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Mi querido amigo, Luis D’Anyana, me pidió mil disculpas debido a que el cuento que ya tenía listo para enviarme ese mismo día –ante mi continua insistencia de subirlo a este blog– desapareció; se evaporó para siempre en la inmensa y oscura blogosfera cuando, al tratar de hacer una pequeña corrección, pulsó involuntariamente la tecla que no correspondía. Sé muy bien la reacción que se produce en un momento así porque me ha pasado a mí en varias ocasiones: rabia, ganas de pegarle una patada al ordenador, de sentirte un auténtico huevón, gilipollas, etc… Pero bueno, las veces que me ha ocurrido (aunque sea simplemente escribiendo una carta) he recordado al gran Robert Louis Stevenson para consolarme.

Resulta que dos o tres años después de volver a Edimburgo con Fanny Osbourne, su esposa norteamericana, y alcanzar la fama con La Isla del Tesoro, tuvo una recaída de la enfermedad que padecía (tuberculosis). Fue en esos mismos días cuando, a pesar de su estado de salud, comenzó a escribir El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde.

Hay dos versiones sobre el manuscrito de esa novela: la primera asegura que cuando la terminó se lo leyó a su mujer, y ésta le dijo que estaba mal escrita y no le gustaba… Entonces Stevenson, en un momento de rabia, la arrojó al fuego de la chimenea. La otra versión dice que él tenía bien guardado el manuscrito, pero ella se lo encontró, lo leyó y le pareció que el personaje de Mr. Hyde revelaba aspectos casi biográficos de la vida disoluta, mujeriega y bohemia que había llevado el propio Stevenson en su juventud, y lo echó a las llamas… Sea cual sea la verdad, el caso es que esa primera versión del Dr. Jekyll se perdió para siempre.

Y ahora viene el ejemplo consolador para los que borran o pierden escritos: Esa novela estaba comprometida para ser impresa. El editor le exigió al gran escritor escocés la entrega del original; él reaccionó, y la volvió a escribir en TRES DÍAS, prácticamente sin descansar… En unas cuantas semanas (o muy pocos meses) se vendieron decenas de miles de ejemplares; no recuerdo exactamente el número pero, en todo caso, una cifra astronómica para aquellos tiempos, e incluso para los actuales…

La historia es absolutamente verídica: una de las obras maestras de la literatura contemporánea escrita (bueno, re-escrita) en tan sólo 3 días.. Así que, querido Luis, que te sirva de ejemplo Robert Louis Stevenson y ponte manos a la obra…

Espero no equivocarme ahora con el mouse o apretar alguna tecla rara, y borre sin querer estas cuatro letras…

Un fuerte abrazo

Luis Irles

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