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posttrenes

Tengo por costumbre evitar la nostalgia del pasado con la típica frase “todo tiempo pasado fue mejor”. No es cierto, el tiempo pasado solamente fue distinto y el pasado y el presente tiene cosas buenas y malas como las personas. Ahora, reconocido esto, es mi derecho y opción el opinar que los Ferrocarriles de Chile de antes eran mejores, al menos existían.

Hay que ser muy imbécil para no ocurrírsele a uno que un país como Chile, largo y angosto, no debería estar comunicado de Arica a Punta Arenas por una línea de tren y por un servicio de buques de pasajeros con el mismo trayecto. En el pasado existieron y excelentes. Mi abuela iquiqueña y que se casó con mi abuelo que era de Los Ángeles en 1910, viajaba con su marido regularmente todo el año en vapores de la Pacific Steam Navegation Company o la Compañía Sudamericana de Vapores. No existía o recién estaba siendo inaugurado el ferrocarril al norte, que era un infierno, y no había buses ni aviones. Cómo no iba a ser más agradable ir de Iquique a Talcahuano en un cómodo vapor con comedores, salones, camarotes, empleados y amistades. No tuvieron hijos sino hasta años después de casados, y se casaron muy jóvenes, así es que pasaban la mitad del año en la casa de las salitreras, como llamaban a la casa de la calle Baquedano que todavía existe y el campo de Los Ángeles, que desapareció en las tormentas de la Reforma Agraria de Frei Montalva.

Volviendo al tren, la línea más cercana a mí era la de Viña del Mar a Santiago. Existían los trenes expresos de las 8.00, 12.00 y 18.00, que paraban sólo en las estaciones más importantes, los más modestos trenes ordinarios, que tenían horarios diferentes, paraban en todas las estaciones y casi doblaban el tiempo de viaje de los expresos, y el deslumbrante tren Rápido, que sólo paraba tres o cuatro veces en el trayecto y salía temprano en la mañana. Era el tren de los abogados y agentes de la Bolsa que iban a hacer sus trámites a la capital, no era un tren de familia.

El viaje en el expreso de 8.00 era un acontecimiento. Uno llegaba a la Estación de Viña tres cuartos de hora antes de la pasada del tren que venía de Valparaíso. En el edificio de la Estación había salas de espera para primera y segunda clase, además de boleterías, puestos de revistas y un buffet para los hambrientos. Se iban juntando en las salas de espera los viñamarinos, pero a medida que avanzaba el tiempo y se acercaba la hora de la pasada del expreso, iban llenando los andenes, todos mirando hacia las líneas que se perdían hacia Valparaíso para ser los primeros en ver al tren. Pero cuando se daban cuenta que faltaban 20 minutos todavía, la gente empezaba a pasearse lentamente, los matrimonios del brazo, los caballeros solos, con las manos atrás y El Mercurio debajo del brazo. Hasta que al final de los rieles, se veía el tren. Cuando esto sucedía y se veía diminuto en la lejanía el convoy, la gente lo anunciaba en voz alta como si se les hubiera comunicado especialmente por la Presidencia de los Ferrocarriles del Estado:”ahí viene”.

Esto era seguido por bajadas de barreras, campanas, luces rojas y verdes en unos gigantescos postes y la gente se encaminaba, ya sin ninguna lentitud ni parsimonia, casi corriendo por el andén hacia el sitio donde más o menos se iba a ubicar el carro que les correspondía, porque con el boleto, además se le entregaba un billete con la letra del carro que le tocaba y el Nº del asiento, además de la clase. Los de primera clase se iban hasta casi la punta del andén y los de segunda se quedaban en la mitad. No había tercera clase, sólo en los trenes Ordinarios. Y llegaba el tren, entrando lento a la estación, permitiendo a los viajeros ubicar sus sitios. Primero, la máquina eléctrica, lo que era un lujo, considerando que para el norte no había electricidad y para el sur sólo hasta San Rosendo. Esa máquina tenía nombre y se llamaba Serpiente de Oro y eran varias las que prestaban servicios, luego uno o dos carros de equipaje y el primer coche de pasajeros que era el coche Numerado, porque los que se querían asegurar un lugar y ser los primeros en llegar va Santiago, iban dos o tres días antes a comprar el pasaje. Luego venían los coches rojos de primera clase, fabricados en Alemania a fines de la década de los 20 y principios de los 30.

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murrieta

La historia de Joaquín Murrieta y de la familia Murrieta, empieza con Luciano Murrieta García-Lemoine, hombre liberal y de confianza del regente de España, General Baldomero Espartero, quien comenzó a interesarse por el vino durante su exilio en Londres. Después de estudiar detenidamente las técnicas de Burdeos, realizó sus primeros ensayos de crianza con vino riojano. Compró unas pequeñas barricas de cántaras (72 litros) en Bilbao y, en 1850, sometió a crianza una partida de vinos procedentes de la bodega del duque de la Victoria. Dos años más tarde (1852), los vinos se exportaron a Cuba y México siendo ésta una de las primeras bodegas que exportó sus vinos a nuestro país; pero el barco que los transportaba naufragó en Veracruz.

En 1872, el Marqués de Murrieta -título otorgado debido a su lealtad al General Baldomero- fundó junto con el regente de España su propia bodega, una de las más antiguas bodegas riojanas, comprando una magnífica finca en Ygay (Logroño) de 260 hectareas de extensión, dedicó sus tierras a diversos cultivos: uva, lúpulo y aceitunas, así mismo se producía miel. Además de la bodega y de las almazaras, la finca posee un castillo.

