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La historia del Citroën 2CV (conocido popularmente en Chile como “citroneta”, y en España con el nombre de “cabra”) empezó con el proyecto TPV -Très Petite Voiture-, que significa coche muy pequeño, o «lo mínimo del coche francés»- de la casa Citroën en 1936. Pierre Boulanger, que era el director general de la marca francesa en aquella época, resumió con una frase el objetivo de la iniciativa: «cuatro ruedas bajo un paraguas», es decir un vehículo económico, seguro, capaz de trasportar a cuatro personas y 40 kilos de equipaje a 50 kilómetros por hora, con un máximo confort.

Así pues, y a pesar del carácter económico del proyecto, el confort era una característica indispensable, y uno de los elementos clave para lograrlo sería la suspensión -muy original, con sus varillas de inercia- que, según el peculiar pliego de condiciones de los rectores de Citroën, debía permitir transportar un cesto de huevos dentro del coche por un camino accidentado sin que ninguno se rompiese. Desde su presentación en 1948, se lanzaron más de treinta versiones del 2CV, cada una un poco mejor que la anterior, sin que la forma de la carrocería cambiara demasiado.

Así fue concebido el concepto de Citroën 2CV. En 1938 los primeros prototipos estaban casi listos: llevaban un motor de 375 cc con 8 CV de potencia y refrigerado por agua; alcanzaban los 50 km/h y tenían un consumo de 5,0 l/100 km. En mayo de 1939 había 250 prototipos de este 2CV en la fábrica de Levallois, dispuestos para hacer su aparición en el Salón del Automóvil de París. Pero la muestra nunca llegó a celebrarse por culpa de la II Guerra Mundial.

Todos los ejemplares fueron destruidos salvo uno, aunque más tarde fueron hallados otros tres escondidos en un granero. Fue en el Salón de París de 1948 donde finalmente vio la luz el 2CV y 1,3 millones de personas pasaron por delante del modelo sólo en el primer día de la muestra.

citroneta280.jpgLa prensa, sin embargo, se burló del auto francés de forma despiadada: un periodista norteamericanose preguntaba para que servía tal objeto; otro le preguntaba a Citroën si con el coche venía incluido el abrelatas. Pronto, no obstante, se descubre que el pequeño gran coche ofrece soluciones originales, tiene un gran confort, consume muy poco y no da problemas mecánicos: el 2CV tiene una acogida sensacional y la lista de espera para hacerse con uno llega a los seis años.

En un principio, el Citroën 2CV sólo estaba disponible en color gris metálico. Y esto es así hasta el año 1952, momento en que se ofrece con idéntico color pero con una capa de barniz que lo hace más oscuro. También monta llantas pintadas en un chocante color amarillo.

En 1958 aparece un curioso modelo de 2CV con tracción total (4×4) denominado Sahara y dotado de dos motores de 425 cc, uno delante y otro detrás. El Sahara es capaz de subir con cuatro personas a bordo rampas del 45% sobre arena y alcanza los 100 km/h de velocidad punta.

El mítico y casi eterno Citroën 2CV dejó de fabricacarse un 27 de julio de 1990, después de 41 años, seis meses y 21 días. Hasta ese momento, Citroën había vendido 3.872.583 unidades en todo el mundo.

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