Por culpa de los folletos de viajes y los documentales turísticos, Suiza es un país poco conocido. Casi todo el mundo cree, por ejemplo, que está formado en su mayor parte por los Alpes y que los Alpes son blancos. Pero los Alpes son densamente verdes, y vistos a la distancia son violáceos en casi toda su altura. Los valles son planos. Las llanuras son amenas y delicadas sus praderas, extendidas como una alfombra sobre la grácil ondulación de las colinas. Suiza tiene palmeras tan espléndidas como sus pinos porque se extiende hacia el cálido sur hasta las orillas del lago Maggiore.
Los amantes de la paz se reúnen siempre en Suiza y eso también ha dado lugar a una imagen errónea del país. Los suizos no son pacifistas. Son una nación de guerreros, fortificada y armada hasta los dientes. En 1960, Suiza podía movilizar en 48 horas un ejército de 800.000 hombres, o sea, dos veces las posibilidades de Francia. Así lo hizo en la Segunda Guerra Mundial, adelantándose a Gran Bretaña por varios minutos; y aunque se mantuvo fuera del conflicto, derribó cerca de 20 aviones al hacer clara su política de perfecta neutralidad. No obstante, desde el fin de la Guerra Fría, el tamaño de las fuerzas armadas suizas ha sido progresivamente reducido, y en 1995 el número de soldados quedó en poco menos de 400.000 ciudadanos.
En épocas pasadas los suizos fueron considerados como los mejores, más valientes, más sanguinarios y más confiables guerreros que existían. Eran soldados profesionales y se ajustaban rigurosamente a la ética de su profesión. Esto es, mataban y morían según contrato y no se pasaban nunca a otros bandos, así les hiciesen ofertas. Tenían un defecto, sin embargo: exigían de vez en cuando que se les pagara. Esto y el desarrollo del nacionalismo, cerraron poco a poco los mercados extranjeros a este primer producto notable del genio suizo. Una «Guardia Suiza», integrada por 200 héroes potenciales, hace aún parte de la decoración del Vaticano, pero eso es todo lo que queda de una reputación de valor en la batalla que no había tenido rival desde Esparta.
Su inteligencia práctica, no el pacifismo, fue la causa de que los suizos se retiraran de la política internacional, de la rivalidad de las potencias. Su situación geográfica lo hizo posible, sus vecinos lo hallaron mutuamente ventajoso; pero fue su frío sentido de la realidad lo que lo puso por obra.La inteligencia práctica es también la base de la economía de Suiza, reconocida erróneamente en el mundo por sus relojes, chocolates, cortaplumas, bancos y quesos. No tiene riquezas minerales, ni recursos naturales de ninguna clase, como no sean fuerza hidráulica y gran habilidad para hacer las cosas. Esta última es tan grande y está tan sabiamente empleada, que la estéril Suiza tiene –a pesar de la crisis económica que todavía padecen varios países de Europa– uno de los niveles de vida más altos del mundo. En cuanto a la equitativa y sana distribución de la riqueza, no tiene émulo en toda la historia humana. En Suiza no hay mendigos, ni barrios sórdidos, ni analfabetos, ni personas que vivan en la miseria.
Desde 1291, cuando los Padres de la Patria se reunieron en una pradera a orillas de un lago y juraron permanecer siempre unidos contra cualquiera que amenazara su independencia, los suizos han sido los más grandes amantes de la libertad que hay en el mundo. Y como a esto se agrega que es el único pueblo europeo sin dificultades económicas, Suiza resulta una especie de oasis dentro del continente. Los ‘envidiosos’ dicen que todo se debe al hecho de que en las dos pasadas guerras mantuvo su neutralidad –lo cual, por supuesto, es un factor– pero la prosperidad de Suiza data de antes del primer conflicto mundial. El ejército lo forman todos los hombres hábiles. Cada uno de ellos es un soldado que tiene en su casa un arma bien cuidada, municiones y uniforme. Los domingos pueden oírse en toda Suiza disparos de fusil mezclados con el canto de las alondras y el tintineo de los cencerros. Es el ejército que se adiestra para la defensa de la patria.