El marqués falleció en 1911, dejó unas memorias, que son de gran interés para la historia del vino riojano, y el legado de sus propiedades a su familia. Esta mantuvo la mayoría de las acciones hasta 1983 cuando la bodega fue adquirida por Vicente Cebrián Sagarriga, Conde de Creixell, empresario gallego de orígen catalán, que ha iniciado la renovación de la casa.

Joaquín Murrieta es el Personaje histórico en el cual se basa la popular leyenda del Zorro creada por los norteamericanos y que la tratan de ubicar en tiempos de la dominación española, cuando en realidad coincide con la pérdida de los territorios del norte de México a favor de los Estados Unidos.

Es bautizado en México entre los años de 1830 y 1832 en Alamos, Sonora, Siendo aún joven se casa y emigra con su esposa a California (1848). Son los tiempos de la fiebre del oro y Joaquín Murrieta logra una mediana prosperidad, como igualmente la obtuvieron cientos de otros emigrantes sonorenses. Con el pretexto de los denuncios de fondos mineros, los mineros yankees presionan en 1850 a la legislatura en Sacramento para que apruebe la “Acta del Grasoso” (nombre oficial) y la de los “Mineros Extranjeros”, en un primer paso para despojar, ya sea por medios legales y/o ilegales a los pequeños y grandes propietarios mexicanos. Una de las víctimas es Joaquín Murrieta, a quien le roban la tierra, le violan y matan a la mujer recién casada. Un amigo yankee generoso se ofrece a patrocinar sus reclamaciones: En vez de justicia, Murrieta padece nuevos atropellos.

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Un día, en el camino a la propiedad del hermano, Murrieta se topa con un bandido que roba y mata en la región por gusto y por venganza, Murrieta se niega a hacer causa común con él. Murrieta busca venganza personal. En una especie de gruta encuentra a uno de los que asaltaron su casa y violaron a la mujer, lo desafía y lo mata. El bandido que ha presenciado la escena, se queda con el dinero del yankee muerto, poco después Murrieta es azotado públicamente por un grupo de linchadores americanos. El bandido lo recoge, lo cura y lo hace jefe del pequeño grupo que aterroriza la comarca de los Valles de San Joaquín y Sacramento, pero aún con Murrieta, los bandidos andan sin programa.

Aquí entra una parte de leyenda romántica que dice que una noche Murrieta asalta y comienza a robar, ya no a los norteamericanos, sino a un grupo de hacendados mexicanos que celebran una junta para ver el modo de defender sus tierras de los negociantes yankees que las usurpan, los cuales corrían la versión de grandes riquezas de los hacendados entre los mexicanos de clase baja para que éstos los despojaran y mataran y así, ellos reclamar las tierras.

Murrieta y sus bandidos también vivían engañados. Al quitarle el anillo a una de las jóvenes aristocráticas de mantilla y peineta, Murrieta reconoció a la hija de un antiguo patrón y le devuelve la sortija. La joven entonces le dice que si no devuelve sus alhajas a todas las demás, ella no acepta. Murrieta vacila y la joven le explica: “Todos estos hacendados son tan víctimas de la nueva situación como vosotros; todos somos mexicanos; ya no asalten a los mexicanos con el pretexto de que son ricos. La unión nos hará fuertes”, Murrieta comprende. La joven que ha tenido algún desengaño y ha quedado desposeída de sus tierras se une a la partida de Murrieta y acaba por convencerlo de que deben luchar en favor de los mexicanos.

El gobernador norteamericano de California ofrece una recompensa por la captura, vivos o muertos, de Murrieta y su lugarteniente, el bandido que lo curó llamado Jack “Three Fingers”. En junio de 1853 un policía texano del cuerpo de los Rangers, llamado Harry Love, trajo la cabeza de un hispano dentro de un frasco, anunciando que era la de Murrieta.

215Los asaltos continuaron, muchos de ellos hechos por otras personas pero atribuidos a Murrieta, el cual se retira a Sonora en donde se dedicó al comercio de caballos salvajes entre Sonora y Veracruz. Muere a final de la década de 1870 y fue enterrado en un cementerio jesuita en el pueblo de Cucurpe, Sonora.

Una parte de la historia confusa es la que afirma que Joaquín Murrieta llega a California proveniente de Chile, en donde se había dedicado al cultivo de la vid, y huyendo de la justicia por haber dado muerte a un alto oficial del ejército chileno que había matado a un hermano menor.

La leyenda de Joaquín Murrieta empieza a forjarse con el libro “Vida y Aventuras de Joaquín Murrieta”(1854) de John R. Ridge, y fue continuada por Joaquín Miller en su segundo libro de poemas (1869). Se han escrito varios libros sobre su vida, la cual ha sido llevada a la pantalla en numerosas ocasiones como “El Robin Hood de El Dorado” (EEUU), “Vida, Estrella y Muerte de Joaquín Murrieta”(Rusia) y “Joaquín Murrieta” (México), También existe una opera rock realizada en Rusia y un corrido de nuestro país.

El premio Nobel de Literatura, el chileno Pablo Neruda, escribió una de sus pocas obras de teatro titulada “Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta” (con una r), su única obra musical. En 1998 se estrenó la película “La marca del Zorro” en donde el actor español Antonio Banderas, cambiando los nombres de los personajes históricos y combinando la leyenda con la historia, interpreta a “Alejandro Murrieta” hermano de Joaquín, cuya identidad secreta es la del Zorro.

