Óleo deCaspar David Friedrich ( 1774 – 1840)

Óleo de Caspar David Friedrich ( 1774 – 1840)

El mar perpetuamente renovado, símbolo paradójico de lo mutable y lo permanente, madre nutricia de la poesía y la novela, punto de partida, medio iniciático, misterio en sus profundidades y grandeza tanto en su cólera como en su apacibilidad… he aquí, aún más que la Tierra o el Fuego, uno de los elementos naturales que, desde Homero o las antiguas sagas nórdicas hasta Melville o Conrad, ha latido con su presencia en las páginas inmortales de la literatura de todos los tiempos.

Todos los poetas, todos los novelistas han sentido su influjo, el oscuro misterio de su inmensidad, el rítmico y poderoso pulso de sus olas y sus mareas. Incluso en nuestros tiempos el mar no sólo es el destino superpoblado del ocio veraniego del hombre urbano, a pesar de tantos adelantos en su conocimiento, en su explotación, el mar sigue siendo esa vasta pradera inexplorada, el país misterioso en el que todo es posible, el reino de lo imponderable: exactamente como en tiempos de Hugo, de Verne o de Conan Doyle.

Sorprendentemente España, país mediterráneo «asomado» a uno de los mares culturalmente más enriquecedores, no ha dado grandes hombres de letras asociados al mar. Algún que otro poeta, uno o dos novelistas, nadie de la talla de un Conrad o un Julio Verne en cuanto a «aliento marino» en sus páginas. La letra impresa, moldeada para crear Literatura en forma de novela, reportaje o simple noticia. Mar y escritura se unen particularmente bien, como ya señaló el filósofo Roger Bacon en el siglo XIII:

“Es un acontecimiento extraño que, durante los viajes por mar, en los que solo se tiene por ver cielo y agua, la mayoría de los hombres escriben un diario, mientras que cuando viajan por tierra, donde a cada paso encontramos algo que observar, pocos lo hacen, como si las inciertas eventualidades nos fueran más próximas para ser consignadas por escrito que las observaciones reales”. Y es que el mar contiene la vida y la muerte, la fuerza de la tormenta y la calma de la bonanza, bases de la literatura, lo que le hace presente en todas las lenguas y en todo tipo de textos, desde los orígenes de la civilización occidental.”

Ya dijo el gran poeta Antonio Machado: “y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontrareis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo como los hijos de la mar”.

Para esta ocasión, y mientras contemplo el eterno Mare Nostrum, he querido rescatar algunas citas y fragmentos de la siempre apasionante singladura de algunos escritores que cantaron al mar o utilizaron su superficie o sus profundidades como escenario de la acción que describían. En el mar se dan cita tanto el aliento poético como el épico, su grandiosa ambigüedad permite todas las aplicaciones. Espero que las disfruten.

Manuel Vicent

b1d293580a23e231e5773e49a35aaa44“Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Joseph Conrad. Si en medio de un gran temporal el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concreta que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero.”

 

Stark Hoffmann

“Ah, el Mar. Me parece que me sonríe; unas veces sin enseñar sus dientes pero otras… Me acuerdo aquel día. Su inmensa tranquilidad se transformaba, ya en la orilla, como grandes olas. Un deseo que sólo se apacigua estando en él. Al entrar te conviertes en el invitado de honor. Tu presencia le es grata; y tú se lo debes agradecer. Antes de sentarte en el “hall” te hace algunas preguntillas, para formalizar… Una vez presentados, empieza el baile. Y cuando te empuja, síguelo. Pero eso sí, sin miedo. Poco despues, sabrás que es un bromista. Alguna que otra zancadilla. Lo normal. Lo curioso es que siempre es el mismo tipo de zancadilla, pero su dominio son palabras mayores. Y despues de muchas caídas sabes que el nerviosismo no es grato en su casa. Te hará salir de ella. Sin darte cuenta aprendes a controlar tu misma furia, tu miedo, tu inseguridad. El Mar es un amigo. Para lo que quieras él estará ahí. Todas las respuestas están en él. Y aquel día me enteré de algo. Todas las respuestas…, menos dos…No sabe que es el Principio ni tampoco el Fin.”

Joseph Conrad

“El océano tiene el temperamento falto de escrúpulos de un autócrata salvaje malcriado por la mucha adulación. No puede soportar el menor asomo de desafío, y no ha dejado de ser el enemigo irreconciliable de barcos y hombres desde que los barcos y los hombres tuvieron la inaudita osadía de echarse a navegar juntos pese a su ceño. Desde ese día no ha dejado de engullir flotas y hombres sin que su resentimiento se haya visto saciado por el número de víctimas, por tantos barcos naufragados y tantas vidas truncadas”.