Los suizos conservan su equilibrio en materias políticas de manera admirable. Yo había oído decir que van a la vanguardia del mundo en lo que se relaciona a gobierno popular representativo, pero tuve que ir allá para palpar y sentir cuán cierto es. No hay allí rey, ni dictador, ni siquiera presidente o primer ministro. La república federal parlamentaria, con democracia directa, está gobernada por un “colegio” de siete miembros, cuyo presidente es elegido cada año y no tiene autoridad especial. Eso sí, cada tercer domingo (a lo menos así lo parece) toda la población masculina va a las urnas y vota. Puede ser con el fin de entrar en un Organismo Internacional, o de fundar una universidad, o de comprar unos camiones de último modelo para recoger la basura. El pueblo suizo lo decide todo por medio del voto; hasta sus maestros de escuela los elige. Iniciativa y referéndum forman el corazón de su vida política, y estas medidas son sólo sustituto del viejo Landsgemeinde, cuando los habitantes de un cantón se reunían en una pradera o en una plaza pública y decidían todos los asuntos, con sólo levantar la mano. En los cinco cantones que son lo bastante pequeños, perdura esta forma directa de democracia.
En materia de eficiencia práctica los suizos son insuperables. Escasamente hay una vía pública de mucha circulación, o un sendero de montaña, donde no encuentre usted la cabina de un teléfono automático. En Zurich se puede echar una carta al correo a las 5,45 a.m. y será recibida antes de las 8 a.m. Los suizos manejan su república (y sus cantones) como un instrumento de precisión.
Por supuesto, no es sólo la inteligencia práctica sino también la tolerancia y un permanente sentido de los caracteres y los problemas humanos lo que hace que en Suiza la vida se deslice con tanta suavidad. Cuatro idiomas distintos se hablan en ese pequeño país. Cuatro distintas «nacionalidades» viven allí amistosamente, junto a una numerosa población inmigrante perfectamente integrada. En la Suiza alemana no hay escuelas francesas; en la Suiza italiana no hay escuelas francesas ni alemanas. Pero nadie se preocupa por eso, nadie «agita». Esto confuta todas las teorías respecto a las «razas» y demuestra que el nacionalismo militante es totalmente innecesario. La humanidad puede ser lo bastante generosa y noble para pasar por encima de todo eso.
Valor moral y físico, inteligencia práctica y tolerancía son los puntos culminantes del panorama espiritual de Suiza que más persisten en nuestro recuerdo después que salimos de esa tierra. Pero para describir cumplidamente el goce de haber estado allá, debe agregarse que los suizos se cuentan entre la gente más educada, limpia y nítida del mundo, y son los mejores hoteleros. Aman la vida al aire libre, aman la nieve; aman las flores silvestres. Las ciudades –muchas de ellas con una gran actividad cultural, artística y de ocio– están situadas a orillas de hermosos lagos o ríos. Son además ricas en parques y jardines, y están siempre tan limpias y bien cuidadas que su propósito parece ser más el de adornar el paisaje rural que el de apartarse de él.
He dicho muy poco sobre la perfecta gloria del paisaje suizo porque es bien conocido. Es como una dulce canción de belleza que el mundo entero canta. Esto, sin embargo, no le resta a uno la sorpresa cuando puede contemplar con sus ojos tierra tan admirable. Yo dudo que exista otra digna de compararse a Suiza en variedad y abundancia de hermosura. Pero para mí su pueblo es lo más maravilloso. Algunos críticos pedantes encuentran obtusos a los suizos y dicen que nunca han producido obras de arte supremas. Han producido, a mi entender, tantos grandes hombres como pueden surgir de entre casi ocho millones de seres humanos, y han producido la mejor de todas las obras de arte: una sociedad sin pobreza, sin rencores crónicos y sin ostentación vanidosa.
Juan Pablo Tissot




























36 comentarios
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octubre 20, 2010 a 6:15 am
Horrach
Qué maravilla Suiza, y qué maravilla este artículo. Cuantos tópicos se van deshilachando casi a cada parágrafo. Me lo apunto como destino final si, como es previsible, sea necesario abandonar España cuando llegue nuestro inevitable naufragio.
octubre 20, 2010 a 6:56 am
Fernando Marín
Esos “críticos pedantes” que califican de obtusos a los suizos son, obviamente, unos incultos. Ignoran que la Suiza alemana dio algunos de los mejores prosistas de la lengua: Conrad Ferdinand Meyer, Gottfried Keller, hasta el mismo Friedrich Dürrenmatt. En la zona francófona, la llamada Suisse romande, hay personajes nativos o aquerenciados como Rousseau o Madame de Staël. En ella aparece también Denis de Rougemont (1906-1985), proponiendo a Suiza como el espejo miniado de Europa: una república federal y pacífica, sin lengua materna, una sucesión poliglósica de valles y ciudades. Dando cuerda a un reloj de resortes en vez de a una bomba de tiempo.
