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“Hemos potenciado el elemento humano y el reto de la modernidad”

Realizar una entrevista con Giovanni Camieri, reconocido pintor italiano y actual director del Museo de Bellas Artes de Crotone (Reggione di Calabria), a pocas semanas del casi seguro nombramiento del escultor Vito Donato para ese mismo cargo, es como entrar en los jardines de Bomarzo y perderse. Tal es la sutileza aterciopelada, la ubicuidad dialéctica, la seductora timidez del entrevistado.

Como un informático de Sillicon Valley, Il Maestro Camieri se ajustaba sus gafas finas y respondía a las preguntas con la eficacia de una computadora. El hombre que ha cambiado la faz cultural y educativa de Calabria, colegí en el acto, era un experto en subirse por las ramas. Pero este hombre no es ni un intelectual ni menos un filósofo, es sencillamente un artista: ni siquiera se permite bromas cultas en su discurso. Camieri, el italianizante, como un nuevo Torquemada meridionale es también un animal político (fue tres veces alcalde de su pueblo natal) que juega sus cartas con habilidad de tahur. Vaya, pensé, heme aquí ante Super Camieri y lancé la primera pregunta acodándome en la mesa circular.

-¿Qué relación ve usted entre la Calabria profunda y la moderna?
-Calabria tiene un potencial dinámico y creativo, si bien había carecido de medios de producción cultural que la situaran dentro de una región avanzada en Europa. Nosotros hemos recuperado en diez años las carencias de un siglo. Hemos potenciado el elemento humano y el reto de la modernidad.
-Se ha dicho que a sus expensas se ha creado una casta político-cultural de privilegiados. Una suerte de apesebramiento de intelectuales…
-Bueno, eso requiere una reflexión. Cuando se crece en infraestructura aparecen esos peligros. Pero no ha sido esa la intención ni menos los resultados. Yo he ofrecido cargos a personas de relevancia cultural sin ningún tipo de compromiso. Concretando que es lo importante, el Museo, por ejemplo, es una apuesta de futuro y su proyecto conceptual no ha querido contentar a nadie. Nuestra política ha sido la de abrirse hacia afuera con una orientación internacional, no hemos querido caer en la autocomplacencia.
-A eso algunos le han llamado despotismo ilustrado…
-La obligación de cualquier artista comprometido es establecer los impulsos necesarios para avanzar más. Trasladar aspiraciones de mucha gente de transformar la sociedad y su cultura. Es cierto que hay fuerzas retardatarias muy numerosas en el terreno artístico, pero es el conjunto de hombres y mujeres anónimos los que hacen una apuesta por el progreso.
-¿Cómo definiría usted la sensibilidad calabresa?
-Con excepción de las polémicas que genera cualquier proyecto innovador aquí no hay indiferencia. Hay apasionamiento y eso es clave. Ese elemento elimina el despotismo ilustrado, la gente lo asume como algo propio.
-¿No ha tenido nunca la tentación de dejar ésto y volver a pintar?
-Las opciones de vida creativa, tanto en arte, literatura, etc., son muy nobles y válidas. Pero para mí lo importante es comunicar, por eso estoy aquí.
-¿Piensa que los calabreses son los «pringaos» del país?
-Le diré algo reflexivo: no estoy de acuerdo con el sentimiento victimista. Llevar al pesimismo es un agravio comparativo y no conduce a la creatividad, a querer influir y ser influido. Hay que huir de un particularismo que puede ahogar.

Don Giovanni se quita las gafas y me mira con ojos simpáticos. Enciende su Cohibas número siete. Me resisto a resignarme a su discurso inexorable. Intento hacerle una pregunta personal y me llevo una sorpresa. Al director del Museo le chifla Adriano Celentano.

Y la pena es que sus paisanos no lo hayan sacado hasta ahora en procesión, con su semblante de profesor de Oxford animando el tedio de la parada del autobús que te lleva a Catanzaro. El gran artista calabrés habría roto muchos corazones. Pues al fin de cuentas, amado lector, vuelvo a colegir que lo que realmente se admira de Camieri son sus rizos celestiales.

 

Paolo Bermelli, corresponsal de Il Faro en Italia
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