contar que tiene el joven escritor murciano –paisano mío por lo tanto–, aún menos oponiéndola a otras formas de hacer literatura, como la novela intimista, la novela de tesis. Sencillamente no puede negarse su personalidad, su razón de ser, su vigencia, su lugar en este mundo de la pasión escrita. Para él no hay maestros en los que se sienta identificado, pero sí pertenece a la tradición de los grandes artesanos de la fantasía, de los descubridores de mundos subterráneos y sórdidos, de los más verdaderos fabuladores.
En este excelente thriller, donde la trama principal es una investigación policíaca, Jerónimo Tristante nos sorprende con una original historia donde nada es lo que parece y lo que resulta más evidente a ojos vista termina por sorprender al lector más avezado. La ciudad de Murcia y sus habitantes en los años tardíos del franquismo: ese es el escenario que aparece en las páginas del libro.

Jerónimo Tristante
El personaje principal de la novela es Julio Alsina, un policía alcohólico abandonado por su mujer, que se enfrenta a un supuesto caso de suicidio: una mujer se ha arrojado desde el campanario de la impresionante catedral murciana. Sin embargo, la suicida resulta ser una prostituta de lujo que antes de ser arrojada al vacío ha sido asesinada. Alsina decide tirar de la cuerda y averiguar lo que se esconde detrás de este caso, a pesar de las reticencias de sus superiores. La investigación lo lleva a una localidad, La Tercia, donde Julio conoce a una vecina que, a pesar de la primera impresión, logra reavivar viejos sentimientos en él. Juntos se encontrarán con un pueblo consternado por otras desapariciones. Personajes reales o de pura fantasía que el autor descoloca de su lugar y su espacio para manejarlos a su capricho junto a otros seres originales y con el propio lector, que se ve obligado a participar obligatoriamente del pálpito extraño de Alsina.
Y, como se puede ir viendo mientras avanza la lectura, no se trata sólo de un montón bien ordenado de personajes cuya anécdota va más allá del papel de comparsas de una idea o de una fábula: tienen ellos mismos vida propia y son ellos la historia, convertidos en el pulso de la existencia en ese mundo provinciano anclado en medio de la huerta donde empieza a hacerse notar el llamado milagro económico, la irrupción de la televisión en los hogares, las luchas internas de los distintos sectores del franquismo, las primeras algaradas estudiantiles y la llegada del hombre a la Luna. Decorado de esta obra de intriga en la que Jerónimo Tristante nos plantea un gran misterio relacionado con uno de los eventos clave de la historia del siglo XX.
Los Geoglifos son expresiones rupestres que reflejan de buena manera, la gran odisea que debió vivir el hombre en estos parajes tan áridos; son únicos en su género en nuestro territorio y se encuentran desde el sector del río Loa por el sur, hasta el valle de Lluta por el norte; se observan también -y con características particulares- en la costa y sierra del área sur peruana.
![geoglifo Atacama[7] geoglifo Atacama[7]](http://dadaisforever.files.wordpress.com/2009/06/geoglifo-atacama72.jpg?w=399&h=268)
Las interpretaciones que podemos hacer de los geoglifos, sus significados o mensajes son testimonios del comportamiento de los grupos especializados de las sociedades andinas que se vincularon al tráfico regional e interregional; también es posible que respondan a sistemas de marcas o señaléticas alusivas a dicha movilidad, otros correspondan a verdaderos ritos alusivos como es el caso de la caravana o el de las chacras. Es posible relacionar algunos de esas figuras o conjunto de ellas a conmemoraciones de acontecimientos especiales, tal como lo hacemos en este tiempo.
En nuestra Región Tarapacá, enclavada en el desierto de Atacama, los hombres no fueron diferentes e indiferentes a esa necesidad de expresión, usando los recursos naturales, empleando las técnicas mas recomendables y probadas para crear temáticas que reflejaban la concepción ideológica del grupo y el grado de percepción que tenían del entorno natural y sobrenatural que les envolvía: para ello crearon el diálogo con las imágenes ya sea pintadas, grabadas o raspadas sobre las rocas o las arenas del desierto.