Excelente artículo. Como el amigo Horrach, me apunto ese fantástico y hermoso país como destino final. Saludos.
octubre 20, 2010 a 7:34 am
chrieseli
Querido Luis: las gracias infinitas por el viaje a esta nación enclavada entremedio de las montañas y el cielo, que me enorgullezco de conocer de punta a cabo.
La Suiza que conocí estaba más allá de los relojes, los chocolates y las montañas nevadas. Estaba formada por gente sencilla, amistosa y decidida, que vivía al ritmo de las estaciones, amando cada centímetro cuadrado de su hogar. Formada por paisajes de cuento, por sabores que sólo se encuentran en sus latitudes….
Evoco los paisajes de la bella Luzerna y me queda el olor de lago, de las calles, de los cafés al aire libre.
Un gran abrazo
octubre 20, 2010 a 8:57 am
1cruzdelsur
Estimado Luís, soy seguidor de tu blog. Este post me hizo recordar mis viajes por ese país. Allí participé en regatas de botes a remo. (En el lago de Lucerna) en varias oportunidades.
Las letras cuentan toda la realidad de un bello país y además organizado.
Me deleité con tus letras y del Sr. Tissot
octubre 20, 2010 a 11:59 am
trapatroles
He estado en Suiza en dos ocasiones y lo que más me llama la atención es la tolerancia entre los que hablan distintas lenguas: francés, alemán o italiano.
No como en España, que si hablas gallego eres bárbaro del norte, si hablas euskera te tildan de terrorista y si hablas catalán, te dicen “polaco” en plan despectivo.
Lo segundo admirable de Suiza es su naturaleza en el marco de los Alpes.
Saludos
octubre 20, 2010 a 5:25 pm
sartenada
He visitado Suiza tres veces. Dos veces por avion y una vez manejando mi carro. En Suiza hay tambien el cuarto idioma: Rumantsch.
Sus paisajes son maravillosos y la gente muy amable.
Muchas gracias por tu blog tan interessante.
Saludos.
octubre 20, 2010 a 5:28 pm
Luis irles
Horrach: Creo que la tuya es una buena elección, aunque –viviendo en Suiza– tal vez echarías de menos la tortilla de patatas… digo yo.
Gracias por tu visita. He añadido tu magnífico blog a las lista de enlaces de este faro.
Saludos cordiales.
* * *
Fernando: Estoy absolutamente de acuerdo contigo. Sólo quienes desconozcan la historia y la cultura de Europa pueden olvidar que Suiza ha dado al mundo –aparte de los citados por ti– escritores de la talla de Blaise Cendrars, Max Frisch, Jean-Jacques Rousseau, Robert Walser; cineastas como Alain Tanner o Marc Allegret; pintores como Hans Asper y Alberto Giacometti o músicos como Ernest Ansermet o Charles Dutoit. Tu comentario, además de interesante, me ha parecido muy oportuno.
Un saludo cordial
* * *
Chrieseli: Cuánto me alegra saber que eres una enamorada de Suiza, país que sin duda conoces mejor que yo. Ignoro el tiempo que residiste allí, pero se nota que disfrutaste a fondo de sus gentes y paisajes. Seguramente pudiste vivir en Zurich el festival de primavera, el Sechseläuten, y recorrer el llamado ‘balcón del sol’ hasta llegar a Locarno o Ascona, con su Monte Verità, donde Suiza se vuelve tan alegre y festiva como la Riviera francesa.
Mil gracias por tu hermoso comentario, querida amiga. Un fuerte abrazo.
* * *
1cruzdelsur: Bienvenido a nuestro faro y gracias mil por haberte molestado en enviarnos tus letras. Veo que coincides con el resto de amigos en el bonito y positivo recuerdo que guardas de ese pequeño gran país.
Un saludo cordial y mi enhorabuena por tu blog que he enlazado al nuestro.
* * *
Trapatroles: Ciertamente, es admirable la tolerancia que existe en Suiza con el tema de las lenguas que allí se hablan. No hay problema alguno en pasar, con absoluta normalidad, de un idioma a otro en el momento que la ocasión lo requiere. Un ejemplo que debería seguirse en países como España o Bélgica.
