Cada vez son más las personas que piensan –y yo me encuentro entre ellas– que la red puede ser un foro público muy positivo para todos aquellos que amamos la cultura, la justicia y la paz y en donde, con mayor o menor acierto, podemos ir dejando caer nuestras letras con la esperanza no sólo de que alguien las lea, sino de que las conteste, las cuestione, las aprecie y –en el mejor de los casos– las adopte como propias. Es decir, con la esperanza de generar un proceso comunicativo directo entre el emisor y el receptor, que tome el texto como excusa para elaborar disquisiciones e ideas diversas o, simplemente, para compartir sentimientos y afinidades. Creo firmemente que cada uno de nosotros pretende –a través de su propia bitácora y con la mayor sinceridad posible– neutralizar todo lo negativo que pueda existir en nuestro interior y, sobre todo, la parte más nociva que prolifera en esta sociedad materialista e hipócrita que intenta reprimir todo lo bueno.

En un verdadero acto de heroismo los “blogs” nos sumergen en una realidad no menos real que la cotidiana, aquella dominada por la imaginación que huye de la vida vulgar y monótona en pos de un mundo autónomo no sujeto a leyes naturales a través de un movimiento de escritura que aborda, casi siempre, las preocupaciones existenciales y/o sociopolíticas del momento. Escribir implica ser leído y el acto de la lectura, al igual que el de la conversación, exige el establecimiento de una curiosa complicidad autor-lector, de una relación que ligue lo que la inteligencia del autor convierte en palabras con lo que la imaginación del lector repone leyendo entre líneas, lo que el autor sugiere con lo que el lector interpreta. Tal proceso se supone cuando el texto es lanzado a un canal de distribución tan gigantesco como es Internet. En ese momento, el autor se desprende de sus letras para cederlas a un público que como nuevo dueño de las mismas las interpreta, creándose a veces vínculos muy positivos entre ambos.

Algo semejante es lo que he sentido yo al leer algunos blogs y conocer (virtualmente, claro está) a sus autores y autoras. En casi todos ellos he encontrado un gran talento literario o artístico, mucha sinceridad y sensibilidad a raudales. Es por eso que, a punto de finalizar el año, he querido otorgar un simbólico premio a los que –sin menospreciar las excelencias de los demás– han despertado en mí un mayor interés.

¡Gracias y un Feliz Año a tod@s!

Luis Irles

NOTA ACLARATORIA

Tengo entendido que –según el derecho consuetudinario bloguero– se suele premiar un máximo de 12 bitácoras. Pero las normas están para saltárselas “a la torera”, así que este Faro va a otorgar faritos olvidandose de los números. Ah, y otra cosa: nada de adjetivaciones para los blogs premiados. Únicamente su aparición por estricto orden alfabético. Como en las películas serias.

premio

Binah (Patricia Gómez)

Capitana

Denise Makedonski

Donde el viento nos lleve…

El Bestiario de Amanita

El mar, qué gran tema para hablar

El mar és el camí

Entre dos ríos

Enseñanzas Náuticas

Jusamawi

Karen Blixen

La chica del faro

Los cuatro elementos

Mario Alvarado

Navegante del mar de papel

Por tierras del norte

Primera lluvia

Sirena varada

Testigo

Trazos de piel

Universos

Viajes con encanto