Confucio

“El hombre del conocimiento disfruta sobre el mar, y el hombre de la virtud goza sobre las montañas; porque el sabio es inquieto y el virtuoso pacífico”

Daniel Riquelme, de su libro “Bajo la tienda”.

“La vida es… navegar por una serie de escollos, más o menos grandes y ahogados, como dicen los marinos, pero muy eficaces para dificultar la marcha y en más de un caso para echarla a pique o averiarla.”

Saint Exupery, “El Principito”.

“Si quieres construir una barca, no te dediques a reunir hombres para que corten leña, ni dividas entre ellos las tareas por hacer, ni tampoco les impartas órdenes, sino enséñalos simplemente a sentir nostalgia por el mar vasto e infinito”.

Herman Melville

“Jamás ha existido un hombre verdaderamente grande que haya transcurrido toda su vida en tierra”

 
berlinale

 
El pasado jueves, 5 de febrero, arrancó la 65 edición del festival Internacional de Cine de Berlín –la Berlinale para los amigos. Berlín 2015, como análogamente Cannes, San Sebastián o Venecia, vienen a ser cada vez más el reflejo, de forma específica, de las contradicciones que en la consideración «festival» conducen a la crisis de un sistema en cuanto tal (como manifestación cerrada y en cierto modo discriminatoria), crisis que afecta fundamentalmente a las raíces y demás prolongaciones desde las que se plantea o se construye «el tinglado de los festivales». Reflejo, por supuesto, de otras crisis más amplias al nivel cultura-industria-consumo, índice de unos supuestos que se manifiestan a cada paso en la forma de la decadencia e invalidez de los esquemas convencionales sobre los que se montan unas estructuras.

Si la ignorancia de Berlín a todo cuanto significa o pueda significar cine nuevo, la crisis de un lenguaje, los nuevos planteamientos desde los que iniciar una búsqueda, la reflexión sobre el medio, ha tomado cuerpo decididamente en este 65º Festival, no es sólo como resultante de un sistema específico (el berlinés) desvelado aquí, sino más bien el punto concluyente de la suma de las implicaciones distintas que acceden en Berlín, como, por otra parte, en otros festivales, o en situaciones generales.

Alucinado por la visión de un cine «moderno», entre comillas, jadeante por sus esfuerzos de estar «á la page» y no dejar perder el tren de la «novedad» más engañosa, oportunista entre oportunistas (desde el lado político al cultural, que en definitiva son uno sólo), el Festival de Berlín se ha equivocado de estación. Si «Queen of the Desert» resulta en cualquier caso un film interesante, lo que ya es menos entendible (y con esto estamos ya jugando al «juego de los premios») es su casi seguro Oso de Oro como la mejor película de la Bernlinale. Si el festival –en sus intentos de estar al día– premia también películas como la insufrible “50 sombras de Grey”, “Mr. Holmes”, “Everything will be fine”, “Ixcanul (Ixcanul Volcano)” o “Nadie quiere la noche”, creyendo sin duda que ésas son las obras modernas y nuevas, modelo perfecto de exhibicionismo y oportunismo, de mimetización de las fórmulas brillantes de «cine joven», el festival sólo revela su incompetencia y marginación, su puesta en situación «out». Y si, al mismo tiempo, Berlín ignora olímpicamente (cuando no desprecia) las obras auténticamente válidas y rigurosas, que las hay, las únicas aportaciones de creadores sean Terrence Malick, Jafar Panahi, Werner Herzog, Isabel Coixet, Patricio Guzmán u Olivier Hirschbiegel, las posibles perspectivas que tuvieron lugar, Berlín consigue que uno se sienta bastante desconcertado por su criterio.

El fenómeno, por generalizable que sea a otras esferas, a otros festivales, no deja de ser lamentable, en su correlación cultural. Desde los sistemas de intereses de todo tipo en juego, desde los criterios de selección de obras por países, desde los cerrados márgenes de «competición», desde los postulados que presiden la inclusión de un jurado, desde la exclusivización de unos votos y unos premios, desde la necesidad de esos mismos premios para unas cinematografías incipientes y de mercados reducidos, desde la consiguiente contradicción de ello, desde las presiones que convierten un festival de cine, tanto en una feria “de baratijas” al mejor postor, como en un equilibrio desequilibrado de intereses industriales o políticos.

