“Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada”. Así se expresa Luis Buñuel en uno de los primeros párrafos de sus particulares “memorias”. Y de libros de memorias vamos a tratar hoy, especialmente, aprovechando la oportunidad de que dos de ellos –editados en 1982 y por un tiempo olvidados– han aparecido en un cajón de mi escritorio pidiendo a gritos su relectura. Son libros que adoptan formas muy distintas: desde la más pura y ortodoxa autobiografía al simple epistolario. Literatura en suma, en uno u otro caso, porque de eso se trata precisamente. Y es que la literatura es el silencio que resta tras los incidentes, grandes o pequeños, que conforman nuestra vida. Veámoslo.
Luis Buñuel: Mi último suspiro. Editorial Plaza&Janés.
Buñuel, su esposa Jeanne Rucar y su hijo Juan Luis (Estado Unidos, 1940)
“Yo no soy hombre de pluma. Tras largas conversaciones, Jean-Claude Carrière, fiel a cuanto yo le conté, me ayudó a escribir este libro”, confiesa Buñuel al inicio de sus “memorias”. Unas memorias en las que el último guionista del genial director aragonés parece haber tenido más peso del confesado, sobre todo en la valoración de las distintas etapas que, como director, atravesó el realizador de “Viridiana”. Así, la etapa mexicana –donde seguramente se encuentran las mejores obras de Buñuel– se minimiza en relación con la etapa francesa posterior, en la que Carrière desarrolló su trabajo como guionista. Aparte, el libro está redactado con voluntaria tosquedad, intentando reproducir el estilo cinematográfico característico de Buñuel, aunque aquí se nos da una traducción no siempre acertada del original francés. Y que el libro está escrito para un público no español se advierte continuamente, ya que muchas de las referencias o precisiones geográficas, históricas o biográficas, están de más para un lector hispano interesado en este tipo de literatura. No hay grandes revelaciones (quizás el intento de asesinato de Gala por Buñuel) y el tono decididamente trivial de la historia hace el resto. A destacar, eso sí, la sensación de verdad escueta que el texto comunica.
César Vallejo: Epistolario general. Editorial Pre-Textos.
Se recogen aquí doscientas treinta y siete cartas escritas por el inigualable poeta peruano César Vallejo a una veintena de destinatarios, destacando por su número e importancia las 117 dirigidas a Pablo Abril, diplomático limeño, las 14 a Gerardo Diego y las 39 a Juan Larrea. Este epistolario, calificado de “general”, abarca el período que va desde 1915, cuando el poeta tenía poco más de veinte años, a 1938 (la última carta está fechada el 14 de febrero; el poeta moriría el 15 de abril), y nos ilustra suficientemente sobre la vida de un hombre que ha de quedar indeleblemente fijado en la memoria de quienquiera que haya leído sus poemas. Nos ilustra sobre su vida y sobre un destino, demasiado común, abocado a la miseria y a la indiferencia, a las que sólo se intenta poner remedio cuando ya es tarde: tras la muerte del personaje, único y definitivo acto con el que consigue atraer la atención general que antes había demandado inultilmente. Esto es en el caso de que el artista (generalizando) haya logrado expresarse por medio de un arte accesible a los demás, cual es el caso de César Vallejo, ya que en el caso contrario ni el gesto habrá de servirle de gran cosa. La mayor parte de las cartas son, pues, gritos de dolor, demanda de ayuda, algún gesto de resignación: el rostro oculto de la tragedia expresado en los poemas, tragedia que en las cartas se presenta mezquina, trivial, fingida incluso algunas veces. Hasta el punto de que preferiríamos no conocer esa cara de la moneda. Pero ahí está, como contrapunto y enriquecimiento.

























5 comentarios
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abril 28, 2010 a 9:58 am
chrieseli
Se me antoja, mi querido Luis, que las biografias exorcisan demasiado a los personajes y dejan muy desnudas y simplificadas a las personas. En el camino, perdemos la distancia, analizamos fria e impersonalmente al ídolo y racionalizamos mucho su arte. ¿Se pierde la magia? ¿Se desmitifica al icono? ¿Se pierde o se gana con la biografía?