Siguiendo sus andanzas y la tradición familiar de defender causas populares, el General Marcelino Murrieta Murrieta, nació en Cuauhtamingo, Ver., en 1880. Siendo un humilde profesor por la Escuela Nacional de Jalapa y uno de los 9 discípulos que deja el célebre pedagogo Alemán Enrique Rebsamen, se levantó en armas contra la dictadura de Díaz (1910). Perseguido más tarde por el huertismo, se unió al Ejército Constitucionalista en Magdalena (hoy Magdalena de Kino) Sonora (1913).

Participó en múltiples campañas, administró la aduana de Veracruz (1916) y, ascendido ya a general, dirigió el Colegio Militar (1920-1923). Combatió contra los delahuertistas en Veracruz. De 1926 a 1927 organizó y dirigió las escuelas Agrícola Industrial de Cajeme (Son.), una semejante en Tlatluaqui (Pue.) y la de las Artes y Oficios de Teziutlán. Complicado en la rebelión escobarista (1928), se exilió en Cuba y Centroamerica. En Guatemala dirigió la estación agrícola experimental de la Aurora. Vuelto al país, proyectó las escuelas Hijos del Ejército y dirigió la Central Agrícola de la Huerta (Mich.). En 1937 se le nombró director del penal de las Islas Marías, de donde enfermo regresa al D.F., poniendo antes en libertad y trayéndola en su barco, a la celebre Madre Conchita, la cual fue acusada injustamente, según varios historiadores entre ellos Enrique Krauze, de ser conspiradora en el asesinato del Presidente electo Alvaro Obregón. Murió el año de 1938 en la Ciudad de México.

http://www.fundacionmurrieta.org.mx


El día 17 de agosto del pasado año publiqué en este blog un breve artículo titulado La Gran Regata del Bicentenario, en el cual comentaba la celebración de este emotivo acontecimiento náutico en el 2010 como parte de los actos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia de Chile que, finalmente, tuvo lugar desde día 13, hasta el pasado domingo 18 de abril.

Esperaba con impaciencia el momento de poder disfrutar de este maravilloso espectáculo naval en este querido puerto de Valparaíso… Y así lo hice, junto a miles de personas que esperaban en tierra la llegada de los once fantásticos veleros: el “Esmeralda”, de Chile; “Libertad”, de Argentina; “Sagres”, de Portugal; “Sebastián Elcano”, de España; “Simón Bolívar”, de Venezuela; “Guayas”, de Ecuador; “Cisne Branco”, de Brasil; “Gloria”, de Colombia; “Cuauhtémoc”, de México; “Capitán Miranda”, de Uruguay y el “Europa”, de Holanda.

Fue mucha la gente que acudió a presenciar el impresionante espectáculo nocturno en el borde costero de Valparaíso, donde los buques-escuela lucían su iluminación de gala. Quiero compartir con mis buen@s amig@s estas maravillosas fotos (verlas completas en Terra.cl)  donde aparecen algunas imágenes nocturnas de las naves atracados en el molo de abrigo durante la noche y, así mismo, un video –verlo aquí– de un radioaficionado durante el zarpe de los veleros, continuando la regata rumbo a Antofagasta. Espero que las disfruten.


Por muchos años, los piratas terminaban en las costas de Juan Fernández para reponer las fuerzas perdidas en sus hazañas, sin embargo, los españoles pusieron punto final a esta tradición corsaria.

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Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, la piratería recibió aprobación y ayuda gubernamental, produciendo grandes beneficios con las riquezas provenientes de botines, y fue la base del incipiente imperialismo inglés.
Conocida la existencia del archipiélago, gracias al descubrimiento de Juan Fernández , el 22 de Noviembre de 1574, las islas fueron constantemente visitadas por piratas y corsarios del viejo mundo, debido a que era un punto estratégico de abastecimiento y descanso, ideal para reponer fuerzas luego de largas correrías por el pacífico sur.
Visitantes asiduos del archipiélago fueron: Juan Jacobo Le Maire y William Van Schouten, después de descubrir y bautizar el Cabo de Hornos en 1616.

El corsario J. Hermite con once naves y 1.600 hombres. Bartolomé Sharp, después de saquear La Serena en 1680. John Cook y John Eaton recalaron en Marzo de 1683. Cabe destacar al Pirata Edward Davis, quien en 1686, llega a repartir los trofeos logrados en sus correrías de saqueo por América, para luego regresar vencido en 1690 por una escuadra española, dejando allí 9 tripulantes. Rescatados finalmente en 1698 por el Welfare, al mando del capitán Strong.
Bueno, también cabe mencionar al Pirata William Dampier, quien comandaba el Cinque Ports, y que desembarcó a Alejandro Selkirk en “Mas a Tierra” en Septiembre de 1704. Y a quien rescató a este náufrago el 12 de Febrero de 1709, el capitán Wallace Woodes Rogers, comandante del Duke de la armada británica (También con licencia de Corso), quién contaba coincidentemente como primer piloto a William Dampier.