Desde los supuestos de «contestación» institucionalizada, a la necesidad de una auténtica radicalización. Desde los asentamientos en un sistema cerrado (con apariencia de «libre confrontación»), a la realidad de una dialéctica cultural abierta. Desde la absorción de las corrientes más aparatosamente «diferentes», a la realización consecuente de un cine realmente imbricado en la problemática compleja de una compleja y pavorosa realidad. Desde un cine acomodaticio, convencional, apoyado en los esquemas burgueses del arte, a un cine de agresión. Desde la torpe y primaria realidad inmediata, a la imaginación.

Mr. Arriflex

Dicen que el escritor es un tipo que pone todo su empeño en hacer lo que no sabe hacer. Nadie le ha enseñado. Nunca sabe como terminará lo que escribe. Cuando empieza su segunda obra, ha de olvidar la primera y volver a sortear todas las dificultades de la segunda… Ya decía Michel Butor que escribir una novela es escribir algo que nunca ha existido.

El escritor británico Ian McEwan

El escritor británico Ian McEwan

Un artista plástico, un arquitecto, cualquier profesional creativo, sabe qué es lo que quiere conseguir cuando comienza algo. Pero un escritor casi siempre trabaja más allá de sus límites porque le gusta saber qué hay más allá. A veces, sin embargo, consideramos el trabajo de escribir como algo inútil. Aunque seamos capaces de meternos en la piel de otras gentes que inventamos para poder así dar forma a nuestro discurso, sea este el que sea. Aunque seamos capaces de asumir la desdicha y la condición humana y saber que podemos expresarla en forma de relatos, novelas o poemas. Aunque sepamos describir la alegría, o la paz que da el amor, o la felicidad completa.

Todo este preámbulo viene a cuento porque acabo de releer La playa de Chesil –la novela del consagrado autor inglés Ian McEwan– que, aunque no está considerada como una de sus mejores obras, no se puede leer sin dejar de admirar esta nueva demostración de destreza narrativa, o de la aparente facilidad con la que McEwan es capaz de trenzar un discurso que, independientemente del contenido de la historia, resulta una auténtica y placentera lectura. Un control de los mecanismos más narrativos que se hace patente, por ejemplo, en el tiempo de la historia: en esencia, unas pocas horas de la noche de bodas de una pareja, detalladas con un tempo lento y minucioso, atento a cada una de las inflexiones que se van sucediendo en el ánimo de los dos personajes.

En la práctica, sin embargo, McEwan intercala la historia previa al presente de la narración, unas breves pinceladas que sitúan el origen de los dos y de su amor; así como también una especie de epílogo de los años posteriores a la finalización de la historia estricta. Y lo hace alternando en la narración el punto de vista de ambos personajes, y valiéndose del flashback para dar una información mínima pero suficiente. El resultado es una narración impecable, una historia breve –casi una nouvelle– y deliciosa, sin demasiadas pretensiones aparentes.

«Eran jóvenes, cultos y, ambos, vírgenes aquella noche, su noche de boda, y vivían en una época en que una conversación sobre problemas sexuales era del todo imposible.»

Es la frase que abre la narración, un inicio de aquellos destinados a perdurar, que introduce, con unas pocas palabras, el núcleo central de la historia, el conflicto con que deberán encallar los dos principales personajes. Estamos en la Inglaterra de 1962 –justo antes de los cambios sociales que habrían de venir–, Edward y Florence sacaban de casarse y se disponen a cenar en el hotel, situado al borde de Chesil Beach, donde pasarán la noche de bodas. Una violinista de buena familia y un aspirante a historiador de clase obrera –caracterizado por resolver a golpes los problemas– que pese a las diferencias han optado por compartir la vida. Y el concepto de noche de bodas que recupera aquí todo el sentido que había tenido en otros tiempos: el de una primera vez que, en la novela de McEwan, es sinónimo de movimientos torpes, de fracaso, de platos rotos.

img_art_12842_4860En pocas páginas –y, en consecuencia, con una economía de recursos realmente destacable– McEwan es capaz de trazar las líneas maestras de la psicología de los dos miembros de la pareja, los miedos y las inseguridad que los atenazan, los deseos que los mueven, la ceguera o la ingenuidad con que se encaran a una situación nueva y, en consecuencia, desconocida. Un dibujo en el que lo que no se dice o lo que no se hace tiene tanta o más importancia que lo que es de forma explícita. La brevedad implica contención, y McEwan ha usado las palabras justas, y sólo las justas; nada es superfluo. Por el contrario, cada frase puede leerse en clave simbólica, y desde este punto de vista abrirse a líneas temáticas diversas: la educación de cada sexo, especialmente de la mujer, las diferencias insalvables de clase, la manera como la época marca los personajes, la incomunicación, la relación entre la felicidad y la ambición, etc.

