Patagonia de Aysén – La joya de la Corona

Me esperaba mi querido amigo patagón, Fernando, –en el aeropuerto de Balmaceda, en su viejo y destartalado jeep–  para por fin, después de tanto soñar con ello, poder iniciar un corto viaje de dos días y conocer, al menos, algo de esa región de  indescriptible y sublime belleza que es la Patagonia de Aysén.

Pensé que después de haber estado en Las Torres del Paine, Alaska y los fiordos noruegos –sólo por citar  algunos lugares de características similares–, sería imposible sorprenderme nuevamente pero, tras habernos desplazado unos cuantos kilómetros al sudoeste  de Balmaceda,  no podía dar fe de lo que veían mis ojos. Tras cruzar la “Villa Cerro Castillo”, en dirección a Puerto Murta, el entorno de las montañas nevadas, ríos  y vegetación salvaje iban penetrando en mi alma  haciéndome sentir la pequeñez del ser humano, ante esos inhóspitos y desolados paisajes que me recordaban constantemente que “solo Dios ha podido crear tanta belleza”

Tras dos horas y media de Carretera Austral, bastante bien llevadera, llegamos a Puerto Murta –pueblo natal de mi entrañable amigo Ferrnando–,  al comienzo del lago General Carrera y, que es, el segundo  más grande de América del Sur (la región de Aysén es una de las mas extensas de Chile, con casi once millones de hectáreas y una población de menos de 100.000 personas).

Nuestra ruta estaba pensada en llegar a Chile Chico bordeando todo el lago y , por supuesto, con previa parada en la Catedral de Mármol para -la mañana siguiente- llegar al nacimiento del río Baker, Cocrhane, Caleta Tortél y Puerto Yungay.  En fin, hasta los pies del Campo de Hielo Norte, si nos daba el cuerpo y el viejo jeep.

El tiempo se nos pasó sin darnos cuenta y la noche se acercó por sorpresa. Tuvimos la suerte de llegar a un pequeño y exclusivo lodge a orillas del lago y conseguir una pequeña cabaña , ya que el administrador conocía a Fernando. Una vez acomodados –y dándonos cuenta que no habíamos comido nada en todo el dia– nos dirigimos al Club House para deleitarnos con un buen filete del sur y un mejor caldo (Cavernet Souvignon) de nuestra tierra. Mientras disfrutábamos  la cena, veíamos por el enorme ventanal  las montañas nevadas que se reflejaban en el lago, gracias a la enorme luna llena que coincidió esa noche.

No había más de cuatro mesas y eramos unos cuantos comensales cuando, repentinamente, se abrió la puerta del comedor y, junto con una ráfaga fria de viento, entraron ellos….  ¡No podía creerlo!

Una de las parejas más famosas del mundo cinematográfico y artístico se sentaron a nuestro lado. Estaban absolutamente felices y despreocupados al estar alejados del mundo y tener la certeza de poder pasar desapercibidos de todos los medios. Nos sonrieron con gran simpatía y sencillez y preguntaron qué tal era el vino que estábamos bebiendo… Al instante y de manera natural nos sentamos los cuatro en la misma mesa haciendo brindis por Chile y, sobre todo, por la Patagonia de Aysén.

Tras la cena –y ya en confianza– alrededor de la chimenea, con un buen scotch en la mano, nos contarón el motivo de su presencia en el fin del mundo: Tenían en Nueva York, entre tantas otras cosas, el principal estudio de grabación para las grandes figuras de la música actual y uno de sus grandes amigos, John Dever –que era un enamorado del sur de Chile– siempre les hablaba del proyecto de hacer un “estudio mágico” en la Patagonia chilena, donde traer a sus amigos por el tiempo que quisieran y, en ese entorno mágico de belleza , tranquilidad y aislamiento, –conjugado la última tecnología con la máxima comodidad–, los famosos músicos y artistas invitados pudieran crear y desarrollar sus mejores proyectos de arte.

Tenían ya prácticamente decidido donde lo harían y, también, seríamos de los pocos invitados con el privilegio de poder conocerlo en el momento oportuno. Terminamos de madrugada sintiéndonos verdaderos amigos y, el día siguiente, lo pasamos juntos en la estancia de Fernando.  Así de fascinante es a veces la vida…

Sé que estáis esperando saber quienes son esta famosísima pareja, pero prometimos no dar nombres ni detalles y –hasta ahora–  siempre trato de cumplir con mi palabra.

Luis Irles

PATAGONIA DE AYSÉN

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14 comentarios sobre “Patagonia de Aysén – La joya de la Corona

  1. Mi querido farero,cómo renunciar a tus puertos y anclarse sólo en uno si la belleza que nos presentas no tiene fin?imposible ser fiel a un solo puerto y por curiosidad no sería P.C ?jajaja,en fin me diste una envidia muy sana,un besote de esta tu marinera acompañanta 😉

  2. Estimat farero:he penjat una elegant música d’Anouar Brahem en Goroka’s Club,entra i pintxes a sobre de les dunes del desert,ja em diras com t’anat és el que es coneix per jazz fussion,petons!

  3. Fascinante post que nos transporta a un paisaje único e irrepetible… Siempre escuché decir, a varios conocidos que han tenido la suerte de viajar allí, que el sur de Chile es un lugar majestuoso, una auténtica maravilla de la naturaleza, lo cual me hace desear –al recordar sus descripciones y tras haber leído su excelente artículo– planificar lo antes posible la manera de plantarme frente a ese precioso lago y sus montañas nevadas para el próximo verano austral… Hace ya tiempo que lo vengo pensando.

