“La muerte es el regreso a la eternidad,
ya que la vida es un instante entre dos eternidades”
Santa Teresa de Jesús

Ha muerto mi hermano. Ha muerto Luis Irles, a las 10 de la noche del pasado jueves 23 de noviembre de 2017. Su muerte ha sido tranquila, casi de repente. La cruel enfermedad que padecía logró que la mecha de su vida se consumiera suavemente, poco a poco. Pudo despedirse de los que más amaba, que permanecieron todo el tiempo a su lado transmitiéndole la paz y el cariño infinito que él se merecía.

 Ahora, querido hermano, en medio del dolor y las lágrimas que enturbian nuestros ojos por tu muerte, está el inmenso consuelo de saber que descansas junto a nuestros padres y hermanos, a los que tú y yo hemos llevado siempre en lo más profundo de nuestro corazón. Echaré de menos tu sonrisa, tu alegría, tu tesón y tu generosidad… Dices que nos dejas, que te vas a navegar lejos de aquí, y en tu frente llevas la luz del amanecer mediterráneo, a la que ya no surcan dolores o preocupaciones.

Adiós, hermano mío, cuando llegues a ese otro puerto míranos a todos los que has dejado en este valle: comprobarás que nunca, nunca, podremos olvidarte. En tu nombre, y por último,  quiero agradecer a tod@s l@s lector@s el apoyo que mostraron siempre para hacer posible este hermoso proyecto: ¡Mil gracias de corazón! Los textos se quedan acá.

Julio Irles

 


 

Mi profundo agradecimiento a todas las personas que, a través de sus hermosos comentarios, han expresado sus sentidas condolencias por el fallecimiento de mi hermano Luis. Sus palabras ayudan a amortiguar el dolor que todos sus familiares estamos viviendo estos días.

Alicante, España, 29 de noviembre de 2017

 

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Las reediciones de libros, por razones obvias, acostumbran a tener sentido. Este es el caso del famoso “New Guide to Science” (Introducción a la Ciencia), de Isaac Asimov, que una editorial canadiense vuelve a lanzar al mercado anglosajón. Un libro que se publicó por primera vez en España hace años y que no ha perdido frescura. Lo leí entonces y su relectura (ahora en inglés) no me ha decepcionado en absoluto.

No es muy frecuente, por otra parte, comentar libros de ciencia ni referirse a ellos en diarios, blogs o revistas de información general. Más bien al contrario: al libro de ciencia se le ignora, se le teme o se le desprecia, ya que al “hombre de letras” siempre le ha venido un poco grande, siempre le ha desagradado el acercamiento a temas científicos. Al fin y al cabo, se suele pensar, lo especulativo, lo filosófico, lo “literario”, está por encima de lo exacto y mensurable. Además, añadimos nosotros, se suele despreciar lo que se ignora o no se entiende.

Pero es el caso que filosofía y ciencia siempre han ido unidas, y hoy más que nunca. Y es el caso, también, que asistimos al arrumbamiento de concepciones y maneras de pensar tradicionales. Entre nosotros, tradicional ha sido el compartimentar la cultura, el “especializarse” en esto o lo otro despreocupándose de lo demás, como si lo que llamamos conocimiento pudiera servirse y asimilarse al igual que un queso en porciones. Mentalidad pequeña y provinciana, en definitiva. Porque el entramado interdisciplinar está empezando a jubilar, afortunada y definitivamente, al hasta hoy imperante y mal entendido juego de las disciplinas aisladas, de las “especializaciones”.

Isaac Asimov se nos muestra decidido opositor a ese juego. Él, o el equipo que figure al amparo de su nombre, entusiasta de la Ciencia —con mayúscula—, con una capacidad prodigiosa para llegar con un lenguaje claro y ameno al lector medio, autor de obras científicas y de ciencia-ficción, escritor fecundo e imaginativo, hombre culto y humanista, siempre estuvo obsesionado por el hombre y su felicidad. Pero una felicidad a través de la razón, no dependiente de algo irracional que se nos dará porque así se nos dice, sin más.

Introducción a la Ciencia es un vasto  panorama enciclopédico en el que Isaac Asimov nos puso al día con datos, leyes y teorías, actualizados a nivel de divulgación respecto al campo que le es propio según indica el título de la obra. El Universo, su inabarcable amplitud, las ciencias biológicas y químicas, la materia y el átomo, la astrofísica, la teoría de la relatividad…

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Dos descubrimientos científicos que han sembrado una semilla de esperanza en nuestro planeta han sido reconocidos por los premios internacionales de la ‘Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento’. Sus protagonistas luchan por mejorar nuestras vidas.

El físico estadounidense de origen alemán, Isaac Held

Los investigadores Isaac Held y Alexander Varshavsky, con sus importantes y correspondientes descubrimientos científicos que atañen al cambio climático y a la lucha en contra graves enfermedades como el cáncer o el Parkinson, han sido reconocidos a nivel internacional por su aportación en el desarrollo y avance de la ciencia en las áreas de Medioambiente, Ecología y Biología.

Un alegato optimista para estos tiempos de crisis en los que la ciencia, el medioambiente y la cultura se han visto relegados en la agenda de prioridades públicas.