En el año 1720 recala en la isla el buque corso inglés “Speedwell” al mando del capitán Shelvocke (con licencia de bucanero-21corso otorgada por la corona), que zarpó del puerto de Plymouth, el 13 de febrero de 1719. Sus “Percances, hazañas y fechorías”, que tuvieron enloquecidos por el pánico a los mayores desde Ancud hasta Acapulco, fueron anotadas en su bitácora de navegación, que terminó el 25 de Mayo de 1720, cuando huyendo de un buque español, navegó rumbo al Archipiélago Juan Fernández , donde un fuerte viento arrojó a la nave contra la costa haciéndola zozobrar.
La obra colonizadora de los españoles detuvo, por un tiempo, la acción expansionista de los navegantes ingleses.

En el año 1767, el “Dolphin”, embarcación que conocía el archipiélago, fue enviado al mar del sur bajo el mando del capitán Samuel Wallis, junto al “Swalow”, comandado por el capitan Phillipe Carteret, con instrucciones de realizar descubrimientos en el hemisferio meridional. Esta flota dio fe que la isla de “Más a Tierra“, ya había dejado de ser un lugar para recalar embarcaciones inglesas.

El capitán Carteret desconocía que los españoles habían fortificado esta isla, y se sorprendió al divisar a un considerable número de “hombres alrededor de la playa, con una casa, y cuatro piezas de cañón cerca del agua; y a unos 300 metros de la costa un fuerte construido en la pendiente de un cerro con la bandera española, rodeado de murallas de piedra y adentro barracas para la guarnición, y alrededor de unas 30 casas de varias formas”.
Al ver que “Más a Tierra” estaba defendida, el capitán Carteret ordenó cambio de rumbo hacia “Más Afuera”, y ancló en el mismo lugar donde el comodoro Byron había desembarcado dos años antes.

La isla de Más a Tierra tuvo para su defensa una fortaleza y siete baterías, o fortificaciones menores, con un total de 48 cañones. El fuerte Santa Bárbara, con sus parapetos de barro y piedra, sus merlones de cal y ladrillo, y sus quince cañones, era la defensa central del puerto de Cumberland, junto a la batería de San José ubicada en la playa, con ocho cañones.

barco-pirata-33El fortín San Carlos defendía, con sus cuatro cañones, la parte occidental del puerto; la atalaya del castillo del Pangal, con cinco cañones, cubría la bahía por el este.
El San Francisco Javier, a la retaguardia, reforzaba la acción del Santa Bárbara y sus pesados cuatro cañones asomaban por la desembocadura del valle de Lord Anson.
Las defensas rasantes de Puerto Inglés, con sus cuatro cañones, despojaron de su fondeadero predilecto a los filibusteros ingleses; y las ubicadas en Puerto Francés, con igual número de defensa, detuvieron a 108 bucaneros. En la ensenada de Villagra estaba ubicada la séptima batería para defender el otro lado de la isla de un sorpresivo desembarco enemigo.
En la playa de bahía Cumberland, en Puerto Inglés y Puerto Francés, aún quedan algunos cañones que pertenecieron a la fortaleza colonial que alardean de haber alejado, con su sola presencia, a los temidos y sanguinarios piratas del pacífico.

Fuente: comunajuanfernandez.cl

Esta tarde salí a dar una vuelta por los cerros de Valparaíso y, súbitamente, sentí el deseo de visitar “La Sebastiana”.  Llegué unos minutos después de las seis y la reja de acceso a la casa ya estaba cerrada. Caminé entonces cerro abajo y me encontré con la Plaza de Pablo Neruda, que no conocía. Había tres esculturas cercanas entre sí, en cobre envejecido. Neruda de pie, con su típica gorra de marino y el semblante pensativo. Frente a él –sentada en un banco de la plaza–  Gabriela Mistral.  A su derecha, también sentado, pude observar la frágil y distinguida figura de Vicente Huidobro. Los tres grandes de nuestras letras frente a frente. Caí en la cuenta, en ese momento, de que  no figuraba ningún poema de Gabriela Mistral en la sección de “Poesía” de nuestro Faro, así que tan pronto llegué a casa me apresuré a publicar su extraordinario Desolación. Mañana incluiremos un poema de Huidobro en la página poética de este blog. 

Luis Irles

gabriela-mistral1

La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

Gabriela Mistral

 

No sólo nuestros amigos del Movimiento Guachaca se dedican con ahínco a remover los cimientos de la cultura demodé en este Chilito lindo… También nosotros –Los Fareros & Fareras Dadaistas del Fin del Mundo– hemos decidido aportar nuestro granito de arena a la cada día más interesante movida porteña.

Les cuento: Llevamos un par de semanas preparando un jápenin. Así lo llamamos, jápenin. Se trata de leer poemas con cara de enojado y a volumen brutal –sí, justo al estilo de John Giorno– mientras un músico aficionado distorsiona detrás de ti con la guitarra. Un prodigioso y fascinante calidoscopio escenográfico que dará que hablar. Es algo que Tony me llevaba comentando desde hacía meses. Tony Lobo Seadog. “Mira, Lucho, tú te pones ahí a leer poemas de Timothy Leary, de Gorocca, de Pompas o de quien sea, desfasas un poco, y yo de fondo con la guitarra… ¿Qué te parece?”.

Quedábamos en llamarnos y nunca pasaba nada. El trabajo, las mujeres, las juerguecitas (no las mías, por supuesto). Siempre hay un amigo dispuesto a martirizarte. Iban pasando las semanas y mi vida, en particular, no salía de su habitual estado de atonía. Posteriormente, hace como un mes, vi al Guatón Pancho en el Brighton, y retomamos la historia.

