«No soy raro. Lo que sucede es que intento ser un actor, no una estrella de cine. No soy ni un joven rebelde ni un viejo rebelde, ni siquiera un rebelde cansado, sino simplemente un actor que trata de hacer su trabajo con el máximo de convicción y sinceridad.»
————————————————-—————————–Montgomery Clift

Mi primer recuerdo de Montgomery Clift va unido a la proyección del film Río Rojo, de Howard Hawks. Era una sala para cinéfilos ya desaparecida, por supuesto. Corría el año 1970 y una de mis inquietudes culturales era frecuentar cines de Arte y Ensayo recomendados por la revista «Turia» con sus calificaciones laudatorias. Río Rojo se proyectó junto a Hiroshima, mon amour, de Alain Resnais. Aunque era un gran admiradorde John Wayne, sin embargo me quedé impresionado por el trabajo de Montgomery Clift, que interpretaba en la película de Hawks al hijo de Wayne, un vaquero introvertido. Fue seguramente la profundidad psicológica del personaje, con su rostro atormentado, lo que me atrajo de este inolvidable actor.
Curiosamente Río Rojo fue el primer film de los 17 en que intervino Clift. Había nacido 7 de octubre de 1920 en Oklahoma (Nebraska). Hasta participar en el film de Hawks (tenía 28 años) Montgomery Clift ya poseía un amplia carrera teatral en Broadway, rechazando las ofertas que le venían de Hollywood. Pronto dos hechos –que posteriorente marcaron toda su carrera– influyeron en el actor. Por una parte su trabajo con Elia Kazan (le dirige en la obra de Thornton Wilder «The Skin of Our Teeth»), que le inicia en método del Actor’s Studio (Dustin Hoffman, Jack Nicholson, Robert De Niro y Al Pacino han confesado las influencias que recibieron de Clift). Y por otra parte una disentería que contrajo muy joven, cuyo tratamiento le puso en contacto con el mundo de los fármacos y las drogas.

A partir de la visión de Río Rojo mi interés por Montgomery Clift aumentó sustancialmente. Pero no era fácil acceder a alguna película más si no era a través de las reposiciones (éste era el caso del film de Hawks), sus pases por televisión o algún estreno tardío, como fue el caso de Freud, pasión secreta (Freud, the secret passion), 1962, de John Huston. Mi impresión fue enorme al ver el rostro desfigurado de Clift, que intervino en el film de Huston –bastante mutilado, por cierto– estando casi ciego, con una flebitis producida por el alcohol y las drogas, y después de varias operaciones de cirugía plástica para recomponer su cara dañada en un accidente automovilístico cinco años antes.
La otra gran película de Montgomery Clift fue Vidas rebeldes (The Misfits), 1961, también de John Huston. El médico le había diagnosticado una alarmante pérdida de memoria y de vista, con unas incipientes cataratas. Poco antes de comenzar el rodaje había sido internado en un hospital por una hepatitis aguda. Vidas rebeldes, además de ser un excelente film, es casi la crónica documental de tres seres a punto de desaparecer en la vida real. Clark Gable murió recién terminado el rodaje. Marilyn Monroe y Montgomery Clift lo harían pocos años después tras una vida marcada por la autodestrucción.
Junto a estos tres films, imposible olvidar La heredera (The Heiress), 1949, de William Wyler, a través de sucesivos pases televisivos, con un Clift que interpretaba a un cazador de dotes sin escrúpulos. Un lugar en el sol (A place in the Sun), 1951, de George Stevens, que supuso para el actor su lanzamiento de joven rebelde de la década de los años 50, como sucedió con Marlon Brando y James Dean, a la vez que con el film inició an amistad con Liz Taylor (aunque la productora propagó como reclamo publicitario la idea de un romance entre ellos, sin embargo su relación no pasó de tener un carácter materno-filial, dada la homosexualidad de Clift). Yo confieso (I Confess), 1953, de Alfred Hitchcock, donde interpretaba a un sacerdote católico que debe decidir entre desvelar un «secreto de confesión» o aceptar un crimen que no había cometido.