Quizás hubiéramos preferido que el autor hubiera cerrado la novela justo en el momento que termina la historia que se narra; que hubiera evitado, así, esa especie de epílogo que, por momentos, recuerda el esquema previsto de otra novela, tal vez inicialmente más extensa, en la que todo está absolutamente delimitado, y todas las piezas del rompecabezas acaban finalmente por cuadrar. En el caso de la novela de McEwan, resultado de un proceso de aceleración del tiempo narrativo en las últimas páginas, una técnica simplificadora con que se pretende dar algunas pistas de cuáles serán los caminos que seguirán los dos personajes a partir de aquella noche. Y así, si McEwan cuenta unas pocas horas en las primeras cien páginas de la novela,  cuenta un buen puñado de décadas en las últimas diez.

En cualquier caso, una historia sencilla pero emotiva; y, sobre todo, muy bien narrada. Con el trasfondo del paisaje idílico de la playa de Chesil como símbolo del contexto en el que se encuentran los dos personajes y de lo que este marco les exige. Una exigencia que no se corresponde con su preparación y, tal vez, no del todo tampoco con sus deseos. Ir hasta allí para volver de vacío –o, peor aún, para volver con las manos llenas de los pedazos de un objeto que era tan valioso– es el más cruel de los destinos que se puede dar a este hotel al borde de la playa.

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

Algunos de los 600 niños supervivientes del campo de concentración de Auschwitz muestran los números de identificación tatuados en sus brazos.

El 27 de enero de 1945, soldados del Ejército Rojo –pertenecientes al primer frente ucraniano– franquearon las puertas de Auschwitz, el mayor y más cruel campo de exterminio que haya conocido la humanidad. Unos días antes, y al constatar que no podían hacer frente al avance de los rusos, los guardias alemanes decidieron evacuar el campo en lo que se conoce como “marchas de la muerte”, dejando atrás a los prisioneros que no podían continuar con las marchas por sus problemas físicos, provocados por la situación a la que se habían visto sometidos en dichos campos.

Más de sesenta mil prisioneros fueron forzados a marchar hacia el oeste, de los que se calcula que unos quince mil murieron en el camino. En los días previos a evacuar el campo, los soldados nazis asesinaron a miles de prisioneros. Estas marchas se realizaron en todos los campos de concentración del este, y tenían como objetivo reubicar a los presos en otros campos para exterminarles allí.

Era un típico día de invierno en el sur de Polonia, la nieve lo cubría todo y aún se podía respirar el humo que salía de los crematorios, que las SS habían dinamitado para borrar las huellas del crimen. Todo lo que se encontraron los rusos fue una masa informe de almas deambulantes y esqueléticas que iban sin rumbo de un lado a otro, en espera de su inevitable final.

Aunque los atónitos soldados que habían llegado al campo todavía no lo sabían, en aquel rincón perdido y abandonado de la mano de Dios se había perpetrado el mayor asesinato en serie de la historia. Su nombre: Auschwitz-Birkenau. Su razón de ser: el exterminio total del pueblo judío. Borrarlo de la faz de la tierra; en silencio, dejando como único testigo las tupidas aguas del río Sola, adonde habían sido arrojadas, día tras día y durante años, las cenizas de los que morían de hambre, a manos de los guardias o en las cámaras de gas. Pero hemos de recordar que entre las víctimas no sólo hubo mayoritariamente judíos, sino también decenas de miles de gitanos, personas discapacitadas, comunistas y homosexuales entre otros. Se calcula que en total murieron cerca de un millón y medio de personas en Auschwitz, la mayoría de ellos ejecutados.

El balance era estremecedor. En el campo principal, el de Auschwitz, sólo quedaban unas mil personas con vida; en el de Birkenau, la factoría de la muerte, 6.000; en el tercero, el de Monowitz, dedicado al trabajo esclavo, 600, que se refugiaban como animales asustados en la fábrica de IG Farben, una de las empresas alemanas que se habían aprovechado de la abundante mano de obra que proporcionaba el Reich. Menos de 8.000 supervivientes en un lugar donde, en menos de un lustro, habían sido asesinadas a mansalva más de un millón de personas inocentes.

Aunque el de Auschwitz fue uno más de toda una constelación de campos consagrados al exterminio, es, por méritos propios, el símbolo inmortal del Holocausto, del asesinato premeditado y planificado de millones de seres humanos, condenados a muerte por el mero hecho de ser judíos, de pertenecer a otra etnia o de mantener una ideología contraria al nazi-fascismo. En su interior se dio cita toda la crueldad y la infamia que puede caber en el alma humana. Nuestra lengua carece de adjetivos para aproximarse siquiera al dolor y al sufrimiento que unos fanáticos infligieron gratuita y concienzudamente a tantos seres humanos.

