“Un amigo es alguien que está contigo porque lo necesitas, aunque le encantaría estar en otra parte.”

Anónimo veneciano

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Si realmente quieres conservar a un buen amigo, quiérelo, respétalo y dile de vez en cuando que es un tipo excelente; ofrécete a ayudarlo cuando lo necesite, pero procura, con tu tacto exquisito, no llegar a hacer realidad tu ofrecimiento, ya que el mencionado amigo puede tener «ideas excéntricas» y cabe la posibilidad de que termine pidiéndote prestados 25.000 euros para jugárselos en el Casino de Montecarlo, donde según él, triplicará esa suma con su “método infalible” para ganar en la ruleta.

Existe otra cuestión que también hay que cuidar. Si tienes algún conocido -de esos que te cuentan cosas muy personales-, procura poner cara de atención mientras te las dice (exenta de curiosidad), pero al momento intenta olvidar sus confidencias y demuéstrale que, efectivamente, lo has olvidado, porque él -después de su confesión-, de inmediato se va a sentir arrepentido e incómodo, por lo que se puede enfriar la relación.

Nunca le hables a los amigos de tus enfermedades. Verás (bueno, en realidad no lo verás, pero puedes imaginártelo) la cara de sorpresa que van a poner el día en que te mueras. ¡Es tan divertido sorprender a los demás! (Esto no es necesario tomárselo al pie de la letra; hay tiempo para todo).

En ciertas ocasiones es tan importante un amigo como un enemigo. Al primero hay que cuidarlo por afecto. Del otro hay que cuidarse por precaución.

¿Tienes por desgracia algún amigo sincero? De ser así, te aseguro que ya no necesitas ni espejos ni enemigos. Si alguien se te acerca y afirma que «él es muy sincero», ¡tiembla, huye, díle que llegas tarde a la cita con el dentista!, ya que en ese momento vas a saber con certeza cuántos kilos engordaste desde la última vez que te vió, lo que piensan de ti el resto de tus “supuestos” amigos, y el lugar exacto en que te vieron tomando unos tragos junto a una rubia veinte años más jóven que tú… Yo pienso que esa “sinceridad” no es estrictamente necesaria… … Mejor alejarse de los «francos amigos», a veces pueden resultar dañinos para nuestra estabilidad sicológica.

Pídele a Dios, cada día, que ponga en tu camino amigos amables (no de los otros); de esos que te encuentran igual de jóven que hace diez años -y además te lo dicen efusivamente-, que te aseguran que sigues igual de simpático que siempre, que esa corbata que llevas es tan elegante y que tu último trabajo literario fue extraordinario. Ya sabemos que todo esto es mentira, pero, ¿no es cierto que la mayoría de nosotros preferimos la ‘agradable’ hipocresía y la buena educación a la franqueza a ultranza. ¿Por qué la sinceridad ha de estar siempre rozando la mala educación?

Estoy convencido. Hasta los cuarenta años me consideré un hombre normal y desde los cincuenta, una persona que mira y observa más. Por ello he llegado a la conclusión de que, a estas alturas, los amigos son mejores amigos, pero menos peligrosos e interesantes, y ellos te corresponden demostrándote que ya eres completamente inofensivo.

De las amigas mejor no hablar. Como dicen los americanos: “That’s another story!”

L’amie de Le Faro

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