De aquí a la eternidad (From here to Eternity), 1953, de Fred Zinnemann, con un Clift de soldado individualista y rebelde, y con ocho Oscars que obtiene el film (Clift fue únicamente nominado). Estación Termini (Stazione Termini), 1954, de Vittorio de Sica, al que había conocido en un baile de disfraces al que le había invitado Luchino Visconti, film que supuso una incursión europea de Clift, aunque con producción independiente del norteamericano David Selznick, a partir de un guión del padre del neorrealismo italiano, Cesare Zavattini.
De repente el último verano (Suddenly, last summer), 1959, de Joseph L. Mankiewiz, repuesta hace años con todos los honores, film que aceptó interpretar por los ruegos de su amiga Liz Taylor, ya que se encontraba muy mal físicamente, abrumado por el alcohol y las anfetaminas. Vencedores o vencidos (Judgment at Nuremberg), 1961, de Stanley Kramer, con un corto papel que le valió ser nuevamente nominado para un Oscar, en el apartado de secundarios (hay que resaltar que Clift fue nominado en cuatro ocasiones al Oscar, no obteniéndolo nunca). Para finalizar su carrera con un flojo film, El desertor (L’espion), 1966, de Raoul Levy. Cuando iba a comenzar el rodaje con John Huston de Reflejos en un ojo dorado (Reflections on a golden eye), fue encontrado muerto por su secretario. La autopsia diagnosticó oclusión de la arteria coronaria. Clift tenía 45 años.
Mr. Arriflex
























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Septiembre 14, 2009 a 2:22 pm
Alejandro Marín
Montgomery Clift es sin duda una de las grandes leyendas del cine norteamericano, y uno de mis actores favoritos de todos los tiempos. En “Un lugar en el sol”, que considero una de sus mejores películas, destacó sobre todo por su gran trabajo escénico, su frágil sensibilidad y su capacidad para conmover a los espectadores.
Gracias por recordarlo en este excelente post.
Septiembre 15, 2009 a 7:08 am
C. Temboury
Amigo Luis
Decía Aristóteles que lo difícil es acertar porque la diana sólo tiene un centro. Se da el caso de que tú, con el contenido que logras reunir en tu blog, vienes dando siempre en el blanco. Esta entrada sobre Montgomery Clift es un ejemplo de lo que digo. Cualquier actor puede ser discutido. Pocos alcanzan, sin embargo, la categoría de mitos. Y eso es lo que ocurrió, exactamente, con este inquietante, vulnerable y atormentado muchacho de Oklahoma al que el destino le tenía reservado -como en la genial película de George Stevens- “un lugar en el sol”.
Te envío un fuerte abrazo
CT
Septiembre 15, 2009 a 11:20 am
Luis Irles
Estimado Alejandro. Querido amigo Temboury:
Comparto sin reservas vuestra admiración por Monty Clift, sin duda uno de los mejores “alumnos” que pasaron por el Actor’s Studio, y os agradezco muy sinceramente las cálidas palabras que dedicáis a este lejano faro.
Un fuerte abrazo para ambos,
Luis
Septiembre 16, 2009 a 8:37 am
fireinyoureyes
Recuerdo haber oído a mis padres hablar de este actor, creo que mi madre estaba perdidamente enamorada de M. Clift.
Me pilla un poco lejos su generación, pero me encanta el cine de esa época así que no dudaré en ver alguna de las películas que citas.
Saludos
Septiembre 17, 2009 a 9:20 am
Luis Irles
Hola, fireinyoureyes. Me alegra verte de nuevo por el faro.
No me extraña que a tu madre le gustara tanto este extraordinario actor, ya que despertaba una especie de ternura entre las mujeres de aquella época. Precisamente en su frágil y atormentada personalidad radicaba su enorme atractivo… Físicamente no era tan agraciado como James Dean, Rock Hudson o Marlon Brando –por citar sólo a tres actores de su generación– pero es verdad que tenía un magnetismo especial y, por encima de todo, era un intérprete excepcional. Te gustará cualquier película en la que aparezca Monty.
Un fuerte abrazo.
Septiembre 24, 2009 a 6:04 pm
fritzio
Nunca fui un cercano admirador de este actor maravilloso que, ahora con el paso de tanto galán y mamarracho, al fin ha quedado como eso, un actor que el cine siempre debiera recordar y revindicar, con la memoria, el homenaje, la vuelta a tantos, intensos, oscuros si se puede, personajes. Valga el paso, una vez más, por este faro, para encontrar cadencia y modo a otro ritmo de entender y visualizar la realidad, las realidades, los gustos y ¿por qué no? las pasiones como el cine.