Acabo de recibir este inesperado y sorprendente correo desde la localidad siciliana de Tarento, firmada por mi entrañable amiga Patrizia Salvatore, y cuyo primer párrafo me permito reproducir aquí como preámbulo de la conmovedora historia que en él se relata.

 

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Ya sabe, estimado amigo, por mi anterior correspondencia, del trágico suceso que ha sembrado una negra pena en mi familia en Tarento, Italia, y , a pesar del lejano parentesco que me unía a los finados, y en aras de contribuir en algo, si ello es modestamente posible, a sus importantes investigaciones, le envío la carta que encontraron, tras la desaparición del cadáver de Licossina, a la muerte de su esposo Pirro. Quizá usted, en su inteligencia y saber, encuentre explicación que alivie el llanto de la mamma Vittoria.

Suya afectísima,

Patrizia Salvatore.”

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Los lectores que lo deseen, pueden leer el texto íntegro de la misiva –así como mi respuesta a la mísma– entrando aquí.

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