Canetti fue una de las apariciones más felices que se le presentaron al lector europeo cuando, en 1936, Reichner publicó en Viena, Leipzig y Zúrich Auto de fe, su ópera magna narrativa; un bildung-roman que entronca con toda una tradición germánica que termina en Kafka, de quien Canetti es enorme deudor, hijo directo.

Sin ser un escritor estrictamente moderno, su brillantez y su profundo rigor narrativo dan a su obra tal fuerza seductora que consigue prevalecer por encima de todo uso literario. En sus páginas no se hallan –por encendidas que sean en ocasiones– rasgos especiales de un humor o un dolido lamento como recursos descriptivos. Al revés, Canetti ofrece los tesoros de su memoria con la gravedad y con la fe absoluta de un solemne ceremonial. Escruta entre huellas y sombras de su interior depositadas como un extraño y misterioso tesoro, que no es bello ni esplendoroso, sino sobre todo turbador, desconcertante.
Elías Canetti nació en Bulgaria, en 1905, en el seno de una familia de judíos sefardíes. Su primera lengua será precisamente el ladino, castellano antiguo aún hablado en estas comunidades. En La lengua absuelta (primer volumen de su autobiografía, publicada en 1981 y que he vuelto a leer recientemente), reproducirá el período de su vida que va hasta los quince años. Desde su primera etapa –llena de colores vivos, como el rojo, y de miedos oscuros dibujados con una fiereza inusitada– en la ciudad de Rutschuk (Bulgaria), pasando por Manchester, Viena o Zúrich, reparte sus años nómadas, muy pronto huérfano de padre, en compañía de una joven madre culta y cosmopolita y de sus dos hermanos menores.
Rápidamente, en el Elías niño se perciben varios hechos fundamentales para su futura formación como escritor y como hombre que le llevarán a obtener el Premio Nobel de Literatura en 1981. Uno, es esa dispersa tradición judía, y en cierto modo universal aún dentro de sus estrechas fronteras, de la que proviene –en Rutschuk, pequeña ciudad donde nace, se hablan siete u ocho idiomas y “todos entienden un poco de cada uno”– entroncada en una cultura de cruces como la mitteleuropea. Otro, el principal y más decisivo, es el aprendizaje de la vida en que se educa a través de la relación –y gran amor desgarrado– con su admirada madre: “Ella me abrió las puertas del espíritu, y yo la seguí, ciego y entusiasta.” A lo largo del libro, y virtualizado en la gran escena final de tragedia clásica, el vigor de un carácter predominante e indirectamente conformador de acciones, conocimientos y sensaciones –con una experiencia del mundo y sus objetos violentamente sensual– como es el de su madre, brilla en un fulgor único, y representa dentro de esa expresividad teatral que ella deseaba en vida, un acto tras otro del diálogo ininterrumpido entre dos seres que se debaten con una sola idea fija: vencer la vida, derrotar por fin a la propia muerte.

Tumba de Elías Canetti
Esa madre que fluctúa entre el orgullo arrogante de una antigua familia provinciana y su apasionada universalidad, que se muestra despiadadamente aguda, displicente y burlona con todo lado débil de la existencia, dentro de su particular y desconfiada pedagogía de la vida, que aprecia el carácter por encima de todo, despreciando lo común y corriente, a la vez que critica cualquier erudición que adolezca de arbitrariedad y emoción, da realmente la verdadera medida de “vastedad” ante cualquier interlocutor: poder abarcar tantas cosas y tan contradictorias, sin miedo. Así, la obra y ellos mismos se convierten en el trabajo obstinado, múltiple y vehemente de la Capilla Sixtina que maravillara a Canetti: una suma de diálogos abismales que se expanden “sin reservas, en todas direcciones” (“Los libros y las conversaciones eran el corazón de nuestra existencia.”).
Como todo proceso poético, la autobiografía de Canetti parte de una confusa arbitrariedad de la experiencia íntima, hasta llegar a un estado, escrito, de arbitrariedad explícita y concreta. Esa búsqueda ardiente pero selectiva en su pasado no tiene nada que ver con la de Proust, aunque igualmente niegue el realismo llano y categórico de una crónica biográfica. La reconstrucción en este caso, también marcada por una relación discontinua de tiempo y acción, o de tiempo y espacio, responde más a una objetividad temporal y cronológica. Esto no quiere decir que el orden fijado diluya o “mate” la vida retratada, al contrario, la potencia y le da fuerza en su resurrección desde el cautiverio del inconsciente (palabra ésta que se negará y huirá “como la peste”). Si Baudelaire decía que “el tiempo se come la vida”, Canetti renace escribiendo este bello poema que crece, entre el misterio y el deseo, el azar y el hechizo de lo invocado, mientras miles de imágenes se vierten con una fluidez perfectamente controlada por su testigo más fiel y el que tiene en sus manos el nombrarlo, superando la escueta perspectiva pasional de todo recuerdo perdido y vuelto a recobrar, superando la constante amenaza de la muerte. Desde los primeros años, Canetti es criado enmedio del espanto y el horror de la muerte, entendida como “crimen”. Su padre muere inexplicablemente fulminado en plena juventud, el mismo día que se declara la primera guerra mundial. Su madre nunca nombrará la guerra como tal, sino como “matanza”, y él mismo sabe que sus futuras grandes obsesiones en tomo al género humano –el poder, la guerra– se reflejan en su principal enemigo: la muerte. Puede sentir de cerca las primeras visiones de unas “masas hostiles” –ahí donde se borra todo trazo de carácter– que se arrojan hacia la destrucción y matanza sistemática. Así, su obra se eleva como símbolo de la lucha contra el miedo a un “tiempo que mata”, y como símbolo de su propia e íntima inmortalidad: “Muchos de estos miedos los descubro sólo ahora, otros que no hallaré jamás, deben constituir el misterio que me hace apetecer una vida eterna.”
