En nuestros valles de Lluta y Azapa se conservan ejemplos de esta tradición macro rupestre, con características de técnicas y de estilo muy particulares con relación a otras concentraciones, como en Aroma, Tarapacá, Pica, Huatacondo, Río Loa, Pintados, Soronal, etc. constituyéndose en el legado arqueológico-artístico más monumental que conocemos en el área.
La gran mayoría de ellos están realizados con la técnica extractiva. Son ejemplos de estos los de Cerro Sombrero en Azapa, en Santa Rosita cerca de Pica, Cerro Unita entre otros. Un grupo menor son los que están hechos con la técnica de adicción; es decir, acumulando piedras de tonalidades oscuras de origen volcánico a manera de mosaicos y que contrastan con un fondo más claro característico de cerros y pampas del desierto

El caso de los geoglifos del Cerro Sagrado -asociado a la ocupación Inca en el sector de Alto Ramírez en el valle de Azapa- se define por un conjunto de dos personajes, el mayor con atuendo o tocado sobre la cabeza y las figuras de lagarto y serpiente, junto a ellos resaltan llamas, aves, y otras figuras menores. El arqueólogo norteamericano Junius Bird en 1945 fotografió este conjunto donde se observa un corral en la base del cerro. Por allí pasaban los senderos que unían el valle con la costa, sorteando la quebrada de Acha, y alcanzar el sector de las cuevas al sur de Arica. Todo esto -junto a la aldea y cementerio Inka localizados por los arqueólogos locales en la década del setenta- ya no existe, salvo el panel con geoglifos, último testigo de una época perdida en el tiempo; lo demás, ha sido destruido por la soberbia y ambición humana, sin respetar mínimamente estos valores patrimoniales que nos pertenecen a todos. La gama de diseños es variada, representan animales domésticos y silvestres, insectos, pájaros, etc. La figura humana, se mantiene en un plano secundario, por lo menos estadísticamente.
Las Pictografías son las primeras expresiones gráficas que hicieron posible entablar ese diálogo entre los hombres y el mundo que les rodeaba, utilizando una variada gama de colores, preferentemente de rojos, ocres y amarillos, el negro y blanco.

Los sitios más interesantes en nuestra región se localizan en cuevas y aleros naturales en ambientes muy opuestos:
a.- En el ámbito costero como en Cueva del Inca en Arica, La Capilla en Caleta Vítor y sector desembocadura de la quebrada de Camarones
b.- En el ámbito andino en el entorno geográfico de la sierra de Arica como en Vilacaurani, Incani, Tongolaca, Yerbaguanane y, en Puxuma, Patapatane, Hakenasa, y otros recientemente descubiertos como Pampa el Muerto, Laguane, Chilpe, Sora, Itiza y Mullipungo.
Más hacia el sur, entre la quebrada de Camarones y el río Loa la situación se presenta diferente, solo algunas referentes aislados en Caillama en el alto de la quebrada de Suca y en las quebradas de Camiña, en Chusmiza, en Tambillos, al interior del oasis de Pica en los sitios de Tambillos y El Salto en Quisma, en Tiquina en la quebrada de Huatacondo y La Pillalla en la cercanía de Quillagua.
La tradición pictórica prehistórica marca una antigüedad significativa, desde el Período Arcaico Temprano en las tierras altas (6000-7000 a.C.) y Arcaico Tardío en la costa (3000 a 4000 a.C.), hasta el contacto europeo (1500d.C.). Los estudios realizados últimamente han concluido una continuidad de la tradición hasta nuestro tiempo, manifiesta en el arte pictórico religioso a partir de la Colonia (s. XVI) hasta el Período Republicano incluido.