PREDECIR EL FUTURO DEL CLIMA.

El físico estadounidense de origen alemán, Isaac Held, ha conseguido este reconocimiento en la categoría de Cambio Climático “por sus contribuciones, pioneras y fundamentales, en nuestra comprensión de la estructura de los sistemas de circulación atmosférica y del papel del vapor de agua en el cambio climático”, señala el acta.

El estudio aporta una nueva e innovadora dirección para conocer las transformaciones que el cambio climático, provocado por el calentamiento global, causará en el planeta en un plazo determinado. El objeto de estudio para Held está basado en el papel esencial del agua, tanto de su movimiento en la atmósfera, como la influencia que ejerce en el efecto invernadero.

Las demostraciones del físico estadounidense explican la existencia de las diferentes zonas tropicales del planeta y, además, los cambios que estas zonas experimentarán como consecuencia del cambio climático. Y Held lo que predice, como conclusión del trabajo desarrollado, es que las zonas tropicales serán más húmedas y las subtropicales más secas, una tendencia que ya se observa.

“La cantidad de agua en la atmósfera es lo que hace que unas zonas sean más húmedas que otras. En mis trabajos he buscado analizar cómo se mueve el agua en la atmósfera, y cómo el cambio climático altera estos patrones”, explicó Held tras conocer el fallo.

El proceso del vapor de agua se retroalimenta como efecto del incremento de las temperaturas. A mayor temperatura mayor cantidad de vapor que, a su vez, multiplica el calentamiento. Aspecto necesario para predecir el clima futuro.

Los estudios de Held han estado centrados, sobre todo, en el área del Mediterráneo, donde el físico advierte que, de no reducirse las emisiones de CO2, la temperatura podría aumentar en 3 grados centígrados en un siglo. Consecuencia de este ascenso térmico será la reducción de lluvias, entre un 10 y un 15 por ciento.

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El escritor argentino Leopoldo Marechal

Un viaje místico y misterioso

“Adán Buenosayres” es una novela sorprendente, heterogénea. Tiene desde descripciones neocostumbristas hechas con mucho humor, con una recreación muy viva del lenguaje coloquial bonaerense, a la vez en diálogo con los mitos más antiguos y con la tradición simbólica, literaria y mítica universal más prestigiosa. Es todo eso, pero además es una historia del movimiento vanguardista y una historia de búsqueda y salvación personal que se completa con un tratado de amor metafísico, desarrollado en el cuaderno de tapas azules (libro VI).

Las más de 600 páginas de “Adán Buenosayres” relatan las últimas horas de su protagonista en un recorrido por los barrios porteños de Villa Crespo, Saavedra y el centro. Lo acompañan varios amigos: el filósofo Samuel Tesler, el astrólogo Schultze, el criollista Pereda, el menudo Bernini y otros paseantes ocasionales. Estos personajes entrañables son, en realidad, una semblanza entre elegíaca y paródica de su generación. Así, Schultze es el artista plástico Xul Solar; el filósofo judío Tesler es el poeta Jacobo Fijman y Luis Pereda —a quien Marechal describe como «un jabalí ciego»— es Jorge Luis Borges.

Pero no hay que confiarse. En flagrante enemistad con el breve espacio de tiempo y espacio que transita, la novela se agiganta hacia el propio interior de Buenosayres (y de Buenos Aires) hasta volverse casi inabarcable. El viaje se convierte en una epopeya en la que se cruzan lo místico y lo metafísico, lo religioso y lo mundano, la alta filosofía y el chiste escatológico, las tensiones entre lo nacional y lo universal, el amor ideal y el amor terreno. Todo, narrado con una belleza sobrenatural, una profusión de metáforas inolvidables y el tono exaltado del poeta arrebatado por la inspiración.

«Al escribir mi Adán Buenosayres no entendí salirme de la poesía», dijo Marechal en los puntos fundamentales de su vida. Y añadió: «me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía, tanto en lo épico, lo dramático y lo lírico».

En los casi 20 años que demoró en terminar la novela, Marechal volcó en el protagonista sus propias experiencias de la infancia en la localidad de Maipú, el contacto con las vanguardias artísticas en Europa, su trabajo como maestro de escuela y sus devaneos poéticos sobre Villa Crespo, el barrio que había elegido para vivir.

Si revisamos la bibliografía de Leopoldo Marechal –el escritor favorito del papa Francisco– que ya en los años veinte era un miembro destacado de la vanguardia poética argentina y llegó a compartir con Borges algunos ideales juveniles, podemos comprobar que escribió de todo: novelas, ensayos, crítica literaria, teatro, algunos cuentos. Pero basta con leer algunas de sus páginas para entender que toda su escritura está atravesada por (el lente) de la poesía. También el símbolo femenino aparece permanentemente en sus novelas, es central en cuanto imagen del intelecto y de la sabiduría divina y va a terminar como un apogeo en “Megafón, o la guerra”, novela en que la mujer ya no va a ser una figura luminosa sino una imagen compleja, con aspectos oscuros, misteriosos, que es también la llave del paraíso, la llave del éxtasis místico.