Un fuerte abrazo, amigo Ramón.
* * *
Sartenada: Es cierto que el Rumantsch es la cuarta lengua oficial de Suiza, aunque es hablada por algo menos de 40.000 personas, según nos dice el censo suizo del año 2000. La mayoría de ellas residentes en el canton de Graubünden (Grisons).
Muchas gracias por tu visita y tu comentario. Un saludo cordial.
octubre 21, 2010 a 9:31 am
1cruzdelsur
Estimado Luís, muchas gracias por incluirme en los enlaces de tu blog, es una distinción para mí. Desearía incluirte unas letras del escritor Jorge Luís Borges. Inclusive él eligió Suiza para pasar los últimos días de su vida…
Borges escribió y menciono que Suiza era un ejemplo que el mundo debía tomar en cuenta, un país que conserva y respeta la individualidad de sus habitantes, ya sea en el idioma, religión, viviendo en una total armonía, formando así un país, por la razón e inteligencia. Borges en uno de sus escritos menciona: “Es casi imposible para la humanidad, pero algún día puede ser que se pueda convivir en un mundo donde se respeten las diferencias”
Saludos Cruz del Sur
octubre 21, 2010 a 12:04 pm
Luis Irles
Gracias a ti por visitarnos de nuevo, cruzdelsur. Fueron muy acertadas las palabras de Borges al poner a Suiza como ejemplo de país donde reinan la paz y la armonía. Por cierto, el gran escritor eligió libremente la ciudad de Ginebra para pasar sus últimos años; allí murió y en ella fue enterrado. Curiosamente, otros dos ilustres argentinos murieron en Europa: Julio Cortázar, sepultado en el cementerio de Montparnasse, en París, y el músico Alberto Ginastera, uno de los más grandes compositores de América Latina, que se trasladó al Viejo Continente en 1970 y que está también enterrado en Suiza.
Saludos.
octubre 21, 2010 a 5:02 pm
annefatosme
No me agradan las generalidades ni las ideas preconcebidas. Suiza es un país con una naturaleza preciosa y muy cuidada, sus habitantes tienen una cultura encima de la media europea y sus relojes son precisos. Me gusta Cendrars, me encanta el movimiento dadaista (después de leer este artículo entiendo mejor porque se generó en Suiza), ahora bien, sin tortilla de patatas y un buen surtido de tapas no soy nadie.
Un abrazo,
octubre 21, 2010 a 6:39 pm
Luis irles
Estimada Anne. Haces muy bien en rechazar ideas preconcebidas, en este caso las que se refieren a Suiza. Como bien dices, es un país hermoso poblado de gentes bien educadas que saben cuidar con pulcritud su naturaleza y sus ciudades. A este perfecto orden físico corresponde un perfecto orden moral: todos sabemos que los suizos son nítida e inflexiblemente honrados… Es una lástima que no se pueda encontrar con facilidad una buena tortilla de patatas en todo la Confederación, pero desgraciadamente no existen países perfectos.
Un fuerte abrazo.
octubre 22, 2010 a 6:11 am
Ernesto
Un excelente artículo sobre Suiza, en el que nos has ofrecido una visión lejos de los tópicos y que muestra la realidad de la vida del país. Lamentablemente no conozco bien esta zona, la he visitado una sóla vez y no pude llegar a integrarme como me hubiera gustado en la cotidaneidad, pero sin duda, habrá que buscar otra ocasión para hacerlo, y más ahora con el acicate que supone tu texto. Gracias, amigo Luis.
Un abrazo.
octubre 22, 2010 a 1:05 pm
Luis irles
Muchas gracias por tus palabras, querido Ernesto. Estoy convencido de que encontrarás la ocasión propicia para volver a Suiza con más tiempo. En realidad, Zurich está a tan sólo 1.244 kms de Madrid. Para que te hagas una idea, y de paso a ver si te anima, la distancia entre Santiago de Chile y la ciudad de Punta Arenas –donde estuve recientemente– es de 3.141 kms! ¿Qué te parece? No sé en qué año estuviste allí, pero ten la seguridad de que si vuelves algún día, podrás seguir colgando tu gabardina en la farola de cualquier calle, sin temor a que nadie se la lleve.