Las pictografías de más al sur, en el contexto valles y oasis del sector Pampa del Tamarugal resalta “la caravana de camélidos encabezada por un chamán de color blanco” en el sitio El Salto en el valle de Quisma; en Camiña, en el sitio Chipiltiza, un panel geométrico con personajes jerarquizados en color negro y rojo resalta entre un conjunto de petroglifos diagnósticos de lo que debió ser el lugar, un centro ceremonial relevante.
Fuente informativa : Luis Briones – Universidad de Tarapacá, Arica
… Tristes somos aquellos que no hemos nacidos de los dioses
Teresa Wilms Montt
Teresa de las Mercedes Wilms Montt, nació el 8 de septiembre de 1893 en la ciudad de Viña del Mar, en el seno de una acomodada familia compuesta por Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba, y su señora Luz Victoria Montt y Montt. Dado el contexto social de la época, su instrucción estuvo a cargo de institutrices y profesores particulares. Cuando Teresa tenía 17 años, contrajo matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés. En los años siguientes (1911 y 1913) nacieron sus dos únicas hijas, Elisa y Silvia Luz.

A poco andar el matrimonio, comenzaron las desavenencias entre Gustavo y Teresa, principalmente debido a las molestias del primero ante la personalidad de su mujer, quien había comenzado a frecuentar tertulias y ateneos y se había adscrito a los ideales anarquistas y a la masonería. Gustavo reaccionó resguardándose en el alcohol y el juego; Teresa, por su parte, en su amigo y primo de Gustavo, Vicente Balmaceda Zañartu, El Vicho (al que se referirá más tarde en su diario como Jean). Tras numerosos conflictos conyugales, traslados y cartas de Vicente Balmaceda dirigidas a Teresa, Gustavo Balmaceda convocó a un tribunal familiar, el que decretó su enclaustramiento en el Convento de la Preciosa Sangre, al que ingresó el 18 de octubre de 1915 y del que escapó en junio de 1916 con rumbo a Buenos Aires, ayudada por Vicente Huidobro. Durante su estada en el convento, comenzó a escribir su diario, en el cual consignó sus sentimientos respecto a la pérdida de sus hijas, a su separación de Vicente Balmaceda y las motivaciones de su primer intento de suicidio el 29 de marzo de 1916.
En Buenos Aires, colaboró en la revista Nosotros, en la que también lo hicieron en su oportunidad Gabriela Mistral y Ángel Cruchaga Santa María, entre otros. También, publicó su primera obra Inquietudes sentimentales, un conjunto de cincuenta poemas con rasgos surrealistas que gozó de un éxito arrollador en los círculos intelectuales de la sociedad bonaerense. Lo mismo ocurrió con Los tres cantos, obra en la que exploró el erotismo y la espiritualidad. Dos años después de esta obra, tras viajes a Barcelona y Nueva York, volvió a Buenos Aires y publicó Cuentos para hombres que todavía son niños. En él, evocó su infancia y algunas experiencias vitales, en narraciones de gran originalidad y fantasía.
En la inquietud del mármol se publicó en Barcelona y constituyó una elegía de tono lírico, compuesta por 35 fragmentos, cuyo motivo central fue la muerte. Escrita en primera persona, enfocó su interés en el rol mediatizador del amor de la vida y la muerte. También publicó Anuarí, obra inspirada en un romance que mantuvo con un joven bonaerense que se suicidó. Además, en 1922 apareció Lo que no se ha dicho, en él, se incluyen “Páginas de mi diario”, “Con las manos juntas”, “Los tres cantos”, “Del diario de Sylvia” y “Anuarí”.
Luego continuó viaje por Europa, visitando Londres y París, pero manteniendo siempre residencia en Madrid. En el año 1920 se reencontró con sus hijas en París; pero tras la partida de ellas, enfermó gravemente. En esta crisis, consumió una gran dosis de Veronal y falleció el 24 de diciembre de 1921. En las últimas páginas de su diario, escribió: “Morir, después de haber sentido todo y no ser nada…”.