Se me ocurrió involucrar en el asunto a Queno Scola, un poeta excelente y un tipo macanudo. Estaba a punto de salir de la imprenta su poemario En la calle Bandera nadie me espera. Así que nos pusimos a montar el tinglado. Loboseadog está leyendo un libro sobre la Velvet Underground, “Down-thigt” creo que se llama, aunque no estoy muy seguro así que no me hagan demasiado caso, y al gallo se le ha metido en la cabeza reproducir un espectáculo como el Exploding Plastic Inevitable de Andy Warhol. Un poco pasado de moda, cierto. Pero en Valparaíso tampoco hay que ser excesivamente original para llamar la atención un poco y montar una buena…. Y además a mí, aunque soy bastante reacio a subirme a un escenario, en el fondo me parecía una buena idea. Se trata, en resumidas cuentas, de hacer una especie de espectáculo “multimedia” en plan performance tipo “arte conceptual”, armar un escándalo declamatorio con distorsión electroacústica de fondo bajo un bombardeo de imágenes. Por lo menos, eso es lo que dice Tony que tiene en la cabeza. Supongo que tiene suerte de tener algo. De modo que llamé al Queno y se lo dije.

–Yo encantado –me dijo -. Incluso puedo llevar también unas películas. Estaría bien algo de cine mudo… “Cero en conducta”, de Jean Vigo, por ejemplo, ¿la conoces..?
–No, no la conozco. Ya sabes que soy un analfabeto en lo que respecta al cine mudo galo. Pero seguro que está bien…
-Sí; y si tienes otra guitarra, yo también sé tocar algunos acordes, acompañamiento rítmico nomás y alguna que otra cosa…..

Lo decidimos. Nos pusimos a buscar un sitio apropiado. Quedaban cuatro días hasta el Día “D”. Fuimos al Fu-Manchú, pero estaba cerrado por reformas. Fuimos entonces al Charlie Brown. Un mozo con cara de pocos amigos nos dijo que no estaba el propietario. Por fin, fuimos al Jamboree. Ese sitio tiene un aire rancio medio guachaca al principio, pero si te sientas y te tomas un cafecito, y el sol de primavera está entrando por los ventanales, te va atrapando, te relaja. Hace que hasta te encuentres bien.

Ernesto Butler, el dueño, un bohemio cincuentón de bigote y coleta, nos dijo que lo que hiciera falta. Cerramos el trato y nos marchamos.

Dos días antes del día “D”, llamé al Queno y no lo encontré tan seguro. Estaba trabajando en cuatro libros a la vez, o algo así, y viéndose obligado a quedarse hasta las doce de la noche todos los días, para dejar el viernes del recital libre. Y encima, tenía que venir de Temuco y, y… en fin: no lo vi muy seguro a mi amigo.

Y como yo imaginaba, ese mismo día por la noche llamó y habló con Tony y le dijo: “Dile a Lucho que el Queno es un cobarde. Se rajó”.

Por supuesto, cancelamos el “acto”. La cultura tendrá que esperar. Pero en octubre lo intentaremos de nuevo. Nosotros solos. Los Fareros no se rinden tan fácilmente. Y, además, la Gorokiña estará junto a los artistas ese día. Y con ella en el escenario, el jápenin no puede fallar.

 

Estimados Compipas: Hace más de tres mil años, en una caleta de pescadores, un soñador reunió a un grupo de hombres; les contó sus sueños y juntos iniciaron un proceso que cambió gran parte de la historia de occidente. Tres milenios después nos reunimos los Guachacas, para contarnos nuestros sueños que simbolizamos en este acto. Hoy inauguramos en La caleta el Membrillo de Valparaíso, El Primer Ascensor a la luna. Nuestros ingenieros Guachacas, han dicho, después de exhaustivos estudios, que este es el lugar apropiado para iniciar las obras de construcción.  Aquí frente al océano Pacifico, con la brisa de la costa. Aquí donde los navegantes confunden las estrellas con las luces del puerto, aquí donde está la gente humilde de Valparaíso. Sus pescadores.Muchos se preguntaran, ¿Qué significa esto? ¿Que importancia puede tener en un país cada vez más pragmático, que nos juntemos a inaugurar un ascensor a la luna?¿ Es acaso otra locura de gente irresponsable? Y nosotros respondemos que sí. Si es una locura, pero una locura hermosa, que no mata, no discrimina, ni contamina. Es una locura de gente enamorada, enamorada de la vida y de nuestra patria. En este ascensor pueden subir, todos quienes voluntad de belleza y vocación de justicia. Aquí entran todos nuestros sueños y nuestros anhelos. Aquí tienen pasaje gratis, todos quienes tienen alma de niño. 

