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   Habitación de Gabriela Mistral

Cumpliéndose hoy 120 años del nacimiento de Gabriela Mistral y encaminándonos al Bicentenario de Chile, cabe alegrarse por cuánto ganaremos gracias a la supervivencia de sus manuscritos. El celoso esmero de Doris Dana y la generosa inteligencia de Doris Atkinson permiten que Chile pueda ir recobrando los espléndidos filones de su obra.

Lo válido es averiguar cuándo, dónde y cómo se gestaron sus poemas, los editados y los inéditos, atendiendo siempre a la transmutación de su vida en arte. Es decir, catando su genio poético. La prosa tanto como la poesía. Ambas continúan en secuencia de aparición, de deleite por venir.

Fiesta aparte son sus copiosos y variados epistolarios. Permiten apreciar la mudanza de lo circunstancial a lo trascendente, y nos acercan a su habla escrita, asombrosamente expresiva, que camaleonizaba la carta según a quien iba. Y despliegan la historia de Chile en los trechos que le convivieran y asimismo desde la querendona distancia, un país reflejado en los percances de su política y de su economía. Poeta cónsul, propagó una versión subjetiva y objetiva, lírica y documentada de nuestro país ante lectores extranjeros.

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Su poesía nos convida a leerla más allá de “Desolación“, adentrándonos en “Tala” y en “Lagar” I y II. Su prosa convida a gozar el esplendor de sus ensayos o “recados” sobre pintura, escultura, literatura, viajes, educación, política y religión. El altísimo voltaje verbal de esa prosa en colores y en cinco sentidos acompaña la fuerza y musicalidad de su poesía. Son dos regiones expresivas que se iluminan mutuamente.

Aprovecharemos a Gabriela Mistral mediante su poesía y prosa recuperadas; nos puede a la vez atizar la indolencia y alhajar la mente, amadrinando a Chile para sus doscientos años. Y por doscientos años más.

Luis Vargas Saavedra
Académico y editor de “Almácigo”.