La ruta de los noctámbulos

Para Tony & Co. 

Ahora que ya no necesito la constancia de noches difusas en el Barrio Gótico, de músicas dispersas, de viejos amigos que pasean sonámbulos sus meditaciones de siempre; justo ahora que ya no necesito esto, ir alguna que otra vez de copas y reflexionar no tienen por qué ser actividades incompatibles, ni siquiera a altas horas de la madrugada, después de no haber conseguido tocar el cielo de la noche. Lo malo es cuando te da por pensar en lo que cuesta un trago (no lo que vale, que es cosa de necio confundir valor y precio) y concluyes que resulta un verdadero despropósito que la suma nocturna de un refresco y un poco de ron, en ocasiones de dudosa procedencia y destilación, cueste lo mismo que un menú de dos platos, bebida y postre en un restaurante, por no hablar de su equivalencia en kilos de arroz o botellas de ese mismo refresco a precio de supermercado. Ese pensamiento ha perseguido a más de cuatro en sus noches de juerga (sin necesidad de acordarse del hambre que hay en el mundo), y ha sido rotundamente cruel cuando ya no quedaba en sus bolsillos ni un solo euro más para destinarlo a carísimas consumiciones. La rebeldía ante esa situación sólo puede llevar a la melancolía abstemia, al clandestino mundo de la petaca o, peor aún, a entender y justificar las razones del botellón como forma de vida, relación social y unidad de destino en lo universal, aunque no se compartan sus consecuencias sobre el paisaje urbano ni el carácter compulsivo que muchas veces aqueja a quienes lo practican en las más concurridas plazas públicas.

Escandalizarse por el precio de un gin-tonic en los locales de moda es una costumbre que data incluso de antes del famoso mayo del 68. El camino está lleno de vestiduras rasgadas y rostros estupefactos de quienes, por generosidad u osadía, cuando no para impresionar, se han aventurado a pagar una ronda completa sin reparar en el número de beneficiarios. Demasiada pasta para tan poco líquido, habrá pensado quien no acierte a entender las profundas y últimas razones que otorgan todo su valor añadido a esa mezcla casi nunca sabia y casi siempre chapucera de refresco, bebida alcohólica, hielo y limón, en un local de luz tenue y música de fondo. La categoría del establecimiento no suele ser causa mayor. Tampoco es normal que el incremento de precios al consumo se decrete directamente proporcional al contoneo rumboso, al escote inmenso o a los ardientes y rojo sangrantes labios de esa camarera tan arrebatadoramente hermosa. Suele ser vacilona pero no siempre maleducada, y en cualquier caso no justifica que el coste del producto en origen se multiplique casi por diez al pasar por sus manos… Para mí que estás pagando el clima favorable para la sociabilidad y el encuentro, aunque muchas veces dé la impresión, como en la película, de que nadie conoce a nadie.

Bohemian Ink

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4 comentarios sobre “La ruta de los noctámbulos

  1. Hola Luis, al habla el Capitán:
    en primer lugar gracias por darme de comer!!

    He pasado por tu faro (que ya conocía gracias al oficial de radio) y veo que me has incluido en tus enlaces marineros.
    Gracias, es un honor (sobre todo pq no estoy muy marinero ultimamente); y has pasado de inmediato a la categoría “quid pro quo” (enlace con enlace se paga)

    saludos, buen viento y espero verte de vuelta por mi “barco”

  2. Tocar el cielo de la noche condal no está al alcance de cualquiera, estimat Bohemian. Tampoco es tarea fácil quedar con alguna de esas deslumbrantes camareras vacilonas una vez que han cumplido su jornada laboral: casi siempre hay un fornido motero esperándolas a las puertas del local. Lo que sí podrías hacer, la próxima vez que te apetezca ir de copas, es seguir mi consejo y darte una vuelta por el “Artis” (carrer de Lihory, 213).
    Comprobarás que este cutre –y sin embargo acogedor bareto-pub– tiene todo el aire de un casino de pueblo de La Mancha, con sus rectangulares mesas de mármol, su angosta escalera y el típico espejo que anuncia licores de la época de la posguerra, unas veces de Anís del Mono, otras de cualquier tipo de vermouth. Hay uno que seguro te gustará: Fernet-Stock Vermouth Torino Vittore Born-Barcelona, y esto no es ni mucho menos publicidad indirecta, porque a saber si esa marca existe aún. No sólo hay antiguallas, también obra plástica, carteles de exposiciones o de montajes teatrales.
    Es el lugar de reunión, en las reiterativas noches barcelonesas, de escritores, artistas, periodistas, políticos (de izquierda), músicos, algún que otro marino mercante y otras gentes de mal vivir… Pero lo mejor de todo –aparte de la música y de las nada sexy-exóticas pero buenorras camareras– son las consumiciones: buenas y baratas, paisano. Pídete un Rocafull, un Leopardi o un Pantera Rosa: sabor, pureza y color a 2 euritos la copa… ¿Acaso se puede pedir más?

    Salut!

  3. Mmmmmmm,tocar el cielo de la noche!explíquese por favor D Luis,jajaja haga usted una aclaratoria de en qué consiste,tenga un poco de piedad por esta pecadora.Y las eurocopas,buffffffffff,esas sí que tocan el cielo cada noche,los intelealcohólicos lo tienen fatal,un besiño!

  4. Muchas gracias por tu visita, Capitán. Ha sido un honor para este faro tenerte por aquí.
    En cuanto me quite de encima el montón de trabajo que se me ha ido acumulando durante estas últimas semanas, te aseguro que volveré encantado a tu “barco” aunque sólo lleve un bocata de chorizo (de Cantimpalo, por supuesto)… Bueno, algo de ‘priva’ irá también dentro del macuto. Tenemos que brindar por todas aquellas hermosas sirenas que tiempo ha nos vieron surcar sus mares.
    Te envío un fuerte abrazo marinero.
    Luis

    * * *

    Querido Zenocrat. Ignoro si el Bohemian Ink seguirá tu consejo. Desde luego sería un “boludo” si no lo hace, porque copas decentes a dos euros ya no las encuentras ni en la isla de Pascua… En fin, él sabrá. Mucho quejarse de los astrómicos precios del Jack Daniels, pero me han llegado rumores de que el tío gana más pasta que un galáctico del Real Madrid… Esto que te voy a decir que quede entre nosotros, pero puedo asegurarte que tiene fama entre sus amistades de ser más ‘agarrao’ que un chotis.

    Yo sí que me daré una vuelta –o dos– por el “Artis” cuando llegue a Barcelona. No faltaría más… Además colecciono carteles y botellas de vermouth y me has puesto los dientes largos con ese del Fernet-Stock Vermouth Torino Vittore. Menuda pieza, oye.

    Visca el Barça manque pierda!

    * * *

    Gorokiña querida. ¿Es que acaso tengo yo cara de astrónomo, perdularia incorregible? Conque “Mmmmm…”, ¿eh? … Bueno, pues que yo sepa el cielo es intocable, porque parparlo sería pecado, e incluso un pecadón.
    Ah, i una altra cossa: ¿me quieres hacer creer tú –reina de la noche catalana– que no conoces el “Artis”? Venga ya!, eso no se lo traga ni el buenazo del zenocrat, que es un santo inocente a pesar de que no lo aparenta.

    Chin chin! Por ti, por el vermouth, por Barcelona la nuit y por su cielo nocturno… Y que usted lo toque bien… 😉

    Molt petons.

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