¡Este ascensor es el Arca de Noe Guachaca! Y nos vamos a la luna con claveles y copihues, con longanizas de Chillan, con un buen pipeño para el camino. Llevamos cuecas y manzanas confitadas, sanguches de potito y chorrillanas. Y nos vamos a la luna, porque dicen que ahí no hay gravedad, y seamos honestos, aquí abajo hay demasiada gravedad. Como que la vida pesa demasiado, como que la vida se ha transformado en una seguidilla de problemas, encadenado uno tras otro, que ni siquiera nos deja tiempo para mirar las estrellas ni para enamorar un copihue. Quisiéramos aprovechar la presencia de tantos compatriotas, que como viñas salvajes se han extendido más allá de nuestras fronteras, para que lo cuenten. Díganlo fuerte, en Chile, en Valparaíso, se inauguró el Primer Ascensor a la Luna, y lo hicieron los Guachacas. Con el paso de los días, vendrán a este lugar muchos hombres y mujeres enamorados a contarse sus sueños y a fotografiarse frente a esta locura que nos hace más humanos, más hermosos y más chilenos. Si es así, habremos cumplido nuestra labor y nada habrá sido en vano. Quisiéramos concluir, citando un viejo proverbio chino que dice “Los Chinos nunca hemos hecho un proverbio” Y con una frase del “taquilla” zapatero de Lontue que señala “Ningún hombre a visto la esperanza, ni siquiera se imaginan como es, pero sin ella ninguna caravana, habría atravesado el desierto”

En Valparaíso, en el día trece del séptimo mes, del tercer milenio. Se da por inaugurada las bases del primer ascensor a la luna. Para honor y gloria de quienes mantienen en alto sus sueños e ideales.

¡Viva Valparaíso, Capital Guachaca de la Humanidad!!¡ Viva el primer ascensor a la Luna!!¡ Vivan Los Guachacas!!¡¡¡ Viva Chile, Mierda!!!

Discurso oficial de inauguración del Primer Ascensor a la Luna.(Texto de la alocución del Guaripola Guachaca Dioscoro Rojas)

Hace siete años, mientras se celebraba en Santiago la Cumbre Presidencial, Dióscoro Rojas, Raúl Porto y sus amigos, reunidos en el bar La Piojera, centro de operaciones del grupo, decidieron entre pipeños y risas celebrar la Primera Cumbre Guachaca. Un evento inédito en el cual, por primera vez en siglos, fuera de las fondas dieciocheras y en plena capital del país, el pueblo tendría la libertad de expresarse y compartir con todo el mundo sin tapujos, sus gustos, su música, sus dichos, sus comidas, sus ideas, sus anhelos y sus tragos.

“Humildes cariñosos y republicanos, chilenos todo el año”

Ya son una verdadera tradición las celebraciones que se realizan en el Centro Cultural Estación Mapocho, para reunir a una diversa galería de cantores, poetas, cuequeros y variados artistas en torno al ambiente y manifestaciones propias de la cultura popular urbana de bares, peñas, picadas y quintas de recreo. Se trata de las Cumbres y Fondas Guachacas. La iniciativa de Dióscoro Rojas y sus secuaces, surgida hace siete años, ya se proyecta no sólo como festividades anuales, sino también como un movimiento, que con humor y creatividad, sale en defensa de una chilenidad farrera y picaresca, aficionada al vino, la conversación, la guitarra y el romance.

La honrosa identidad guachaca, que saca la lengua a los “cuicos”, al desprecio clasista y a la negación extranjerizante.

Pero el asunto no se queda en pura fiesta, y el grupo se ha articulado como un movimiento en la lucha por el rescate y valorización de la tradición guachaca, entendida como lo más genuino y espontáneo de la cultura popular urbana. Apoyándose en la pluma ingeniosa de Porto, los guachaca se han dedicado a amasar durante todo este tiempo una serie de propuestas, reinvidaciones y lemas que han infiltrado en la opinión pública no sólo a través de sus tradicionales Cumbres, sino también de inverosímiles cruzadas de las que el Parlamento no ha podido escapar. 

El gran Fermento Guachaca:
 

La ley que estipula el corto de pisco a la subida de los ascensores, para evitar la puna; la “Ley del medio pato”, propuesta como alternativa al Seguro de Desempleo; la denominada “Ley del bigoteado” que establece la “chuica común”, así como la que autoriza la construcción de un tranvía en Valparaíso, ciudad declarada “Capital Guachaca de la Humanidad”, que haga el circuito nocturno entre los bares Cinzano, Valparaíso Eterno y J. Cruz forman parte de sus múltiples, descabelladas y divertidas iniciativas legales enviadas al congreso. Otra de sus loables iniciativas es la celebración del mes de la patria con una gran fonda con asado y espectáculo incluido, para 500 patriarcas del Hogar de Cristo.

El “Día de los Inocentes” no podía quedar fuera de sus gestiones, el 2002 su mensaje central para los medios de comunicación fue decir que “aqui somos más los inocentes que los culpables, que queremos desarrollo y justicia social, pero sin soltar la mano de la inocencia”. Bajo esta premisa realizaron una misa en la Catedral de Santiago, con la participación de 1200 personas, incluidas cuecas y entrega de 800 pañuelos. La actividad fue cerrada con una visita a La Moneda, donde le hicieron llegar una carta al entonces Presidente de la República, Ricardo Lagos.

En fin, el humor no puede quedar afuera de cada una de las gestiones de la Delegación Guachaca. Mucho güendy.

 

Fuente: Corporacion Patrimonio Cultural de Chile (nuestro.cl)

De nuevo en Chile, tras un intenso y enriquecedor mes de vacaciones. Santiago me recibió con su cielo gris y su soportable invierno. Afortunadamente sin la llovizna fría e incesante de otras ocasiones, en las que parece destilar una extraña sensación que corona la vecina cordillera de soledad y de añoranza.

Llegué algo cansado del largo vuelo, pero –a pesar de ello– lo primero que hice cuando pisé las calles de Valparaíso fue dirigirme al Hotel Brighton, sentarme en su maravillosa terraza y pedir un pisco sour, que bebí lentamente mientras contemplaba absorto el océano que tenía ante mí.

