Para Gorocca, buena amiga e ideal compañera de butaca.

 

Hace casi diez años, en una inolvidable edición del Festival de Berlín a la que tuve la suerte de asistir, Aki Kaurismäki estrenaba su último film, Juha (1999), y desde entonces no me he cansado de repetir sus bondades tantas veces como me lo han permitido mis cinéfilos y pacientes amigos. Juha es un film mudo, una especie de remake inspirado en un tema clásico del cine finlandés, que se proyectó en Berlín con acompañamiento en directo de uno de esos grupos que tanto gustan a su autor y que lleva incorporada esa banda sonora para las restantes proyecciones. Anoche la rescaté de la videoteca de mis amores, y verla nuevamente supuso para mí una maravillosa oportunidad de captar –por fin– el mensaje de esta madura reflexión sobre el lenguaje del cine en su estado aparentemente más puro, justo cuando acabamos de atravesar la frontera del otoño. Pero esa es otra historia.

No es el único trabajo de Kaurismäki que tendré ocasión de revisionar esta semana, puesto que también me aguardan la magnífica Contraté un asesino a sueldo (1990), película que contiene un excelente trabajo del actor Jean­Pierre Léaud, indispensable colaborador de François Truffaut, especialmente en la saga dedicada al personaje de Antoine Doinel, y la personalísima Leningrad Cowboys go America (1989), divertidísima cinta protagonizada por este singular y estrafalario grupo.

El ciclo que me he organizado para los próximos quince días estará dedicado a Humphrey Bogart. Voy a despacharme de nuevo cuatro títulos muy estimables, tres de ellos firmados por el genial John Huston: El tesoro de Sierra Madre (1947), inspirado en la novela de Traven, relato de aventuras donde la filosofía del fracaso que caracteriza al cineasta alcanza cotas de gran precisión, Cayo Largo (1948), adaptación de una obra de teatro de Maxwell Anderson, y La reina de África (1951), divertido encuentro entre Bogart y Katharine Hepburn en una irónica desmitificación del cine de aventuras. El cuarto título, el más primitivo, tiene también a Huston como guionista, parte de una novela del tremendo W.R. Burnett, y fue realizado en 1941 por Raoul Walsh: El último refugio/High Sierra cuenta la huida desesperada de un peligroso delincuente, Roy Earle, posiblemente inspirado en John Dillinger.

Soy un clásico. No lo puedo evitar.

Mr. Arriflex