Retrato de Marechal

Porteño del 900, Marechal perteneció a esa camada de autores (Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Jacobo Fijman, Macedonio Fernández: el grupo de la revista “Martín Fierro”) que —con la sutil irreverencia de todo joven hastiado de la historia— creía en la palabra como manifestación de la belleza, como un ariete para la demolición de estructuras decadentes. La poesía, en fin, como un primer movimiento para cambiar el mundo.

Aquellos fueron los años de sus primeros poemarios: “Los aguiluchos”, “Días como flechas”, “Laberinto de amor”, “Sonetos a Sophia”, entre otros. En 1948 llegó “Adán Buenosayres”, la novela inconmensurable, inquietante en su profundidad y con la que Marechal pareció, finalmente, haberlo dicho todo. Pero todavía faltaba más y, en pequeñas dosis, llegaron las piezas teatrales: “Antígona Vélez”, “Las tres caras de Venus”, “Don Juan” y varias aún inéditas. También, “El banquete de Severo Arcángelo” y “Megafón, o la guerra”, su novela póstuma.

Pocos autores argentinos vieron entrelazada vida y obra con vínculos tan estrechos como los de Marechal. Nadie, seguro, fue tan explícito en sus intenciones y en el relato de su propia existencia. «En esa otra navegación que va del niño al hombre, se me trabucaron los planes y la vida; y todo entró para mí en un tirabuzón del suceder, entre lírico, dramático y cómico», anotó en el prólogo a la novela “El banquete de Severo Arcángelo”.

Cualquier biografía de Marechal deja gusto a poco; la verdadera semblanza del niño y el hombre —con sus sueños, miserias, logros y caminos compartidos— está apenas disimulada en “Adán Buenosayres”, su obra definitiva.

Conocido por su contribución al movimiento surrealista, que le situaron como uno de los artistas más representativos del siglo XX, la creatividad de Joan Miró también pone de manifiesto el compromiso político que mantuvo con su tiempo y su país y que pudo ser contemplado en la muestra “Joan Miró. La escalera de la evasión” que se presentó en su ciudad natal y que posteriormente viajó hacia los Estados Unidos de América.

Joan Miró, una de las figuras más destacadas de las vanguardias artísticas europeas del siglo XX.

De Joan Miró (Barcelona 1893-Palma de Mallorca, 1983) se conoce su apuesta por los símbolos y colores vivos, un lenguaje surrealista que ha sido admirado en todos los rincones del planeta gracias a sus pinturas, esculturas, cerámicas, textiles, grabados y dibujos.

Pero el gran legado que dejó el genial artista catalán también guarda un componente político, su compromiso con su tiempo y su país como claramente se reflejó en la exposición “Joan Miró. La escalera de la evasión”, que tuvo lugar en la Fundación Joan Miró de Barcelona y que posteriormente viajó a la National Gallery of Art de Washington.

La muestra, patrocinada por la Fundación BBVA, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña, reunió más de 170 obras, entre pinturas, esculturas y trabajos sobre papel, procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo y que pretendía mostrar “su faceta más comprometida”, explica Teresa Montaner, conservadora de la Fundación Miró e impulsora de esta exposición junto a los comisarios de la Tate Modern de Londres, Mathew Gale y Marko Daniel, de donde procede esta exposición. En la famosa galería londinense, “Joan Miró. La escalera de la evasión” fue visitada por 303.000 personas.

LA ESCALERA, SÍMBOLO DE ESCAPE.

‘Métamorphose’, 1936. de Joan Miró.

Calificada como la exposición más importante sobre Joan Miró que ha podido verse en España en los últimos veinte años, la muestra toma el nombre de uno de los cuadros del artista catalán en el que la escalera, recurrente en su obra, aparece como símbolo de la necesidad de escapar de una realidad política y social que él rechaza.

Miró pintó ese cuadro, “La escalera de la evasión”, perteneciente a la colección del MOMA de Nueva York, en 1940, un año después del final de la guerra civil española y ya con el general Francisco Franco instalado en el poder.

‘La estrella matutina’, obra de Joan Miró realizada en 1940.

‘Tête d’homme’, de 1937. Obra perteneciente al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

La exposición, dividida en tres apartados, revisa un largo periodo de cerca de sesenta años y muestra la sensibilidad y el posicionamiento de Joan Miró frente a unos acontecimientos que marcaron la historia del siglo XX.

La primera parte de la exposición explora la catalanidad de Miró y los vínculos con su tierra como se plasma en obras como “La masía” (1921-1922), que perteneció a Ernest Hemingway, amigo del artista catalán, o en “Cabeza de payés catalán” (1924-1925). “La identificación de Miró con Cataluña fue constante y nunca renunció a ella”, apuntan los comisarios Matthew Gale y Marko Daniel en la presentación de la exposición.

El drama de la Guerra Civil española, que llena la sección central de la exposición, se refleja en obras como “Naturaleza muerte del zapato viejo” (1937), una pintura al óleo que refleja una sensación de ruptura, de desgarramiento, por parte del autor. “Para mí,” declaró Miró en 1936, “la palabra ‘libertad’ tiene un sentido y lo defenderé a cualquier precio”.