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Datos y fotografía extractados de los libros “TERESA WILMS MONTT: UN CANTO DE LIBERTAD”, de RUTH GONZALEZ-VERGARA, (Ed. Grijalbo-Mondadori y Random House Mondadori, 1993 a 2009, seis ediciones), y de “LIBRO DEL CAMINO, Obras Completas de Teresa Wilms Montt”, recopiladas, prologadas y comentadas por la misma autora. (1994-1995, dos ediciones).
La prestigiosa revista Science presenta los grandes misterios científicos no resueltos de nuestra época.

¿De qué se compone el universo? ¿Cuáles son las bases biológicas de la conciencia? ¿Puede el mundo continuar sustentando el crecimiento de la población y del consumo?
Celebrando su 125º aniversario, la revista Science reflexionó sobre algunas de las más importantes preguntas científicas, todavía sin respuesta, y ha analizado 25 de ellas para observar más de cerca lo que sabemos y lo que no sabemos sobre nuestro universo.
Preguntas como éstas nos muestran cuánto ha avanzado la ciencia en la explicación del mundo natural, y también impulsan los descubrimientos futuros, escribe el autor y periodista Tom Siegfried en una introducción a la edición de Science del 1º de julio, publicada por la sociedad científica sin fines de lucro AAAS.
En la edición especial, los editores de Science han identificado 125 “grandes preguntas” que los científicos todavía no han contestado. Más que un inventario general, esta lista es una muestra significativa de las principales preguntas que se presentan actualmente a la ciencia. El equipo de noticias de Science asimismo se ha concentrado en 25 de estas preguntas en una colección especial de ensayos.
“Actualmente, las preguntas científicas más profundas abordan algunos de los más grandes fenómenos del cosmos, así como algunos de los más pequeños. Puede que nunca lleguemos a contestar totalmente algunas de esas preguntas, pero al intentarlo, nuestros conocimientos y la sociedad avanzarán”, dice Donald Kennedy, editor principal de Science.
“Al celebrar Science su 125º cumpleaños, nos hemos dado cuenta de que el análisis de los principales misterios de la ciencia también refleja sus grandes logros”, agrega.

Fundada por Thomas A. Edison, Science debutó el 3 de julio de 1880, con 12 páginas de artículos sobre la posibilidad de ferrocarriles impulsados por electricidad, las últimas observaciones de la Pléyade y consejos a los profesores de ciencias sobre la importancia de estudiar el cerebro de los animales. Las ediciones de las décadas siguientes incluyeron artículos por Albert Einstein, Edwin Hubble, Louis Leakey y otras grandes mentes del pensamiento científico.
Con el transcurso del tiempo, la importancia de la cobertura de las ciencias y de las políticas científicas ha aumentado en la revista, según el editor de noticias de Science, Colin Norman.
“Los mundos de la investigación y las políticas científicas se han entrelazado, y cuando informamos sobre avances científicos, la distinción entre esos dos mundos es a menudo difusa. La sección de noticias de la revista es actualmente una sección para la totalidad de la ciencia, dirigida tanto a los científicos como a los encargados de formular políticas”, dice Norman.
Cuando Norman se incorporó a Science en 1981, él y sus colegas, basados casi todos en Washington D.C., escribían los artículos a máquina y enviaban las páginas terminadas al tipógrafo. Actualmente, los corresponsales de Science basados en todo el mundo envían sus artículos desde sus computadoras portátiles.
Para honrar el 125º aniversario de la revista, los editores de Science inicialmente tenían la intención de seleccionar sólo 25 preguntas que revelarían las brechas todavía existentes en nuestro conocimiento científico. Pero con la ayuda de la Junta Editorial Revisora y la Junta Editorial Principal, ellos compilaron más de 100 posibles preguntas que eran demasiado interesantes como para ser descartadas.