Un banquillo de cómplices y mediocres


 

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Se calcula que entre 6.000 y 8.000 miembros de las SS participaron en la gestión y mantenimiento del campo de concentración de Auschwitz, pero sólo 24 acusados fueron juzgados en el primer proceso de Frankfurt. Un juicio bastante peculiar llevado a cabo entre el 20 de diciembre de 1963 y el 10 de agosto de 1965 y que tuvo una gran proyección mediática. Allí se enfrentó a la sociedad alemana con su pasado más reciente y atroz. Se miraron cara a cara perpetradores, y victimas sobrevivientes de los campos. Se escucharon por primera vez testimonios escalofriantes.

Cuando tuvo lugar este juicio, otros líderes nazi responsables de alto nivel de Auschwitz, incluyendo al comandante del campo Rudolf Höss, ya habían sido juzgados por las autoridades polacas en 1947. El propio Höss fue condenado a muerte y ejecutado en el campamento 1 de Auschwitz.

Curiosamente, y casi 70 años después, la agencia alemana que investiga los crímenes del nazismo anunció el 28 de agosto de 2013 que entregará a las autoridades policiales los documentos para que decida si se lleva a juicio a otros 40 exguardias del campo de exterminio de Auschwitz, muchos de ellos ya fallecidos, según un artículo publicado en el periódico francés ‘Le Figaro’.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 260.000 veces en 2014. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 11 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

  Internet ha dado una nueva vida a la cartografía. Triunfan los mapas, las aplicaciones de geografía (les recomiendo una llamada Geomaster), la geolocalización… Y, sin embargo, en la memoria permanecerán para siempre los mapas de Piri Reis. Se cumplen ahora 500 años desde que el almirante dibujara las Américas y la costa de la Antártida, mucho antes de ser descubierta…

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Piri Reis podría ser el protagonista de un capítulo de Cuarto Milenio. Fue un adelantado a su tiempo, un marinero culto que ha sobrevivido como un héroe, incluso como un visionario. Este almirante turco (1465-1554), políglota y cartógrafo, guerreó contra Venecia y contra los mamelucos de Egipto, donde acabaría sus días decapitado. Y sitió Gibraltar por orden de los otomanos. Pero su leyenda viene de otra de sus pasiones, la cartografía.

El mapa de Piri Reis, del que ahora se cumplen 500 años, muestra la costa occidental de África, la costa oriental de América del Sur y la costa norte de la Antártida. Fue elaborado en 1513, publicado en 1523, extraviado y recuperado en 1929, y ahora se guarda con celo en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul. La precisión de sus líneas siempre ha sido un misterio, sobre todo el hecho de que incluyera la Antártida, entonces por descubrir.

Esta representación gráfica de los nuevos territorios del Atlántico se elaboró como una power point de la época, para enseñarle visualmente a Selim I los descubrimientos de los españoles y los portugueses. Sin embargo, el atlas del almirante turco fue mucho más allá, hasta el punto de convertirse en una leyenda. ¿Cómo pudo dibujar América con tanta precisión, solo unos años después de la llegada de Colón? ¿Cómo pudo siluetear la Antártida, mucho antes de que nadie pusiera los ojos en sus hielos?

Respecto a la primera parte de la pregunta, parece que Piri Reis bebió directamente de los mapas elaborados por la tripulación de Colón. Era un marinero bien informado, con todo tipo de contactos, por lo que se supone que fue de los primeros en conocer y valorar la hazaña del descubrimiento. En cuanto al segundo interrogante, lo cierto es que en otros mapas medievales ya aparecían referencias a un territorio ignoto, que podría ser la Antártida. Sin embargo, el acabado tan perfecto de unos territorios tan desconocidos en Europa como cabe suponer sigue resultando asombroso. De hecho, el almirante es hoy un símbolo en Turquía, una referencia para todos los aficionados a la cartografía y a la belleza de los mapas.

Publicado por el ene 11, 2013

Fuente: http://abcblogs.abc.es/

La Natividad - El Greco (1603-1605)

La Natividad – El Greco (1603-1605)

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DE CÓMO ESTABA LA LUZ…
Luis Rosales

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El sueño como un pájaro crecía
de luz a luz borrando la mirada;
tranquila y por los ángeles llevada,
la nieve entre las alas descendía.

El cielo deshojaba su alegría,
mira la luz el niño, ensimismada,
con la tímida sangre desatada
del corazón, la Virgen sonreía.

Cuando ven los pastores su ventura,
ya era un dosel el vuelo innumerable
sobre el testuz del toro soñoliento;

y perdieron sus ojos la hermosura,
sintiendo, entre lo cierto y lo inefable,
la luz del corazón sin movimiento.

