Piratas y corsarios en el Archipielago de Juan Férnandez

Por muchos años, los piratas terminaban en las costas de Juan Fernández para reponer las fuerzas perdidas en sus hazañas, sin embargo, los españoles pusieron punto final a esta tradición corsaria.

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Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, la piratería recibió aprobación y ayuda gubernamental, produciendo grandes beneficios con las riquezas provenientes de botines, y fue la base del incipiente imperialismo inglés.
Conocida la existencia del archipiélago, gracias al descubrimiento de Juan Fernández , el 22 de Noviembre de 1574, las islas fueron constantemente visitadas por piratas y corsarios del viejo mundo, debido a que era un punto estratégico de abastecimiento y descanso, ideal para reponer fuerzas luego de largas correrías por el pacífico sur.
Visitantes asiduos del archipiélago fueron: Juan Jacobo Le Maire y William Van Schouten, después de descubrir y bautizar el Cabo de Hornos en 1616.

El corsario J. Hermite con once naves y 1.600 hombres. Bartolomé Sharp, después de saquear La Serena en 1680. John Cook y John Eaton recalaron en Marzo de 1683. Cabe destacar al Pirata Edward Davis, quien en 1686, llega a repartir los trofeos logrados en sus correrías de saqueo por América, para luego regresar vencido en 1690 por una escuadra española, dejando allí 9 tripulantes. Rescatados finalmente en 1698 por el Welfare, al mando del capitán Strong.
Bueno, también cabe mencionar al Pirata William Dampier, quien comandaba el Cinque Ports, y que desembarcó a Alejandro Selkirk en “Mas a Tierra” en Septiembre de 1704. Y a quien rescató a este náufrago el 12 de Febrero de 1709, el capitán Wallace Woodes Rogers, comandante del Duke de la armada británica (También con licencia de Corso), quién contaba coincidentemente como primer piloto a William Dampier.

En el año 1720 recala en la isla el buque corso inglés “Speedwell” al mando del capitán Shelvocke (con licencia de bucanero-21corso otorgada por la corona), que zarpó del puerto de Plymouth, el 13 de febrero de 1719. Sus “Percances, hazañas y fechorías”, que tuvieron enloquecidos por el pánico a los mayores desde Ancud hasta Acapulco, fueron anotadas en su bitácora de navegación, que terminó el 25 de Mayo de 1720, cuando huyendo de un buque español, navegó rumbo al Archipiélago Juan Fernández , donde un fuerte viento arrojó a la nave contra la costa haciéndola zozobrar.
La obra colonizadora de los españoles detuvo, por un tiempo, la acción expansionista de los navegantes ingleses.

En el año 1767, el “Dolphin”, embarcación que conocía el archipiélago, fue enviado al mar del sur bajo el mando del capitán Samuel Wallis, junto al “Swalow”, comandado por el capitan Phillipe Carteret, con instrucciones de realizar descubrimientos en el hemisferio meridional. Esta flota dio fe que la isla de “Más a Tierra“, ya había dejado de ser un lugar para recalar embarcaciones inglesas.

El capitán Carteret desconocía que los españoles habían fortificado esta isla, y se sorprendió al divisar a un considerable número de “hombres alrededor de la playa, con una casa, y cuatro piezas de cañón cerca del agua; y a unos 300 metros de la costa un fuerte construido en la pendiente de un cerro con la bandera española, rodeado de murallas de piedra y adentro barracas para la guarnición, y alrededor de unas 30 casas de varias formas”.
Al ver que “Más a Tierra” estaba defendida, el capitán Carteret ordenó cambio de rumbo hacia “Más Afuera”, y ancló en el mismo lugar donde el comodoro Byron había desembarcado dos años antes.

La isla de Más a Tierra tuvo para su defensa una fortaleza y siete baterías, o fortificaciones menores, con un total de 48 cañones. El fuerte Santa Bárbara, con sus parapetos de barro y piedra, sus merlones de cal y ladrillo, y sus quince cañones, era la defensa central del puerto de Cumberland, junto a la batería de San José ubicada en la playa, con ocho cañones.

barco-pirata-33El fortín San Carlos defendía, con sus cuatro cañones, la parte occidental del puerto; la atalaya del castillo del Pangal, con cinco cañones, cubría la bahía por el este.
El San Francisco Javier, a la retaguardia, reforzaba la acción del Santa Bárbara y sus pesados cuatro cañones asomaban por la desembocadura del valle de Lord Anson.
Las defensas rasantes de Puerto Inglés, con sus cuatro cañones, despojaron de su fondeadero predilecto a los filibusteros ingleses; y las ubicadas en Puerto Francés, con igual número de defensa, detuvieron a 108 bucaneros. En la ensenada de Villagra estaba ubicada la séptima batería para defender el otro lado de la isla de un sorpresivo desembarco enemigo.
En la playa de bahía Cumberland, en Puerto Inglés y Puerto Francés, aún quedan algunos cañones que pertenecieron a la fortaleza colonial que alardean de haber alejado, con su sola presencia, a los temidos y sanguinarios piratas del pacífico.

Fuente: comunajuanfernandez.cl

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3 comentarios sobre “Piratas y corsarios en el Archipielago de Juan Férnandez

  1. Realmente está muy bien definido como crónicas insólitas este relato. La naturaleza única de estos hombres de mar los hace merecedores de muchas líneas. Qué increíble que decenios después, para lograr nuestra independencia, hayamos tenido que ser instruidos por marinos ingleses!! Las vueltas de la vida.

  2. Después de leer este interesante artículo no estaría de más citar un hermoso poema de Stevenson (“Para el comprador indeciso”, en el prefacio a “La isla del tesoro”)

    Si los cuentos que narran los marinos
    hablando de temporales y aventuras, de sus amores y su odios
    de barcos, islas, perdidos Robinsones
    y bucaneros y enterrados tesoros
    y todas las viejas historias, contadas una vez más
    de la misma forma que siempre se contaron
    encantan todavía, como hicieron conmigo
    a los sensatos jóvenes de hoy
    ¿qué más pedir? Pero si ya no fuera así
    si tan graves jóvenes hubieran perdido
    la maravilla del viejo gusto
    por ir con Kingston o con el valiente Ballantyne
    o con Cooper y atravesar bosques y mares
    bien. ¡Así sea! Pero que yo pueda
    dormir el sueño eterno con todos mis piratas
    junto a la tumba donde se pudran ellos y sus sueños.

    Un cordial saludo

  3. Estimada Chrieseli, es muy cierto lo que escribes: la vida da muchas vueltas, y entre ellas el hecho de que –como acertadamente señalas– tras muchos años de independencia– hayamos tenido que ser instruidos por marino de su Graciosa Majestad… Te agradezco –como marino, aunque que no ha ejercido la piratería– el que nos hayas dotado a los hombres de mar de una naturaleza única… Muy amable por tu parte. 🙂

    Abrazos

    ****

    Amigo Diwan. No recordaba este precioso poema de R. L. Stevenson, así que te quedo profundamente agradecido por el detalle tan hermoso que has tenido con este blog… Es más, los versos del autor de La isla del tesoro pasarán de inmediato a enriquecer la sección de poesía de nuestro Faro.

    Gracias de nuevo. Un fuerte abrazo,

    Luis

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