Un joven junto a la obra de Joan Miro, ‘Personatges sobre fons vermell’. Foto de Andreu Dalmau

En esta época, Miró recibe el encargo durante su exilio en París de una gran pintura mural de cinco metros y medio de altura, titulada “El Segador” (Payés catalán en revuelta), para el Pabellón Español de la República de la Exposición Internacional de la capital francesa. Por desgracia, esta pintura, que había estado expuesta junto al “Guernica” de Picasso, desapareció al desmantelar el Pabellón.

La última sección de la muestra examina los últimos años de la dictadura franquista, años setenta, una etapa en la que el artista catalán trabajó en España en una especie de exilio interior, mientras en el exterior crecía el reconocimiento hacia su obra.

Los trípticos “La esperanza del condenado a muerte” y “Fuegos artificiales”, ambos de 1974, reflejan la atmósfera de rebelión de esta época. Tras la muerte de Franco en 1975 y la apertura democrática en España, Miró habló de la responsabilidad cívica del artista en su discurso de aceptación como doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona, en 1979. “Entiendo que un artista es alguien que, entre el silencio de los demás, utiliza su voz para decir algo y que tiene la obligación de que no sea algo inútil, sino algo que preste servicio a los hombres”.

Una mujer ante la obra de Joan Miro ‘La Masia’. 1921-1922. Foto de Andreu Dalmau.

La muestra “Joan Miró. La escalera de la evasión” fue la antesala del 120 aniversario del nacimiento y el trigésimo de la muerte de este artista catalán, una de las figuras más destacadas de las vanguardias artísticas europeas del siglo XX.

Juan A. Medina

Ira Cohen en 1979. Fotografía de Gerard Malanga.

De 1923 a 1956, Tánger fue una zona internacional gobernada por Francia, España y Reino Unido. Conocida como la Interzone, su bien ganada fama de ser una ciudad cosmopolita que ofrecía una libertad absoluta, atrajo a decenas de artistas y escritores occidentales en los años 50 y 60.

Una de las figuras más prolíficas de Tánger –y al mismo tiempo de las menos conocidas– fue la del poeta, fotógrafo y artista estadounidense Ira Cohen (1935 – 2011), que vivió allí durante los años 60. Cohen publicó una revista literaria titulada Gnaoua, que en árabe significa exorcismo y que, posteriormente, influiría en la creación de uno de los festivales musicales y artísticos más importantes de Marruecos. En ella se publicaron escritos tempranos de William Burroughs y Brion Gysin, entre otros.

Posteriormente, Jimi Hendrix y otros muchos artistas fueron retratados en su “Mylar Images“. Al mismo tiempo, diseñaba espectaculares portadas de discos. Técnica y conceptualmente, Cohen integró en sus trabajos fotográficos sus experiencias chamánicas y tántricas, al igual que hizo con su obra como poeta, músico y cineasta, que comenzó a finales de los años 70. Varios trabajos suyos fueron presentados recientemente en el Art Basel 38 / Kunst + Film de John Armleder.

Sus imágenes, rebosantes de espontaneidad e ironía, se refieren no sólo al dadaísmo y su inconformismo, sino también al antiautoritarismo y la crítica social de la Generación Beat, que también rompió muchos tabúes y desarrolló nuevas formas de vida experimental. El trabajo de Cohen refleja estas influencias de una manera impresionante. Después de muchos años, la obra del artista neoyorquino –sobre todo la fotográfica– vuelve encuadrarse en sus parámetros habituales, sostenido por su cerrada defensa del trabajo artesanal frente a la labor de equipo que predomina en la actualidad. De este modo, Cohen siempre estuvo cerca de la verdad e impregnó sus imágenes de sinceridad, de tal forma que se convierten en la representación de una historia en la que no se pretende convencer a nadie de nada, en la que no se ha intentado sorprender, en la que los protagonistas son personas de carne y hueso que viven en ciudades anónimas.

En su trabajo aflora también una especie de ‘sentido del humor cósmico’, muy notorio en su libro underground  ‘The Hashish Cookbook’, una recopilación de recetas hash escritas bajo el seudónimo de Panama Rose (un tipo popular de marihuana), que fue publicado en 1967 por su propia editorial Gnaoua. Significativamente, una de sus portadas es visible en la carátula de LP de Bob Dylan ‘Bringing It All Back Home’.

“Tenía muchas cosas de Burroughs y de Ian Sommerville, sobre todo cuando hablaba de “La Máquina del Ensueño”, que él y Brion Gysin co-inventaron”, recuerda el escritor Barry Miles en sus memorias. En Marruecos, Cohen también produjo un disco de música de trance marroquí antes de trasladarse a Katmandú, donde vivió durante diez años y creó una colonia de artistas.

Innov Gnawa – [6] “Toura Toura” from remix-culture on Vimeo.

Phaptawan Suwannakudt, la más valorada de las artistas tailandesas.

