En septiembre de 1989 tuve el privilegio de asistir como invitado al prestigioso Festival de Cine de San Sebastián. Precisamente en aquella edición se le rindió el último homenaje a Bette Davis, esa actriz irrepetible –nominada 10 veces al Oscar– que desarrolló una fértil carrera hasta una avanzada edad y que durante una época fue conocida como la Reina de Hollywood. Justo dentro de un mes se cumplirá el centenario de su nacimiento.

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Bette Davis vino al mundo el 5 de abril de 1908 en Lowell, Massachusetts, y comenzó a trabajar en el cine en 1931. Era uno de los monstruos sagrados de la pantalla y el homenaje en el festival de San Sebastián –con todos sus tics y caprichos– supuso su cariñosa despedida. De esta extraordinaria actriz y mujer se ha escrito ya casi todo, con varios libros dedicados a su vida y obra y también un par de ciclos retrospectivos, así como algunos elocuentes programas monográficos. Actriz por encima de todo, prolífica y personalísima, Bette -que comenzó en papeles que trataban de explotar su atractivo- se fue especializando cada vez más en la encarnación de fuertes personalidades, de personajes cargados de complejidad o de manías. Si recordamos 20.000 years in Sing Sing, de Michael Curtiz (1933) tendremos esa imagen convencional de sus primeros tiempos, que se podrían extender, a modo de frontera, hasta El bosque petrificado (1936), por ejemplo. Frontera que irá desarrollándose a través de Marked woman, Kid Galahad, por citar las más conocidas, hasta llegar a la imponente Jezabel (1938), de William Wyler.

La estrella y el mito irán madurando e incluso repitiéndose con La solterona, The private lifes of Elizabeth and Essex, La carta, La loba, Old acquaintance (primera versión de Ricas y famosas), The corn is green, Una vida robada, Beyond the forest, etc.

Con Eva al desnudo nacerá una nueva etapa, de absoluta madurez, de sabio envejecimiento, que pasará por El favorito de la reina (impresionante calva), Un gangster para un milagro (inolvidable Annie Manzanas), Qué fue de Baby Jane? (el horror), etc.

El mito y la actriz ya eran completamente inseparables. Y juntos y resistiéndose a apagarse estuvieron todavía en aquel el festival de San Sebastian. Un mes más tarde, como una cruel ironía de la vida, muere en Neuilly, Francia, a la edad de 81 años debido a un cáncer de pecho. Sus restos y su mirada yacen en el cementerio de Los Angeles, California, donde jamás faltan flores en su tumba.

Mr. Arriflex

KIM CARNES — BETTE DAVIS EYES

Gracias, querida Pompas, por habernos hecho recordar esta hermosa canción; pero sobre todo, por las generosas y emotivas palabras que has escrito sobre este faro en tu maravilloso Club. Es el mejor premio que podíamos recibir… Los fareros te dedicamos Bette Davis Eyes con todo nuestro cariño y admiración.  Mr. Arriflex & Co.

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