“Algunas de las preguntas eran naturales, simplemente fascinantes, a otras las elegimos basándonos en cuán fundamentales son – si el hecho de contestarlas contribuiría a ampliar el conocimiento en varias áreas de las ciencias. Algunas preguntas eran puntuales respecto a políticas sociales actuales, por ejemplo relativas al VIH o a los cambios climáticos”, dice Norman.

Por último los editores seleccionaron 125 preguntas para su lista y se concentraron en 25 que ofrecían posibilidades de respuesta – o al menos las metodologías para intentar responderlas – en los próximos 25 años. Estas 25 preguntas incluyen:
- ¿De qué está compuesto el universo? En las últimas décadas los cosmólogos han descubierto que la materia componente de las estrellas y las galaxias constituye menos del 5 por ciento de todo lo que existe. ¿Cuál es la naturaleza de la materia “negra” que compone el resto?
- ¿Cuál es la base biológica de la conciencia? En contraste con lo que declaró René Descartes en el siglo XVII respecto a que la mente y el cuerpo son entidades totalmente separadas, un nuevo punto de vista es que todo lo que sucede en la mente se deriva de procesos en el cerebro. Pero los científicos están recién comenzando a desentrañar estos procesos.
- ¿Por qué tienen los humanos tan pocos genes? Para gran sorpresa de los biólogos, una vez que se descubrió la secuencia del genoma humano a fines de la década de 1990, fue evidente que tenemos solamente alrededor de 25,000 genes – aproximadamente la misma cantidad que la planta Arabidopsis. Los detalles sobre la manera en que esos genes están regulados y cómo se expresan es una pregunta central en la biología.
- ¿Cuánto mas puede extenderse la expectativa de vida humana? Los estudios sobre ratones, gusanos y hongos longevos han convencido a algunos científicos de que el envejecimiento humano puede hacerse más lento, tal vez permitiendo a muchos de nosotros vivir más de 100 años, pero otros piensan que la expectativa de vida es más o menos fija.
- ¿Continuará Malthus equivocado? En 1798, Thomas Malthus argumentó que el crecimiento de la población humana sería inevitablemente controlado, por ejemplo por el hambre, la guerra o las enfermedades. Dos siglos más tarde, la población mundial se ha multiplicado por seis, sin las grandes catástrofes que Malthus predijo. ¿Podemos continuar evadiendo las catástrofes si adoptamos nuevos patrones de consumo y desarrollo?
La American Association for the Advancement of Science, es la sociedad científica más grande del mundo, y publica la revista Science (www.sciencemag.org).
AAAS fue fundada en 1848, y presta servicio a unas 262 sociedades y academias de ciencia afiliadas, constituidas por 10 millones de individuos. Science tiene la mayor circulación paga de todas las revistas científicas del mundo, con un millón estimado total de lectores.
La sociedad sin fines de lucro AAAS (www.aaas.org) admite a toda persona y cumple su misión de “impulsar la ciencia y servir a la sociedad” por medio de iniciativas relacionadas con políticas científicas; programas internacionales; educación científica; y más. Para ver las últimas noticias sobre investigación, ingrese a EurekAlert!, www.eurekalert.org, el principal sitio de Internet de noticias científicas, un servicio de AAAS.
La concesión en 1992 del premio Nobel de Literatura a Derek Walcott (nacido en la caribeña isla de Santa Lucía), planteó entre muchos críticos y estudiosos la formulación de la siguiente pregunta: ¿Es lícito incluir a los países antillanos, con abstracción de sus lenguas, en el marco de la cultura latinoamericana o, por el contrario, y apoyándose precisamente en el peso de sus idiomas, es pertinente remitidos a la cultura de la potencia metropolitana que los colonizó y en cuya lengua se expresan?

Esclavos negros en las Antillas, litografía de Deroy F. Biard.