Haciendo zapping una noche en Manila, acabo en un programa tailandés de vídeos musicales llamado ‘Bangkok Jam’. Mientras intento coger la onda, me pregunto que, si es cierto que la música se ha globalizado, los discos de Bangkok tienen que sonar igual que los que hacen furor en Los Angeles, Tokio o París. Con todo, la visión de esos “cortos” virtuales, dominados por una narrativa musical y que evolucionan como el típico tema pop, me impulsa a revisar ciertas ideas preconcebidas. Veo, por ejemplo, una balada rock totalmente fiel al estándar; pero mientras progresa hacia el estribillo final, la música se detiene repentinamente para dar paso a un lacrimógeno intercambio entre la desventurada pareja. En otras palabras, el desarrollo de la fórmula queda frenado por un pasaje melodramático muy propio de la cultura popular local. Se trata, de hecho, de un suplemento teñido de interioridad en aparente contradicción con una industria musical basada en un proceso de montaje hábil y pulcro. Con todo, en la narración de una “historia romántica” para el público tailandés, esa perturbación vernácula está llena de sentido, incluso a través de un lenguaje tan supuestamente global como es el de la música hecha para video clips.

De una forma bastante similar aborda la artista tailandesa Phaptawan Suwannakudt la creación de imaginería. Educada dentro de la tradición de la pintura mural tailandesa y continuadora del compromiso de su padre, Paiboon Suwannakudt, para con esa disciplina, Phaptawan pinta según las veneradas costumbres del arte sagrado, pero aprehendiendo su forma y significado dentro del planteamiento de su propia obra, de su propia narrativa vital, lo que se hace particularmente evidente en su serie Nariphan (1996), que pone al descubierto tanto su habilidad sensible y su sentimiento en la aplicación del acrílico sobre seda, como su aguda capacidad para dar cuerpo a una historia trágica bastante ajena a la contemplación budista. El replanteamiento que la artista hace de la tradición de la pintura mural tailandesa, nos introduce dentro de una historia del arte que ha tenido que hacer frente a los estragos del tiempo ya que, como se ha señalado, “los murales existentes en raras ocasiones son anteriores al siglo dieciocho”. En !as descripciones de esos murales se observa que, a pesar de las influencias chinas e islámicas, mantienen el carácter tailandés en su “delicado dibujo lineal, vivos colores, dibujos textiles y rasgos étnicos”

Phaptawan Suwannakudt. Obra de su serie ‘Elefantes’

Phaptawan Suwannakudt. Obra de su serie ‘Bhava’

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Bajo el título de ‘Ted Russell: Bob Dylan NYC 1961-1964’, la neoyorquina galería de Steven Kasher estuvo albergando –desde el 20 de abril hasta el pasado 3 de junio– una exposición de fotografías excepcionalmente interesantes del músico, poeta y Premio Nobel de Literatura 2016, Robert Allen Zimmerman, más conocido por Bob Dylan. Casualmente, me encontraba yo en la Gran Manzana en esos días y –tres o cuatro jornadas antes de su clausura– me planté en el 515 de la calle Oeste con la 26. La exposición, resumida en pocas palabras, no era más que una fresca mirada del fotógrafo Ted Russell (que en la actualidad tiene 87) años al interior del joven Bob Dylan, cuando éste vivía en un descuidado apartamento del Greenwich Village a principios de la década de los 60.

En noviembre de 1961, Bob Dylan tenía 20 años, y ya era un cantante bastante popular que se preparaba para una ascendente y prometedora carrera musical. Sus primeras actuaciones pagadas, sobre todo en el ‘Gerde’s Folk City’, despertaban interés. Una favorable e inesperada reseña en el ‘New York Times’ y la grabación y lanzamiento de “Song for Woody”, su primera composición original, tuvo un gran éxito e influyó en muchos cantantes y compositores de la época.

Por su parte Ted Russell –nacido en Londres en 1930– y residente en los Estados Unidos desde el año 1952, está considerado uno de los grandes fotógrafos del siglo XX. Comenzó a fotografiar a los 10 años y, a los 15, ya colaboraba con algunos periódicos londinenses. Al año siguiente, trabajó en ‘Acme Newspictures’ en Bruselas. Más tarde se unió al personal de ‘Now’, un magazine ilustrado, y posteriormente a la revista ‘Spotlight’. En el 52 abordó el Queen Mary para Nueva York, llegando con cuatro cámaras y 200 dólares. Pronto fue reclutado y se desempeñó como fotógrafo del Ejército. Después de asistir a la Universidad de California en Berkeley, regresó a Nueva York y se convirtió en fotógrafo de la revista ‘Life’ durante más de 12 años. Sus trabajos han aparecido además en las prestigiosas revistas ‘Newsweek’, ‘Time’, ‘Saturday Review’ y ‘New York’ e igualmente expuestas en el Centro Internacional de Fotografía y en el MOMA.

Por mi parte, debo confesar que fue una grata experiencia la visita que hice a la ‘Steven Kasher Gallery’, inspiradas por la música y los retratos de Bob Dylan. Estas fotografías de Dylan han sido una iluminación: cuando en 1961 su primer disco ni siquiera había sido promocionado, el músico de 21 años, con el pelo rizado y los ojos vivos, estaba a punto de proclamar su propia verdad al mundo, aunque nadie lo sospechaba. Armado con su máquina de escribir y su guitarra iba a aplastar y absorber la realidad y devolverle la vida dentro de una nueva forma, con un equilibrio perfecto entre una inocencia necesaria y ligera para hablar sinceramente al mundo y una tenacidad antigua, de siglos, para hacerlo. Fue Bob Dylan, sin duda, el joven que cambió el rock and roll en ese momento, la primera gran revolución musical desde que Elvis Presley la iniciara en Memphis en 1956.