Luis Rosales

Barbara Carrera en 'Queen of the South Seas'

Barbara Carrera en ‘Queen of the South Seas’

Hace unos días, mientras saboreaba un delicioso café originario de las Montañas Azules de Jamaica con mi buen amigo MH, surgió –cómo no– el manido tema de la relación entre la literatura y el cine. Él es un culter genuino y un gran lector, así que me habló de Emma, Queen of the South Seas, una interesante película australiana del año 98 (convertida posteriormente en una serie televisiva que alcanzó cierta popularidad), y que fue adaptada de la novela de Geoffrey Dutton.

Yo le insinué mi interés por ver esa cinta protagonizada por la bella Barbara Carrera –recordada actriz de las series Never say never again o Dallas y a la vez por leer el libro de Dutton… MH es bastante reticente a prestar libros y dvdés a los amigos pero ayer, para sorpresa mía, llamó a casa y me entregó una bolsa que contenía ambas joyitas. Tienes una semana para leer la biografía y disfrutar de la película. Las quiero de nuevo en mi poder el próximo miércoles, me dijo con su peculiar acento portugués. Así que anoche mismo disfruté del inesperado préstamo de MH… Digo yo que para algo deben servir los amigos, ¿no?

Más que su interés cinematográfico (que es medianamente aceptable), lo que me subyugó de verdad fue la vida del personaje, ya que tanto el libro como la serie, están basados en la vida real de Emma Eliza Coe. La película se rodó en paradisíacos escenarios de Samoa, en la salvaje y primitiva Nueva Guinea, el San Francisco del siglo diecinueve, la Casa Blanca del presidente Ulises S. Grant, el Berlín del emperador Guillermo II y el lujoso Montecarlo del siglo XIX.

Hija de una princesa de la casa real de Samoa y de Jonas Coe, el primer cónsul americano de Apia, Emma Eliza Coe fue una bella mujer que amasó una gran fortuna y fue conocida, a menudo de forma íntima, por muchas eminentes figuras de Europa y Estados Unidos.

Desde niña Emma mostró una fuerte personalidad y modales muy nativos que escandalizaban a los puritanos misioneros. Internada en un severo convento, del que fue expulsada años después, la joven recibió enseñanzas no sólo de las monjas del convento en San Francisco sino también de su amiga y tutora la doctora Lane.

Emma regresó a Samoa con ideas propias y con la habilidad de saber expresarlas con convicción.

En el viaje de vuelta a su tierra, la muchacha mantuvo relaciones con el capitán del barco, un lacónico y aventurero irlandés-australiano llamado Thomas Farrell. Cambiante y oportunista, Farrell mantendrá una protectora fidelidad a Emma durante los veinte años de su atípica relación.

Emma pronto se integró en la movida colonial del Pacífico Sur, convirtiéndose en el centro de las subversiones políticas de Samoa y en la remota Nueva Guinea. Desplegando, asimismo, una gran actividad en el terreno sentimental, con dos matrimonios y un buen número de amantes en su haber.

Con la ayuda de Thomas Farrell, Emma fue pionera de la industria de la copra; levantó un vasto imperio de plantaciones, almacenes y una flota mercante.

Su riqueza y poder sirvieron a esta singular mujer para salvaguardar a su familia, amenazada por las luchas por el poder colonial entre los Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña.

La historia real de Emma superó a la mejor novela de ficción, en ella no faltaron aventuras, romances, pompas y ceremonias, así como violencia, ambición y sexo, sin omitir intrigas políticas y comerciales.

A veces, las biografías de personajes tan increíbles como fue Emma Eliza Coe resultan más interesantes que ciertos libros de poesía… Lo afirma MH.

Mr. Arriflex

Originalmente publicado en franciscojaviertostado.com:

Haz clic en la imagen para ampliarla.

Existen muchos interrogantes sobre este busto: ¿quién era?, ¿pertenecía a una estatua de cuerpo entero?, ¿qué función tenía el orificio de su parte posterior, quizás un recipiente funerario? pero enigmas a parte, la historia de su descubrimiento no deja de ser también fascinante.

Ver original 570 palabras más

 

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Su autoría se atribuye a un grupo anónimo de personas autodenominados Los Tres Iniciados, aunque las bases del hermetismo se atribuyen a un alquimista místico y deidad de algunas logias ocultistas llamado Hermes Trismegisto, cuya existencia se estima en Egipto antes de la época de los faraones y, según la leyenda, fue guía de Abraham.