Un gran abrazo, desde el sur congelado de esta patria delgada y contrastante.
abril 28, 2010 a 10:34 am
Claudia Ibañez
Parece que la mayoría hablamos de libros hoy! Qué grata coincidencia, al menos para mí!…enterarse de libros que uno no conoce o de los que uno supone que existen (como las biografías de un personaje destacado) y aún no ha leído. Otra entrada enriquecidora Luis…y yo, priorizo la de Vallejo. No por algo en particular, pues se trata de dos valiosos genios sin duda alguna…pero Vallejo siempre me llega más hondo. Tal vez porque como dice Cortez en una canción, uno pasó parte de su adolescencia “bebiendo a Pablo Neruda, Bebiendo a César Vallejo”. Un abrazo, y gracias por la entrada!
abril 28, 2010 a 1:28 pm
Luis Irles
Tal vez tienes razón respecto al tema de las biografías exorcistas, mi querida Chrieseli. Pero existe un género que, a mi juicio, se aleja todavía más de los personajes y simplifican definitivamente a las personas. Se trata del “libro de conversaciones”, que tiene siempre el mismo objeto: una figura de las artes, las letras, la política, etc., susceptible de atraer al público lector, responde a la incitación de otra figura, menos conocida, que elabora el material resultante de una serie de conversaciones mantenidas entre ambos. Los resultados casi siempre son insatisfactorios, por dos motivos obvios: ni la figura principal toma con verdadero interés el programa (caso contrario escribiría él mismo sus memorias) ni la secundaria está a la altura de la empresa (caso contrario optaría por la redacción de un estudio o biografía). Un ejemplo de lo anterior es “El olor de la guayaba”, que sirvió, si acaso, como primera aproximación a la vida de García Márquez, de quien ya teníamos más y mejor noticia con anterioridad (cf. el estudio de Vargas Llosa).
Me he extendido demasiado. Lo siento.
Un cálido abrazo para el frío otoño sureño.
* * *
No está nada mal hablar de libros, estimada Claudia. Y no me extraña nada que la figura de César Vallejo te interese más que la de Buñuel –también a mí me ocurre– a pesar del enorme talento del director español. Las cartas del poeta peruano vino a presentarnos una imagen distinta, por lo trágica, de la que se nos había ofrecido hasta entonces. El libro epistolar de Vallejo tiene un indudable interés en sí mismo (incluso en el terreno psicoanalítico), aparte del interés que le añade la personalidad de este extraordinario poeta, una de las figuras más importantes de la literatura hispanoamericana de todos los tiempos.
Gracias por tu visita. Un abrazo.
abril 29, 2010 a 5:40 am
MK
Ciertamente no era ‘hombre de pluma’ Luis Buñuel, aunque sí de cámara; y es por eso que no deja de tener interés –sobre todo para los cinéfilos– su libro de memorias.
César Vallejo es otra historia. Las cartas publicadas en este ‘Epistolario general’ son dramáticas, conmovedoras, dolorosas… como lo fueron gran parte de su geniales poemas. Yo les recomiendo, si me lo permiten, una de las piezas fundamentales en la interpretación y análisis de la obra vallejiana: se trata del libro de Américo Ferrari ‘El universo poético de César Vallejo’. Es, por una parte, un estudio de las claves del pensamiento poético del autor de ‘Trilce’ y, en segundo término, la consideración del aspecto formal, la técnica y sus vínculos con el universo descrito previamente.
Muchas gracias por su atención,
MK
abril 29, 2010 a 1:23 pm
Luis Irles
Muchísimas gracias por tu interesante recomendación, MK. No conocía el libro de Américo Ferrari sobre César Vallejo, aunque curiosamente conservo un poemario de este ensayista y también poeta peruano. Se trata de El silencio de las palabras, editado en Cuadernos del sur, Publicaciones de la Librería Anticuaria el Guadalhorce de Málaga.
Respecto a la obra que citas, ya tengo ubicado un ejemplar de la editorial caraqueña Monte Avila Editores, publicado en 1972.
Gracias de nuevo por tu cortesía. Saludos.