11 comments
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Julio 19, 2009 a 2:43 pm
Henri Marchena
Reciba mi más sincera felicitación por esta notable crónica sobre Elías Canetti y su importante obra literaria.
Yo visité en 2001 el pueblo natal del Premio Nobel, así como gran parte de Bulgaria, y pude comprobar que todavía se aprecia una rica vida cultural judeo-española en aquél hermoso país, aunque, en la actualidad, sólo residen allí unas 4.000 personas de orígen sefardí. Sin embargo, hasta la década de los 40 existió una importante comunidad sefardita en Bulgaria, que aportó nombres muy relevantes a la cultura europea. Baste citar, además de Canetti, al pintor Jules Pascin, nacido en Vdin, a orillas del Danubio… De esta misma ciudad era también la familia de otro novelista judío mundialmente conocido: Stefan Zweig.
Saludos cordiales.
Julio 20, 2009 a 11:00 am
Javier Souvirón
Elías Canetti fue un hombre tremendamente lúcido que llegó a la consagración de su propia memoria. Yo comencé a interesarme por su grandiosa obra literaria cuando leí esta conmovedora frase suya: “Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, no se necesita mucho para hacer palpitar a ese corazón detenido.”
Julio 20, 2009 a 11:22 am
eva
el deseo de escribir estuvo siempre vivo en el alma de canetti. no se puede escribir si no se tiene la ilusión de hacerlo y mucha fe en lo que uno hace.
besos,
eva
Julio 21, 2009 a 1:26 am
Luis Irles
Henri, Javier, Eva:
Muchísimas gracias a los tres por los interesantes comentarios sobre Elías Canetti que han tenido la amabilidad de enviar a este faro. Comparto plenamente cada una de las palabras expresadas en ellos.
Un cordial saludo desde Chile.
Julio 22, 2009 a 10:27 am
NTI
Canetti’s works explore the emotions of crowds, the psychopathology of power, and the position of the individual at odds with the society around him.
Muy interesante lectura.
NTI – Prague
Julio 22, 2009 a 11:47 am
chrieseli
Qué apasionante búsqueda de vivir intensamente más allá del miedo a la vida misma. Extremo y conmovedor. Me inspira más que Canetti mismo, su madre. Legar la capacidad de análisis del medio más allá del medio per se me parece grandioso. ¿Tan distante estamos de esas generaciones que crearon el fundamento para nuestro pensamiento? Sorprende y apasiona un ejercicio que debió ser más o menos recurrente en el periodo entre guerras, precisamente cuando el ser humano mostraba su lado más vil, por otro lado, su lado más perfecto.
Julio 22, 2009 a 12:53 pm
Luis Irles
NTI: Thank you very much for your words and visit.
***
Querida Chrieseli: Son muchos los que piensan que esa apasionante búsqueda de vivir la centró Canetti, sobre todo, en la palabra. Al aceptar la herencia clásica, se colocó en la perspectiva de un trabajo de estilo, que era su regla como escritor. En ese trabajo del estilo, Canetti pretendió -en muchos de sus trabajos- sustituir la poesía como valor por la prosa como valor. Él llegó a decir que la prosa era tan complicada de producir como la poesía… Supongo que tú estarás de acuerdo con esa afirmación.
Un fuerte abrazo.
Julio 30, 2009 a 4:50 pm
Rebeca Maral
Todo escritor está necesariamente comprometido con algo y, sobre todo, con la propia creación. Se impone sus leyes y trata de ofrecer, del modo más digno, su punto de vista sobre el mundo. Así lo hizo el maestro Elías Canetti con una honestidad y lucidez extremas.
Saludos.
Julio 30, 2009 a 6:13 pm
Luis Irles
Gracias por comentar, Rebeca. Estoy absolutamente de acuerdo contigo.
Un cordial saludo
Agosto 29, 2009 a 4:33 pm
Alessandro Guarnieri
Qualche anno fa ho avuto la fortuna di usare come libro di testo, per un corso di Storia dell’Europa, il saggio di Elias Canetti, “Die Provinz des Menschen”. Lo storico, colpevole di aver una famiglia ebrea, era riuscito a sopravvivere al nazismo e alla guerra nascondendosi negli archivi. Pubblicò questo lavoro – il più importante della sua carriera – già nel 1948, solo tre anni dopo la caduta di Berlino e appena concluso il processo di Norimberga. Si tratta di riflessioni che oggi possono aiutare a individuare una strategia anti-egemonica.
Congratulazioni per il tuo interessante blog.
A. Guarnieri
Agosto 29, 2009 a 6:17 pm
Luis Irles
Molte grazie, amico Alessandro, per il suo interessanti parole su Canneti.
È veramente un piacere ricevere in questo blog le sue lucida idee, in particolare provenienti da Italia, paese per il quale ho una stima enorme.
Fino a pronti amici, e di nuovo grazie.