Los “tres iniciados” que escribieron El Kybalión decidieron permanecer en el anonimato. Esto ha generado muchas especulaciones sobre quién escribió realmente el libro. Hay varias escuelas de pensamiento que se atribuyen su autoría. La teoría más popular es que Paul Foster Case, Michael Whitty y William Walker Atkinson (este último también conocido como Yogi Ramacharaka, Swami Panchedasi, Magus Incognito, Theodore Sheldon y probablemente muchos otros pseudónimos conocidos y desconocidos) eran los “tres iniciados” que escribieron el libro

De acuerdo a El Kybalión, libro sagrado y de los misterios “… Hermes fue y es el Gran Sol Central del ocultismo”. (1974,8) Se le llama también el Dios de la Sabiduría. El nombre de Hermes ha sido utilizado por las ciencias ocultas para significar todo aquello que no es del dominio público, todo aquello que es sagrado, privado.

En este sentido, se puede decir, que las ciencias herméticas, como su nombre lo índica, esconden la tradición secreta y esotérica de la humanidad. Por ello, encontramos en forma constante que la palabra hermético, se utiliza para nombrar o identificar, todo aquello que está “… cerrado para todos los que no tienen la palabra, la fórmula para abrirlo”. (S. Raynaud, 1974:73)

Entre las obras, cuya autoría, los egipcios le adjudican a Hermes, se cuentan 42 libros y la famosa Tabla Esmeralda o Esmeraldina. Esta última obra, ha sido considerada como la llave de la sabiduría y el ocultismo, ya que según los estudiosos del ocultismo, encierra los secretos de la “Piedra Filosofal” o secreto del “elixir de larga vida”.

La Tabla Esmeralda expresa la trinidad que rige la Naturaleza entera. El ternario o los tres mundos. La tesis, la antítesis y la síntesis de la Filosofía.

1.- Es Verdad: Verdad sensible del mundo físico. Ciencia contemporánea.
2.- Sin Mentiras: Verdad filosófica, oposición al mundo físico. Mundo metafísico.
3.- Muy Verdadero: La Síntesis o unión, que representa a la verdad Inteligible. Mundo divino.

Existen otras obras atribuidas a Hermes, entre ellas: El Divino Pimandro, Asclepio y Minerva del Mundo, tales legados han sido reproducidos por la Escuela de Alejandría y, se consideran una herencia cultural de las doctrinas herméticas. Las enseñanzas herméticas se encuentran en todas las culturas y en todas las religiones.

No obstante, la base fundamental de las doctrinas secretas de nuestros días, se apoyan en la obra atribuida a Hermes, parte da la cual ha sido transmitida de generación en generación y compilada bajo el nombre de: El Kybalión., Algunos estudiosos del tema señalan que gran parte de la información original se perdió y lo que queda ha sido rescatado por tradición oral, como lo conocemos hoy.

Ahora bien, la enseñanza de El Kybalión, asume los principios básicos de la alquimia hermética y su Filosofía Universal. De esta Filosofía, nos ha hablado Aldous Huxley, autor contemporáneo, que la designa con el nombre de Filosofía Perenne. Ahora bien, la construcción filosófica que hace El Kybalión, está basada en siete principios básicos, considerados éstos, como Principios Universales de la Creación

Los siete principios o axiomas, como están descritos en El Kybalión, son:

Mentalismo. El Todo es mente; el universo es mental.
Correspondencia. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba. Afirma que este principio se manifiesta en los tres Grandes Planos: el Físico, el Mental y el Espiritual.
Vibración. Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.
Polaridad. Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.
Ritmo. Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
Causa y efecto. Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley.
Generación. El género existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos. En el plano físico es la sexualidad.

Los ocultistas modernos sugieren que algunos de estos textos pueden tener su origen en el Antiguo Egipto, y que «los cuarenta y dos textos esenciales», que contenían lo fundamental de sus creencias religiosas y su filosofía de la vida siguen escondiendo un conocimiento secreto.

 

Jean D’Ovigny

El 30 de octubre de 1938, la emisora de radio estadounidense CBS transmitió un programa en directo desde el Mercury Theatre de Nueva York que fue escuchado por más de 12 millones de personas. Se trataba de la adaptación de «La guerra de los mundos», de H. G. Wells, dirigida y narrada por un joven de 23 años llamado Orson Welles, que años más tarde se convertiría en uno de los mejores directores de toda la historia del cine.

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Tan solo unos meses después de que la CBS le ofreciera llevar a cabo un programa semanal basado en la dramatización de obras literarias, Welles lograba alcanzar los 59 minutos de radio más famosos de la historia. En un contexto marcado por la Gran Depresión, Welles pensó que tal adaptación –contada en forma de noticiario de última hora– calaría en el seno de la audiencia. Y vaya si lo hizo.