Un fuerte abrazo.
octubre 24, 2010 a 11:19 am
Claudia Ibañez
Sin haber puesto jamás un pie en Suiza, en cierta forma conocía todas y cada una de las cualidades que se enumeran de la ciudad en el artículo que nos mostrás: las conocí en la carne, sangre y huesos de un profesor de origen Suizo que nos acompañó en mi período de educación media durante 4 años. Cada característica enumerada en tu artículo, me hacía referencia a él, quien cada día trató de inculcarnos con creatividad los valores que vas mencionando, y a quien le debo mucho en mi formación. También conocía lo que contás del ejercicio democrático por lo que contás y porque él nos hacía practicarlo en nuestro pequeño curso.
Me resultó especialmente grato y evocador leerte hoy Luis. Un fuerte abrazo.
octubre 24, 2010 a 11:40 am
Luis Irles
Es muy hermosa la historia que nos relatas, estimada Claudia. Entiendo perfectamente que un profesor así, que supo inculcarles con tanta creatividad valores tan esenciales para el ser humano como la libertad y la solidaridad, se convierta en una persona inolvidable a la que siempre se le estará agradecido. Me imagino que si algún día tienes la ocasión de viajar a Europa, Suiza será uno de los primeros países que visitarás con emoción.
Gracias por tus letras. Un fuerte abrazo.
octubre 25, 2010 a 10:39 am
Concha Huerta
Interesantísima esta entrada tuya sobre el pequeño país neutral enrayado en los Alpes. Me servirá para mi próxima visita. No pienso perderme ese café donde comenzó el movimiento dada por ejemplo. Muchas gracias y un saludo
octubre 25, 2010 a 10:41 pm
Luis Irles
Estimada Concha. Estoy seguro de que la visita al edificio donde se fundó el Cabaret Voltaire despertará tu interés. Desgraciadamente ya no existe el local original, que se encontraba en la planta superior de un teatro muniqués. Allí surgió el Movimiento Dadá, aunque los surrealistas también solían acudir a este peculiar cabaret. En el año 2002, tras una serie de peripecias, el edificio se convirtió en un museo que recuerda a la creativa vanguardia dadaista.
Muchas gracias por tus letras. Un cordial saludo.
octubre 28, 2010 a 3:31 am
Joselu
Gracias, Luis, por eliminar todos y cada uno de mis prejuicios respecto de este país. Hace años pasé por la parte alpina de Suiza al realizar el Tour del Mont Blanc y me dejaron un recuerdo imborrable sus valles verdes, sus casas de madera invariablemente “adornadas” por la bandera suiza y sin cercas o vallados entre las fincas de un césped inmaculado con potentes coches familiares aparcados frente a ellas. Me sorprendió ver y escuchar un concierto de una joven orquesta en un pequeño pueblo con el que quedaba cortada la carretera….Y allí estaba todo el mundo, en traje de faena. El que iba llegando, apagaba despacio el coche, salía silencioso, se subía los cuellos del tabardo, metía las manos de los bolsillos y mientras escuchaba sonreía a uno y otro de sus vecinos con leves movimientos de cabeza.
Yo me sentía un extraterrestre con un profundo deseo de ser acogido y participar de aquella gente.
Qué discreta tu “cuña” respecto del Cabaret Voltaire intuyendo lo significativo que seguro resulta para ti este local. Qué necesitados estamos de revulsivos y alternativas, no solo en el mundo de la cultura, tan adocenado, sino en lo político, como en su momento lo fue también este “movimiento”. Negarlo todo dos veces para decir sí de una vez.
He disfrutado mucho (una vez más) leyéndote. Gracias.
octubre 29, 2010 a 7:23 am
Luis Irles
Gracias a ti, estimado Joselu, por ofrecernos tu visión de Suiza mediante la simpática e inusual anécdota que tuviste ocasión de vivir en el país alpino. Me ha encantado leerla. Has acertado, por otra parte, en tu suposición respecto al interés que siempre ha despertado en mí la historia del movimiento Dadá y del Cabaret Voltaire, montado por Hugo Ball y su pandilla en el número 1 de la Spiegelgasse de Zurich, a tan sólo once casas desde donde Lenin, Radek y Zinoviev preparaban la Revolución Mundial. Entre los artistas y poetas que lo frecuentaron –gente como Tristan Tzara, Richard Huelsenbeck, Marcel Janco o Jean Arp– yo siempre he sentido una especial predilección por Arthur Cravan (nacido precisamente en Lausana), que en un artículo publicado en 1914 por la revista Maintenant se autodefinía como “caballero de industria, marino en el Pacífico, arriero, recolector de naranjas en California, encantador de serpientes, rata de hotel, sobrino de Oscar Wilde, leñador de las selvas, ex campeón de boxeo en Francia, nieto del canciller de la Reina, chofer en Berlín y ladrón”. Pero la increíble vida de Cravan es, como diría Julie Walters, another story…
Un abrazo.
