Si nuestro informador musical no se ha equivocado de fecha, a mediados de mayo llegará al Teatro Colón de Buenos Aires, uno de los principales títulos líricos del siglo XX, Billy Budd de Benjamin Britten. Basada en la última novela de Hermann Melville, es una historia que transcurre en el agobiante marco de un navío de guerra y se trata, posiblemente, de la única ópera que carece de personajes femeninos. 

A finales de los años 40, Benjamin Britten ya había barajado con sus futuros libretistas, E. M. Forster y Eric Crozier, la posibilidad de escribir una ópera sobre la novela de Hermann Melville Billy Budd, marinero. Poco después el compositor inglés (de quien se acaban de cumplir 32 años de su muerte) recibió del British Arts Council el encargo de escribir una obra para el Festival of Britain. Billy Budd se estrenó en una primera versión, en cuatro actos, el 1 febrero de 1951 en el Covent Garden de Londres, con un reparto encabezado por el tenor Peter Pears, el barítono Theodor Uppman y el bajo Frederick Claggart, y ya en su versión definitiva en dos actos, el 9 de enero de 1964 en el mismo escenario, siempre con Britten a la batuta. A España llegó el 26 de enero de 1975, al Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Yo tuve la suerte de disfrutarla.

El papel titular ha atraído a barítonos como Peter Glossop, Thomas Allen o, más recientemente, Thomas Hampson, Bo Skovhus o Simon Keenlyside, que tienen que saber dar al personaje ese candor y ese poder de seducción capaces de fascinar a Vere, el capitán del Indómito, figura que Britten escribió para las cualidades vocales e histriónicas de Peter Pears.

La acción de Billy Budd transcurre a bordo del citado navío, en el verano de 1797, cuando habían comenzado a producirse graves motines en las embarcaciones británicas a consecuencia de las nuevas ideas de la Revolución Francesa. El “Indómito” se dirige hacia el Mediterráneo con una tripulación escasa, y al divisar un barco mercante (denominado, de modo muy significativo, “Los derechos del hombre”), una delegación es enviada a bordo para proceder al reclutamiento de marineros, entre los que se encuentra Billy Budd, un muchacho ingenuo y leal. Pero el violento y perverso John Claggart, el maestro de armas, lo convierte en víctima de su maldad, y no parará hasta acusarle injustamente ante el capitán del peor delito: un amotinamiento. Pero Budd es incapaz de articular palabra para defenderse, y en su confusión golpea mortalmente a Claggart. Aunque Vere es consciente de la inocencia del joven, debe aplicar las leyes de la mar y Billy es ajusticiado al anochecer.

En Billy Budd, al igual que en obras como Peter Grimes o Gloriana, Britten se muestra extremadamente hábil en el manejo de la gran tramoya operística, mediante el empleo de conjuntos muy elaborados y expansivas manifestaciones de emoción, acompañadas por un orquesta muy rica. En algunos aspectos va más allá de la historia original de Melville, como en la canción de despedida de Billy antes de su ejecución, o en el tratamiento de Vere.  El modo n que los procesos motívicos y armónicos van desarrollando el drama de una forma fluida y coherente, puede considerarse uno de los trabajos operísticos más logrados del autor.

Tragedia casi mitológica

Aunque Billy Budd no había alcanzado hasta ahora el mismo éxito internacional que Peter Grimes (si bien fue la primera ópera de Britten de la que se trasmitieron algunas escenas por televisión), últimamente parece estar ascendiendo en el ránking de los teatros operísticos, gracias a lujosas producciones como las de la ópera de París, la ópera de Viena o la que se presentó en Barcelona, debida al imaginativo Willy Decker, que contó con el barítono danés Bo Skovhus, el tenor británico Philip Langridge y el bajo americano Eric Halfvarson en cabeza de cartel, todos ellos con una gran experiencia en la interpretación de esta obra.

Decker ve el escenario donde se desarrolla la obra como “el barco de la humanidad, un pequeño fragmento del mundo, un reino navegante” que es a su vez “un barco de la intranquilidad, cargado con el maleficio del pecado original: la guerra entre los hombres”. Para el director alemán, que ya presentó en el Liceo su original visión de El holandés errante, “bajo la apariencia de una historia explicada objetivamente, sombría y singular, de la marina inglesa durante la guerra contra los franceses, en Billy Budd se descubre una parábola de la tragedia humana, de dimensiones mitológicas. En el horizonte amargo de este reflejo desesperanzado de los errores humanos, aparece una singular e inexplicable visión poética, con la utopía como la única salvación posible ante la trágica tensión del universo”.

“Billy Budd” es una obra magnífica y muy difícil para todo el mundo Es una obra, además, de una enorme claridad de texturas, por lo que se oye todo. Britten supo siempre elegir muy bien sus libretos, y en ésta se consigue una unidad entre la novela de Melville y la música casi perfecta. Por otro lado, las pocas escenas alegres alcanzan un tono brillante y virtuosístico, propio de musical americano”.

 

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