Mr. Arriflex

La literatura infantil y juvenil en los países hispanohablantes está considerada como un subgénero literario que los escritores y críticos pasan por alto con pleno convencimiento. Cierto es que muy pocos deben tener recuerdos gratos de lecturas de libros infantiles en su propia niñez: estaban los cómics de mal gusto y tan alienantes como para considerarlos peligrosos para la “salud mental” de las víctimas (hoy sucede lo mismo) y los textos edificantes —donde en cada página se levantaba un dedo moralizador, amenazante— que ayudaban a aprender la lección del colegio. Obviamente, estos géneros no podían despertar ningún entusiasmo, ninguna afición a la lectura.

La últimas encuestas del CIS sobre hábitos de lectura en España –país al que, paradójicamente, se le considera una potencia editorial– han vuelto a dar un resultado alarmante: el 40% de la población reconoce que no lee nunca un libro o prácticamente nunca. Me parece una cifra suficientemente elocuente como para insistir en hechos elementales: hay que dedicar más atención al campo de la literatura infantil, estimular la lectura desde muy pequeño, familiarizar al niño con el libro como objeto bello y divertido, crear bibliotecas públicas, crear bibliotecas en los colegios, crear bibliotecas ambulantes, separar tajantemente la pedagogía de la literatura infantil y difundir un hecho aparentemente poco conocido: la literatura infantil es una diversión, una pasatiempo agradable.

¿Y qué es entonces esta literatura infantil y juvenil? Mi respuesta es que se trata de literatura a secas, como la novela policíaca, bien hecha, es literatura. Una prueba para ver si un libro “infantil” es bueno o no, consiste en leerlo uno mismo: si se divierte, la respuesta es positiva, si se aburre, es negativa.

Hay varias maneras de interesar a los adultos. Y hay que interesarlos, porque los niños no disponen generalmente de dinero para poder comprar libros; ¿cuántos niños habrán entrado alguna vez en una librería? ¿Dónde encontrarán fácilmente el rincón dedicado a sus libros?

Se puede reflexionar sobre la necesidad de crear hábitos de lectura y leer y discutir con los niños los textos, escoger libros no pedagógicos, no didácticos, no moralizantes sino aquellos que tienen calidad literaria y tratan problemas contemporáneos. Cualquiera puede disfrutar de la lectura de un cuento de hadas que, como lo ha demostrado Bruno Bettelheim recientemente, son una práctica muy necesaria para poder solucionar conflictos emocionales y sociales. También sirven para evocar pueblos lejanos, e ir conociendo sus costumbres y mitos.  Los niños –está más que probado– suelen ser lectores muy críticos, pero en cambio su acogida es muy alentadora. Grandes escritores han escrito grandes obras infantiles: pienso en Bashevis Singer, Böll, Buzzati, Dahl, Durrell, Kästner, Twain… faltan buenos originales, y faltan más editores de libros infantiles.

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Montgomery Clift junto a Marilyn Monroe y Clark Gable.

Adelantándose a la celebración oficial del 50 aniversario de la muerte de Montgomery Clift, la emblemática ‘Cinémathèque Française’ ha programado para los próximos días 23, 24 y 25 de julio la proyección de 12 de las 17 películas en los que intervino el inolvidable actor. Entre ellas destacan ‘De aquí a la eternidad’, ‘Río Salvaje’, ‘Vidas rebeldes’, ‘De repente, el último verano’, ‘La heredera’, ‘Río Rojo’, ‘Vencedores o vencidos’ y ‘Yo confieso’.

Mi primer recuerdo de Montgomery Clift va unido a la proyección del film Río Rojo, de Howard Hawks. Era una sala para cinéfilos ya desaparecida, por supuesto. Corría el año 1970 y una de mis inquietudes culturales era frecuentar cines de Arte y Ensayo recomendados por las revistas especializadas de la época. Río Rojo se proyectó junto a Hiroshima, mon amour, de Alain Resnais. Aunque era un gran admiradorde John Wayne, sin embargo me quedé impresionado por el trabajo de Montgomery Clift, que interpretaba en la película de Hawks al hijo de Wayne, un vaquero introvertido. Fue seguramente la profundidad psicológica del personaje, con su rostro atormentado, lo que me atrajo de este inolvidable actor.

Curiosamente Río Rojo fue el primer film de los 17 en que intervino Clift. Había nacido 7 de octubre de 1920 en Omaha (Nebraska). Hasta participar en el film de Hawks (tenía 28 años) Montgomery Clift ya poseía un amplia carrera teatral en Broadway, rechazando las ofertas que le venían de Hollywood. Pronto dos hechos –que posteriorente marcaron toda su carrera– influyeron en el actor. Por una parte su trabajo con Elia Kazan (le dirige en la obra de Thornton Wilder ‘The Skin of Our Teeth’), que le inicia en método del Actor’s Studio (Dustin Hoffman, Jack Nicholson, Robert De Niro y Al Pacino han confesado las influencias que recibieron de Clift). Y por otra parte una disentería que contrajo muy joven, cuyo tratamiento le puso en contacto con el mundo de los fármacos y las drogas.

