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Estimado Sr. Irles,

Tal y como le prometí, aquí está por fin mi carta. Ya iba siendo hora de que cumpliera mis promesas, cosa que a menudo suelo olvidarme de hacer (y es que debo confesarle que soy alcohólico, don Luis… )

Estuvo bien conversar con usted el otra día por teléfono: se portó como un padre conmigo, me dio ánimos, buenos consejos, me alentó a seguir escribiendo. Últimamente no son muchas las voces verdaderamente amigas que tengo la ocasión de escuchar al otra lado del hilo. Generalmente se trata de imbéciles intentando agobiarme con trabajo o, peor aún, supuestas amistades que se empeñan en arrastrarme fuera de casa con endebles pretextos que muchas veces aprovecho aunque sólo sea por emborracharme un poco y “olvidar el pesado fardo del tiempo que nos doblega las espaldas”, como dijo Baudelaire (y de paso olvidarme de mí mismo y de los gilipollas que me sacan de casa).

Pero bueno. Supongo que usted también tiene su porción de ira que olvidar todos los días.

Mi vida en esta ciudad transcurre ante pantallas de computadoras, barras de bares, y metido en un tren de la RENFE que no se cansa de arrastrar sus sucios asientos, sus servicios repletos de colillas, jeringuillas con sangre coagulada y mi impresentable culo de Madrid a Toledo y de Toledo a Madrid una vez más. Las traducciones –¿recuerda que le dije que también soy traductor?– oscilan, suben y bajan, un día “osteoporosis o recesión gingival”, otro día “baterías de cok”, otro día “manuales de ortopedia infantil”, otro día el acta de hermanamiento entre la muy noble y muy leal ciudad de Guadalajara y la no tan noble ni leal de Tampa(x), Florida, y así sucesivamente, en un infinito baile cíclico que consigue hacernos llegar a fin de mes pudiendo echarle chorizo a los jodidos garbanzos. Que ya es algo. Aunque con espinacas están igual de buenos. Quizás mejor.

Ya me contará (porque espero recibir una carta suya) más detalles sobre su vida. Igual resulta que es más interesante aún que la mía.

En fin. Como habíamos quedado por teléfono, le envío tres cuentos por si le interesan para su excelente blog. Lo dudo, no por nada, sino porque al parecer, por mucho que digan, los cuentos provocan una especie de reacción hidrofóbica entre la mayoría de los editores de bitácoras literarias. Pero, quién sabe, la suya parece diferente y a lo mejor me sorprende. El caso es que decida lo que decida al respecto –y aunque no los publique– estarán en buenas manos. Y espero, si no le importa, recibir su opinión sincera sobre ellos. Ya sabe que la tengo en alta estima.

Había prometido enviarle también mi último libro de poemas, El hombre que se comió un van Gogh, pero todavía no está del todo ultimado y además tengo que hacer copias. En cuanto esté listo se lo envío. Si no le gustan, le agradecería que me recomendara a su amiga Goroka. Me gusta bastante su blog, y puede que cuelen ahí. Pero tampoco se rompa demasiado la cabeza. Ante todo, “paciencia y barajar”, como dijo Cervantes. Hay que aprender a tener paciencia. Aunque creo que según los profetas de turno no vamos a llegar a ver el siglo XXII. En cualquier caso, no hay mucho que importe en este mundo. Excepto seguir escribiendo de vez en cuando, claro, aunque sea en un blog como el suyo que al menos paga bien a sus colaboradores.

Espero su pronta respuesta. Que disfrute de una agradable sesión de lectura (aunque con las cosas que yo escribo no lo tiene muy fácil). ¿Sabe, por cierto, que hoy, de repente, tras meses de incubación, creo que he visto claramente definida por primera vez en mi cabeza la idea de una novela? No sé todavía el título, pero los capítulos son:

1. EL HELICÓPTERO
2. LA SENTENCIA
3. EL RON JAMAICANO
4. EL MACHETE
5. LA TÍA BENITA
6. EL CHIMPANCÉ

¿Qué le parece, don Luis? Todo un viaje al final de la noche, en el sentido más celiniano de la palabra. Creo que me voy a poner a trabajar en ella pronto. Los del Blog “Letras A Mansalva” me dijeron que si tuviera una novela, que a lo mejor se podría publicar, y bla, bla, bla… Así que les voy a tomar la palabra. A ellos, y al primero que se ponga por delante.

Con todo mis respetos, le saluda y se despide agradecido,

Julio Pablo de la Gorrova y Ximénez-Zhislerbold

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