Con menos tráfico de vehículos en sus calles –a causa de las recientes restricciones aprobadas por las autoridades– Pekín o Beiging, “la capital del norte” con más de tres mil años de historia, aún conserva esa magia secreta y misteriosa de las antiguas civilizaciones; la impronta que dejaron los emperadores de la dinastía Ming se confunde con las enormes construcciones del realismo socialista y ve ahora florecer modernos rascacielos, puentes, autopistas y estaciones de ferrocarril, como consecuencia del lema de la nueva China “un país, dos sistemas”.
La primera visión que tiene el viajero al llegar a Pekín es la de una urbe colosal e inabarcable que necesitaría semanas para conocerla a fondo. Ya Marco Polo, en su libro Notas de Viaje, la describía como “la ciudad más grande, más hermosa y próspera del mundo”, durante la época de Kublai Khan, cuando entonces se llamaba Jambalic. Todavía sigue siendo irresistible, pero en sus calles coexisten hoy los monumentos que ensalzan las glorias del comunismo, con bulliciosas hamburgueserías e imponentes bancos.
La huella del pasado se ve aún reflejada en los estrechos y abigarrados callejones o hutones, el hábitat común de los pekineses hasta hace bien poco. Articulados en torno a un patio, de tejados ondulados y paredes de ladrillo gris, al callejear por estos pasadizos –a los que muy pocos viajeros se acercan– uno tiene la sensación amarga de que una forma de vida está a punto de extinguirse. Cada día una manzana o un barrio entero desaparece bajo la piqueta mientras crece aceleradamente la ocupación de pisos y apartamentos.
Pero Pekín cuenta con suficientes lugares que justificarían por sí solos una visita, como el parque de Tientan, presidido por la arquitectura aérea del Templo del Cielo, una única y original estructura cónica de edificios ceremoniales con sus tejados de azulejos de color azul, que fue el emblema de la Olimpiada de 2008. En el centro nos aguarda una impresionante explanada de 40 hectáreas, la Plaza de Tiananmen o de la Paz Celestial. Considerada como la más grande del mundo, Tiananmen es una tremenda plancha de cemento rodeada de edificios de dudoso gusto, aunque al menos está limitada al norte y al sur por dos joyas, la Ciudad prohibida y la Puerta Frontal, el único resto de la muralla que defendía Pekín en la antigüedad. Y a ambos lados, las muestras de la estética revolucionaria: los Museos de la Revolución y de la Historia de China y la Gran Sala del Pueblo, que junto al monumento a los Héroes de la Patria y el Mausoleo de Mao rinden tributo arquitectónico al realismo socialista.
Tras cruzar bajo una foto gigante de Mao se llega al Palacio imperial, más conocido como la Ciudad Prohibida, desde donde 24 emperadores –el último de ellos fue Pu Yi, que la abandonó en 1911– gobernaron un imperio cuyas proporciones ignoraban. Un muro de 10 metros de altura rodeado de un foso dan cabida a un recinto que cuenta con más de 9.000 salas y habitaciones distribuidas en diferentes edificios. El visitante queda fascinado tanto por sus dimensiones como por la sucesión de edificios –entre los que destaca el Palacio de la Suprema Armonía– con sus tejados de color rojo, en los que se pueden admirar oros, mármoles, maderas nobles, esculturas y piedras preciosas. Para hacemos una idea de su magnitud, el lugar que daba cobijo al Hijo del Cielo, que desde el Trono del Dragón ordenaba en todos los confines de China, necesitaba más de cinco mil cocinas para dar de comer a la emperatriz, las concubinas, los eunucos y los incontables funcionarios imperiales que vivían entre sus murallas.
Si queremos relajamos después de semejante impacto artístico y visual nada mejor que un paseo por el Palacio de Verano. Situado a veinte kilómetros del centro y rodeado de lagos, es un bello recinto en el que abundan templos y pabellones. A este lugar, donde los emperadores pasaban los meses estivales, acuden hoy miles de pekineses con sus hijos a tomar un refresco, dar un paseo en barco y disfrutar de sus jardines.
Una cena a base de pato laqueado, la especialidad culinaria por excelencia de la capital, y la asistencia a un espectáculo de ópera china, son también citas obligadas cuando se visita Pekín, a la que ya algunos califican como “la utopía del caos”, una urbe poderosa, cargada de misterio y de emociones contrapuestas, obligada por su pasado y su futuro a dar el gran salto adelante.


























9 comentarios
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junio 19, 2010 a 1:27 pm
Ignacio Linde
La lectura de esta excelente crónica sobre Pekín me hizo recordar mi estancia en aquella increíble ciudad, a la que viajé para asistir a los Juegos Olímpicos del 2008, que por cierto se ganaron la admiración de todo el mundo gracias a su exitosa, espectacular y perfecta organización.
La capital de China resultó fascinante para mí, al igual que Shangai y otras ciudades de aquel gigantesco y hermoso país que tuve la oportunidad de conocer. Las Olimpiadas mostraron definitivamente a Occidente la imagen de una China moderna en la que el país se ha situado como una de las primeras potencias mundiales.