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‘The Rope Dancer Accompanies Herself with Her Shadows.’ Man Ray, 1916

A raíz de mi visita a la reciente exposición “Dalí, Duchamp, Man Ray. Una partida de ajedrez”, organizada por el museo de Cadaqués, y en la que a través de fotografías, pinturas, esculturas, dibujos, grabados y manuscritos se muestra la relación entre estos tres artistas universales y su vínculo con la maravillosa localidad de la Costa Brava catalana donde solían veranear juntos, me ha parecido oportuno rescatar estas notas sobre Ray publicadas hace ya algunos años en este mismo blog.

Y es que para mí, Man Ray (Filadelfia, 1890 – París, 1976) ha sido uno de los artistas más representativos de los años treinta. Conocido por sus pinturas surrealistas y sus films, fue la introducción de soportes y técnicas fotográficas en sus obras lo que motivó su destacado papel dentro del dadaísmo. Cuando comparaba sus rayogramas con las radiografías sólo quería expresar su desdén por los movimientos vaguardistas que trataban de mantener la relación del arte con la sociedad en que se inscribía.

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Athanasius Kircher (1602-1680)

Pocos seguidores de la literatura clásica recuerdan actualmente la monumental obra de Athanasius Kircher, un extravagante jesuita alemán del siglo XVII considerado por muchos historiadores como uno de los científicos más importantes de la época barroca. Políglota, erudito y estudioso orientalista, Kircher escribió más de treinta voluminosos libros sobre los más variados temas: desde la óptica, la acústica, la lingüística y las matemáticas a la criptología, la egiptología, la numerología y la sinología.

Nacido en Geisa, Abadía de Fulda, en Hesse, en vísperas de una caza de brujas organizada por la Municipalidad de aquella localidad ubicada en el centro de Alemania, logró sobrevivir –según lo describe en sus memorias– a una estampida de caballos, a una hernia severa y a los ejércitos de un obispo loco, antes de aparecer en Roma en 1633, sólo unos pocos meses después del juicio a Galileo Galilei. Allí vivió más de cuarenta años hasta su muerte en 1680.

Kircher no era sólo un escritor. Fue el inventor de ingeniosos dispositivos de espionaje, de estatuas parlantes y de máquinas musicales. También fue el creador del ‘vanguardista’ Museo de Curiosidades que instaló en el Colegio de los Jesuitas en Roma. En una de sus salas se mostraban unos supuestos huesos de la cola de una sirena y un ladrillo de la torre de Babel. Colaboró, así mismo, con el maestro barroco Gianlorenzo Bernini en dos de sus más famosas esculturas y –haciendo gala de una enorme audacia– descendió varios metros al interior del humeante cráter del Vesubio para obtener materiales geológicos. Algunos estudiosos de su obra aseguran que, probablemente, fue el primero en usar un microscopio para examinar la sangre humana.

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‘Volar en círculos’ es el título de las esperadas memorias de John Le Carré, uno de los escritores más leídos del pasado siglo. Sus novelas ambientadas en el embrollado mundo del espionaje durante los años perversos de la Guerra Fría –tales como El espía que volvió del frío, El topo, La gente de Smiley— son también conocidas mundialmente gracias a las numerosas adaptaciones cinematográficas y televisivas que se han hecho de ellas.

Más de medio siglo después de publicar su primera novela, “Llamada para un muerto” (1961) –y de vender millones de ejemplares en todo el orbe–, el gran escritor británico decidió compartir con sus lectores aspectos de su vida. Lo hizo tras muchos años de ir ofreciendo con cuentagotas pequeños datos sobre su época de agente del MI5 y del MI6.

¿Qué suelen esperar los lectores de las memorias de un escritor que, en principio, ha tenido una vida de lo más movida, como es el caso de Le Carré, que fue espía antes de que escritor y que, gracias a su fama y también a su curiosidad, ha viajado por todas partes y ha tratado personas de toda especie y pelaje? Yo diría que esperan, sobre todo, tres cosas: la posibilidad de al menos atisbar la cara del hombre que se esconde tras la máscara del escritor, la oportunidad de descubrir los hechos auténticos y las personas reales que ha utilizado como materiales en bruto para sus ficciones y, last but not least, un anecdotario diverso y curioso, entre pintoresco y dramático. En ‘Volar en círculos’ todas esas espectativas se cumplen ampliamente.

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Hace casi veintiséis años que nos dejó Miles Davis, pero los amantes del jazz lo seguimos considerando el genio más grande que ha dado la música afro-americana. Y nos es ésta una apreciación subjetiva, ya que toda la crítica especializada llegó a la misma conclusión tras presenciar los conciertos que el gran quinteto de Miles ofreció en el Plugged Nickel Club de Chicago, los días 22 y 23 de diciembre de 1965. “Es lo más emocionante que he escuchado en mi vida. El trompetista Miles Davis se ha convertido ya en un símbolo para muchos, y no sólo por su música…”, escribió al día siguiente Albert Russell en las páginas del “Chicago Tribune”.

