China, ese enorme país del Lejano Oriente con su civilización ancestral, siempre resultó un enigma fascinante para Occidente. Las razones de esta fascinación, que aumenta día a día, quizás se deban a que es de los pocos puntos del planeta donde –a pesar de los tremendos cambios experimentados en los últimos años– la civilización occidental no ha logrado penetrar totalmente.

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Jonathan D. Spence, el mayor especialista de Occidente en la cultura china, en su libro El gran continente del Kan ya nos desvelaba hace algún tiempo las claves de la atracción que los occidentales han sentido hacia China a lo largo de los siglos. Pero la primera obra occidental dedicada a China es La descripción del Mundo de Marco Polo en la que narra sus vivencias en la China del gran Kublai Kan en el siglo XIII. Sin embargo esta célebre obra, según Spence, contiene bastantes invenciones y omite muchos aspectos de la vida china. Por otro lado los viajeros españoles y portugueses del siglo XVI hicieron importantes contribuciones al conocimiento de este país. El monje dominico portugués Gaspar da Cruz que visitó Cantón en 1556 narra muchas facetas de la vida en China que previamente Polo no comentó; la práctica del vendaje de los pies de las mujeres, la naturaleza del lenguaje y el consumo de té, por ejemplo.

A partir del siglo XVII las mejores descripciones de China vienen de viajeros y diplomáticos ingleses. Lord Macartney viajó a China en calidad de delegado de la Compañía de las Indias Orientales en 1793. Mantuvo largas negociaciones que a la postre no dieron los beneficios comerciales esperados, sin embargo quedó fascinado por el longevo emperador de China y su mundo: “He visto al Rey Salomón en todo su esplendor”, dejó escrito. La fantasía sobre lo chino penetró muchos aspectos de la cultura occidental a partir del siglo XVII. El culto de la “chinosierie”, la imaginación sobre aspectos del arte y la cultura china se expresó a través del estilo decorativo llamado Rococó, y también causó gran impacto en la literatura. Daniel Defoe, en su célebre obra Robinson Crusoe adopta una actitud hostil y despectiva hacia lo chino describiendo los logros de las naciones occidentales como muy superiores a las del Lejano Oriente. Su contemporáneo irlandés Oliver Goldsmith dejó una extensa obra en la que fascina a sus lectores con las maravillas del mundo oriental.

literatura-china-06jpg.gifEn la época de la Ilustración varios intelectuales se sintieron atraídos por China con el fin de comparar el desarrollo de su civilización con el de Europa, Leibniz sostenía que la cultura y el refinamiento de los hombres había terminado por centrarse en los dos extremos de nuestro continente, es decir, en Europa y en China. Montesquieu en su famosa obra, El espíritu de las leyes analiza el sistema político chino como paradigma de gobierno despótico, y Voltaire dedicó varias reflexiones sobre esta cultura en su obra, alegando la necesidad de estudiar esta civilización y así contribuir a comprender la visión que Occidente tiene de sí mismo.

A lo largo del siglo XIX y del XX el mundo chino siguió siendo fuente de inspiración para una muy buena literatura exótica. El autor francés Pierre Loti obtuvo gran éxito con su libro Los últimos días en Pekin, basado en sus recuerdos de la época en la que fue oficial de la armada francesa durante la rebelión de los Boxers en 1900. También inspiró a varios escritores estadounidenses; el autor Ezra Pound se vio hondamente atraído por la cultura china, sobre todo por las antiguas tradiciones del confucionismo y dejó varios ensayos sobre estos tema. Pearl S. Buck escribió una de las novelas más populares sobre China Viento del Este, viento del Oeste, basada en la vida rural que ella conoció en su juventud como hija de unos misioneros. Tres genios de la literatura del siglo XX dedicaron obras de ficción a China, La muralla china de Franz Kafka, El jardín de senderos que se bifurcan, de Jorge Luis Borges y Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino.

En la actualidad, el gigantesco país asiático nos sigue fascinando –tal vez con igual o mayor intensidad que en el pasado– y es fuente de inspiración para muchos escritores y artistas occidentales.

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