Cumplía así con la promesa hecha a ese gran escritor llamado Enrique Vila-Matas, que se inmiscuyó en un sueño que tuve la última noche que pasé en Cazorla… No es demasiado extraño que así ocurriera, ya que pocas horas antes yo había finalizado la lectura de una de sus mejores novelas, El mal de Montano, en la que la narración de su viaje a este hermoso país “de loca geografía” ocupa una parte muy importante.

En el sueño, unos suaves golpes dados en la puerta de mi habitación me despertaban en plena madrugada. Yo, inicialmente, sentía la rara sensación de ser el hombre más solo del mundo, pero me alegraba en seguida de que alguien viniera a ofrecerme su palabra y su consuelo a esas horas de la noche. Entonces, abría la puerta y allí estaba él, acompañado por una hermosa mujer y tres hombre de edad madura. Todos permanecían en silencio e inmóviles, pese a que yo les invitaba a pasar al dormitorio para que tomaran un café.

“No es necesario, gracias”, dijo muy serio el escritor catalán, “sólo he venido –y ellos han tenido la gentileza de  acompañarme– a pedirte un gran favor: Cuando llegues a Valparaíso, diríjete a la terraza del Hotel Brighton, donde yo viví tan intensamente la entrada del siglo XXI junto a Felipe Tongoy y a la  memoria de Gombrowicz, y pídele al garçon un pisco sour. Brinda entonces por nosotros, por Chile, por la literatura y por Texeira, allá tan olvidado en las Azores.”
–Desde luego que lo haré, puedes estar seguro –le respondía yo en el sueño.
–Gracias, Luís. Sé que cumplirás tu promesa… Yo te acompañaría encantado, pero –desde que estuve en Budapest– he envejecido veinte años de golpe y me siento muy agotado.
“Cuídate mucho”, le dije. No respondió. Simplemente estrechó mis manos y se alejó con sus amigos… Fue entonces cuando desperté. 
 
Hay sueños, hay momentos, en que la irrealidad parece golpear nuestros sentidos. Esos sueños, esos instantes rara vez se olvidan. Y yo cumplo casi siempre mis promesas. Es por eso que acudí a la terraza del Brighton nada más llegar al Puerto… Me rodean los cerros multicolores y el océano gris y poderoso. He brindado entonces por Vila-Matas, por Montano, por Gombrowicz, por Chile, por Musil, por Texeira, por la auténtica literatura, por Felipe Tongoy y, también, por todos nosotros… Y ya cumplida mi promesa, me retiro, con el permiso de ustedes, a descansar de la larga travesía.
   
¿Lo escuchas, Montano? Cerca, siempre muy cerca del Brighton, está el rumor del mar. ¡Salud!

El artículo me lo envió Marcial Fernández desde México, a su vuelta de Chile. Ya me contarás del Bar La Playa, del que habla Max Valdés. – Julio Irles -

Alguna vez alguien -que no recuerdo- me dijo que escribir cuentos era un viaje sin destino y uno paraba los pies en cualquier parte. En ese entonces no supe bien el significado concreto de esta frase. Intenté darle la mayor profundidad, buscando un sentido sublime y elevado que, por esa razón, a mis diecisiete años pensé que no podía lograrlo.

Mi ingenuidad recién se vería resuelta este pasado miércoles 30 de abril. Después de muchos años esa locución -para mí potente y misteriosa- daría en la razón en lo sencillo. Estábamos un grupo de escritores camino a la Universidad de Playa Ancha para leer y presentar una Nueva Antología de la Narrativa Chilena. Selección de Poli Délano y la Editorial Mexicana Ficticia. Viajábamos todos juntos de Santiago a Valparaíso en un minibús universitario. El viaje de ida fue sin sobresaltos, más bien normal a esas horas de la mañana, quizá por el sueño, quizá por la incertidumbre nos manteníamos ligeramente sobrios en aquel pequeño espacio: Fernando Jerez, Poli Délano, Rolando Rojo, José Osorio, el escritor mexicano Leo Mendoza, el editor Marcial Fernández, nuestro secretario ejecutivo –el periodista Ricardo Berasain– quien esto escribe, y la única mujer de la manada de lobos: Lilian Elphick.

Siempre la idea del viaje es atractiva. Seduce. Excita los sentidos. Se cree que al salir de un lugar llegará a otro de vuelta transformado, ligeramente mejorado en su condición de ser. El cambio de un sitio físico a otro produce excitabilidad. Así como escribir y desarrollar una ficción producen entusiasmo y una permanente alteración a nuestra vida normal. De esa manera asumimos todos este viaje: como la alternativa de la huída de la capital, escapar de las pre-emergencias ambientales y enfrentarnos al mar absorbiendo esa negada energía capitalina. Llegamos atrasados al aula magna donde nos esperaban más de una centena de estudiantes universitarios, respetuosos, interesados en conocer de qué se trataba tal volumen de cuentos. Berasain hizo de maestro de ceremonias, un buen presentador, con vínculos secretos con esa casa de estudios -había sido ex alumno y volvía convertido en el aplaudido anfitrión. Leo Mendoza, con una chispa alegre y entusiasta le brindó un carácter relajado y amistoso a la ceremonia. Cada uno hizo lo que tenía que hacer: lecturas, comentarios, discusión amena y enriquecedora con los alumnos. Luego vendría el almuerzo: una recepción majestuosa y elevada, inesperada a nuestra condición de escritores. La comida fue abundante y generosa compartida con los profesores y el decano de esa facultad. Un salón que miraba hacia el mar le brindó un espectáculo inusual y atractivo. Comprendí que la frase inicial daba sentido al viaje. Escribir efectivamente es un viaje a lugares ignorados, inesperados, con sorpresas y aventuras sorprendentes. Y también la segunda acepción: que uno no sabía dónde ponía los pies.

