despuesrescate.jpg Nuestro buen amigo Frank nos ha enviado esta interesante narración (con final feliz), sobre las peripecias que vivió junto a su hijo y un grupo de “compañeros de aventura” el pasado año en Puerto Varas. Las fotografías son prueba evidente de que ‘el susto’ vivido terminó bien y se convirtió en jornada placentera, incluyendo el trofeo que exhibe orgulloso.

Después del rescate

* * *

En Mayo del año pasado, estando nuestra lancha “Carol” anclada en la rada de Puerto Varas, se hundió durante un fuerte temporal, quedando la proa solo unos centímetros de encima de las turbulentas olas. Ante la emergencia, el hijo mayor tomó el primer avión desde Santiago y arrendando un jeep con huinche comenzó la dura tarea de salvar el naufragio. Después de muchas horas aun bajo el temporal y con eficaz colaboración de marinos de la gobernación de Puerto Varas, se logró reflotar y varar la lancha en la playa. Se cargó en camión para trasladarla a la capital y comenzar la reconstrucción. Solo se salvo el casco, parte del castillo de proa, dos asientos y lo más valioso, el motor. Meses después y con ayuda de toda la familia en la reconstrucción, la lancha se probó exitosamente en la laguna de Aculeo.

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Como nueva

En el siniestro se perdieron todos los implementos, entre ellos baterías, estanques, remos y muchos otros. Es allí donde surge la figura de nuestro capitán honorario Luís Irles, quien con su característica gentileza nos obsequio, desde chalecos salvavidas, bichero, bengalas, cuerdas, hasta el ancla, elementos necesarios y reglamentarios para la navegación.

Rebautizamos la lancha como “Die Familie” (La familia) premiando el esfuerzo común, destacando lo realizado por el hijo mayor. Organizamos viaje y traslado desde Santiago a Frutillar, partiendo en el Jeep del hijo, con el trailer acondicionado para el largo viaje. Este, sin embargo solo duró hasta Rancagua, donde quedamos en panne, hasta que nos trajeron un vehiculo, bastante menor, pero más confiable. Todo iba bien cuando después de largas horas de viaje y cerca de la localidad de Lanco sentimos un golpe, constatando que una de las ruedas del trailer había desaparecido. En plena oscuridad emprendimos la búsqueda, encontrándola finalmente adelante y en el medio de la carretera con el aro totalmente roto. No portamos rueda de repuesto, pero decidimos arriesgarnos y continuar lentamente sobre 5 ruedas del trailer. Cerca de la cuidad de Osorno a la una de la madrugada vimos al lado de la carretera un letrero “vulcanización y soldadura”, paramos y despertamos al dueño, que dormía allí mismo. Con voluntad ejemplar y gran profesionalismo soldó y reparó la rueda, que hasta hoy, funciona sin problema. Ejemplo y digno de destacar este sacrificado “maestro”.

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Llegamos de amanecida a Frutillar y después de un par de horas nos trasladamos a la gobernación marítima de Puerto Varas, para la inspección y autorización de zarpe en el Lago Llanquihue.

Compramos los últimos elementos y retiramos los que nos tenía Luís Irles en su oficina de Puerto Montt. Finalmente logramos zarpar al caer la tarde. Pero solo alcanzamos a navegar media milla, cuando la caja de cambios del motor, que presuntamente se reparó por un mecánico en Laguna Aculeo, falló y quedamos al garete. Con ayuda de un motor auxiliar llegamos al muelle de los marinos, constatando que la panne era grave.

Llegaron varios lugareños ofreciendo soluciones que lamentablemente no sirvieron. Optamos por ir al día siguiente – un sábado “sándwich” – al edificio del representante de la marca del motor en Puerto Montt, para obtener el repuesto. Encontramos cerrado y el guardia del local nos comunico que no abrirían hasta el siguiente lunes. Pero nos entregó gentilmente el número telefónico del gerente, quien ubicado, nos ofreció atendernos y abrir el local más tarde. Otro bello gesto que solo se encuentra en el Sur de nuestro país. Consultando el catalogo e inventario, encontramos allí el único repuesto disponible en todo Chile. Lo adquirimos y regresamos a Puerto Varas al recinto de la Marina de Chile, logrando armar el motor casi al anochecer.

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Zarpe!

Finalmente el domingo en la mañana salimos a lo que venimos: La pesca deportiva. Teníamos un vuelo de regreso en la misma tarde, poco duró la pesca, pero que de todos modos fue muy entretenida y productiva. Nunca olvidaremos nuestra aventura y todos los obstáculos que se lograron superar. En especial la inapreciable ayuda de Luís, el soldador y el gerente. Y sobre todo la habilidad para vencer dificultades de nuestro hijo.

Frank Jaeger

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