Desde el próximo día 24, y hasta el 2 de diciembre, tendrá lugar la XXI Edición de la Ferial Internacional del Libro de Guadalajara (México). Es la mayor reunión del mundo editorial en español. En la capital de Jalisco se reunirán autores, agentes literarios, bibliotecarios, libreros y más de 1.600 casas editoriales de 39 países. Junto a ellos, medio millón de visitantes se deleitarán sumergiéndose en el mundo de los libros y disfrutarán con la muestra de lo mejor de la producción literaria producida en castellano.

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El editor Christian Bourgois recibirá el Reconocimiento al Mérito Editorial 2007, en el marco de las actividades de la 21 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Yo tuve la suerte de asistir a su edición número XIII. En aquella ocasión fue el premio Nobel, José Saramago, el encargado de pronunciar el discurso de inaguración de la Feria. Recuerdo que un 26 de noviembre, a las 14’00 horas, tomé el avión que debería trasladarme al D.F., y desde allí enlazar con otro que me llevaría hasta Guadalajara. Iba nerviosa y no sólo por lo que el acontecimiento al que asistía por primera vez significaba para mí. El enlace entre un vuelo y otro debería hacerlo en el espacio de cincuenta minutos y teniendo en cuenta la falta de rigor que suele reinar en Madrid-Barajas y los larguísimos pasillos que uno debe recorrer en el aeropuerto de México, el tiempo era realmente muy justo.

Para mi sorpresa embarcamos con puntualidad pero, una vez dentro del avión, el tiempo transcurría muy lento. Yo descontaba los minutos que se me antojaban de chicle, viendo como después de once horas por el aire iba a perder el siguiente vuelo, lo que me acarrearía una serie de trastornos y negociaciones en los que mi equipaje también corría peligro. Después de casi veinte minutos, una voz anunció que estábamos a la espera de que se diera la salida tan pronto como el exceso de tráfico aéreo lo permitiera. Esta tortura duró casi una hora y cuando ya andaba haciendo planes sobre cómo arreglar la situación al llegar a México, si es que no me quedaba dormida en cualquier rincón dada mi condición de hipotensa, se acrecentó el rugir de motores y otra voz diferente dijo con tono firme: «les saluda el comandante de la nave, Jorge Negrete»… Un murmullo se extendió por toda la cabina y en ese momento, presentí que un piloto con semejante nombre y empleado en Aeroméxico, nada tenía que envidiar al agente 007. Seguramente a causa de esta singular coincidencia, recuperamos de forma inexplicable el tiempo perdido y nuestro aterrizaje sólo varió diez minutos sobre el horario previsto. Corrí, transpiré y llegué cuando los últimos viajeros se iban acomodando en el vuelo México-Guadalajara.


libro250.jpgAsí es como gracias a Jorge Negrete el día 27 pude asistir puntualmente a la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Todo un despliegue de medios; videoconferencias, talleres, entrevistas, ruedas de prensa, sin olvidar otras actividades paralelas como el cine, el teatro, la música, la pintura y la artesanía de cada lugar. En aquella ocasión fue Chile el país invitado. A Saramago le correspondió el discurso de inauguración de la Feria… Impresionante en su apariencia y en sus palabras. Un cuerpo firme, delgado y juvenil y un rostro bien trabajado por los años.

La literatura, dijo para empezar, no es lo más importante del mundo. A él lo que le parece prioritario es que los escritores tomen la palabra para denunciar injusticias. Luego se excusó por no poder decir cosas amables cuando es solicitado para este tipo de actos y es que, Saramago, como diría el escritor chileno Luis Sepúlveda, “siempre se comporta como una pulga en la oreja”. Asistí a la presentación de un libro cuando ya terminaba la jornada del domingo. Al final, una señora se encontraba junto a la autora para pedirle una dedicatoria. Ésta le preguntó su nombre. «Me llamo Luz» dijo la mujer mientras el recinto quedaba sumido en las tinieblas. Eran las nueve de la noche hora en que puntualmente se corta el fluido eléctrico. En la oscuridad alguien dijo: «te fuiste, Luz». No sé si se trataba de la dedicatoria dicha en voz alta o de una queja…

Inicié el viaje de vuelta con los ojos cargados de sueño y los sentidos trastornados por los colores de las buganvillas y las jacarandas, el fuerte olor a enchiladas, quesadillas y tacos que inundaban las calles de la capital de Jalisco… ¿Por qué siempre me cuesta tanto regresar de aquel lado?

Llegamos con retraso a Madrid pues, a pesar de que el comandante se llamaba Rafael Perdigón, no pudo su pericia ni la rapidez que se le supone a tal apellido, ganar le tiempo a las turbulencias que nos fueron acompañando en una larga noche.

Natalia Navalón

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