De L’Anus solaire:
Está claro que el mundo es puramente paródico, es decir, que cada cosa que miramos es la parodia de otra, o incluso la misma cosa bajo una forma engañosa … todo estaría visiblemente ligado si se abarcara con una sola mirada el trazado, en su totalidad, que deja un hilo de Ariadna, conduciendo el pensamiento en su propio laberinto … Se esforzarán en buscarse ávidamente unos a otros: nunca encontrarán más que imágenes paródicas y se dormirán tan vacíos como los espejos.
[...]
Los sistemas planetarios que giran en el espacio, como rápidos discos y cuyos centros se desplazan igualmente describiendo un círculo infinitamente más grande, se alejan continuamente de su propia posición para volver a ella acabando su rotación. El movimiento es la figura del amor incapaz de detenerse sobre un ser en particular y pasando rápidamente de uno a otro. Aunque el olvido, que así lo condiciona, no es más es más que un subterfugio de la memoria.
De Le pouce du pied:
Aun cuando dentro del cuerpo la sangre fluye en igual cantidad de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, se ha tomado el partido de lo que se eleva y la vida humana es considerada erróneamente como una elevación. La división del universo en infierno subterráneo y en cielo completamente puro es una concepción indeleble. El barro y las tinieblas son los principios del mal del mismo modo que la luz y el espacio celeste son los principios del bien: con los pies en el barro pero con la cabeza cerca de la luz, los hombres imaginan obstinadamente un flujo que los eleva sin retorno en el espacio puro. La vida humana implica de hecho la rabia de ver que se trata de un movimiento de ida y vuelta, de la basura al ideal y del ideal a la basura, una rabia que resulta fácil dirigir hacia un órgano tan bajo como un pie.
De La littérature et le mal:
PREFACIO
La generación a la que pertenezco es tumultuosa. Nació a la vida literaria en los tumultos del surrealismo. En los años que siguieron a la primera guerra mundial existió un sentimiento desbordante. La literatura se ahogaba en sus límites. Parecía que contenía en sí una revolución.
Estos estudios, cuya coherencia se me impone, los compuso un hombre de edad madura. Pero su sentido profundo se vincula con el tumulto de su juventud y son en realidad su eco ensordecido. Para mí, resulta significativo que se publicaran en parte (por lo menos en su primera versión) en Critique, esa revista que logró crédito gracias a su seriedad.
Pero debo advertir aquí que si en algunos casos he tenido que volver a escribirlos, se ha debido a que, al persistir los tumultos en mi espíritu, al principio sólo había podido dar a mis ideas una expresión confusa. El tumulto es fundamental; es el sentido de este libro. Pero es tiempo ya de alcanzar la claridad de la consciencia.
Estos estudios responden al esfuerzo que he venido realizando para desentrañar el sentido de la literatura… La literatura es lo esencial o no es nada.
El Mal –una forma aguda del Mal– que la literatura expresa, posee para nosotros, por lo menos así lo pienso yo, un valor soberano. Pero esta concepción no supone la ausencia de moral, sino que en realidad exige una “hipermoral”. La literatura es comunicación. La comunicación supone lealtad: la moral rigurosa se da en esta perspectiva a partir de complicidades en el conocimiento del Mal que fundamentan la comunicación intensa.
La literatura no es inocente y, como culpable, tenía que acabar al final por confesarlo. Solamente la acción tiene los derechos. La literatura, he intentado demostrarlo lentamente, es la infancia por fin recuperada. ¿Pero qué verdad tendría una infancia que gobernara? Ante la necesidad de la acción se impone la honestidad de Kafka que no se atribuía ningún derecho. Sea cual sea la enseñanza que se desprenda de los libros de Genet, la defensa que Sartre hace de él no es admisible. Al final, la literatura tenía que declararse culpable.
De La conjuration sacrée:
La vida humana está excedida por servir de cabeza y de razón al universo. En la medida en que se convierte en esa cabeza y esa razón, en la medida en que se vuelve necesaria para el universo, acepta una servidumbre. Cuando no es libre, la existencia se torna vacía o neutra, y cuando es libre, es un juego.


























11 comentarios
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agosto 22, 2010 a 4:33 pm
Sarah Bloomberg
Cuando se estudie en profundidad el movimiento contracultural norteamericano de los años sesenta –últimamente muy olvidado– quedará de manifiesto la gran influencia filosófico-ideológica que ejerció en ese movimiento Georges Bataille (especialmente con sus ensayos sobre el deseo como fuerza liberadora), junto a otros pensadores de la talla de Wilhelm Reich, Herbert Marcuse, Jacques Lacan, Michel Foucault y más tarde, Gilles Deleuze y Félix Guattari. Una mención especial merece Aleister Crowley por su “Do what thou wilt” (Haz lo que quieras) y su soterrada influencia en la contracultura underground anglosajona.
Un amistoso saludo,
Sarah Bloomberg
agosto 22, 2010 a 11:37 pm
Luis Irles
Hola, Sarah. Muchas gracias por recordar la influencia que ejerció parte de la obra de Bataille –y también la del resto de los pensadores que citas– en el movimiento contracultural surgido en los Estados Unidos durante la década de los sesenta, especialmente entre ciertos escritores de la llamada “Generación Beat” como Kerouac, Ginsberg, Cassady, Burroughs o Ferlinghetti. Y es lógico que así fuera, ya que la filosofía beat absorbió muchas de las ideas antimaterialistas, liberadoras y antiautoritarias de estos intelectuales europeos que pregonaron una libertad individual sin límites, así como la importancia de mejorar la interioridad de cada uno lejos de las reglas impuestas por el sistema.