octubre 29, 2010 a 7:38 am
Joselu
¡Qué bueno, Luís!. Un abrazo.
diciembre 16, 2010 a 12:48 pm
annefatosme
Querido Luis, Suiza me parece un lugar ideal para pasar la Navidad! Te deseo, pués, una muy feliz Navidad blanca.
Un abrazo,
Anne
diciembre 16, 2010 a 11:48 pm
Luis Irles
Absolutamente de acuerdo contigo, mi admirada y apreciada Anne. Yo, precisamente, tenía planeado celebrar estas fiestas navideñas en Ginebra, pero no será posible en esta ocasión. Tal vez lo haga el próximo año. Ya veremos…
Mi ferviente deseo de que tú las disfrutes estés donde estés.
Un gran abrazo.
diciembre 19, 2010 a 8:55 pm
klimtbalan
Parece un país sacado de los fantásticos Viajes de Guilliver, donde un modelo de vida como el de Suiza era pura fantasía. Un abrazo.
diciembre 19, 2010 a 10:48 pm
Luis Irles
Una original definición del país helvético la tuya, estimada klimtbalan. Espero que Suiza no te defraude cuando la visites… Muchas gracias por tus palabras y mis mejores deseos para el 2011.
Un fuerte abrazo.
enero 23, 2011 a 12:35 pm
rene selin
Excelente artículo que suple en mucho a cualquier guía de turismo, lo tomaré como un destino futuro, y es un país que puede servir de modelo a nuestros paises Latinoamericanos. Un cordial abrazo.
enero 25, 2011 a 7:16 am
Luis Irles
Estimado René. Le agradezco su amable comentario. Creo que no se sentirá en absoluto defraudado cuando tenga la ocasión de conocer el hermoso país helvético, cuyo modelo de sociedad es un ejemplo –no sólo para Latinoamérica– sino para cualquier país del mundo.
Un fuerte abrazo.
enero 26, 2011 a 9:43 am
gabriel milan
Excelente comentario, sin duda. Envidio la capacidad para la convivencia de los suizos. Como dices, allí el nacionalismo militante no tiene sentido. Pero no lo tiene por la simple razón de que existe un escrupuloso respeto a la diversidad lingüística y cultural, a diferencia de lo que ocurre en nuestra amada celtiberia. Basta con mirar un billete suizo, escrito en cuatro lenguas: algo impensable en la nominalmente “diversa” España. En España, por contra, es para muchos “inaceptable” que el catalán sea la lengua vehicular de la enseñanza de las escuelas catalanas. Suiza tiene una envidiable tradición de convivencia y respeto mutuo; España una triste tradición de incomprensión mutua. Los problemas actuales, atizados por impresentables políticos de extrema miopía (a uno y otro lado de los Monegros), eran ya objeto de debate en tiempos de Prat de la Riba, Josep Pla, Gaziel, Joan Maragall (el abuelo de Pasqual). Me temo que, vista la ínfima calidad del debate político vamos hacia un panorama más parecido al de Bélgica que al de Suiza. Pero para qué ensuciar un blog tan bonito como este hablando de voceros de la mediocridad? Sería mucho mejor recuperar el espíritu del Salvador Espriu o del Maragall (el abuelo otra vez) de “escolta, Espanya”.
enero 27, 2011 a 11:38 am
Luis Irles
Una interesante y lúcida reflexión la suya, Gabriel. Le agradezco muy sinceramente que haya enriquecido este artículo con sus acertadas palabras.
Un saludo afectuoso.
abril 23, 2011 a 3:36 am
Sergio Gerardo
Vaya que Suiza suena a la perfección en todo lo que entendemos por ésta.
Me parece excelente este artículo en el cual puedes disfrutar de un país de ensueño.