Saludos cordiales.
junio 20, 2010 a 6:48 am
Juan Carlos
Es enorme la cantidad de lugares interesantes que hay para visitar en la capital de China. Yo también estuve en los Juegos Olímpicos y, el pasado año volví nuevamente por motivos de trabajo. El tiempo libre que tuve lo dediqué a recorrer una ruta muy visitada por los turistas (la Ciudad Prohibida, la Plaza de Tiananmen, el Templo del Cielo y el Palacio de Verano), pero no me perdí las Tumbas Ming, el jardín de Daguanyuan o la caverna del hombre de Pekin.
Como amante de los libros también acudí al Puente de Marco Polo, quince kilómetros al suroeste de la ciudad, y fue toda una experiencia para mí. También me maravilló La Ciudad Subterránea, construida durante la Guerra Fría, en la década de los 60, para defenderse de un hipotético ataque ruso, la ciudad tiene casi 100 entradas, todas ellas en un principio secretas, pero que ahora forma parte de las atracciones turísticas de Pekín. En los túneles que se construyeron hay ahora tiendas, restaurantes y otros locales.
Recomiendo a las personas que puedan permitírselo un viaje a aquel inmenso y atrayente país, cuna de una cultura milenaria y donde conviven la tradición y la modernidad.
Enhorabuena por su blog. Un saludo desde Santander.
junio 20, 2010 a 1:42 pm
Biridian
Según las estadísticas elaboradas últimamente por diversas asociaciones de Agencias de Viajes, China empieza a ser uno de los destinos más demandados por los españoles cuando deciden viajar al extranjero. Y es que este viejo enclave histórico imperial propone un emocionante viaje de norte a sur que permite disfrutar Beijing con su Gran Muralla, el ejército de Xian, los arrozales de Guilin o los templos de Hangzhou.
Todo viaje tiene que incluir una visita a la capital de la República Federal China, antes conocida como Pekín. Se dice que la capital china es, con sus más de once millones de habitantes, la ciudad del mundo que más ha cambiado en menos tiempo. Ofrece más de 200 atracciones turísticas, muchas de ellas verdaderamente excepcionales.
Excelente y bien documentado artículo.
junio 20, 2010 a 4:18 pm
Claudia Ibañez
Qué magnífica crónica Luis. Lo que nos llega de Oriente, es todo a través de los medios, al menos a mí, que todavía no he podido llegar (ya será algún día) y relatos como el tuyo ayudan…y mucho. China (al igual que Japón) tienen una cultura milenaria y rica en todos sus aspectos. A la distancia y sin conocer, a uno le parece que pierden y ceden sus tradiciones a la invasión de la cultura occidental…pero es bueno, gracias a relatos como el tuyo, ver que no es tan así, y que son ciudades que logran modernizarse sin perder su historia, ni sus tradiciones, por las que aún valen la pena conocer esos lugares. Un abrazo fuerte y Gracias por compartir tu conocimiento!
junio 20, 2010 a 11:29 pm
sinBalas
Luis, me gusta viajar se aprende, también conocer leyendo, estando tan cerca nunca pude visitar China, pero sin lugar a dudas China ha recibido un fuerte cambio, no solo en su estructura económica, sino en influencias de otros continentes que ha sabido combinar y acoplar abriendo sus mercados al mundo. Muy bien por China y su pueblo, gracias por el recorrido, debo también destacar las excelentes fotos gracias por este aporte
junio 21, 2010 a 6:40 am
pipermenta
Debe ser increíblemente enriquecedor encontrar una ciudad tan contradictoria como la que describes. Las nuevas tecnologías se dan la mano con los cultos ancestrales. Un mundo tan diverso y variopinto, que dan unas ganas tremendas de conocer. Gracias a tus textos hoy el mundo nos recoge toda la sabiduría de forma más cómoda e instantánea. Japón es una de mis ciudades favoritas. Ese viaje con el que todos soñamos algún día, visitar.
Gracias amigo por este interesante viaje.
Un abrazo.
junio 21, 2010 a 12:25 pm
Luis Irles
Ignacio, Juan Carlos, Biridian, Claudia, sinBalas, pipermenta:
Me alegro de que les haya gustado esta crónica sobre la ciudad de Pekín. Como supongo que les gusta viajar, les aconsejo que no guarden todavía sus pasaportes, sigan descubriendo mundo y visiten más pronto que tarde ese fascinante país que es China… Y si ya la conocen, vuelvan otra vez antes de que el yuan sea revaluado.
Un saludo cordial a todos y todas y gracias por entrar en este faro.
junio 23, 2010 a 11:06 pm
sinBalas
Luis Maestro ¿qué es el yuan? perdonen a un viejito de 89 años que no entiende.
junio 24, 2010 a 11:22 am
Luis Irles
Te ves muy bien para haber cumplido los 89, sinBalas… Ya me contarás el secreto de tu bien llevada longevidad.
Bueno, mi risueño amigo, como imagino que a pesar de la edad sigues conservando el interés por adquirir conocimientos, acá está la respuesta –via Wilkipedia– a tu pregunta: El yuan es la unidad monetaria de la República Popular China. Su nombre oficial es renminbi (chino simplificado: 人民币, chino tradicional: 人民幣, pinyin: rénmínbì) que significa la “moneda del pueblo” y es emitida por el Banco Popular Chino. El yuan (圓, 圆, yuán, informalmente 元 e internacionalmente ¥) se fracciona en diez jiao (角) y cada jiao se divide en diez fen (分).
Saludos cordiales.