Precisamente estuve viendo anoche ‘Miles Ahead’, la película que ha realizado Don Cheadle para mostrar en ella su pasión por uno de los músicos más importantes que ha tenido el siglo XX. En mi opinión, el film solo brinda unas cuantas sugerencias cuya complejidad no está bien servida, un guión excesivamente simple y unos personajes demasiado esquemáticos. Debo confesar, sin embargo, que muchs de sus secuencias lograron emocionarme, especialmente la de su memorable “Kind of Blue”, donde Miles le arranca a su trompeta las más bellas y sugerentes notas que se pueden escuchar en toda la historia del jazz. Unas notas impregnadas de tristeza y melancolía que te llegan directamente al alma.

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La Librería Kitabevi de Estambul.

La Librería Kitabevi de Estambul.

Tuve que viajar a Turquía el pasado noviembre. El motivo principal que me llevó a tomar dos vuelos de la ‘Air France’ fue el tener que asistir a la ‘International Maritime Conference’, que se celebra anualmente en Estambul, pero también mi incontenible deseo de aspirar a pleno pulmón las más formidables y antiguas esencias otomanas. Los turcos tienen un hondo sentido de lo erótico, como sabe muy bien todo aquél que conozca su literatura, y hasta el más sencillo de sus proverbios es susceptible de sensuales interpretaciones y fantasías.

Quise llevar conmigo, como lectura que me suele acompañar siempre que viajo a algún país del mundo islámico, ‘The Book of Sufi Ribaldry’ (no existe traducción a nuestro idioma), que reúne a varios de los más grandes poetas sufíes persas y turcos que escribieron versos ‘obscenos’, pero también una prosa satírica (como es el caso de Rumi y Sadi) que pretende transmitir mensajes de un alto contenido espiritual y/o moral.

Está claro que la lectura de un libro suele conducir, inevitablemente, a otro. Y este último es el principio de una sucesión de títulos similares, de una tela de araña que se expande por nuestro tiempo libre hasta saciar el entusiasmo. Así que, siguiendo el consejo de un naviero griego aficionado a la lectura, fui a parar a la Librería Kitabevi, ubicada en la zona de Istiklal Caddesi. Fue una suerte dar con ella y me maravilló la cálida belleza de este entrañable local.

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UN BLOG SUMAMENTE ECLÉCTICO

BIENVENIDOS AL FARO…

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Espero -con gran ilusión- recibir vuestras colaboraciones, comentarios, fotos, vivencias y correos, que puedan ayudarme a ir desarrollando este Blog. El Faro del Fin del Mundo pretende seguir una línea entretenida y diversa -aunque debo confesar mi debilidad por los temas náuticos- pero, al mismo tiempo, publicando narraciones, poemas y textos de calidad y, por qué no, también con historias divertidas. El humor, no lo olvidemos, es importante en nuestras vidas. Gracias de nuevo.

Luis Irles

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Nuestro entrañable amigo Tony T., miembro del grupo Café & Blogs, nos ha sorprendido muy gratamente al crear EL FARO MAGAZINE, una bitácora en la que ha comenzado a publicar una selección de artículos aparecidos en este Faro desde su inicio. Desde aquí le damos las gracias por el hermoso detalle que ha tenido con nosotros.

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Premio otorgado por Jon Kepa y su blog "Enseñanzas Náuticas"

Gracias por el premio, navegante de mares de papel.

PREMIO DARDO

Otorgado a este Faro por el blog El mar, qué gran tema para hablar, capitaneado por nuestro colega y buen amigo José, al que quedamos sumamente agradecidos.

PREMIO CALIDEZ

Gracias a Patricia Gómez, Binah, excepcional ser humano y poeta, por concedernos este hermoso premio.

PREMIO AL ESFUERZO PERSONAL

Nuestro generoso e incansable amigo Funkoffizier, de El mar qué gran tema para hablar, vuelve a premiar a este Faro, lo cual nos llena de orgullo y agradecimiento.

PREMIO CAMPANHA DE AMIZADE

Agradecemos profundamente a Jon Kepa, creador del blog Enseñanzas Náuticas el habernos concedido el premio Campanha de Amizade. Muito obrigado, amigo.

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Gracias a nuestra amiga Narkia por este bonito premio.

PREMIO OTORGADO POR CAPITANA

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Nuestra muy querida amiga Capitana nos ha honrado con este bonito premio. Le agradecemos muy mucho el detalle que ha tenido con nosotros.

PREMIO OTORGADO POR TIACHEA Y, NUEVAMENTE, POR JON KEPA

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Tiachea, desde su Bitácora de Melusina nos ha honrado con este hermoso premio. Le agradecemos muy sinceramente su hermoso gesto. Así mismo, mil gracias a mi colega y amigo Jon Kepa, que ha tenido la gentileza de volver a compartirlo con nosotros.

PREMIO A LA HONESTIDAD

Premio a la Honestidad_thumb[1]

El Grand Chef de Oídococina!, ha tenido la gentileza de obsequiarnos con un exquisito plato recién salido de sus creativos fogones. Le quedamos enormemente agradecidos por este hermoso detalle.

UN REGALO DE 'TINTERO Y PINCEL'

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Nuestra admirada amiga María, cuyo talento artístico puede comprobarse en su blog Tintero y Pincel, nos ha honrado con este simpático "Cracking Crispmouse Bloggywog Award". Un detalle que le agradecemos de todo corazón.

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