Únicamente quisiera agregar que, además, Suiza se mantiene en la Ciencia de una manera increíble. En Basilea nació uno de los más grandes matemáticos de todas las épocas: Leonhard Euler. Esto lo menciono para abarcar más espacios de interés
abril 25, 2011 a 2:34 pm
Luis Irles
Estimado Sergio Gerardo: Mil gracias por tu visita y por recordarnos al gran matemático y físico suizo Leonhard Euler, cuya contribución a las matemáticas y a otras áreas científicas está considerada como una de las más importantes de todos los tiempos.
Un saludo cordial.
agosto 23, 2011 a 10:59 am
Federico Garcia Garcia
Me preocupa, Don Luis, que ésta de octubre 2010 sea una última entrada del blog. Ahora, luego de la muerte de Raúl Ruiz, o de Raoul Ruiz, en París, hace unos días, confeccioné una entrada que resume algo de lo que encontré y que quisiera compartir con usted ahora. Un abrazo. Saludos desde México.
http://cinemanchas.blogspot.com/2011/08/burlas-veras.html
agosto 24, 2011 a 10:57 am
Luis Irles
Amigo Federico,
Le agradezco profundamente su interés por este blog que, efectivamente, tengo abandonado desde hace varios meses. Circunstancias laborales y familiares me impiden mantenerlo actualizado, tal como sería mi deseo. Confío en poder escribir algún que otro texto en un futuro no muy lejano, aunque sin fecha por ahora.
Me ha gustado mucho la entrada que le dedica en su blog a Raúl Ruíz –sin duda el mejor cineasta que ha dado Chile en toda su historia– cuyo talento, afortunadamente, fue reconocido desde siempre (y con toda justicia) en Francia y el resto de Europa.
Gracias de nuevo por sus letras. Reciba un cordial saludo,
Luis
agosto 25, 2011 a 4:25 pm
Federico Garcia Garcia
AMIGO (con mayúsculas) Luis
Muchas gracias. Es un verdadero honor saber que las palabras que uno trata de juntar o articular van quedando para que otros las vean, las lean, las disfruten. Eso es lo que también pensaba él, lo veo ahora, cada vez más grande Ruiz, quien todavia hace unos años, leo, llegó a decir que había Raúl Ruiz para rato. Y, al parecer, lo hay: su productor habla de llevar a buen puerto la última obra, en preparación todavía, del cineasta. Falta un director que la, digamos, arme. Veremos. A nosotros en México, todavía nos faltan los Misterios de Lisboa y la recién terminada (ya, unos dias antes de su muerte). Para rato.
Seguiré al pendiente de nuevas invitaciones, que eso son, siempre, sus reflexiones.
Un abrazo sincero
octubre 26, 2011 a 6:24 pm
Campurriana
Luis, he vuelto por aquí después de algún tiempo. Este blog tiene algo especial…
Respecto a Suiza, me llama especialmente la atención quizá por no estar demasiado explotada turísticamente, aunque cada vez conozco a más personas que han viajado a este lugar por placer….y a alguna que, incluso, ha repetido.
De todas formas, me gustaría añadir que en unos países es más fácil que exista tolerancia que en otros y eso no lo debemos olvidar.
Un saludo desde Galicia.
octubre 27, 2011 a 12:58 pm
Luis Irles
Estimada Campurriana: Me ha alegrado muchísimo verte de nuevo aquí.
Mil gracias por tus interesantes comentarios, con los que coincido plenamente… sobre todo con el referido a Suiza.
Respecto a la pregunta que planteas sobre si el matrimonio Wallace (fundadores de ‘Selecciones del Reader’s Digest’) tiene algo que ver con la Colección Wallace de Londres, siento decirte que en absoluto.
El museo de la capital británica, que como bien sabes alberga una de las mejores colecciones privadas de arte de todo el mundo, se fundó con las colección de Sir Richard Wallace, que había heredado de su padre Richard Seymour-Conway, cuarto marqués de Hertford. En 1897 la colección se donó al estado con la condición de que se mostrará siempre tal y como estaba en aquel momento, siendo inaugurada oficialmente en el año 1900.
Un fuerte abrazo desde Chile.
octubre 27, 2011 a 6:11 pm
Campurriana
Luis, gracias por tus amables palabras. Quería relacionar el apellido con esta revista que tan gratos recuerdos me trae y con la colección que uno no debe perderse nunca si visita Londres. Entrañable y en un lugar entrañable, ¿qué más se puede pedir?.
Yo también me alegro de volver a este faro tan brillante.
Un saludo desde la ciudad de cristal.