Creo que es la primera vez que vamos a hablar de ciencia en este blog. O mejor dicho -y para ser más exactos- sobre un libro que explica cómo enseñar la ciencia a los jóvenes estudiantes que todavía no han llegado a la Universidad o a las personas maduras que, como yo, ya hemos olvidado qué son exactamente los logaritmos neperianos o los principios de la física cuántica.

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La culpa de todo la tiene mi amigo T. T. , que está obsesionado con el asunto y que hace como una semana -mientras tomábamos un café-, intentó explicarme que la velocidad de la luz ya no es de 300.000 kilómetros por segundo (esa cifra sí la recordaba yo, aunque siempre me pareció exagerada), ya que recientemente se descubrió que esa increíble velocidad está decreciendo y ahora se haya definida (o medida) por la ecuación GM=tc^3, que la mayoría de los físicos teóricos, paradójicamente, no pueden explicar. Él tampoco pudo, por supuesto, pero me prestó un libro de 530 páginas que leí durante este fin de semana y que realmente me atrapó y me fascinó. Se los recomiendo vivamente, aunque no es fácil encontrarlo ya que se trata de una edición institucional de la Obra Cultural CajaMurcia.

Se titula Sencillamente Ciencia, y su autor es el profesor José A. Lozano Teruel, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad española de Murcia. Tras finalizarlo, mi resumen sería el siguiente: desde hace tiempo hallar la didáctica más precisa y eficaz en cualquier rama del saber se ha convertido en una seria aspiración de buena parte de los docentes, preocupados por mejorar el modo de comunicar sus conocimientos. No todo el mundo posee la virtud de convertir en sencilla una materia con dificultades de comprensión no sólo para cualquier público, sino también para los propios estudiantes.

Este es, dicho sea sin más preámbulos, el arma secreta que tan eficazmente emplea el profesor Lozano que es capaz de instruirnos e interesarnos por cuestiones aparentemente áridas y complejas. En los textos aquí recogidos, José A. Lozano Teruel nos conduce, con mano diestra, por los senderos de la ciencia, sorprendiéndonos en cada una de sus páginas, informándonos de cuestiones que hay que tener en cuenta para nuestro propio beneficio y para estar preparados ante un mundo que nos sorprende por sus continuos avances. El autor de esta valiosa y muy aprovechable obra, desde una perspectiva claramente humanista, como apunta en el prólogo Carlos Egea Krauel, describe los hechos con la mayor claridad posible -estos textos parecen en ocasiones el guión cinematográfico de una divertida película de aventuras-, al tiempo que aporta sus propios conocimientos y su diagnóstico personal de cara al futuro. Y el futuro que describe no es en absoluto desesperanzador: el hombre, parece querer decirnos el profesor Lozano Teruel, ha de tener fe en la Ciencia. En la Ciencia, y también en sí mismo para no perder nunca la esperanza.

Luis d’Anyana

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