Un cordial saludo.
agosto 23, 2010 a 6:51 am
Carlos Bailey
Sin duda, el libro “La literatura y el mal” es una buena introducción a la obra de Bataille. Con más profundidad, obviamente, bucearon en ella reconocidos escritores, filósofos y críticos como Jean-Paul Sartre, Maurice Blanchot, Margueritte Duras, Roland Barthes, Pierre Klossowski, Roger Caillois o Maurice Nadeau intentando encontrar su último sentido, aunque no sabemos si lo consiguieron. También lo hizo Michel Foucault, siendo esta la palmaria conclusión a la que llegó: “Debemos a Bataille gran parte del momento en el que nos encontramos; y mucho de lo que queda por hacer, decir y pensar, le es debido sin duda, y lo será durante mucho tiempo. Su obra crecerá sin cesar.”
Saludos invernales desde Buenos Aires.
agosto 23, 2010 a 12:23 pm
Luis Irles
Estimado Carlos: Está claro que Michel Foucault fue uno de los más entusiastas defensores de Bataille, y así lo demuestran las elogiosas palabras que has reproducido en tu interesante comentario. No fue sin embargo el caso de Sartre –que lo definió en 1943 como “un nuevo místico”– aunque no dudó en reconocer que Bataille era el autor de una influyente obra en el pensamiento francés de la época. Sus relaciones, como es sabido, no se distinguieron por su cordialidad y Bataille discrepa de Sartre sobre la valoración que debe darse a dos mundos estrechamente cercanos, Mal y Poesía. Sin embargo, el ensayo que Bataille dedica a Jean Genet es, bajo una perspectiva diferente, una especie de reconocimiento que surge de la lectura de un libro que sobre este autor maldito escribió Sartre: “Saint-Genet”, considerado por Bataille la obra más brillante del autor de “La náusea”.
Un saludo cordial desde Chile, desde ayer especialmente feliz, al conocerse la noticia de que los 33 mineros atrapados en la mina San José fueron hallados milagrosamente con vida.
agosto 23, 2010 a 3:21 pm
Ernesto
Excelente e interesante muestra de textos del transgresor Bataille, a quien descubrí en su día a través de su poesía, pasando luego a sus textos sobre religión y filosofía. Figura cuya obra, sea del tipo que sea, sin duda no deja impasible a nadie.
Un abrazo.
agosto 23, 2010 a 3:22 pm
Ernesto
Por cierto, me uno a la alegría por el feliz término de los mineros de la San José.
agosto 23, 2010 a 4:34 pm
Luis Irles
Querido Ernesto: Muchas gracias por tomarte la molestia de comentar estos fragmentos de Bataille, a quien yo –curiosamente– también descubrí hace muchos años a través de su librito “Poèmes erotiques”.
Agradezco asimismo tus palabras de adhesión al sentimiento de alegría que se vive en Chile al haberse encontrado con vida a los mineros.
Un abrazo
agosto 23, 2010 a 4:46 pm
pipermenta
Estoy de acuerdo con el final de este texto. La literatura tiene que ser libre, cuando deja de serlo se convierte en un simple panfleto. A mi manera-yo no hago literatura, son palabras mayores- juego con la imaginación y lo que uno disfruta contiene una profundidad mayor que consigue asombrar a todo aquel que necesita escribir, es decir, a uno mismo.
Interesante y enriquecedor, estimado Luis.
Un abrazote.
agosto 23, 2010 a 10:04 pm
Luis Irles
Querida Piper: Creo que la frase que citas, junto a la que dice: “La literatura es comunicación. La comunicación supone lealtad.” (lealtad con uno mismo, en primer lugar) son un pequeño ejemplo de la lucidez intelectual de Bataille y de su invariable posición frente a la literatura, y más concretamente frente a la poesía.
Mil gracias por tus palabras. Otro abrazo para ti.
agosto 24, 2010 a 12:02 pm
annefatosme
Luis, al leer tus comentarios en blogs amigos, me ha picado la curiosidad y he entrado en tu blog. Nada más entrar me he topado con escritos un tanto peliagudos de Bataille. No los comento, tendría que pasar mucho tiempo para poder escribir algo coherente! De Bataille solo he leído un libro sobre el erotismo, su comprehensión me pareció menos compleja que los extractos de tu entrada. Sin embargo, quizá gracias a la pintura de Bacon, el primer párafo se me antoja más a mi alcance.
Un saludo,
agosto 24, 2010 a 1:14 pm
Luis Irles
Hola, Anne. Es un honor para mí recibirte en este faro austral donde siempre serás bienvenida.
Reconozco que los textos de Bataille pueden ser un tanto peliagudos, pero creo que en su conjunto reflejan una concepción muy personal e interesante de la literatura. Creo también que su pensamiento sigue teniendo vigencia, ya que de alguna manera retrata a los desastrados de entonces (y de ahora), a los que –como nosotros– hemos nacido en la vieja y elegante Europa… Pero no nos podemos quejar, amiga mía, vivimos (como vivió Bataille) tranquilos y seguros junto a una máquina de escribir y a nuestros gatos. Puede que seamos unos desarraigados, sí, pero algún día –como dice mi amigo Gerard– volveremos a disfrutar de nuestro merecido esplendor… Confío plenamente en las promesas que Monsieur Bataille dejó escritas en su revista Acéphale.
Un saludo cordial y gracias por molestarte en enviar tu amable comentario.