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa para dar lectura a un boletín informativo urgente de Intercontinental Radio News: Faltando veinte minutos para las ocho, hora central, el profesor Farrell del Observatorio de Mount Jennings, de Chicago, Illinois, nos informa que han podido ser observadas varias explosiones de gas incandescente, que se están produciendo a intervalos regulares en el planeta Marte … ”

Tras estas palabras y para darle aún mayor veracidad a la noticia, Welles retomaba la supuesta emisión de una orquesta desde el Hotel Meridian Plaza para volver a parar a medida que la ficticia invasión extraterrestre se iba desarrollando, «damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte…»

La orquesta que supuestamente tocaba desde el Meridian Plaza continuó con su programa de baile, pero periódicamente la interrumpían para informar de la ficticia invasión marciana. En una de las intervenciones más dramáticas, uno de los actores que participaban en el programa hizo creer que transmitía en directo desde Grovers Mill, Nueva Jersey, y con voz temblorosa gritó ante los micrófonos:

“¡Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado..! ¡Dios mío! alguien está avanzando desde el fondo de ese agujero. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sean…”

Que comenzara a cundir el pánico entre la población fue cuestión de minutos, y el miedo se propagó con mayor intensidad según los ‘boletines’ de la radio se iban haciendo más preocupantes y los marcianos comenzaban su avance imparable y sangriento hacia Nueva York.

War-Of-The-Worlds-301244La gente comenzó a salir a la calle, presa del pánico. Miles de personas colapsaron las centralitas de la policía, y fueron centenares los que corrieron a buscar armas y esconderse en sótanos y túneles. Hubo incluso quienes acudieron a comisarías de policía con toallas húmedas en la cara para protegerse del ‘gas venenoso’ con el que atacaban los marcianos. El caos fue tal que llegó a la portada del New York Times y a otros medios estadounidenses al día siguiente. Pero ¿cómo fue posible que la gente no se diera cuenta de que se trataba de un programa de ficción?

Welles advirtió a los oyentes de que se trataba de una farsa al principio del programa, pero no volvió a hacerlo hasta 40 minutos después. Los expertos creen que gran parte de los oyentes no escuchó el comienzo de la función, puesto que la cadena de radio rival emitió en esos momentos el Show de Charlie McCarthy, el de más audiencia del país. A los diez minutos del comienzo de ese programa se hacía una pausa publicitaria, lo que miles de oyentes aprovecharon para cambiar de cadena. Fue entonces cuando se encontraron con los ‘boletines informativos’ que interrumpían la programación de la Columbia Broadcasting System. Y para cuando llegó la nueva explicación de Welles, muchos habían caído ya presas del pánico.

Después de desenmascarar el engaño, los periódicos de Nueva York describieron este programa como un episodio cruelmente engañoso y pidieron un castigo para la CBS. Sin embargo, el programa de Welles se convirtió en la más famosa transmisión de radio en la historia y aseguró la fama del posterior genio del cine. También las autoridades estadounidenses reaccionaron enfurecidas, aunque en realidad la cadena de radio que emitió el programa no había vulnerado ninguna ley. A pesar de ello, la policía hizo una visita a la emisora y se incautó de todo el material empleado en la obra. Todo, menos una copia del guión que se llevó a casa Koch, y que 50 años después adquirió Steven Spielberg para dirigir la nueva adaptación cinematográfica del clásico.

Se puede afirmar que el resultado final de este programa fue el acto más inmediato y tangible de la persuasión de masas en la historia humana. “La radio es un medio completamente nuevo de comunicación, fundamental como un medio de control social y de influencia sobre los horizontes mentales de los hombres”, aseguró el profesor Hadley Cantril en su libro La invasión de Marte: un estudio en la psicología del pánico (1940).

En este sentido, la Fundación Rockefeller financió varios trabajos de investigación sobre la guerra psicológica y la manipulación de la opinión pública durante las guerras mundiales. El último de ellos, “Psychological Warfare” Research and the Rockefeller Foundation, fue publicado el 29 de abril de 2012.

Habría, pues, implicaciones mucho más graves y más serias que la alegre despedida de Welles cuando finalizó el programa que pretendía celebrar su particular Halloween: “Soy Orson Welles, señoras y señores, liberado ya del personaje y dispuesto a asegurarles que La Guerra de los Mundos no ha tenido otra intención que la de celebrar un día de fiesta con esta versión radiada del Mercury Theatre. Sólo hemos querido cubrirnos con una sábana blanca, escondernos detrás de un árbol y aparecer de pronto para gritarles:  ¡Úuuuuh..! ¡Feliz Halloween, amigos!”

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