Luego vendría un paseo por Valparaíso. Nos subimos a la camioneta y el conductor, desconociendo nuestro pánico a las alturas, hizo un periplo por las colinas y bajadas más pronunciadas de esa ciudad. Nos elevamos redescubriendo un puerto que jamás perderá su condición de excitante y encantador. Las singulares casas colgantes y la presencia del mar transformaron nuestro espíritu. Nos hicieron sonreír ante las inesperadas pendientes que casi nos arrojaban al suelo y aquellas subidas imposibles que a nuestros amigos mexicanos los hicieron angustiarse más de una vez. No cabe duda que fue un paseo que necesitaba un paradero, para eso llegamos al ascensor artillería y desde allí una vista imponente de la bahía para atestiguar la magia y peculiaridad de Valparaíso. Enseguida fuimos al Bar La Playa, un escenario antiguo y lleno de recuerdos: fotografías de actrices francesas como Brigitte Bardot, Jeanne Moreau, Jane Birkin, Deneuve y Mireille Darc, sensuales muchachas de treinta años; espejos cóncavos de madera antigua y una música de fondo para reencantarnos. Hay una novela de Pavese que se llama igual y confirmé que escribir efectivamente es un viaje sin destino, nunca conocerás el paradero sí la condición de viajante.

Regresamos al atardecer. Nuestros amigos mexicanos con Poli debían continuar camino a Puerto Montt., tercer punto de presentación de esta transitada antología venida desde América de Norte hasta reposar en lo más austral del mundo conocido. El resto conocía su destino: continuar viviendo, asumir la cotidianidad del día a día, reponerse del vértigo y no olvidar el Bar La Playa para quizá hacerlo vivir en algún futuro cuento.

Max Valdés

Ayer recibí esta nota de mi queridísima amiga y gran poeta chilena Sara Vial.

«Estimado Luis:

Por una casualidad encontré una copia a máquina, hecha de memoria hace tiempo, de la verdadera versión del soneto con tinta verde que salió publicado en tu blog y que improvisé para la bitácora del local. Desgraciadamente el manuscrito estaba muy borroso y tarjado, por lo que el poemita resultó con palabras de menos y otras cambiadas.

Ya no necesitas molestarte en ubicar a quien lo tenga, pues basta con que me hagas el inmenso favor de corregirlo y reemplazar la version llena de erratas por esta que te mando y que es fiel copia de la verdadera.

Desde ya, mil gracias por tu gentileza. Saludos de la autora.»

* * *

En la revista literaria Caimán puede leerse el siguiente artículo sobre Vial de los Heros y su estrecha amistad con Pablo Neruda:

“Sara Vial conoció a Pablo Neruda en Viña del Mar en 1955, en casa de un amigo en común, Vicente Naranjo. Sin embargo, fue gracias al famoso pintor chileno Camilo Mori que Neruda conoció los poemas de la joven Vial. Cuando se encontraron en la casa de Naranjo, Neruda iba saliendo del brazo de Matilde Urrutia y Sara Vial iba entrando. “No me creas pesado, ya habrá mucho tiempo para conversar”, le dijo al oído a la joven. Poco tiempo más tarde, se reencontraron y nació una amistad cómplice que sólo se interrumpió con la muerte del poeta en 1973. Neruda le presentó a Sara al conocido editor argentino Manuel Losada, quien se entusiasmó con el trabajo de Vial y publicó sus libros en Buenos Aires. En 1965, Neruda fue testigo de matrimonio de Sara Vial, un ejemplo de su relación más allá de las letras.Tan estrecha fue la amistad entre Neruda y Vial que fue ella quien le mostró al poeta la casa que luego él compraría para transformarla en su refugio más íntimo, La Sebastiana (en Valparaíso, frente al mar), que hoy es un museo que recuerda al ganador del premio Nobel y su amor por el puerto chileno.”

Soneto en tinta verde al Bar Inglés

sarapablo.jpg

Aquí con este Luis inesperado
y con Alvaro, en fin, siempre seguro
y con Carlos Lastarria, airoso y puro,
estoy Valparaíso a tu cuidado.

A tu cuidado, sí, y Alfonso ausente (*)
pero nos llegará, desenfrenado,
después de tanto diario almacenado
en su fugaz destino hacia la gente.

Valparaíso, te reconocemos
nostalgia y vendaval aquí encerrado
mientras guitarra Luis trae a mi canto.

Y somos los que somos y seremos
y la noche es vivir lo que se ha dado

en amistad, fraternidad y encanto.

Sara Vial

(*) Alfonso Castagneto, ex director del diario La Estrella, (Q.E.P.D.)

(Lunes, 13 de enero de 1992, en el Bar Inglés de Valparaíso.)

En la fotografía puede verse a Sara Vial, junto a Pablo Neruda, en la casa del Premio Nobel en Isla Negra.

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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-

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