En lo que respecta a países de las Grandes Antillas como Cuba, Santo Domingo (que, conjuntamente con Haití, conforman lo que habitualmente se denomina La Española) y Puerto Rico no habría ningún problema en este sentido, ya que los dos casos se confunden en un mismo origen: la unidad lingüística de las islas (salvo Haití) en relación con España y con todo el continente que habla el idioma castellano. Más difícil resulta en cambio “clasificar” socio-culturalmente a las demás islas, amparadas por intereses tan diversos como el británico (Bahamas, Jamaica, Barbados, Trinidad), el norteamericano (islas Vírgenes), el francés (Martinica, Guadalupe) y el holandés (Curaçao, Aruba), sin olvidar tampoco la influencia inglesa, francesa y neerlandesa en la Guayana continental. La herencia francesa, evidente en la conformación cultural de Haití, Martinica y Guadalupe, no riñe con la acepción de lo “latinoamericano”, aunque no ocurre lo mismo con las sociedades insulares pertenecientes a los ámbitos inglés y neerlandés. Existe, en efecto, una cierta actitud de rechazo por parte de algunos antillanos de lengua inglesa en ser incluídos bajo tal denominación, alegando la relativa incidencia del ingrediente “latino” en su cultura, aunque tampoco los asiste toda la razón al ampararse gregaria e incondicionalmente bajo el sospechoso rótulo de “West Indies”, de inequívoco origen sajón. Hace más de medio siglo salió al paso de dicho celo patrocinado por la política cultural inglesa el poeta cubano Nicolás Guillén cuando cantaba: “West Indies, en inglés. Y en castellano, / las Antillas … “

Derek Walcott, Premio Nobel 1992
Brian King, poeta antillano en lengua inglesa, resume el contenido de algunos de los temas dilectos de los escritores del área: “algo sobre Colón, Drake o Toussaint L’Ouverture”, es decir, las mismas motivaciones caras a muchos de los escritores latinoamericanos de la parte continental. A este respecto es necesario señalar el ejemplo de un libro como La pérdida de El Dorado, de V.S. Naipaul –triniteño de origen hindú que escribe en lengua inglesa, auténtico representante del vasconceliano “crisol de razas” –, que plantea una vez más el debate sobre la identidad cultural de las Antillas al tiempo que postula las afinidades –reales o eventuales- entre las sociedades insulares y continentales de América Latina. Se puede advertir fácilmente cómo dos de los temas más dilectos de la historia latinoamericana son recreados en esta obra a través de una lengua diferente a la española en la que inicialmente se expresaron: a) la leyenda de la ciudad del oro, gestada durante las jornadas de la Conquista y jamás agotada del todo, y b) la realidad de la lucha anticolonialista en los albores decimonónicos.
Otro escritor del Caribe, Alejo Carpentier, recreó a su vez y en forma magnífica el periodo político de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX en dos obras fundamentales, El Siglo de las Luces y El reino de este mundo, obras en las que, a través de la incidencia histórica, se da vida a dos de las figuras capitales de la idiosincrasia antillana: Victor Hughes, el transplantador de las ideas jacobinas de la Revolución Francesa al Caribe, y Henri Christophe, el rey negro que quiso hacer de Haití una variante tropical del fasto versallesco. No hay que olvidar tampoco que fue otra isla caribeña –Cuba- la que contempló la última batalla anticolonialista en 1898.
A las preocupaciones ideológicas y sociales es preciso agregar un factor determinante para comprender la identidad antillana: el común ancestro africano que subyace en todas esas comunidades y que se inició en una fecha exacta: 1517, cuando remesas enteras de negros fueron llevados como esclavos a las plantaciones de azúcar de las islas para acelerar su explotación. Ya en 1771 las consecuencias del tráfico rinden beneficios no sólo económicos sino culturales: la representación en Londres de la obra teatral El hombre de las Antillas conoce un éxito inusual y gracias a ella la sociedad londinense aplaude una versión edulcorada de su política racial.
























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