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Islandia –cuyo nombre se deriva del que le dieron los normandos, Ice-land, país del hielo– -no es tan fría para merecer que así se la llame. Aunque su extremo norte toca con el círculo polar ártico, la corriente templada del golfo de México trasporta la isla, climatológicamente hablando, dos mil quinientas millas hacia el sur de su posición geográfica. Varias ciudades de Europa y los Estados Unidos son normalmente más frías durante el invierno que Reikiavik, la capital de Islandia. Como los lagos no se hielan allí, es preciso importar hielo. Los padres de la ciudad construyeron, especialmente para los niños, una pista de patinaje al aire libre, la cual tiene que ser helada artificialmente.

El primer lugar en que el hombre blanco vio una fuente que despedía chorros de agua caliente y de vapor se halla a unos ciento sesenta kilómetros de Reikiavik. Hay allí un géiser que lanza agua caliente a una altura de sesenta y siete metros y que, con excepción de un corto periodo de inactividad, ha estado haciendo erupción cada veinticuatro horas desde hace muchos siglos.

En la actualidad, la calefacción de toda la capital se efectúa por agua caliente bombeada de fuentes termales. Las aguas termales se usan también para calentar centenares de piscinas de natación públicas de la ciudad. El agua caliente que sale de los caloríferos de las casas de Reikiavik se lleva por tuberías a pequeños invernáculos situados en los patios de aquéllas. Gracias a esto se cosechan allí, en todas las estaciones, centenares de toneladas de tomates, pimientos, pepinos y melones, y se cultivan tulipanes, claveles y gladiolos.

Durante muchos siglos los pescadores islandeses han estado sacando del mar agua dulce para beber, la cual proviene de fuentes termales submarinas situadas lejos de la costa. La presión interior lanza el agua dulce hasta la superficie del mar. Los pescadores, guiados por el burbujeo, la sacan con baldes.

Estos pescadores pescan hasta mil barriles de arenques en una sola redada. A mediados del verano, el mar se enrojece a causa del sinnúmero de cangrejos que suben del fondo. Casi inmediatamente los arenques acuden por centenares de millones a alimentarse de los cangrejos. Tan tupidos son los bancos de peces, que la presión de los de abajo saca del agua a los de arriba, lanzándolos al aire. Los islandeses sacan anualmente como cuatrocientos millones de kilos de pescado, lo cual equivale a unos tres mil kilos por habitante.

 

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Islandia es una de las regiones más sanas y desarrolladas del mundo. El índice de mortalidad de la isla es menor que el de todos los demás países. En 1938, la mortalidad infantil de Islandia fue la menor que se registra en la historia demográfica del mundo: 27,8 muertes por mil, entre niños de un año o menos. En los Estados Unidos fue de 51 por mil. La segunda causa principal de la muerte en la isla es la vejez.

Los islandeses figuran entre los primeros hombres del mundo occidental que emplearon la imprenta, la cual introdujeron en 1530. Antes del año 1600 publicaron más de cuarenta libros. Los eruditos están de acuerdo en la opinión de que, salvo la antigua Grecia, ninguna otra nación de los tiempos pasados produjo tanta literatura de tan alto mérito como Islandia. El escritor islandés contemporáneo más eminente es Halldor Laxness, que ganó el Premio Nobel de literatura en 1955.

En Islandia no hay analfabetismo. Entre sus 330.000 habitantes, no hay adulto que no sepa leer y escribir. Las leyes de educación obligatoria se hacen cumplir rigurosamente.

Si Eric el Rojo, famoso descubridor noruego del siglo X, fuera hoy a Reikiavik, podría conversar sin dificultad con los habitantes actuales de la ciudad. El idioma de Islandia ha cambiado tan poco, que los alumnos de segunda enseñanza leen manuscritos iluminados del siglo XIII tan fácilmente como leen los periódicos de hoy. Por otra parte, más del 80 por ciento de sus habitantes hablan un perfecto inglés.

 

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Reikiavik

Islandia es el paraíso de los artistas, entre sus músicos seguro que ha oído hablar de Björk y The Sugarcubes. Casi no hay casa que no ostente con orgullo uno o más cuadros de pintores contemporáneos. Un consejo parlamentario paga sueldo a varios pintores, escultores, escritores y compositores de música, remunera el trabajo meritorio de otros, y ha comprado unas cuatrocientas obras de arte moderno para la galería nacional. Aun a los borrachos se les obliga indirectamente a hacer algo por el arte: las multas impuestas a los infractores de la ley sobre licores se depositan en un fondo cultural.

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Hace más de mil años, cuando la única forma de gobierno que existía era el despotismo, los islandeses organizaron asambleas locales y un gran parlamento nacional llamado Althing. Parece que durante más de trescientos años Islandia era la única república independiente que había en el mundo. Posteriormente el país cayó primero bajo el dominio de Noruega y luego bajo el de Dinamarca. Después que Alemania invadió a Dinamarca, en la última guerra mundial, Islandia se convirtió de nuevo en república independiente.

En el año 1000 los islandeses adoptaron la religión cristiana, después de discutirla y compararla con el paganismo en la reunión anual del parlamento, en presencia de casi todos los habitantes de la isla. No habiendo podido llegar a un acuerdo, los dos bandos opuestos resolvieron dejar la decisión a Thorgeir, jefe de edad provecta muy acatado. Tras meditar y deliberar dos días en su tienda, Thorgeir dictaminó que la religión cristiana debía reconocerse como única religión oficial, pero que a aquellos que no estuviesen aún dispuestos a abrazarla debía concedérseles el derecho de adorar a los dioses escandinavos. Uno de los jefes dijo que en tierra sería cristiano, pero que en el mar se sentiría más seguro invocando a Odin.