Fotogramas de La lengua de las mariposas

Cierto día del mes de julio de 1998, en un Café de Madrid, el conocido escritor Manuel Rivas narraba en voz alta a otro Manuel el inicio de la novela que estaba escribiendo en esos momentos. Una novela, por cierto, que terminé de leer este pasado domingo. “Me contó la historia, declaró más tarde Manuel Gutierrez Aragón –autor de films como “Habla, mudita”, “Sonámbulos”, “La mitad del cielo”, “El corazón del Bosque”, “Furtivos” o “Demonios en el jardín”– y me gustó tanto que decidí llevarla al cine. Entonces el título era Noche de Bodas, y así se titularía la película”. Rivas aún no había encontrado el título definitivo: El Lápiz del Carpintero, un lápiz de los que ya no se usan, como los de antes y que regalaba con su nuevo libro. “A mí también me regaló uno”, declaró Gutierrez Aragón, quien, como un artesano, iba trasladando a un guión la fábula que pergeñaba al mismo tiempo el escritor gallego. Un guión casi terminado, incluso antes de la publicación de la novela.

Es el perfecto ejemplo de colaboración entre cineastas y literatos que invade –desde hace años– la nueva producción cinematográfica española. “Hay un nuevo idilio entre cine y literatura, y no sólo en España sino en casi todo el mundo”, subraya Manuel Rivas. Más que un nuevo idilio, “se trata de que se ha normalizado una situación anómala: el hecho de que no colaboraran los inventores de historias con los creadores de imagen”. Y la verdad es que a unos y a otros les ha dado fuerte porque en estos momentos hay más de una decena de películas estrenadas, en preparación o en rodaje, basadas en novelas españolas actuales.

Una de ellas, La Lengua de las Mariposas, de finales del 99, funde tres cuentos y reunió al gran guionista Rafael Azcona –recientemente fallecido– al director José Luis Cuerda y al escritor Manuel Rivas. “Es el proyecto que más me gustó hacer en toda mi vida”, dijo Cuerda, a quien la adaptación de Azcona le pareció inmejorable: “Trabajar con este material tiene grandes ventajas, pero tuve miedo de estropearlo”. A Cuerda, posteriormente, se le pasó el susto y quedó satisfecho de su trabajo. “Con Rivas de literato y Azcona de guionista el listón era altísimo. Además, en las adaptaciones, señala el director de La Lengua de las Mariposas, te ves sometido a una reducción forzosa porque la materia prima, la literatura, tiene que cambiar de sustancia. Hay que convertir la palabra en otra cosa. Y yo no creo en el tópico de que una imagen vale por mil palabras, sino al contrario. Por eso es una transformación a la que hay que enfrentarse con humildad, pero sin complejos y con valentía; algo que se nos supone a los cineastas”.

En que las adaptaciones son muy difíciles coincide también el director y guionista Agustín Díaz Yanes, porque “el guión y la novela no tienen nada que ver. Es una espada de doble filo, por un lado parece que ya está la historia contada, y ése es el gancho que atrapa al productor, pero por otro lado es dificilísimo conseguir un resultado artístico similar al literario”, explica. A Díaz Yanes le parece desmesurada tanta compra de novelas por parte de las productoras: “Lo que pasa es que el productor ve la película más clara a través de un texto acabado y elaborado que en la idea original de un guión”.

Quizá eso es lo que le haga pensar a la realizadora catalana Isabel Coixet que las productoras no apuestan por guiones originales. “Un libro de 200 ó 400 páginas es un colchón de seguridad. Para un productor es fácil comprar una novela con un premio millonario. Además ya tienen parte de la campaña publicitaria hecha”.

Detractores de las adaptaciones los hubo siempre y los seguirá habiendo, tanto entre los cineastas como entre los novelistas. Pero lo que parece claro es que ambos mundos comparten el mismo “humus, el estiércol, el abono literario”, como dice Rivas. Y una idéntica y pura pretensión: la de contar historias. Pero nadie mejor que Billy Wilder para explicar con una frase el abismo entre un proceso creativo y otro: “Escribir una película es lo mismo que jugar al ajedrez, escribir una novela es lo mismo que hacer solitarios”.

Mr. Arriflex

 

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