    Reciba un afectuoso saludo desde Cádiz, “la tacita de plata”.

  4. Preciosa página de la bitácora del Capitán y MUY emocionante, me has dejado completamente enganchada. ¡Magia por todas partes!

    Porvenir y Punta Arenas es lo más cerca que anduve de esas aguas maravillosas que describes, pero queda muy poco que recordar, parece que fue hace siglos atrás.

    Te dejo un mapa…. no sé si conduzca a un tesoro o no…. pero ayudará a orientar a tus amigos del otro lado del Atlántico. Gracias. 🙂

  5. Estimada Gorokiña marinera: menos coba y más dunas de arena en el Goroka’s Club… Acabo de estar allí y todavía sigo con el swing en el body. Si me llego a encontrar en el jardín de tu Club con una tuareg, tan ‘elegante’ como la música de Anouar Brahem, el disfrute de la jazz-fussion-session hubiera sido total.

    Petons from the Yogi-Yogi Club! 😉

  6. Bueno he entrado de pasada a ver el mapa Karen,parece bastante completo,entraré con más tiempo y estudiaré sobre el terreno 😉 un beso a mi farerillo preferido!Gcc

  7. ¡Qué casualidad, noia! Yo saliendo de tu precioso Club y tú entrando en el mapa de Karen… Sí, tienes razón gorokiña, parece bastante completo: sólo le falta el tesoro.
    More kisses from the Yogi-Yogi Club. 🙂

  8. Amigo Aurelio: Gracias por visitar nuestro Faro.
    Puedo asegurarte que no exageraban tus amigo cuando te describían las bellezas naturales del Sur de Chile… Tú mismo podrás comprobarlo cuando conviertas en realidad tu sueño y te ‘plantes’ frente al lago General Carrera.
    Cuéntanos tu experiencia después del viaje. Te quedaré agradecido.
    Un abrazo.
    Luis

  9. Gracias por sus palabras y por el mapa, Lady Blixen!
    (Como Capitán tengo la prerrogativa de otorgar títulos) 🙂

    Bromas aparte, mi estimada Karen, debo decirte que me ha sorprendido saber que estuviste en Porvenir y Punta Arenas. Si efectivamente fue hace siglos, y tu viaje tenía como objetivo ocultar un valioso tesoro pirata, me sorprendería aún más, aunque casi todo es posible en aquella mágica región patagónica… Siendo además yo un hombre crédulo e iluso, hasta llegaría a asumir –con fe ciega, siempre que lo confesaras públicamente– que en realidad eres el Orlando de Virginia Woolf, que ha escogido el cálido y sensual Caribe para disfrutar de sus increíbles y maravillosas aventuras.

    Gracias por tu visita. Es un honor para mí.

  10. Digui-ho en català, senyoreta. En aquest far no entenem el castellà. 😉

    *Me ha dicho un pajarito que te vas de vacaciones… Pásatelo bien y disfruta al máximo el mes de agosto. Te echaremos de menos en el Faro. Hasta la vuelta! Besos!

  11. A mí me da la impresión de que ser Capitán de un barco es como comandar un pequeño Universo. No sólo tienes poder para otorgar títulos, sino para casar, bautizar y prácticamente decidir sobre la vida y la muerte de tu tripulación al igual que de cualquiera que ponga un pie en cubierta, sea visita, náufrago, humano, ave o habitante de las profundidades.

    La visita austral fue cuando era niña, pequeña… a algunas personas la niñez les parece que fue ayer, a mí a veces me parecen siglos, tal vez la lejanía geográfica contribuye a que parezca tan lejano en el tiempo. No soy Orlando más que tú o cualquier otra persona. Pienso que lo que Virginia escribió fue una especie de alegoría de lo que todos de alguna manera pasamos, no durante siglos, sino milenios. Morimos en apariencia, sólo para cambiar de vida, de cuerpo, de identidad. Olvidamos, algunas veces –muy pocas– llegamos a recordar imágenes fugaces, un perfume, una melodía, una mirada… y definitivamente tarde o temprano llegamos a vivir las aventuras que elegimos vivir.

  12. Para no ser Orlando es sin duda la tuya una prosa exquisita, Milady. Está llena de poéticas imágenes y cósmicas verdades que –en ningún caso– pueden dejar indiferente al lector.

    Me han gustado mucho lo dos últimos párrafos de tu escrito, especialmente los que hacen referencia a la muerte, a la memoria y al olvido. Te entiendo, sí… te entiendo. Nada tiene de increíble que a veces nos topemos con objetos y prendas olvidadas o semidormidas hace tiempo: una fotografía, una carta, una vieja casette de música… Basta con que nuestros dedos toquen la superficie de lo hallado para que los recuerdos, las palabras, las sensaciones, los aromas y los sentimientos –hasta ese momento anidados en la oscuridad– nos tomen por asalto y nos conviertan en rehenes del pasado.

    En estas tardes de invierno austral, de insegura fisonomía e incongruente parecer, todo se le va a uno en revolver el fondo de los cajones y escudriñar el rincón más apartado de los estantes. La llovizna se vuelve lluvia y, la lluvia, se transforma en impetuoso río, o mar embravecido, con poco que nos descuidemos.

    Gracias por tus letras, Karen. Te envío un abrazo.

  13. Casi estamos en Agosto… el mes más frío y traicionero según recuerdo en la distancia. Gracias a tí por tus hermosas letras, Capitán. Recibe otro abrazo de aquí para allá y un todo el calorcito, la luz y el sol que se pueda transportar por medio de él.

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